En 1560, el olivo se introdujo desde España a Perú, pero no es hasta casi 200 años después que comienzan las primeras siembras del cultivo en Tacna, en especial, en la irrigación La Yarada. Su buena adaptación y el uso de tecnología de riego conllevaron a que se cuente en la zona con aproximadamente 20 mil de las 43 mil hectáreas que existen de olivo en el país. Lamentablemente, los problemas de salinidad del acuífero Caplina que irriga La Yarada y el consiguiente incremento de plagas han puesto en alerta la viabilidad del cultivo. Basado en una investigación que utilizó sensoramiento remoto y procesamiento de imágenes satelitales, el ingeniero agrícola, ingeniero civil y Ph.D. en Recursos Hídricos Edwin Pino Vargas, de la Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann (Tacna), advierte que prácticamente el 100% de los olivos de la muestra seleccionada presentó algún nivel de afectación como consecuencia del estrés hídrico y el ataque de plagas, entre ellas, la Orthezia olivicola y el barrenillo del olivo Phloeotribus scarabaeoides. En particular, lo observado es un progresivo grado de marchitez de los olivos en la irrigación lo que viene produciendo pérdidas económicas altamente significativas, menciona. Para el presente trabajo se usó información de imágenes satelitales de libre disposición que permitieron realizar el análisis espacial y temporal, así como la combinación de índices de vegetación, para determinar la evolución del ataque de plagas. Para el caso del olivo, la investigación señala que las tecnologías utilizadas constituyen un mecanismo de identificación de plagas en forma remota, rápida, eficaz y sobre todo de bajo costo. En este sentido, el objetivo de este trabajo fue caracterizar la incidencia de estas plagas del olivo que permitan el diseño de estrategias de control a gran escala. El trabajo se inició con la adquisición de datos del repositorio Google Earth Engine, Landsat/LT05/C01/T1_SR y Landsat/LC08/C01/T1_SR, para continuar con la evaluación anual media de imágenes obtenidas del 1 de enero al 31 de diciembre de los años 1985, 1990, 1995, 2000, 2005, 2010, 2015 y 2020, las cuales se encuentran corregidas radiométrica, atmosférica y geométricamente a nivel de reflectancia en la superficie terrestre. GRAN AFECTACIÓN Los resultados indican que la superficie de plantas enfermas va de 42% a 68%, plantas moderadamente sanas de 2% a 18%, y el estado de la plantación considerado como plantas muy sanas con tendencia a 0%, de acuerdo a los valores del NDVI (Normalized Difference Vegetation Index). Para ello, se trabajó con cuatro estados de afectación: leve, ataque de plagas moderado, severidad del ataque de las plagas sumado al déficit hídrico y ataque de plagas muy fuerte asociado al punto de marchitez permanente. En el caso de la afectación leve, refiere que se nota un manejo adecuado del riego, labores culturales y sanitarias apropiadas; inclusive se está usando una cobertura geosintética para evitar pérdidas de humedad y a su vez protección contra el desarrollo de malezas. En la cobertura de plantas enfermas se puede observar que las hojas de la planta presentan baja presencia de clorofila, reduciendo la absorción de la luz solar y haciendo que la planta genere un color diferente. ESTRÉS HÍDRICO En la zona, el clima es templado, desértico y con amplitud térmica moderada. Las precipitaciones son prácticamente nulas, típico comportamiento de regiones desérticas, con precipitación media acumulada anual de 33,4 mm, por lo cual el cultivo crece en una zona con escasas lluvias y de clima seco, y forma parte de la cabecera del desierto de Atacama. Al respecto, Pino señala que el acuífero Caplina explica el 100% de la irrigación del cultivo, pero el nivel de la napa freática viene en descenso como parte del cambio climático. Ante este escenario, advierte que es preocupante el anuncio de un fenómeno de El Niño, pues traería mayores problemas relacionados con la elevación de la temperatura y a la sequía. El que el olivo se desarrolle en un clima de estrés hídrico provoca un mayor ataque de las plagas. Al respecto, refiere que los años de menores producciones (1980, 1983, 1992, 1998, 2009, 2015 y 2016) están asociadas al fenómeno climatológico, según una investigación realizada años atrás. Las anomalías en las temperaturas máximas y mínimas tienen efectos desfavorables sobre la productividad de aceituna cuando se generan valores fuera del rango óptimo de 15 °C a 25 °C, agrega. Un caso muy marcado ocurrió en el año 1998, en el cual la producción nacional y la regional, en Tacna, se redujeron a 1,5 y 1,0 miles de toneladas (t), respectivamente, mientras que los valores máximos corresponden a 190,0 y 148,0 miles de t, respectivamente, para el periodo entre 1979 y 2020. A futuro, el investigador recomienda realizar un estudio comparativo de la evolución espacial y temporal del cultivo del olivo por efecto del ataque de plagas en las diferentes estaciones del año, utilizando imágenes satelitales y drones.