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Factor clave en la calidad

El desafío pendiente del color en mandarinas

Ensayos con bloques de hielo en el suelo, aplicación de etileno en los árboles, uso de mulch artificial de colores… En el país se están probando diferentes estrategias para acelerar la coloración de diferentes variedades, resistentes a los tratamientos de desverdización en poscosecha. Según el asesor internacional Marco Mattar, la única práctica que hasta el momento ha dado resultados es la restricción del riego en la etapa de maduración, pero –advierte– es una alternativa arriesgada porque puede perjudicar la calidad de la fruta.

07 de Marzo 2025 Óscar Miranda
El desafío pendiente del color en mandarinas

Hay variedades que han respondido muy bien a los tratamientos de desverdización con etileno, como las satsumas y las clementinas, pero otras, como la W. Murcott, no han logrado las respuestas esperadas.

El color es un atributo clave en la comercialización internacional de mandarinas. Diversos estudios han demostrado que un color naranja intenso y uniforme está asociado con frutos maduros, frescos y de buena calidad. Aunque el color no siempre refleja el dulzor o sabor, los compradores lo usan como referencia para evaluar la calidad del producto. Y muchos mercados internacionales establecen requisitos mínimos de color para la comercialización de las frutas.

Siendo un componente importante de la calidad de la fruta, la toma de color es un desafío pendiente en la producción nacional de mandarinas. Hay variedades que han respondido muy bien a los tratamientos de desverdización con etileno, en particular las satsumas y las clementinas. Pero otras, como la W. Murcott, no han logrado las respuestas esperadas. Se trata de la variedad más plantada en el país, con un fuerte crecimiento en los envíos en los últimos años, especialmente a EE UU. Los agricultores han compensado esta deficiencia produciendo un fruto de calidad, de pulpa jugosa y sabor dulce y aromático, y por esas razones han logrado convertirla en una de las variedades más demandadas en los mercados internacionales. Pero mejorar la coloración de la fruta es un reto aún por resolver.

ENSAYOS INFRUCTUOSOS EN CAMPO

Como señalan diversos autores, la coloración del fruto es consecuencia de la degradación de las clorofilas y la síntesis de los carotenoides. Climas con una fuerte alternancia térmica, con temperaturas diurnas cálidas y nocturnas frescas, favorecen el desarrollo de estos procesos. Para investigadores como el español Dr. Manuel Agustí, lo que es determinante es la temperatura del suelo: el cambio de color del fruto se halla estrechamente relacionado con el número de horas que el suelo está por debajo del intervalo de 20°C y 23° C, que se ha establecido en 565 h, según detalló en un artículo publicado en Redagrícola. Otros estudiosos mencionan también como factores influyentes los niveles de nitrógeno (N), el sombreamiento y la falta de poda. Mantener a la planta con crecimientos vegetativos hasta muy tarde, que implica altos niveles de giberelinas circundantes, también ha sido señalado como una circunstancia que puede retrasar la toma de color.

El asesor internacional Marco Mattar, especialista en cítricos, afirma que el factor clave para conseguir la colorización de la fruta es el frío. “Lo que tiene que ocurrir es la degradación de la clorofila y la clorofila se degrada con frío en el árbol. Por esa razón se ve que los cítricos que se cultivan en zonas más frías son más rojos que los que se cultivan hacia el Ecuador. Los cítricos que se cultivan en Brasil, por ejemplo, no van para consumo fresco, sino para el consumo industrial, como concentrados. Se habla de un ‘cordón cítrico’ a partir de los 40° de latitud sur y 40° de latitud norte. Mientras más cerca estás de la latitud 40, la fruta tendrá más color”, dice.

Siendo un componente importante de la calidad de la fruta, la toma de color es un desafío pendiente en la producción nacional de mandarinas.

En los últimos años, en diversas partes del mundo se han realizado ensayos para tratar de inducir la toma de color en mandarinas. El Dr. Agustí mencionó en el artículo anteriormente citado sus experimentos para bajar la temperatura alrededor de las raíces, colocando macetas con árboles de Clemenules dentro de balsas de agua con temperatura refrigerada, lo que, de acuerdo a sus resultados, logró acelerar la coloración del fruto en comparación con árboles cultivados en condiciones naturales. También mencionó otros experimentos realizados de forma conjunta por investigadores de España y Uruguay en los que se sombreó el suelo con toldos blancos, 70 días antes de la cosecha, para reducir su temperatura. Según señaló, se logró anticipar la coloración del fruto y sin afectar su maduración interna.

Marco Mattar dice que en el Perú se han llevado a cabo varios ensayos para reducir la temperatura del suelo, entre ellos el uso de mulch artificial de diferentes colores, pero que todos, hasta ahora, han sido infructuosos. “Hay gente que lo ha intentado, incluso poniendo bloques de hielo, pero no ha sido posible”, dice. “Hay productores que han aplicado etileno en los árboles para que tomen color. Sí, toman color, pero si dosificas mal, corres el riesgo de que te pueda exfoliar el árbol. Me ha tocado ver ese problema. Han llegado al punto de que se les han caído hasta las hojas. Porque el etileno es una hormona de envejecimiento y, entonces, te envejece la planta. Entonces, no me parece un manejo que sea muy sustentable”.

Mattar reconoce que hay productos que funcionan en uva de mesa, como aquellos que utilizan potasio, un nutriente que favorece la acumulación de sólidos solubles e incrementa el color de la baya. “Pero en los cítricos no necesitamos potasio, porque acá lo que tenemos que hacer es degradar clorofila. El potasio no degrada clorofila. Los productos que ayudan a inducir color sí sirven en frutales de hoja caduca y en uva de mesa, pero acá lo que se necesita es un degradador de clorofila”, dice.

LA ESTRATEGIA DE RESTRINGIR EL RIEGO

Hay una práctica, sin embargo, que hasta donde él ha podido conocer sí ha dado resultados a la hora de acelerar la coloración en mandarinas. Se trata de la restricción en riego en precosecha y durante la cosecha. Esta restricción, explica, lo que provoca es que el etileno generado en las raíces ascienda a la parte aérea de la planta, induciendo a que la fruta tome más color. “Es como hacer el desverdizado que se hace en cámara de poscosecha, pero en el árbol”, dice. “Pero hay que tener cuidado, porque la calidad de la fruta también se puede perjudicar, ablandar, y tener una calidad que no es muy buena en poscosecha”.

Un estudio desarrollado por investigadores del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (2023) parece corroborar lo señalado por el asesor. Los científicos evaluaron la aplicación de déficit hídrico durante la etapa de maduración de naranja sanguina Tarocco Ippolito, específicamente al inicio de la síntesis de antocianinas en el fruto, y concluyeron que esta práctica logró aumentar la pigmentación roja de la corteza, pero sin generar cambios de color en la pulpa respecto a los frutos control.

Marco Matttar
Marco Mattar, asesor en cítricos.

Marco Mattar dice que hay una empresa en Chepén, La Libertad, que ha logrado inducir la coloración de sus mandarinas utilizando la restricción en el riego. Se trata de Safresco, anteriormente San Miguel Fruits Perú, subsidiaria de una compañía con operaciones en Sudáfrica, Perú, Argentina y Uruguay. “Ellos, en teoría, por el clima, no podrían haber cultivado W. Murcott o Tango porque es una zona muy caliente y, entonces, al tener un invierno muy caliente, la fruta no tenía color. Pero a través de la restricción del riego han logrado mejorar la toma de color del fruto. Y les va bastante bien”, dice. El asesor hace notar que un factor clave para su éxito es que utilizan un portainjerto vigoroso, que permite que la planta no sufra a causa del déficit hídrico. “En otro portainjerto se podría, incluso, hacer colapsar muchos árboles”, dice.

EL MIEDO AL NITRÓGENO

La preocupación por evitar el retraso en la coloración de los cítricos ha provocado, según Mattar, que muchos productores en Perú sean excesivamente precavidos en la utilización de N en la fertilización. Sostiene que ese es el mito más común con el que se ha encontrado en sus dos décadas recorriendo los huertos del país. Pero que es un error, porque lo que retrasa la coloración no es la aplicación hasta tarde de N, sino su aplicación excesiva. Y que según diversos estudios, entre ellos uno realizado en la Universidad Politécnica de Valencia en 2010, el nitrógeno amoniacal induce la toma de color, mientras que el nitrógeno nítrico sí puede retrasar este proceso.

“Ese mito ha hecho creer a mucha gente que el nitrógeno es malo. Entonces, aplican poco nitrógeno y lo que hacen es castigar el potencial productivo de sus campos. Una mandarina W. Murcott bien trabajada, bien nutrida, te pueda dar 100 t/ha en Perú, pero mucha gente saca 30 t/ha, 50 t/ha, hasta 60 t/ ha. ¿Por qué ocurre eso? Porque es muy importante que el N se aplique en el verano y en el otoño, para que puedas fabricar reservas para tener una buena floración y un buen inicio de la siguiente campaña. Pero si no hay N, no hay reservas y por eso muchos cítricos florecen en exceso, tienen problemas de falta de follaje, se ven siempre estresados y producen poco”, explica.

El porcentaje adecuado de N, dice Mattar, es entre el 2.4% y 2.6% de la dosis foliar. Hablar de excesos es hablar de porcentajes sobre 2.7%, precisa. Por otro lado, en cuanto a unidades, la aplicación más adecuada es entre 3 y 5 unidades de N por tonelada producida. “Si tú vas a sacar 50 t/ha/a, tienes que haber metido 300 unidades. Pero generalmente meten la mitad y en pocos meses, de agosto a noviembre, y después no siguen fertilizando con N por miedo a que haya retraso en la coloración”, señala.

Otro mito con el que suele encontrarse –dice– es que restringir el riego desde el verano mejora la curva de pérdida de acidez en la cosecha, algo que él lo ha descartado en sus experiencias en campo. Afirma que esas restricciones lo único que provocan es perjudicar la calidad del fruto, permitiendo que tenga manchas, ‘creasing’ y otros desórdenes fisiológicos. “Yo siempre digo que si el Perú no tiene lluvias, ¿por qué es tan bajo el porcentaje exportable? Y Perú tiene buen calibre y buenas producciones. Si comparas con Chile, el porcentaje de descarte en Chile es por calibres pequeños. En cambio, en Perú te encuentras con problemas de calidad de piel, de manchas, problemas que se pueden atender con un poco más de riego y un poco más de fertilización”.

Tratamiento con ácido abscísico
Un estudio realizado por investigadores chinos de la Universidad Agrícola de Huazhong, confirmó que el tratamiento poscosecha de frutas cítricas con ácido abscísico (ABA) puede mejorar significativamente la coloración de la fruta, al promover la acumulación de carotenoides. La investigación, cuyos resultados fueron publicados recientementes en la revista Postharvest Biology and Technology, identificó un nuevo factor de transcripción básico hélice-bucle-hélice (bHLH), el CsbHLH6, como elemento esencial para la biosíntesis de carotenoides inducida por ABA.

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