Ica Blueberries: una apuesta en el desierto iqueño que empieza a dar frutos
Una empresa familiar nacida del entusiasmo por el ‘boom’ del arándano peruano atraviesa hoy un momento decisivo. La agronomía funciona y la variedad responde, pero el verdadero examen aún está por delante y se llama cumplir con las expectativas del mercado.
Alberto Berardo, gerente general de Ica Blueberries.
El kilómetro 330 de la Panamericana Sur no es el lugar donde uno esperaría encontrar el proyecto de vida de dos hermanos estadounidenses. Es un tramo árido, plano, sin drama paisajístico. Pero Alberto Berardo, gerente general de Ica Blueberries, lo describe con una convicción que no deja margen a la duda: “Aquí hay un clima bendito para el arándano.”
La historia de cómo esta empresa llegó a existir tiene algo de relato de amor antes que de negocio. Uno de los dos hermanos fundadores está casado con una peruana. Ella lo trajo a Ica, él se enamoró del lugar y del cultivo. Su hermano se sumó. Juntos vieron que Perú ocupaba ya un lugar protagónico en la producción mundial de arándanos y decidieron, como dice Berardo, ‘subirse al carro’.
“Vienen casi todos los meses desde Estados Unidos para ver cómo avanza la operación”, cuenta Berardo. Una iniciativa que comenzaron con la variedad Biloxi, pero que está dejando paso a algo diferente. Desde fines de 2024, Ica Blueberries instaló lotes de la variedad FCM14057 de Fall Creek, y la primera cosecha, obtenida en 2025, les mostró que la decisión había sido correcta.
LA VARIEDAD QUE CAMBIÓ EL HORIZONTE
“Es una variedad Fórmula 1”, dice el gerente general de Ica Blueberries Y la comparación no le parece exagerada.
Los números de la primera cosecha lo respaldan. Con plantas que habían llegado al campo apenas meses antes, la empresa obtuvo 2,6 kilos por planta, con un 80% de calibres jumbo —frutos sobre los 18 milímetros— y una demanda que superó la oferta disponible. “Fue emporada, la expectativa es llegar a un promedio de cuatro kilos por planta. Si se confirma, será un salto significativo respecto al primer año.
Las virtudes de la variedad van más allá del calibre. Berardo destaca el ‘crunch’ y una vida de poscosecha mejor que la de Biloxi. Dos atributos que no son menores cuando la fruta debe sobrevivir viajes de días hasta los lineales de un supermercado en Europa, Asia o EE UU.

La decisión de ampliar la superficie también refleja esa confianza. En 2024, las 82.500 plantas estaban concentradas en 10 hectáreas. Este año ocupan 15, a una densidad de 5.500 plantas por hectárea. Y ese ajuste no fue arbitrario, ya que la variedad demostró que necesitaba más espacio para expresar su potencial.
“Con esa densidad estamos mejor, porque la planta tiene más espacio para su desarrollo”, precisa Berardo. Además, hay también una razón sanitaria detrás del espaciado: donde el ‘ground cover’ llega al ciento por ciento en inviernos con algo de humedad, la gestión de la botrytis se complica. Así, dar más holgura entre plantas es, también, una decisión fitosanitaria.
EL CAMPO QUE NO DA GRANDES SUSTOS
Ica Blueberries opera en una zona que, por ahora, les ha dado relativa tranquilidad sanitaria.
El trips es el primer nombre en la lista de vigilancia. Pero no el Scirtothrips dorsalis —la especie más temida en las zonas del norte del país—, sino el Thrips tabaci, el trips del espárrago, que convive con el arándano sin generar aún los problemas que su pariente causa en otras latitudes. “Dorsalis no ha aparecido por esta zona, de lo contrario, estaría preocupado”, dice Berardo.
La botrytis requiere atención especial durante la floración, y la Lasiodiplodia debe vigilarse al inicio de cada temporada. Pero el cuadro general es, en sus propias palabras, manejable. “A nivel plagas, vamos bien. No tenemos problemas fitosanitarios de relevancia.”
Lo que distingue el enfoque de Ica Blueberries no es solo que los problemas sean menores, sino la manera en que los abordan. La empresa ha optado por un modelo de manejo predominantemente biológico, con Trichoderma viridium y harzianum como piezas centrales del control de patógenos, complementados con Bacillus subtilis y Bacillus thuringiensis. El objetivo declarado es llegar a un cultivo libre de residuos. La certificación orgánica no está en los planes inmediatos, pero Berardo no cierra esa puerta. “Hoy no tenemos cultivo orgánico, pero no lo descartamos en el futuro.”
LO QUE MANTIENE DESPIERTO AL GERENTE
“El desafío principal es el comercial, porque lo que cuenta son los números. Hoy estoy más inquieto por la parte comercial que por el tema agronómico”, admite.
La tensión que describe es estructural en empresas de su tamaño. Sin planta propia ni estructura exportadora, Ica Blueberries debe canalizar su fruta a través de intermediarios, lo que inevitablemente condiciona el precio final. Para esta temporada, la empresa ha iniciado una relación comercial con Berry Q, operador al que espera que los mercados respondan positivamente, “más allá de lo coyuntural, que todos conocemos” —una referencia velada a la caída de precios que ha golpeado al sector en los últimos años.
Para contrastar sus expectativas de producción, Berardo ha conversado con empresas vecinas que manejan la misma variedad: Agrícola Don Ricardo y Roberto Ríos, también en Pisco. Los números que ve en esos campos le dan confianza en que los cuatro kilos por planta son alcanzables. Pero producirlos es solo la mitad del problema. “Producir esos 4 kg/planta y venderlo bien”, dice, nombrando los dos verbos como si fueran un solo desafío.
Lo que busca no es una temporada excepcional. Es consistencia. “Necesitamos tener un par de buenas temporadas comerciales que nos permitan crecer como empresa.” Dos años bien vendidos, dos años que permitan reinvertir, ampliar, consolidar. Ese es el horizonte real de Ica Blueberries hoy.
UN PROYECTO QUE MIRA HACIA ADELANTE
En La Venta Sur, en Aguada de Palos, el paisaje no promete nada. El desierto es igual de seco en todas direcciones. Pero las 15 hectáreas de Ica Blueberries, con sus plantas cuentan una historia diferente.
Dos hermanos estadounidenses apostaron por un país y un cultivo. La variedad que eligieron para renovar su proyecto responde mejor de lo esperado. La zona les da un clima que pocos campos del mundo pueden ofrecer. Y el equipo que gestiona la operación tiene claro que la agronomía no es el problema.
Berardo lo dice con de forma precisa y concisa: “A nivel cultivo, vamos bien.” Lo que viene ahora es más difícil de controlar. Pero también, si sale bien, más definitorio.