Rafael Elizondo, Ingeniero Agrónomo M.S. Asesor de hortalizas protegidas. Ha tomado fuerza el cultivo en sustrato en Chile, sobre todo en fibra de coco. En producción de hortalizas, principalmente tomates; pero también en producción de semillas, por ejemplo, de pimentón; y en berries. Son varios los proyectos que ya llevan algunos años desde su implementación, en tanto que nuevos proyectos se van incorporando esta tecnología. Por lo general, cambiándose del cultivo en suelo al cultivo en sustrato, más que la emergencia nuevas explotaciones, por lo menos en el área de las hortalizas. En el caso de las hortalizas de fruto, el cultivo en sustrato ha seguido creciendo en tanto en la zona de Arica como en la de Quillota. Partió primero en la producción de semillas de hortalizas, en la que es importante aislar el cultivo de enfermedades virales transmitidas por vectores que están en el suelo. En el caso de melón, hongos del género Olpidium transmiten el virus del cribado del melón (MNSV). En el caso de pimentón, es una medida preventiva ante la presencia de algunas virosis de importancia en el suelo, entre otras, el TMV (virus del mosaico del tabaco) o el ToMV (virus del mosaico del tomate). Pero, además, permite dirigir mucho mejor el equilibrio reproductivo/vegetativo. La variabilidad química, biológica y física de los suelos se traduce en cambios en la fertilidad, retención de humedad y actividad biológica e influencian de manera importante el resultado productivo, sobre todo cuando se quiere llevar a las plantas a su desarrollo reproductivo, con baja carga de fruta, como en el caso de la producción de semillas. Cultivar en sustrato permite uniformar las características de retención de humedad, aporte de nutrientes y riego. Por otro lado, restringe el crecimiento radicular alcanzando un volumen más reducido, lo que en teoría puede conducir al cultivo, por medio del manejo de riego y nutrición, hacia donde el técnico prefiera y la planta necesite. Solo en teoría, porque si se eligen sustratos con alto volumen por planta, con alta capacidad de intercambio catiónico y alta retención de humedad puede resultar en crecimientos vigorosos que compliquen el manejo de estos cultivos. SELECCIÓN DEL SUSTRATO Y CONSIDERACIONES DE MANEJO Para determinar el volumen de sustrato por planta se deben considerar factores tales como las características del sistema radicular de la especie, demanda de agua de la zona, eficiencia del sistema de riego que se adquiera o se tenga, características del sustrato que se elija. A menor volumen de sustrato por planta se requiere equipos de riego y sistemas de control del riego más precisos. El aumento de la frecuencia de riego diario, adaptado a la demanda de agua y al tamaño de la planta, es una de las mayores diferencias en el manejo de cultivo en sustrato respecto de lo que se hace en suelo. Estos tiempos de riego están condicionados por el volumen de sustrato y la precipitación del sistema de riego. La frecuencia durante el día dependerá del tamaño de la planta y la demanda de agua, que es variable durante el día, en días sucesivos y entre los meses del año. En la producción para fresco permite en cultivos como la frutilla aumentar ostensiblemente la densidad de plantas por metro cuadrado, pudiendo ser 50 o 60% de mayor cantidad de plantas por metro cuadrado en comparación con lo que se hace en suelo; lo mismo para cultivos como el arándano. En el caso de producción de tomates en invernadero, el objetivo no será aumentar densidad de plantación, sino más bien un incremento de producción y menor variabilidad en el tiempo. El uso de sustrato permite cultivar en suelos con limitantes físicas y químicas, enfermedades de difícil control, principalmente nematodos, evitar el cansancio de suelo, mayor control de nutrición y riego, mejor aprovechamiento de la superficie cubierta durante el año y mayor velocidad de reemplazo de cultivo. El mejor aprovechamiento de la superficie está relacionado con que se elimina la variabilidad natural del suelo entre diferentes sectores de un predio agrícola. La rapidez de cambio entre un cultivo y otro es mayor en sistemas en sustrato porque se dispone del tiempo que se usaba para laboreo de suelo y fumigación química o biológica, aspecto muy relevante en el cultivo de hortalizas en ciclos cortos. UNA DE LAS CLAVES ESTÁ EN EL CONTROL Sin duda para implementar este sistema de producción, un aspecto básico tiene que ver con comprar sustrato de buena calidad, un sistema de riego e inyección de fertilizantes adaptado a pulsos de riego cortos y automatización de los sectores de riego. Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes para el manejo del sistema en producción, es el control del mismo. La metodología más básica de control tiene que ver con el monitoreo diario del drenaje de los contenedores, así como del volumen aportado por los goteros. El porcentaje de drenaje se transforma en un dato básico para el control del riego y la medición de parámetros como la conductividad eléctrica y el pH de la solución de riego y drenaje, en el control básico de la fertilización. Para dar el paso siguiente en el manejo del riego y poder mejorar la eficiencia del uso del agua en estos sistemas, es que existen desde hace mucho varios equipos que permiten determinar con más precisión la frecuencia de riego y como modificarla en función de la demanda a que está sometido el cultivo. En este sentido, hay varios sistemas de control del riego basado en alguno de los métodos ya conocidos: bandejas de demanda, tensiometría de precisión, humedad volumétrica, diferencia de peso, con los que se busca que la decisión de riego esté en función de l demanda atmosférica. El costo de estos equipos va desde 1.500 a 4.500 US$/ha. Algunos solo interpretan la humedad del sustrato, otros integran medidores de radiación solar, pluviómetros -para medir el caudal de los emisores- y el drenaje. Ya se están usando en aquellos campos, normalmente los que llevan más tiempo produciendo en sustrato, porque se