Hortalizas

Portainjertos en tomate fresco en Chile para mitigar los efectos del cambio climático

Actualmente INIA está trabajando con nuevo material de portainjertos interespecíficos para aumentar la tolerancia tanto a estrés biótico (enfermedades y nematodos) como abiótico (déficit hídrico y salinidad) en tomate con accesiones únicas y no estudiadas previamente.

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Megafol: anti estrés y activador del metabolismo

La planta necesita estar en equilibrio para expresar su máximo potencial genético y de rendimiento. Cada vez que la planta se encuentra fuera del equilibrio bajo condición de estrés, pierde producción potencial. Para prevenir y disminuir este estrés en la planta, Bioamerica da a conocer su solución MEGAFOL. MEGAFOL está constituido por complejos naturales obtenidos de extractos vegetales, orientados a activar el metabolismo de la planta durante su crecimiento y durante los estreses provocados por el ambiente (altas y bajas temperaturas, restricciones hídricas, etc.). Su fórmula actúa en sinergia con una combinación de aminoácidos (22%), proteínas, betaínas y vitaminas.

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5 innovaciones de alimentos procesados ‘made in Perú’

“La vida sana es la megatendencia que impacta más a la industria alimentaria”, decía David Billard, de Euromonitor International, dejando en claro cuál es la preferencia de los consumidores hoy en día, cuando se trata de consumir un alimento u otro. En la última edición de Expoalimentaria, diferentes empresas del país, presentaron algunas de sus más recientes innovaciones, donde utilizan a diferentes hortalizas como ingrediente principal. Aquí una muestra de estas innovaciones.

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Validación de la metodología de evaluación de riesgo dietario como mecanismo científico para fortalecer la inocuidad agroalimentaria en Chile

Dr. Sebastián Elgueta, MSc. Arturo Correa, Laboratorio de Residuos de Plaguicidas y Medio Ambiente, Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA, Centro Regional La Platina, Santiago. sebastian.elgueta@inia.cl La demanda por alimentos continúa creciendo en todo el mundo debido al incremento de la población mundial y la mejora de los estándares de vida de los países. El uso de plaguicidas en la agricultura es necesario, tanto para lograr cantidad y calidad de alimentos. Se ha estimado que la producción mundial de agro alimentos sin el uso de plaguicidas podría disminuir hasta en un 35-40%, mientras que el valor de los alimentos aumentaría, lo que implicaría efectos sociales como el acceso a estos. Sin embargo, el uso indebido o excesivo de plaguicidas realizado por los productores agrícolas (que no cumplen las BPA) y/o los inadecuados análisis de riesgo o controles realizados por las autoridades responsables de los registros de plaguicidas, entre otras, pueden generar riesgos inaceptables para la salud humana, animal y el medio ambiente o ineficacia agronómica. Por esto, se requiere de instrumentos de evaluación científicamente validados para la toma de decisiones, tanto por entidades públicas como privadas. Las hortalizas frescas son una fuente importante de vitaminas esenciales, minerales y antioxidantes, y parte importante de la dieta de la población mundial. Las características ventajosas de estos productos han llevado a la Organización Mundial de Salud (OMS) a promocionar su consumo como estrategia para disminuir la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNTs), pandemia que afecta nuestra sociedad. La producción de hortalizas, en la mayoría de los países, está en manos de pequeños agricultores que utilizan plaguicidas, generalmente los más económicos y, por tanto, menos específicos y con mayor toxicidad. Es en este contexto que los países se preocupan de la inocuidad química de estos vegetales de manera que no generen efectos adversos a la salud de las personas, en el contexto de una exposición indirecta, es decir, mediante el consumo de alimentos con residuos de plaguicidas. Los países, en especial los más avanzados como son los OCDE, donde se a incluye Chile, requieren validar e implementar métodos para cuantificar los riesgos químicos a la salud a corto y largo plazo. La evaluación dietaría combina datos de consumo de alimentos a nivel país y la concentración de plaguicidas (exposición), detectado en monitoreos o sistemas de vigilancia oficiales enfocados en la inocuidad alimentaria o verificación de BPA. El objetivo de esta metodología científica es apoyar el proceso de toma de decisiones, de manera generar alertas tempranas, para, por ejemplo, ajustar prácticas agrícolas o tomar medidas de mitigación de riesgo en el contexto de las regulaciones sobre el uso de plaguicidas y sus efectos en la salud. RESIDUOS DE PLAGUICIDAS EN HORTALIZAS Los plaguicidas son ampliamente utilizados en la agricultura para controlar plagas (insectos, enfermedades, nematodos, malezas, otros), su definición y alcance depende de cada país, puede haber plaguicidas de origen químico sintético, naturales, inorgánicos, microbiológicos, semioquímicos, entre otros. Se clasifican además por su uso como insecticidas, fungicidas, herbicidas, rodenticida, entre otras y por su estructura química como los fosforados, piretroides, carbamatos y organoclorados, entre otros. En el proceso productivo de hortalizas, los plaguicidas se utilizan durante el período vegetativo, lo que dependerá de cada especie y, por tanto, el uso de estos productos responderá al ataque de la plaga, aplicando un enfoque de manejo integrado (MIP). El uso de plaguicidas, en especial los químicos sintéticos, genera un residuo, lo cual se define en el Codex como “cualquier sustancia especificada presente en alimentos, productos agrícolas o alimentos para animales como consecuencia del uso de un plaguicida. El término incluye cualquier derivado de un plaguicida, tales como productos de conversión, metabolitos, productos de reacción o las impurezas que se considera que tienen una importancia toxicológica”. Los países generalmente monitorean los residuos de plaguicidas en hortalizas, esto debido a que su consumo es la principal forma en que los consumidores están expuestos a ellos. A nivel internacional cada país define los Límites Máximos de Residuos Permitidos (LMR) de Plaguicidas, ya sea estableciendo limites propios o usando los establecidos en el contexto de la Comisión de Codex Alimentarius. Un LMR de plaguicida es la concentración máxima de residuos de un plaguicida (expresada en mg/kg), cuyo uso se permite legalmente en la superficie o la parte interna de productos de alimentación para consumo humano y de piensos. Los LMR se basan en datos de BPA y tienen por objeto lograr que los alimentos derivados de productos básicos que se ajustan a los respectivos LMR sean toxicológicamente aceptables. MARCO REGULATORIO SOBRE EL USO DE PLAGUICIDAS Debido a la creciente preocupación en Chile por la presencia de residuos de plaguicidas en vegetales, especialmente hortalizas de hoja, diferentes entidades se ha centrado en investigar los residuos de plaguicidas y su impacto en la salud humana. En Chile, el responsable del proceso de registro de plaguicidas es el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), quién es el encargado de la evaluación y autorización de éstos. El marco legal se basa, entre otras reglamentaciones, en el Decreto Ley No. 3557 de 1980 y la Resolución N ° 1557 de 2014 y sus modificaciones 1400/2015, 1028/2016 y 5482/2016, ambas del SAG. Otras regulaciones se generan de diferentes entidades públicas, las cuales cubren aspectos relacionados con aplicación, producción, almacenamiento, transporte, disposición final, residuos, entre otras. El Ministerio de Salud es responsable de establecer los límites máximos de residuos permitidos de plaguicidas como de evaluar los impactos que se pueden generar asociados a una exposición dietaría debido a su presencia. Los LMR chilenos se basan en los estándares del CODEX Alimentarius, agregando bajo ciertas condiciones LMRs de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos de América (USA). Estos límites fueron establecidos por la Resolución No. 581 de 1999 y reemplazados y actualizados por la resolución 33/2010 y 762/2011 por el Ministerio de Salud (MINSAL). El reglamento actual cubre 147 ingredientes activos con más de 9000 LMRs. En el contexto del control oficial de alimentos, el Ministerio de Salud a través del Instituto de Salud Pública (ISP) desarrolla

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Producción de ajo a partir de plantas libres de virus podría potenciar la exportación en fresco de esta hortaliza

Mónica Madariaga V., Marcelo Horta G., Edición textos: Alejandra Catalán F. La semilla es la base de la producción, pues una semilla de calidad permite expresar todo el potencial de la planta. El ajo no tiene semilla botánica, por lo cual su propagación se realiza vegetativamente utilizando el diente como  estructura reproductiva. Al no existir en Chile un sistema de producción comercial de “diente-semilla” de calidad, los productores generan sus propios “dientes-semillas” guardando material de su cosecha. Este sistema de producción favorece la diseminación de enfermedades causadas por hongos y nemátodos y perpetúa las infecciones causadas por virus. Chile no está considerado entre los principales países productores de ajo, pero el cultivo nacional de esta hortaliza genera un ingreso por exportación en fresco, que durante el mes de enero del año 2017 fue de USD 10.457.800 correspondiente a 7.630,4 ton. de ajo exportadas. La Región del Libertador Bernardo O´Higgins es la principal productora de ajo con el 43% de la superficie nacional plantada. La producción de ajo nacional está en manos de la pequeña y mediana agricultura y en la Región de O´Higgins los productores cultivan principalmente el ajo tipo chino (90%), con rendimientos de alrededor de 18 ton/ha, de las cuales aproximadamente el 85% se exporta y el 15% queda para mercado interno por no cumplir con los estándares mínimos en cuanto a calibre. La producción de semilla de calidad podría cambiar esta situación mejorando sustantivamente los rendimientos y los volúmenes de exportación. Virus en el cultivo del ajo Los virus son agentes infecciosos visibles solamente bajo un microscopio electrónico que tiene la capacidad de aumentar su tamaño 50.000 veces, pero su minúscula estructura no es un impedimento para colonizar plantas y luego cultivos pudiendo generar devastadores resultados en la producción.  Las enfermedades causadas por virus se manifiestan mediante síntomas, que  en la planta de ajo corresponden a enanismo, moteados difusos, estrías cloróticas y deformación de hojas (figura 1). Además, los virus son uno de los principales agentes responsables de la baja de rendimientos en el cultivo del ajo, pues afectan negativamente el calibre y peso del bulbo. La forma de propagación vegetativa, de este cultivo, favorece enormemente la diseminación de virus, pues cada diente de ajo que es utilizado para generar una nueva planta ya está infectado, por lo tanto las partículas virales aumentan su concentración desde un ciclo de cultivo a otro, perpetuando la infección en la especie. Los virus no pueden sobrevivir fuera de un hospedero, por lo cual, en campo se diseminan mediante vectores. En el caso de los virus que afectan el cultivo del ajo los vectores son principalmente áfidos y eriófidos. El cultivo regional se ve afectado por infecciones virales causadas por a lo menos 8 virus entre los cuales se encuentran los principales agentes reductores del calibre del bulbo: Virus del enanismo amarillo de la cebolla (Onion yellowdwarf virus, OYDV), Virus del estriado del puerro (Leek yellow stripe virus, LYSV), Virus A del ajo (Garlic virus A, GarV-A) y Virus filamentoso del ajo transmitido por ácaros (Garlic mite-borne filamentous virus, GaMbFV) los cuales reducen el calibre del bulbo entre un 28% y un 60%. Producción de plantas de ajo libres de virus Bajo el alero del proyecto “Valorización y diversificación del cultivo del ajo” financiado por el Gobierno Regional de O´Higgins, mediante el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), investigadores de INIA se encuentran trabajando en el desarrollo de estrategias que permitan mejorar los rendimientos y calidad de este cultivo. En este contexto, desde el año 2017, el laboratorio de Virología  de INIA está trabajando en la generación de plantas libres de virus, a partir de cultivo de meristemos, mientras que especialistas fitopatólogos, nematólogos y entomólogos, trabajan en desarrollar estrategias de control químico para una producción de calidad sostenible. Las primeras plantas libres de virus generadas, por INIA, tuvieron su primer ciclo de cultivo en campo, bajo malla anti-áfidos, durante la temporada 2018  y sorprendieron por su calibre y peso promedio los cuales fueron de 65mm y 97grs. respectivamente con un 42% de bulbos de calidad extra flor (figura 3). Este material conformará una maternidad que será la base para que los productores  inicien un cultivo de calidad libre de virus. Según una comparación realizada del peso y calibre de bulbos cosechados en la Región (información entregada por agricultores y exportadores beneficiarios del proyecto), versus  resultados obtenidos en ensayos establecidos en INIA Rayentué con dientes-semilla libres de virus, los rendimientos podrían verse aumentados en aproximadamente 48% y valores cercanos al 100% de la producción estaría bajo estándares de calibre que aplicarían para exportación (figura 4). Mantención de la calidad sanitaria Un sistema de  producción comercial de ajo libre de virus debe considerar la obtención de “diente-semilla” de esta misma calidad sanitaria, la que se debe llevar a cabo bajo un sistema de exclusión, por ejemplo, utilizando malla anti-áfidos, o en zonas libres del cultivo de aliáceas para evitar la re-infección con áfidos portadores de los virus que afectan el cultivo. Durante un periodo de 4 años desde iniciado el cultivo con semilla libre de virus, el agricultor puede mantener su plantación en zonas productoras, sin requerir un sistema de exclusión y más aún, durante este periodo el agricultor puede generar sus propios “diente-semilla” de la manera tradicional, pues aunque durante este tiempo el cultivo se re-infectará mediante áfidos vectores, la concentración de virus en las plantas no será suficiente para generar un daño significativo en el cultivo. Al cabo de 4 ciclos de cultivo, el agricultor debería iniciar una nueva plantación con una nueva semilla libre de virus para poder mantener la calidad de su producto.

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