Dra. Karina Buzzetti, Directora Investigación Consultora Agri Development. Ing. Agr. Isabel Pérez, Directora de Fitopatología, Agri Development. Dr. Ian Homer, Profesor Asistente, Facultad de Ciencias Agronómicas, Universidad de Chile. Desde hace varias temporadas, las nuevas variedades de vid establecidas como parte de los programas de renovación varietal de los predios, han manifestado frecuentemente un problema que no solo ha afectado el normal desarrollo de las plantas jóvenes, sino que además retrasa su entrada en producción, disminuye el rendimiento, porcentaje de cuaja, condición de la fruta, calidad del racimo y estado de los brotes, entre otras sintomatologías. Lo anterior conlleva a un aumento de costo en los programas de manejo fitosanitario, con poca indulgencia a errores en la elección del producto empleado o del momento de aplicación escogido dada la rápida proliferación de los individuos, diferencias en susceptibilidades entre variedades de vid y otros manejos asociados al programa fitosanitario en sí, como son los programas de fertilización. Nos referimos entonces al ataque de ácaros de la yema: Calepitrimerus vitis y Colomerus vitis (Acari: Eriophyidae). Calepitrimerus vitis o el ácaro de la acariosis de la vid como es conocido vulgarmente en Europa, es causante del síntoma descrito como “escoba de bruja” dado que los entrenudos se atrofian produciendo un gran número de brotes laterales paralelos, con hojas que permanecen pequeñas o encrespadas. La infestación por esta plaga conduce a la apertura irregular, retrasada o incluso ausente de brotes. La migración de este ácaro para colonizar desde la yema invernante o incluso desde grietas del ritidoma a otros tejidos activos se inicia temprano en primavera, constituyendo un punto clave en el manejo estratégico de la plaga. Desde el inicio de yema algodonosa a brote 15-20 cm se observa un creciente aumento de hembras migratorias que rápidamente se incorporan al interior de yemas laterales de nuevos brotes, con cortos períodos de exposición a aplicaciones de pesticidas. A pesar de que su presencia en los huertos chilenos es menos numeroso que las poblaciones cuantificadas de Colomerus vitis, desde el inicio de migración (yema algodonosa) al período de pinta de variedades consideradas medias a tardías, se han cuantificado para la zona centro de Chile, hasta 10 generaciones completas. Por otro lado, en el caso de Colomerus vitis, diversas publicaciones coinciden en la existencia de 2 a 3 razas, las que se distinguen principalmente por el tipo de daño que producen. La raza de la erinea genera por ejemplo, el daño típico de agallas con alta pilosidad en el envés, mientras que la raza de la yema se concentra en dañar los nuevos brotes antes de su crecimiento, originando brotes en zigzag con entrenudos cortos. Durante el verano es posible cuantificar huevos y algunos estados móviles de la raza de la erinea en agallas del follaje, encontrándose estos últimos alimentándose de tricomas y generando el engrosamiento de los mismos, mientras que la raza de la yema tímidamente presenta períodos de migración para colonizar todo tipo de yemas presentes en la planta. Durante el invierno, ambas razas se concentran como estado adulto en yemas y en primavera-verano se han llegado a cuantificar un máximo de 9 generaciones para la zona centro de Chile. La especie más frecuente y cosmopolita corresponde a Colomerus vitis, no obstante, la presencia de Calepitrimerus vitis ha sido confirmada en Estados Unidos, Europa e interceptada en Sudáfrica al igual que Colomerus oculivitis, otra especie aún no reportada en Chile. La confusión en la identificación entre ellas es una de las aristas de la problemática, dado que en general el material infestado no presenta sólo una especie, pero sí existe predominancia de una de ellas (usualmente Colomerus vitis), lo que ha generado que en la cuantificación y descripción de poblaciones se ignore accidentalmente la coexistencia de otras especies. Adicional a lo anterior, es importante destacar que la confirmación de la presencia de una o más especies no significa necesariamente que la especie dominante sea la causa principal o directa de los daños económicos registrados en un determinado cuartel o variedad dado que, a diferencia de otras familias de ácaros, los ácaros de la yema responden a varios factores integrales en la vid, siendo uno de ellos, el grado de estrés del brote (ya sea por ataque de ácaros o por otras condiciones ajenas a las plagas). En esta condición, el presente trabajo busca describir algunas de las experiencias desarrolladas en la última temporada respecto al manejo integral de estas plagas, concentrándonos en la variedad Sheegene 12 cv (Krissy®) del Programa Genético Sheehan Genetics. Durante la reciente temporada agrícola 2018-19, en un huerto ubicado en la Región de O´Higgins, se realizó el seguimiento poblacional de Colomerus vitis y Calepitrimerus vitis bajo 4 condiciones de tratamientos: un testigo sin aplicaciones a partir del inicio de floración; un tratamiento correspondiente al uso de Springer® (60 cc/hL) aplicado en inicio de flor; uno de Springer® (60 cc/hL) más Optimat® (1 L/ha) aplicados en mezcla a inicio de floración y finalmente uno de Envidor® 240 SC (60 cc/hL), todos aplicados vía foliar con máquina hidroneumática calibrada para entregar 1000 L/ha. Previo a esta aplicación, todos los tratamientos recibieron aplicaciones de Sanmite® WP (80 g/hL) en brote de 5 cm; Danitol® 10 EC (100 cc/hL) en brote de 25 cm, siendo éstos considerados factores fijos entre los tratamientos, incluyendo el Testigo. Se cuantificó el total de la población de ácaros en estado móvil presentes en 4 brotes por tratamiento, con 4 repeticiones de 4 plantas por tratamiento. El diseño empleado fue al azar, y se realizaron dos evaluaciones, una previo a la aplicación y una transcurridos 35 días después de la aplicación. La longitud de los brotes desde la yema terminal hasta la base del brote fue cuantificada 35 días después de la aplicación, considerando que la composición de Optimat® corresponde a folcisteína más aminoácidos, los que han sido descritos como bioestimulantes antiestresantes y que el ataque de estas plagas genera estrés en la planta expresado como una reducción en la tasa de crecimiento, entre otros. Se descarta presentar la