Abeja (Apis mellifera) polinizando. Todas las fotos del presente artículo fueron tomadas en una parcela de paltos del IHSM La Mayora, Málaga, España. M.L. Alcaraz1, E. de la Peña2, O. Aguado3, J.I. Hormaza1 1Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora, IHSM La Mayora – UMA-CSIC, 29750, Algarrobo Costa, Málaga, España 2Universiteit Gent, VakgroepBiologie, K.L. Ledeganckstraat 35, 9000 Gante, Bélgica 3Andrena Iniciativas y estudios Medio ambientales, c/Gabilondo 16Bis, Valladolid, 47002, España Un árbol de palto puede producir millones de flores, pero solo una pequeña proporción de ellas (menos del 1%) se transforma en frutos retenidos en el árbol en el momento de la cosecha. Este bajo cuajado se debe fundamentalmente a una caída masiva de flores, incluso desde antes de su apertura, y a la abscisión de pequeños frutos en desarrollo que es más frecuente durante los dos meses siguientes al final de la etapa de floración. El palto presenta dicogamia protogínica; sus flores son hermafroditas, con órganos femeninos y masculinos, aunque no son funcionales al mismo tiempo. Cada flor de palto abre dos veces; la primera vez, la flor es funcionalmente femenina (estigma receptivo); después se cierra y vuelve a abrirse al día siguiente como flor funcionalmente masculina, teniendo lugar la dehiscencia de las anteras y la liberación de polen. Se trata, por tanto, de un mecanismo encaminado a evitar la autopolinización en la flor. En base a su comportamiento floral, los cultivares de palto se clasifican en dos grupos (Nirody, 1922): A y B. En los cultivares de tipo A (Hass, Reed, Maluma), la flor abre en estado femenino por la mañana, se cierra por la tarde y abre de nuevo en estado masculino la tarde del día siguiente, mientras que en los cultivares de tipo B (Bacon, Fuerte, Zutano, Edranol, Ettinger) la flor abre en estado femenino por la tarde, cierra, y vuelve a abrirse en estado masculino la mañana del día siguiente. El ciclo floral es muy sensible a las condiciones ambientales, especialmente a la temperatura y, en determinadas condiciones climáticas, se pueden observar flores en estado masculino y en estado femenino coexistiendo en un mismo árbol o entre árboles de la misma variedad, favoreciendo que tenga lugar la autopolinización. Este peculiar sistema podría explicar en gran medida la baja tasa de cuajado como consecuencia de una deficiencia de deposición de polen en el estigma al momento en que la flor abre en estado femenino, que es cuando tiene lugar la polinización efectiva, es decir, aquella en la que la deposición de polen sobre el estigma de la flor termina en la fecundación del ovulo. La polinización se considera como el principal factor limitante en la producción en plantaciones comerciales de palto. Estudios de deposición de polen llevados a cabo en varias fincas de producción comercial en el sur de España han puesto de manifiesto que aproximadamente el 90% de las flores no recibe polen cuando están abiertas en estado femenino. Este porcentaje de flores que no reciben polen generalmente disminuye al final de la etapa de floración, cuando las condiciones de temperaturas son más favorables tanto para el ciclo floral como para la actividad de los insectos polinizadores. Además, la mayoría de las flores que reciben polen durante la fase femenina, reciben un número bajo de granos de polen y en palto se ha descrito que la probabilidad de una flor de convertirse en fruto es mayor cuanto mayor sea el número de granos de polen depositados en el estigma (Shoval, 1987). Por otra parte, el hecho de que la aplicación manual de polen en flores de palto en estado femenino consiga aumentar el cuajado hasta quince veces indica que el incremento del porcentaje de flores que reciben polen en sus estigmas durante el estado femenino puede aumentar significativamente la cosecha. LAS NECESIDADES DE POLINIZACIÓN VARÍAN SEGÚN LA ZONA PRODUCTIVA Existen varias prácticas encaminadas a incrementar la disponibilidad de polen en las plantaciones comerciales de palto, como la de interplantar cultivares con grupo floral complementario. Sin embargo, la necesidad del uso de polinizantes varía en función de la zona de cultivo y se requieren estudios adicionales en cada zona productora para determinar la necesidad y, en su caso, la superficie de la plantación destinada a su cultivo debido al poco interés comercial que generalmente tienen los frutos derivados de las variedades empleadas como polinizantes. Otra forma de incrementar la deposición de polen en los estigmas es mediante el aumento de las poblaciones de insectos polinizadores. El palto requiere de la presencia de insectos polinización como vectores de polen desde las anteras a los estigmas. El polinizador más utilizado comercialmente a nivel mundial para el palto es la abeja de la miel (Apis mellifera). Sin embargo, hay que tener en cuenta que el palto es originario de América Central y la abeja de la miel fue introducida en América por los españoles en el siglo XVI (Roubik 1998) por lo que el palto evolucionó en presencia de diferentes insectos nativos americanos. En su zona de origen en América Central, las flores de palto son visitadas por más de cien especies distintas de los órdenes Hymenoptera, Diptera, Coleoptera o Heteroptera (Free, 1993; Castañeda-Vildózola y col., 1999; Can-Alonzo y col., 2005). La diversidad de insectos que se observan visitando las flores de palto varía en función de las condiciones climáticas de la zona de estudio, así como de las prácticas culturales. Los polinizadores más frecuentes visitando las flores de palto son abejas, abejas sin aguijón (Apidae, Meliponinae), avispas, moscas, escarabajos e incluso murciélagos (Angel, 1984; Crane, 1992; Free y Williams, 1976; Papademetriou, 1976; Roubik, 1995, Ish-Am y col., 1999). En el sur de México, los insectos más abundantes en las flores de palto son dípteros, seguidos de la abeja de la miel (Pérez-Balam et al., 2012). En Sudáfrica se han observado aproximadamente 49 especies diferentes de insectos visitando las flores de palto, siendo la abeja de la miel la más abundante seguida de dípteros (Eardley and Mansell, 1996). Observaciones similares se han llevado a cabo en otros países