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Del desierto al podio exportador

Ica, la nueva capital del arándano peruano

En el nuevo episodio de Redagrícola Ont he Road Perú nos fuimos a Ica para constatar en terreno el fervor que existe por el arándano en la región. El arándano llegó a Ica sabiendo ya caminar — y no tiene intención de detenerse, pero antes se deben asumir una serie de retos productivos y comerciales.

06 de Julio 2026 Equipo Redagrícola
Ica, la nueva capital del arándano peruano

El sur peruano está escribiendo uno de los capítulos más sorprendentes de la agricultura latinoamericana. Ica, la región que se reinventó del algodón al espárrago y del espárrago a la uva de mesa, vive hoy una nueva transformación: la del arándano, que en menos de quince años pasó de ser una apuesta tímida en las pampas de Pisco a convertirse en el cultivo con mayor proyección de crecimiento del país.

La gran ventaja competitiva de Ica es que el arándano no llegó aquí a aprender, sino a aplicar: las lecciones acumuladas durante más de una década en La Libertad y Lambayeque llegaron al sur ya procesadas, con variedades de última generación, sistemas de maceta con fibra de coco y monitoreo climático en tiempo real como estándar, no como excepción.

De eso hablamos con tres entrevistados: Delia Crispín, gerenta de arándanos de Agrícola Don Ricardo; José Ignacio Rodríguez, gerente general de Agronexo y Alberto Berardo, gerente general de Ica Blueberries, sobre un territorio donde se está dando una expansión que no es homogénea.

Pisco, la zona pionera donde en 2011 se instalaron los primeros campos y hoy concentra la mayor densidad de empresas; Ica propiamente tal, que suma nuevos proyectos apoyados en la infraestructura logística de décadas de producción de uva de mesa; y Nasca, la frontera más reciente, con aridez extrema, menor presión de plagas y mayor disponibilidad de suelo.

La tecnología y el recambio varietal son las dos condiciones no negociables para quien ingrese hoy al cultivo. La variedad Mágica lidera la superficie regional con 659 hectáreas, seguida de Eureka (622 ha) y Sekoya Pop (528 ha), mientras la Biloxi retrocede de manera sostenida.

El entusiasmo, sin embargo, no borra tres desafíos estructurales que los productores señalan con honestidad: el agua —con acuíferos ya bajo línea de veda y 4.000 nuevas hectáreas presionando los recursos—, la mano de obra —que en campaña compite directamente con la uva de mesa en la misma región— y la presión sanitaria que traerá la concentración de superficie, con trips y chanchito blanco migrando desde los viñedos vecinos como amenaza permanente. En el desierto sur del Perú, el campo que fue blanco de algodón, verde de espárrago y dorado de uva está aprendiendo a dar azul. Y todo indica que apenas está comenzando.

Mira el capítulo aquí: link de youtube

 

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