La mejor tecnología, terrenos limpios, alianzas productivas y asesores de primer nivel le han permitido a Frumerc mantenerse entre los productores de cebolla más destacados del país. Más que una receta, entrega algunos aspectos a tener en cuenta. Por Jorge Velasco Cruz “Hay que caminar el campo todos los días”, podría ser una de las premisas de Frumerc, una de las principales empresas de producción de cebolla del país con la capacidad de abastecer el mercado los 12 meses del año. Con algo más de 255 hectáreas plantadas, la compañía ocupa aproximadamente el 3,5% de la superficie plantada con la hortaliza del país (cerca de 7.000 ha según la estadística disponible), distribuidas en tres plantaciones: 210 hectáreas en la zona de Polpaico, Región Metropolitana; 20 en el Valle de Lluta, en Arica y Parinacota; y otras 25 en Longaví, Región del Maule. A ellas se agregan otras 20 hectáreas de sandía, 1,5 de chalota y una pequeña superficie de ajo, estos últimos productos destinados principalmente a supermercados. En general, los principales canales de venta de las cebollas son el retail (60%) y el horeca (25%; hoteles, restaurantes y casinos), con ventas de 700 mil kilos mensuales. Se comercializa a granel, pelada o cubeteada. “Para que el negocio de la cebolla sea tal, hay que vender bien todos los calibres de cebolla. Nosotros nos hemos preocupado de comercializar cebollas chicas, medianas y grandes, para lo cual sirven los diferentes formatos”, señala Alejandro Ffrench-Davis, socio de Frumerc en conjunto con el agrónomo Pablo Ramírez. La exportación es una tercera fuente de ingresos que, sin embargo, ha ido disminuyendo. En el año 2010, Frumerc lideraba las ventas al exterior en el rubro en conjunto con Exportadora Propal y Haac Chile. Pero desde entonces, la mejora en las tecnologías de los países productores –especialmente, España- ha provocado la disminución de las ventanas de venta para países como Chile. Hoy las exportaciones de Frumerc son a firme ante pedidos específicos, especialmente de Brasil y Estados Unidos. Es así como en estos cinco años, las ventas al extranjero pasaron desde un 40% al 15% del total que comercializa. ARRIENDO DE CAMPOS Y SISTEMA DE ROTACIÓN El sistema de trabajo de Frumerc comienza con el arriendo de campos, que le permite llevar a cabo la rotación de cultivos. Alquila terrenos que no se han utilizado anteriormente para la cebolla, en contratos de cinco años. La producción media llega a las 80 toneladas por hectárea, con puntas de rendimiento que alcanzan a 100 toneladas. Todos los cultivos están tecnificados con riego por goteo y emplean agua de pozo. El agua utilizada es con pH neutro pero le incorporan un poco de vinagre de vino para bajarlo cuando se aplican herbicidas. Cada vez que Frumerc traslada la producción a un nuevo campo o terreno, reutilizan un 20% de los equipos de riego. “Tratamos de buscar campos que no hayan tenido producción de cebolla y que los campos cercanos tampoco. Cuando, por ejemplo, uno va a producir en algunas partes de la Región de O’Higgins, a zonas cebolleras muy antiguas, hay hongos como el fusarium que están en todo el valle. Si un productor de más arriba está regando con agua de canal, el agua transporta el hongo a la cebolla. Por eso, cuando hay un campo limpio en el que no se ha cultivado antes cebolla o no tiene derrame de otro terreno, se puede regar con agua de pozo, la que no estará contaminada”, explica Ffrench-Davis. La búsqueda del terreno comienza un año antes de que termine el alquiler del anterior. El año agrícola para Frumerc generalmente se termina en abril y, por lo tanto, cuando se está en proceso de trabajar en un nuevo predio, muchas veces se deben hacer almácigos con un tercero o en el sitio antiguo, para trasplantarlos posteriormente. El costo de producir un kilo de cebolla para Frumerc, en promedio, oscila entre $100 y $130, puesto en su planta de proceso en Lampa. De ellos, la cosecha de cebolla, el desmoche, colocarla en los bins, y cargarla puede contemplar alrededor de $20 por kilo. “En nuestro caso, hay cerca $2 millones más de costo por hectárea que un productor tradicional, por ejemplo, de la Región de O’Higgins, que riega por surco y que no arrienda un campo. Es importante decir hasta qué etapa del cultivo se llega para estimar el costo”, apunta Ffrench-Davis. A estos valores hay que sumar flete y mano de obra. Finalmente, de un precio promedio de venta final que varía entre $300 y $350 el kilo, el margen que se logra está en torno a $50. USO TANTO DE SEMILLA HÍBRIDA COMO DE PLANTINES En Frumerc plantan usando semilla híbrida y plantines. En el primer caso, se coloca la semilla directo en la tierra y se deja ahí hasta la cosecha. Su principal ventaja es la diminución de costos en relación al otro sistema, dado el menor uso de mano de obra. Hacer una planta cuesta alrededor de $2 por unidad. Con una densidad de 400 mil plantas por hectárea, el valor llega a $800 mil sólo por este concepto. Si a ello se le suma que el servicio del trasplante en el campo tiene un valor aproximado de $1.100.000, se podría decir que usar plantines es, aproximadamente, $2.000.000 más caro por hectárea. Entonces, ¿por qué no se hace todo el proceso con semilla directa? “Para hacer buenas siembras se necesitan suelos limpios, livianos (idealmente franco-arenosos), buena disponibilidad de agua y se requiere de una gran experiencia en el control de malezas, hongos e insectos”, responde el socio de Frumerc. En la empresa buscan lograr cultivos de alta intensidad, para lo cual emplean una trocha de 1,5 metros sobre una platabanda de 1,2 metros. Se colocan 6 hileras de cebolla, con semillas o plantines cada 10 centímetros, para completar 60 plantas por metro cuadrado de mesa. Al disponer este marco de plantación, se busca lograr 400 mil plantas por hectárea, especialmente para cultivos de día intermedio y largo.