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Entrevista a Luis Miguel Vegas, gerente general de Provid

“Se espera una campaña más desafiante por factores externos”

Tras una campaña 2025/26 marcada por condiciones estables y buenos resultados, el gremio proyecta un escenario más exigente para la próxima temporada, con riesgos asociados a la coyuntura geopolítica, eventuales distorsiones logísticas y señales de un año climáticamente más complejo. En paralelo, la industria continúa reconfigurando su estrategia comercial ante la creciente producción local en China y el crecimiento en México, que ya concentra cerca del 10% de los envíos peruanos.

26 de Mayo 2026 Marienella Ortiz
“Se espera una campaña más desafiante por factores externos”

La uva de mesa peruana dejó atrás una campaña 2025/26 que transcurrió con relativa normalidad, marcada por buena calidad de fruta y un desempeño logístico sin contratiempos. Con el inicio de un nuevo ciclo, sin embargo, el escenario vuelve a abrirse a la incertidumbre propia de la agricultura, donde el clima, la logística y el comportamiento de los mercados pueden redefinir rápidamente el desenlace de la temporada. En ese contexto, Luis Miguel Vegas, gerente general de Provid, señala que la industria se prepara para un año con más variables en juego, mientras continúa ajustando su estrategia comercial y consolidando nuevos destinos para la uva peruana.

Al cierre de esta edición, el gremio consolidaba sus cifras de la campaña 2025/26. Las exportaciones culminaron con alrededor de 85 millones de cajas, confirmando un resultado superior al de la temporada anterior. “Ha sido una campaña bastante buena. Tuvimos condiciones climáticas estables, lo que se tradujo en una muy buena calidad de fruta tanto en el norte como en el sur del país”, señala Vegas.

En la línea de estar preparados para complicaciones logísticas, ustedes promovieron el uso de buques cámara, especialmente desde Paita.

La uva de mesa peruana cerro la campaña 2025/2026 con un aproximado de 85 millones de cajas exportadas.

—¿Cuáles fueron los resultados para los agroexportadores en la campaña que cerraron?

—Los envíos en buques cámara desde Paita y Pisco funcionaron bien y ayudaron a mejorar el flujo logístico, porque permitieron movilizar un volumen importante de fruta, aliviando en parte la presión sobre los contenedores, que era justamente uno de los objetivos. Preliminarmente, se habrían realizado alrededor de ocho embarques desde Paita. En conjunto, esto se dio en una campaña que también estuvo acompañada por buena calidad de fruta, una logística ordenada y mercados que respondieron de manera más equilibrada.

—¿Crees que se debería consolidar el uso de buques cámara en las próximas campañas?

—Aún no hay confirmación de que esta modalidad se vaya a repetir, pero, considerando que los resultados fueron positivos, es razonable pensar que podría continuar. De todas maneras, esto depende de las decisiones de las empresas. La principal ventaja del buque cámara es que reduce la dependencia de los contenedores y abre una alternativa logística adicional. Ese es su mayor valor. En la práctica, muchos exportadores siguen prefiriendo el contenedor, pero el buque cámara se posiciona como una herramienta clave en momentos de alta demanda, cuando la disponibilidad de contenedores puede convertirse en un cuello de botella.

—Desde el punto de vista de poscosecha, ¿qué desafíos implica el uso de buques cámara?

—Es un reto importante. Normalmente, desde el packing el contenedor sale cerrado y con frío controlado, pero en este caso, cuando el camión llega al puerto, hay que abrirlo y exponer los pallets al ambiente para cargarlos a la cámara del buque. Esa operación tiene que hacerse muy rápido, porque si demora, la fruta se puede calentar. La carga se realiza con grúas que movilizan varios pallets a la vez, por lo que la eficiencia en esa etapa es clave. No es un proceso sencillo. Lo importante hoy es contar con alternativas que permitan responder mejor ante escenarios exigentes.

—Otra de las preocupaciones en la campaña que cerró, sobre todo en Ica, fue el posible traslape entre las campañas de uva de mesa y arándano, y el impacto que eso podría tener en la disponibilidad de contenedores. ¿Qué ocurrió finalmente?

—Ese escenario finalmente no se dio. Si bien el arándano sigue creciendo y siempre genera cierta atención por el posible estrés logístico, lo que ayudó mucho fue que el pico de producción fue más plano en este cultivo. No tuvimos esos picos semanales tan marcados como en campañas anteriores. Además, no hubo factores externos que complicaran el sistema, como sí ocurrió en 2024, cuando coincidieron varios elementos: el retraso en la salida del norte, la concentración de la curva productiva, la huelga en el puerto de Filadelfia y los problemas en el canal de Panamá.

El recambio varietal continúa avanzando, con mayor protagonismo de materiales sin semilla y retroceso de variedades tradicionales.

PERSPECTIVAS LOGÍSTICAS EN LA NUEVA CAMPAÑA

La tensión geopolítica y su posible impacto en la logística global vuelven a poner el foco en la necesidad de diversificar rutas de salida y fortalecer alternativas operativas para la exportación de la uva de mesa en esta campaña que inicia.

—Hoy existe una alta incertidumbre por la guerra en Medio Oriente y su eventual impacto en la logística global. ¿Cómo se prepara la industria frente a este escenario?

—De hecho, hay que estar muy atentos de los que pase en Medio Oriente. Por ello, haber desarrollado experiencias en puertos como Pisco y Paita con el buque cámara resulta altamente valioso, ya que permite contar con un aprendizaje concreto. Sería distinto que hoy Senasa no esté capacitado o que no tengamos puertos que estén listos para este tipo de envió. De esta manera, si se produce una distorsión global en la logística internacional, como podría ocurrir en el actual escenario, el Perú estará mejor preparado. Hoy, ya se cuenta con una curva de aprendizaje en este tipo de envíos, lo que permite operar con mayor eficiencia.

—¿Esta modalidad también podría aplicarse al arándano?

—Sí, es una posibilidad. De hecho, cuando en 2023 se realizaron las capacitaciones con Senasa en el puerto de Machala, en Ecuador, el foco inicial estaba puesto en el arándano. Sin embargo, en la práctica ha sido la uva la que ha impulsado esta modalidad. El principal desafío con el arándano es su mayor sensibilidad. A diferencia de la uva, tolera menos la exposición durante las operaciones en puerto, como la apertura del contenedor y el traslado de los pallets hacia la cámara, lo que genera cierta cautela en la industria. No obstante, hacia adelante se podría comenzar con pruebas, siguiendo el camino que ya ha recorrido la uva.

La carga de fruta mediante buque cámara desde puertos alternativos surge como una herramienta logística para reducir la dependencia de contenedores.

COMPLEJIDADES EN LA NUEVA CAMPAÑA

Señales climáticas asociadas a El Niño se sumarían a la coyuntura geopolítica, configurando un escenario con más variables para la próxima temporada.

—Si bien recién está por comenzar la nueva campaña, ¿cuál es la perspectiva para los próximos meses?

—A estas alturas, todo indica que podría ser una campaña más compleja. Además de la coyuntura internacional, hay señales de un año climático no habitual, con la presencia del fenómeno El Niño. No sabemos si será como el de 2023, pero sí se proyecta un escenario más cálido de lo normal. Son factores que no estuvieron presentes en la campaña pasada y que, además, están fuera del control de la industria. Podríamos enfrentar una temporada fuertemente condicionada por estas variables externas. Frente a ello, lo que corresponde es prepararse: aplicar los aprendizajes que dejó el último ‘Niño’.

—En ese contexto climático, se percibe a Ica como una zona más consolidada, mientras que el norte viene de campañas más golpeadas en la producción de uva de mesa.

—Piura ha tenido una buena campaña. Veníamos de años complicados, primero por un ‘Niño’ muy cálido y luego por la sequía de 2024. Sin embargo, en la última temporada, en términos generales, no se registraron eventos climáticos extremos como en años anteriores. Por eso, más allá de matices, ha sido una buena campaña tanto para el norte como para el sur. Sería mezquino decir que el sur está consolidado y el norte no. Ha sido un buen año para el Perú en su conjunto, especialmente después de dos temporadas muy difíciles. Es natural que haya mayor inquietud por la campaña que viene. La guerra puede impactar en los mercados, incluso generar una recesión, y eso termina afectando la demanda. El costo de fertilizantes y otros materiales puede verse afectado por este contexto. Hoy hay más incertidumbre y el productor lo percibe.

La buena calidad de fruta y una logística más ordenada marcaron el desempeño de la última campaña de uva de mesa.

CRECIMIENTO CON ÁREA ACOTADA

Aunque la superficie de uva de mesa muestra una expansión moderada, los volúmenes exportados continúan aumentando, impulsados por mejoras en productividad y la consolidación de variedades licenciadas.

—Y hablando de la producción de uva de mesa en general, la superficie prácticamente no está creciendo y, sin embargo, han aumentado los volúmenes de los envíos. ¿Cuál es la lectura detrás de esto?

—La expectativa es que el área continúe expandiéndose, pero a un ritmo bastante menor que el del arándano. Hemos estimado que en esta nueva campaña la superficie certificada crecerá alrededor de 3%, sobre una base que hoy se sitúa entre 23.000 y 24.000 hectáreas. Es decir, habrá algo más de crecimiento, pero moderado. La uva de mesa ya es una industria consolidada y madura, por lo que los aumentos de volumen no vienen tanto por una expansión agresiva de superficie, sino por mejoras en productividad y eficiencia de los campos existentes.

—¿Pero a nivel de variedades también se ve algún movimiento o se ha estancado un poco en las que ya conocemos?

—En términos varietales, las licenciadas continúan consolidándose y hoy representan cerca del 90% del área sembrada. En ese sentido, la evolución de la uva de mesa también puede dar muchas luces sobre la trayectoria que podría seguir el arándano. Esto también se refleja en la dinámica de los envíos por grupos varietales. Las salidas de uva blanca sin semilla registran un incremento de 9% respecto de la campaña 2024-2025, mientras que las exportaciones de roja sin semilla aumentan 6%. En contraste, los envíos de Red Globe caen 22% frente al mismo periodo.

La industria proyecta un crecimiento moderado de las hectáreas, en una etapa más madura del cultivo donde el foco está en eficiencia y calidad

RECONFIGURACIÓN DE MERCADOS

China pierde participación en la uva peruana mientras destinos como México ganan relevancia. La diversificación aparece como un eje clave ante cambios en la producción local de los países de destino y la necesidad de sostener el crecimiento de la categoría.

—A nivel comercial, ¿qué novedades se observan en los diferentes mercados de destino?

—Hay varios puntos interesantes. Si revisamos las exportaciones de uva de mesa peruana, hace diez años cerca del 20% del total se dirigía a China. Sin embargo, en la última campaña —en la que Perú alcanzó el mayor volumen exportado de su historia— China representó apenas el 2%. Es decir, dejó de ser uno de los principales destinos para la uva peruana. Gran parte de esta caída se explica por el fuerte crecimiento de la producción local en China, que ha ido desplazando a la fruta importada. Aun así, sigue siendo un mercado atractivo, con un consumidor sofisticado que paga bien por fruta consistente y de alta calidad. Hacia adelante, probablemente se convierta en un destino más de nicho para la fruta importada, lo que obliga a elevar estándares y anticipar ese escenario.

—Y bajo esa idea de China, ¿hacia dónde se está yendo la fruta que ya no se envía a ese mercado? ¿Qué destinos han crecido?

—Si uno entra al detalle de las exportaciones, hay un mercado que destaca con claridad: México. Hoy casi el 10% de la uva peruana se dirige a ese destino, que se ha consolidado como uno de los más importantes para la industria. Es una señal positiva, porque muestra cómo el sector ha ido redistribuyendo parte de los volúmenes hacia mercados que ganan relevancia.

—México también produce uva, ¿cómo se compatibiliza con la oferta peruana?

—Es cierto que en ciertos momentos del año tiene una oferta importante. Sin embargo, la ventana peruana se complementa bien con su producción local. Esto es beneficioso para la categoría, porque cuando se busca consolidar el consumo de un producto es clave contar con oferta durante todo el año. De allí la importancia del abastecimiento multiorigen en muchos mercados, que permite dar continuidad a la categoría y sostener su crecimiento. La presencia sostenida de fruta evita quiebres de oferta y termina siendo beneficiosa para toda la industria, tanto de arándanos como de uva.

—Y para cerrar respecto de los mercados, Estados Unidos sigue siendo un país importante. ¿Cómo evalúan este destino? ¿Aún hay espacio para crecer?

—Estados Unidos no solo sigue siendo un gran mercado, sino el principal destino para la fruta peruana. Ellos no tienen producción suficiente para cubrir la demanda durante todo el año, por lo que requiere fruta importada consistente y de calidad. Este año, por ejemplo en arándanos, la zona de Florida ha enfrentado heladas que han reducido la disponibilidad de fruta. Cuando el anaquel se queda sin producto, el consumidor migra a otras alternativas y la categoría pierde dinamismo. Por eso, contar con un proveedor confiable y consolidado —como Perú— resulta clave para mantener la continuidad del consumo.

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