Tras un 2023 complejo para la producción de cerezas en Chile, marcado por la inestabilidad climática y la baja acumulación de frío, muchos productores buscan respuestas ante una temporada que provocó más de un dolor de cabeza. El cambio climático ya está generando impactos en la producción de este carozo, y centros de estudios e investigadores se han volcado a abordar esta problemática. Uno de ellos es el Dr. Javier Rodrigo, investigador del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) de España, que ha estudiado y está estudiando cuáles los efectos que ya tiene y que tendrá una menor acumulación de frío y otros desórdenes climáticos en este cultivo. “Lo primero que pregunta un productor es si puede poner variedades con menores necesidades de frío o más adaptadas a una zona. Y luego buscará qué necesidades de frío tienen las variedades que le interesan. Ahí es donde se da cuenta que no hay información”. Dada la necesidad de encontrar respuestas a los desafíos del cambio climático, y la falta de información reinante sobre variedades, requerimientos de frío y su comportamiento en diversas zonas geográficas, es que el Dr. Rodrigo ha enfocado su investigación en las necesidades de frío o aclimatación y adaptación a las nuevas condiciones del calentamiento global. -¿El cambio climático y su efecto en los cultivos tenderá a estabilizarse en algún momento? -Toda la evidencia apunta a que no, sino que cada vez va a ser más inestable. Cuando hablamos de calentamiento global, también hablamos de grandes olas de calor en verano, grandes faltas de frío en invierno, pero no de una forma gradual, sino con grandes ‘peaks’, con grandes desórdenes e inundaciones por lluvias torrenciales, con heladas fuera de época. Hemos sufrido los últimos años después de pasar varias décadas donde casi no hubo daños por heladas, y ahora nos estamos encontrando no de forma regular, pero sí en varios años, con heladas muy acentuadas después de un mes de la floración, incluso dañando frutos que tienen el tamaño de una pelota de ping pong. Ojalá me equivoque, pero yo creo que no se van a estabilizar estos desórdenes, sino que todavía van a ser más variables. -¿Cómo están abordando esto? -Hay datos de variedades que necesitan 850 horas de frío, en un trabajo hecho hace 50 años en una zona concreta y unas condiciones muy especiales. Mucha de esa información puede que no sea aplicable a nuestros días, porque hay variedades estudiadas que casi han desaparecido o ya tienen una importancia residual, o bien con metodologías que no son trasladables a otras zonas. Hoy estamos analizando las variedades más cultivadas en España y también otras que hay en diferentes países, que consideramos que pueden tener una importancia a corto plazo. Tenemos una tesis doctoral en marcha con un trabajo experimental muy intenso para poder poner un valor de necesidades de frío a las 100 variedades más importantes o interesantes, según nuestro punto de vista. Esto, además, lo calcularemos en porciones de frío, que parece que se ajustan mucho mejor y son más trasladables a cuando se cultivan esas variedades en otras zonas. -¿Los diferentes criterios o modelos para medir frío han generado una dificultad para quienes trabajan o se interesan en el cerezo? -El principal problema que hay es la poca información y, la que existe, no tiene protocolos iguales. La información es escasa y, en muchos casos, es poco fiable. Todos los estudios tienen validez, pero algunos solo sirven para saber qué variedad necesita más frío que otra, no para cuantificar. Y eso, sobre todo si nos adentramos en zonas de poco frío invernal, como en el norte de Chile, buscando precocidad, pues ahí se juntan dos problema que se pueden acentuar: por un lado, la disminución de frío invernal ocasionada por el cambio en el calentamiento global y por otro lado, la tendencia a buscar a propósito zonas más cálidas. Entonces, es normal que la gran mayoría de variedades no se adapten a esas condiciones. Hay programas de mejoramiento que están registrando muchas variedades que han denominado ‘low chilling’. Pero esa no es la solución a los problemas porque, por ejemplo, en una zona que puede ser el centro de Chile o el Valle del Ebro en España, con inviernos fríos, aunque ahora sean menos fríos, una variedad de ‘low chilling’ lo que puede hacer es que acabe floreciendo dos meses antes de lo habitual. Eso se podría enganchar con el problema de las heladas y de nada sirve que cubra muy bien el frío si no va a producir, porque hay otros problemas asociados. Cada caso y cada zona de cultivo tiene su problemática y hay que buscar soluciones a ese tipo de problema. -¿Las variedades de bajo requerimiento de frío son una solución? -No creo que, porque salgan al mercado nuevas variedades de necesidades muy bajas de frío, sirvan para solucionar el problema de la falta de frío invernal en todo el mundo. Servirán para algunas zonas, muy concretas, que tengan realmente poco frío invernal, pero que luego no tengan heladas primaverales, por ejemplo. BIOMARCADORES PARA CEREZOS -¿Qué le pasa al árbol y a la flor con estos inviernos más cálidos y las demás estaciones que no se han comportado tradicionalmente? -Durante el invierno, la flor o el primordio de la flor, en el interior de la yema, continúa su desarrollo. Morfológicamente no se aprecia nada, ni al ojo, ni a la lupa, ni al microscopio. Sin embargo, cada vez hay más información de que los primordios florales tienen mucha actividad, tanto de expresión de genes como de acumulación y consumo de distintas sustancias, de distintos metabolitos. La gran pregunta es, ¿por qué un árbol necesita acumular frío para florecer?. Todos sabemos que es así, pero no sabemos los mecanismos biológicos que regulan esa necesidad. En cerezo llevamos años estudiando el tema y hemos visto que la acumulación de almidón en el ovario del primordio de la flor, durante la acumulación del frío, sigue el mismo patrón y