Un dron se detiene en el aire frente al árbol en el campo Santa Elena, de Unifrutti. Detecta una fruta, sus sensores envían la información visual a un software que la analiza instantáneamente. Sí, se encuentra apta. El dron se acerca, la desprende delicadamente con su brazo, gira a la plataforma no tripulada y la deposita con suavidad. Otros siete drones conectados al mismo vehículo están realizando igual tarea. Con cada manzana recogida la inteligencia artificial del sistema aumenta sus conocimientos y mejora la operación. Aunque todavía en etapa de afinamiento, la empresa Tevel aspira a poder comercializar estos equipos muy pronto.