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Las ventajas de un manejo integral

Madera joven y flores de calidad son claves en el manejo de la alternancia y calibre en palto

La alternancia productiva en palto no se explica por un solo factor ni se corrige únicamente durante la floración. Para el Dr. Ricardo Cautín el manejo debe partir mucho antes: en la renovación de madera, la disponibilidad de energía, la calidad floral, la actividad de raíces, la polinización y el equilibrio entre crecimiento vegetativo y reproductivo. Ese mismo enfoque es clave para entender el calibre, ya que el tamaño potencial del fruto se define en las primeras etapas de desarrollo.

07 de Septiembre 2026 Marienella Ortiz
Madera joven y flores de calidad son claves en el manejo de la alternancia y calibre en palto

Una rama que carga intensamente una campaña puede reducir su capacidad de floración y cuaja en la siguiente.

La alternancia productiva en palto suele expresarse de una forma conocida por productores y asesores: un año de alta cosecha seguido por otro de baja producción. Pero detrás de ese comportamiento, también llamado añerismo, hay una red de factores que actúan al mismo tiempo y que no siempre son visibles cuando el problema aparece en campo.

Durante su presentación en la Conferencia Redagrícola Ica 2026, el Dr. Ricardo Cautín Morales, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, plantea que el primer error es mirar la alternancia como un fenómeno simple. “Intentar tener la solución al problema no es fácil ni trivial”, señaló, al explicar que se trata de una condición multifactorial que puede observarse a nivel de ramas, plantas completas e incluso huertos.

DR. RICARDO CAUTÍN MORALES, académico de la Facultad de Ciencias Agronómicas y de los Alimentos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

En ese comportamiento intervienen factores fisiológicos, como la disponibilidad de compuestos azucarados que entregan energía a los procesos productivos; factores bioquímicos, vinculados al metabolismo hormonal; factores genéticos, donde inciden variedades y portainjertos; y factores ambientales, especialmente relevantes en zonas donde el clima comienza a mostrar mayor variabilidad.

Aunque el clima peruano suele ser benigno para el palto, Cautín advierte que existen momentos críticos dentro del ciclo anual en los que pueden aparecer problemas de cuaja, amarre y retención de fruta. “Hay momentos dentro del ciclo anual en que hay dificultades para que el fruto se amarre y se cae”, comentó.

NO ELIMINAR, SINO SUAVIZAR

La alternancia puede medirse mediante el índice ABI, que permite categorizar el comportamiento productivo entre años. Un valor cercano a cero indica baja alternancia, mientras que valores próximos a uno reflejan una condición severamente alternante. Sin embargo, más allá del indicador, el objetivo práctico no es prometer una producción idéntica todos los años, sino evitar los extremos.

Para Cautín, la genética tiene un peso importante. En su exposición, mostró comparaciones entre Hass y Maluma sobre distintos portainjertos, donde se observaron diferencias en el índice de alternancia. Sin embargo, aclaró que ello no significa que una variedad sea siempre superior a otra. En el caso de Maluma, su hábito de crecimiento más pendular facilita la emisión de nuevos brotes desde ramas que han cargado fruta. Hass, en cambio, tiene otro comportamiento, con ramas más vigorosas y una arquitectura distinta.

La conclusión es que la genética ayuda, pero no reemplaza al manejo. Una variedad con menor tendencia a alternar también puede expresar problemas si no se construyen las condiciones adecuadas de energía, madera, raíces y floración.

Una rama que carga intensamente una campaña puede reducir su capacidad de floración y cuaja en la siguiente.

LA EDAD DE LA MADERA

Uno de los puntos clave corresponde a la relación entre carga frutal y edad de la madera. En palabras simples, mientras más tiempo se le exige fruta a la misma madera, mayor es el desgaste productivo. Esto ocurre especialmente cuando no se realizan podas o cuando la renovación de madera es insuficiente. “Trabajamos siempre con madera que se está envejeciendo y que empieza a perder potencial para producir cantidad y calidad de frutos”, explica Cautín.

La madera joven, en cambio, favorece mejores flujos de agua, nutrientes y hormonas. El especialista insiste en que el árbol debe estar compuesto por madera de diferentes edades. No se trata de que toda la planta produzca al mismo tiempo, sino de generar una estructura en la que algunas ramas estén destinadas a la producción de la temporada y otras queden como recambio para el ciclo siguiente.

En las condiciones de Perú, Cautín considera que un brote productivo puede dar dos ciclos antes de ser reemplazado. En otras zonas podría soportar un año más, pero más de tres temporadas resulta riesgoso. El agotamiento no se debe solo a la edad fisiológica, sino también al cambio de posición de la rama dentro del árbol. Cuando una rama se horizontaliza, disminuyen los flujos hacia las yemas, que son el capital productivo de la próxima temporada.

La poda es clave para mantener brotes jóvenes disponibles, mejorar la calidad floral y reducir la intensidad de la alternancia productiva.

LA FLORACIÓN SE CONSTRUYE ANTES

Otro concepto clave es que la calidad floral, otro parámetro que incide en el añerismo, no se define bastante antes de que aparezcan las flores. Las yemas que producirán flores comienzan a acondicionarse durante el otoño e invierno, en un periodo que coincide con el desarrollo final de la fruta que aún está en el árbol.

Ahí aparece el conflicto entre la cosecha actual y la próxima floración. Mientras la fruta demanda energía, las yemas también necesitan reservas para formar flores con capacidad real de cuajar. “En este momento se están fabricando los ovarios que van a ser las paltas dentro de las yemas”, sostiene Cautín.

Por eso, preguntarse en septiembre por qué hubo mala cuaja puede ser demasiado tarde. La pregunta correcta, según el especialista, debe hacerse meses antes relacionadas a cuánta luz recibió la copa, cuánta energía acumuló el árbol, cuán tarde se cosechó, cómo estaban las raíces y qué nivel de renovación de madera existía.

La calidad floral se relaciona directamente con la presencia de almidón y reservas en el ovario de la flor. Esa energía será determinante desde que llega el grano de polen hasta que el fruto recién cuajado inicia su crecimiento. Si la flor no tiene respaldo energético, la planta ajustará naturalmente mediante abscisión de frutos.

Tampoco una sobreproducción de flores garantiza mayor cosecha. Al contrario, una planta que florece en exceso, con pocas hojas y baja capacidad fotosintética, puede tener dificultades para sostener la cuaja inicial. Para Cautín, el equilibrio es fundamental: flores, hojas y brotes nuevos deben coexistir en la planta.

La calidad de la flor se construye antes de la floración visible, durante la formación de yemas. Energía disponible, luz, raíces activas y madera joven son factores decisivos para sostener cuaja y retención.

POLINIZANTES: MÁS QUE ÁRBOLES DE RELLENO

La polinización fue otro eje de la exposición. Si bien la abeja suele ser vista como el agente más importante, Cautín recuerda que en la floración también participan moscas, dípteros, microavispas y otros insectos. Todos ellos visitan las flores por una razón principal: buscan alimento. “Estos insectos van a buscar néctar y polen. Una flor de mala calidad no ofrece lo que se necesita y por lo tanto no se visita”, señaló.

En ese sentido, la calidad floral también incide sobre la actividad de los polinizadores. Una flor débil o con baja oferta de néctar y polen puede recibir menos visitas, afectando la fecundación y la retención de frutos.

Cautín también advierte sobre la reducción de árboles polinizantes en huertos de Hass. Si bien es comprensible que un productor quiera destinar más espacio a árboles comerciales, el especialista pidió mirar el problema con cuidado. Estudios citados en su presentación muestran que una mayor retención de fruta puede estar asociada a polen extranjero, lo que refuerza la importancia de la exogamia.

El manejo de los polinizantes, además, debe tener un objetivo claro. Si su función es aportar polen a Hass, no deberían conducirse como árboles destinados a producir kilos de fruta, la misma que se destina también a la comercialización. En Chile, explicó, se manejan como verdaderos aportadores de polen. Terminada la floración de Hass, se podan para eliminar fruta y estimular brotes que generen una buena floración en la siguiente temporada.

La polinización en palto depende de la actividad de insectos. Cautín remarca que estos no visitan las flores “para polinizar”, sino en busca de alimento; por eso, la calidad floral también incide en la cuaja.

PODA, LUZ Y RIESGO DE GOLPE DE SOL

La poda aparece como una herramienta decisiva para manejar alternancia y calibre, afirma el especialista. Permite retirar madera envejecida, reducir exceso de flores, estimular brotes jóvenes y abrir la copa para mejorar la entrada de luz y la actividad de los polinizadores.

Sin embargo, el manejo debe adaptarse al contexto climático. Cautín advierte que, en un año con condiciones cálidas asociadas a El Niño, abrir demasiado los árboles podría aumentar el riesgo de golpe de sol en fruta. Por ello, el objetivo no es simplemente despejar la copa, sino lograr una arquitectura que permita iluminación, renovación y protección.

La producción interna también cobra importancia. Frutos ubicados dentro del árbol pueden estar mejor protegidos si existe una copa bien manejada. “¿No será mejor tener producción interna de frutos que se protegen con el mismo árbol?”, plantea.

La poda también debe entenderse por niveles. Una cosa es renovar una rama estructural cada cierto número de años y otra distinta es manejar la edad de los brotes dentro de esa rama.

 

Calibre: dónde se define

El calibre potencial de la palta se define principalmente durante la etapa inicial del fruto, cuando ocurre la división celular. Ese proceso se concentra en los primeros 120 a 150 días después de la cuaja. Por ello, la estrategia debe apuntar a llegar a esa fase con flores de calidad, buena fecundación, raíces activas, suficiente energía disponible y una carga frutal equilibrada.

CALIBRE: EL PARTIDO SE JUEGA AL INICIO

Cautín también aborda otro importante aspecto relacionado con el rendimiento como es el calibre de la fruta. Afirma que sí es posible manejar el calibre potencial, pero siempre que previamente se hayan trabajado los factores que sostienen floración, cuaja y desarrollo inicial del fruto.

Advierte que el calibre no se define al final del ciclo. El tamaño potencial de una palta depende principalmente del número de células, más que del tamaño individual de cada célula. Por eso, el periodo de división celular es decisivo. En palto Hass, este proceso ocurre con mayor intensidad durante los primeros 120 a 150 días después de la cuaja.

“Se puede pensar: cuando esté más grande, lo voy a regar más, lo voy a fertilizar más. Pero no. En esos 120 días se define el partido”, explicó.

En esa etapa inicial inciden la calidad de la flor, la polinización, el crecimiento del embrión, la disponibilidad de carbohidratos, el agua, el calcio, el boro, la actividad de raíces y la producción de hormonas como citoquininas.

Si esos factores fallan, será difícil recuperar calibre más adelante.

El especialista mostró el caso de un campo en Limatambo, Cusco, con una producción de 24 toneladas por hectárea, donde el 16% correspondía a calibres bajos. En 40 hectáreas, esa proporción representa un volumen económico significativo. Para mejorar la distribución, el trabajo debe comenzar antes de la floración: estimular raíces, abrir la copa, mejorar la energía disponible de las yemas y buscar cuajar las primeras flores de la temporada.

El experto hizo hincapié en que los frutos que cuajan al inicio tienen más tiempo para desarrollarse. En cambio, aquellos que provienen de las últimas flores suelen quedar con menor potencial de calibre.

 

El problema del sobrecalibre

Aunque normalmente se busca aumentar calibre, también existen situaciones en las que el problema es el sobrecalibre. Cautín ejemplifica con el caso de un campo con 26 toneladas por hectárea y solo 170 frutos por planta, lo que genera frutos de alrededor de 367 gramos, o sea, calibres demasiado grandes.

En esos casos, quitar agua para reducir tamaño no es una alternativa viable, porque puede provocar caída de fruta. La estrategia correcta es aumentar el número de frutos por planta, distribuyendo la energía en más “bocas”. Con la misma producción de 26 toneladas por hectárea, pasar de 170 a 300 frutos por planta podría reducir el peso promedio del fruto a cerca de 208 gramos, entrando en calibres más comerciales.

LA RAÍZ ES EL CEREBRO DE LA PLANTA

Para sostener cuaja y calibre, Cautín insiste en la importancia de la raíz. “La raíz es el cerebro de todo esto”, afirma. Si el sistema radicular no funciona, las aplicaciones foliares o los programas de apoyo tendrán resultados limitados. Por ello, recomendó evaluar raíces antes de la floración, especialmente en campos que florecen en agosto o septiembre.

La raíz no solo absorbe agua y nutrientes; también participa en la producción de señales hormonales que apoyan procesos como la división celular y el crecimiento inicial del fruto.

El vigor y la sanidad de la planta también son determinantes. En Perú, Cautín llama a tener cuidado con prácticas como el anillado, debido a la presencia de Lasiodiplodia. “La Lasiodiplodia está ahí, esperando heridas”, advierte. Para enfrentarla, recomendó mantener plantas vigorosas y retirar mediante poda las ramas con cancros, sacándolas del campo para reducir fuentes de inóculo.

En resumen, Cautín resalta que la alternancia productiva y el calibre no se corrigen con una sola fórmula, pues no se puede pedir producción sostenida a madera agotada, flores débiles o raíces inactivas. En el palto, la regularidad productiva se construye antes de que el problema sea visible, afirma.

 

Claves para reducir la alternancia

  • Mantener equilibrio entre crecimiento vegetativo y reproductivo.
  • Renovar madera de manera continua.
  • Evitar que toda la planta produzca al mismo tiempo.
  • Mejorar la entrada de luz a la copa.
  • Cuidar la calidad floral antes de la floración visible.
  • Mantener raíces activas y sanas.
  • Favorecer la actividad de polinizadores.
  • Apoyar cuaja y retención con herramientas de manejo, reguladores y bioestimulantes cuando corresponda.
  • Evitar condiciones de estrés que intensifiquen el añerismo.

 

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