La meta de producir bienes agrícolas con una mínima aplicación de productos de síntesis química para el control de plagas y enfermedades ha convocado a profesionales que trabajan desde diferentes aproximaciones. Los entomólogos buscan y evalúan depredadores (por ejemplo, Phytoseiulus persimilis) y parasitoides (por ejemplo, Trichogramma exiguum) de organismos plaga, los que están dedicados a la microbiología hacen lo propio con hongos y otros microorganismos que compiten de manera más agresiva por nutrientes con organismos patógenos (por ejemplo, Trichoderma harzianum) o que incluso los degradan. Los fitomejoradores atacan el problema desarrollando nuevos materiales que tengan la capacidad de limitar la entrada, desarrollo y/o reproducción del patógeno (resistencia) o incrementando la capacidad de la planta hospedera de mantener su crecimiento a pesar de la infección (tolerancia). La nutrición vegetal también se ha sumado al esfuerzo por reducir la aplicación de productos de síntesis química para contribuir al control de plagas y enfermedades. El propósito del presente artículo es divulgar el conocimiento actual y los retos que enfrenta la nutrición vegetal de cara a mejorar la resistencia y/o tolerancia de las plantas a los ataques de plagas y enfermedades. La triada entre ambiente, patógeno y hospedero El punto de partida conceptual es el popular triángulo de la enfermedad. Esta triada está formada por tres componentes, que todos quienes trabajan en las ciencias aplicadas a la producción de plantas recuerdan sin mayor esfuerzo: ambiente, hospedero y patógeno (Figura 1). Pero es necesario realizar un análisis más detallado de esta triada para poder conectar la nutrición vegetal y el manejo de plagas y enfermedades. Primero, el ambiente favorable se asocia principalmente con variables como la temperatura y la humedad, y en el caso de cultivos bajo invernadero se suele incluir la ventilación o más específicamente la tasa de ventilación. Por ejemplo, se busca evitar la presencia prolongada de agua libre sobre los órganos de la planta, especialmente sobre hojas, flores y frutos. Adicionalmente, el aporte balanceado de nutrientes y agua, junto con las condiciones adecuadas para su transporte desde la periferia de las raíces hasta los órganos de la planta que los demandan, son un factor ambiental que determina la resistencia y la tolerancia de las plantas. Es oportuno señalar que la radiación global (Rg) y el déficit de presión de vapor (DPV) son variables determinantes para movilizar agua y nutrientes desde la solución del suelo/sustrato hacia los órganos transpirantes de la planta. Así, una primera conclusión correcta, pero impráctica, es que un aporte óptimo de agua y nutrientes minimiza el ataque de plagas y enfermedades. Es impráctica por dos razones, porque la franja óptima de agua y nutrientes es estrecha y difícil de alcanzar y mantener. También porque los óptimos son dinámicos y dependen, por ejemplo, del estado de desarrollo de la planta. El segundo elemento de la triada, la presencia del patógeno. En este caso hay que tener en cuenta que el efecto de la nutrición es diferente de si se trata de patógenos obligados o facultativos (Hoffland et al. 2000). En el caso de parásitos obligados como Pseudoidium neolycopersici, una alta concentración de nitrógeno (N) en las hojas como consecuencia de un suministro excesivo de este elemento aumenta la susceptibilidad. Lo contrario ha sido determinado para patógenos facultativos como Botrytis cinerea, en este caso las altas tasas de absorción de N incrementan la resistencia en órganos como las hojas, esto parece estar asociado con el retraso de la senescencia. En la figura 2 se representa esta relación entre el tipo de patógeno y efecto de la fertilización nitrogenada. En este punto se debe complementar la primera conclusión, y añadir que la estrategia de nutrición para apoyar el manejo de plagas y enfermedades debe reconocer claramente el tipo de patógeno sobre el cual se busca impactar. El último elemento de la triada es el hospedero susceptible. En este punto es fundamental reconocer que los tejidos de las plantas tienen características muy contrastantes. Las hojas maduras tienen una alta densidad de estomas y en consecuencia tienen una mayor tasa de traspiración, y por lo tanto, una mayor ‘fuerza’ para concentrar en sus tejidos elementos poco móviles. No pasa lo mismo con las flores y los frutos; incluso las hojas jóvenes o inmaduras también tienen una capacidad limitada de obtener un suministro adecuado de algunos nutrientes, el ejemplo típico es el calcio (Ca). Entonces, la susceptibilidad de los órganos de la planta también depende de una conjugación de factores ambientales como la concentración de elementos solubles en la solución del suelo/sustrato y otros como la Rg y DPV que impulsan el movimiento de elementos hacia los órganos. De acuerdo a lo anterior, se debe adicionar un elemento a la conclusión: el efecto de la nutrición será mayor en órganos o especies que tengan una mayor susceptibilidad al ataque de plagas y/o patógenos. Función de nutrientes específicos en el manejo de plagas y enfermedades Mencionaremos y analizaremos algunos ejemplos de cómo la concentración de nutrientes afecta la susceptibilidad a plagas y enfermedades. Algunos patógenos obligados, como los llamados mildeos polvosos, invaden principalmente las células de la epidermis; de modo que las características de este tejido determinan el grado de susceptibilidad. La epidermis tiene altas concentraciones de compuestos antifúngicos como lo son los fenoles y flavonoides, y cuya biosíntesis depende de un adecuado suministro de nutrientes como el boro (B) y el cobre (Cu). Entonces, un suministro insuficiente de Cu y B genera una mayor susceptibilidad frente al ataque de patógenos obligados (Huber et al., 2011). Hay elementos como el Ca y el silicio (Si) que han demostrado consistentemente su efectividad para reducir el ataque de plagas y enfermedades. En el caso del S,i principalmente en especies monocotiledóneas (Broadley et al., 2011). El Si se mueve vía xilema esto causa que se localice básicamente en hojas maduras con altas tasas de transpiración, pero las que son más susceptibles se encuentran en tejidos jóvenes. Adicionalmente, se ha determinado que su efecto requiere una aplicación permanente debido a que una vez que se encuentra dentro de un