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Entrevista a asesor Roberto Bezerra

«Ya sabemos que 2027 va a ser un año más caro para la uva de mesa»

Roberto Bezerra, asesor internacional de uva de mesa, advierte que las altas temperaturas ya han pasado factura a la producción y que las próximas lluvias en Piura podrían complicar aún más la cosecha. En tanto, sobre la próxima campaña, anticipa, exigirá más inversión y mayores cuidados para acercarse a los resultados de años anteriores.

26 de Octubre 2026 Marienella Ortiz
«Ya sabemos que 2027 va a ser un año más caro para la uva de mesa»

Las dificultades de esta campaña no tomaron por sorpresa a Roberto Bezerra. Desde el primer semestre, el asesor internacional de uva de mesa advertía que las altas temperaturas y las noches más cálidas afectarían tanto la producción como el peso de la fruta. Antes de que comenzara la cosecha, ya estimaba una caída promedio de entre 20% y 25%. Sin embargo, la campaña aún no termina y las lluvias registradas en Piura plantean un nuevo riesgo para la fruta que permanece en el campo.

Y la siguiente campaña también parte con un escenario complejo. Bezerra advierte que 2027 será un año más caro para la uva de mesa, pues las plantas llegarán estresadas y las empresas tendrán que invertir más para acercarse a los resultados de temporadas anteriores.

¿Cómo está caminando la cosecha de uva de mesa en Piura y qué impacto están teniendo las lluvias en la fruta que aún permanece en campo?

Desde el primer semestre veíamos que tendríamos dificultades en producción y peso de la fruta debido a un año más cálido, especialmente por las temperaturas nocturnas. Eso terminó ocurriendo. Algunas variedades tuvieron problemas de fructificación y no alcanzaron el número de bayas esperado. Las noches más cálidas redujeron la fotosíntesis neta durante el día y, en consecuencia, la acumulación de materia seca en la fruta. Esto se tradujo en bayas de menor peso y en una perspectiva de menor producción y volumen exportable. Antes de comenzar la cosecha, estimábamos una caída promedio de entre 20% y 25%.

A ese escenario se han sumado las recientes lluvias en Piura. ¿Cómo afectan a las bayas y qué riesgo representan para el volumen exportable?

Las lluvias provocan rajaduras por exceso de hidratación. Cuando la baya absorbe demasiada agua, la piel puede romperse en zonas donde existe una herida o cicatriz que ha perdido elasticidad. Esa parte de la cáscara no logra acompañar la expansión del fruto y termina abriéndose. La rajadura no implica necesariamente que se produzca una pudrición de inmediato. Si la baya rota permanece entre tres y cuatro días en el campo, puede desarrollar pudrición ácida. Las condiciones de humedad favorecen este proceso y aceleran el deterioro de la fruta afectada. Los productores están realizando labores de limpieza y aplicando productos preventivos para reducir el riesgo de fermentación. Estas medidas ya formaban parte del manejo de precosecha, pero las lluvias han reforzado la necesidad de ejecutarlas. Todavía no podemos determinar si aumentará el descarte. En los pronósticos de cosecha se esperaba embalar entre el 85% y el 90% de la fruta, pero falta comprobar si ese porcentaje se mantiene.

¿Qué variedades presentan mayor afectación por las rajaduras?

Hemos observado afectación en Midnight Beauty, Red Globe y Allison. El problema se concentra especialmente en fruta madura, con niveles altos de sólidos solubles —°Brix— y menor elasticidad de la piel. En Red Globe vemos un mayor riesgo de que aumente el descarte, mientras que en Allison no esperamos necesariamente un incremento por encima del 15%. Sweet Globe también es una variedad conocida por su sensibilidad al rajado, pero, en este caso, la lluvia registrada no ocasionó los problemas que se podrían haber esperado.

¿Las lluvias y las temperaturas también están modificando el calendario de cosecha?

Sí. Algunas áreas podrían terminar de cosechar durante los primeros días de diciembre, principalmente porque las variedades de color están teniendo dificultades para completar la toma de color. Las primeras áreas cosechadas no presentaron ese problema en la misma medida, pero sí se está observando en los campos cuya cosecha corresponde a fines de octubre y noviembre. En Allison, por ejemplo, inicialmente se contemplaba un periodo de cosecha de unos 30 días, pero ahora podría extenderse a 40 días para esperar que la fruta alcance el color requerido. También es importante precisar que el adelanto de algunas cosechas no fue necesariamente una decisión programada: fue consecuencia de las altas temperaturas y de la aceleración del desarrollo de la fruta. Sin embargo, no se puede cosechar sin alcanzar los niveles de °Brix exigidos, porque eso puede tener consecuencias comerciales. 

¿Qué tan difícil es anticipar el comportamiento del clima durante las próximas semanas?

Es difícil saber qué va a pasar. Históricamente, puede haber lluvias aisladas en determinados momentos, pero no es habitual tener un periodo lluvioso continuo durante octubre y noviembre. Este año las condiciones son diferentes y resulta complicado anticipar su evolución. Por eso, más que depender de un pronóstico, tenemos que evaluar qué medidas de manejo podemos implementar si estas condiciones se vuelven más frecuentes. Las herramientas existen y otros países ya las utilizan para reducir el impacto de las lluvias y las temperaturas elevadas.

¿Qué medidas o herramientas consideras prioritarias para adaptar la producción de uva de mesa a estas condiciones?

Ya existen distintas alternativas según el problema que se busque manejar. En Brasil e Italia se utilizan coberturas plásticas en las áreas que van a cosecharse durante periodos con probabilidad de lluvia. Estas estructuras permiten proteger la fruta de la precipitación directa. En Piura ya hay fundos que utilizan esta tecnología. En México, donde también se enfrentan temperaturas elevadas, se emplean mallas de sombreo para reducir la incidencia de la radiación solar. En Brasil, donde las temperaturas nocturnas también representan un desafío, se utiliza microaspersión bajo el dosel para incrementar la humedad ambiental y reducir el déficit de presión de vapor (DPV). Esto contribuye a mantener la fotosíntesis neta de la planta. No se trata de aplicar una misma solución en todos los campos, sino de identificar qué tecnología responde mejor a las condiciones de cada zona. La industria debe adaptarse y aprovechar herramientas que ya se conocen y que se están utilizando en otros países productores.

¿Piura debería incrementar la inversión en tecnologías para el manejo del clima?

Claro que sí. Las herramientas existen y es necesario utilizarlas.

Además de proteger la cosecha actual, ¿qué medidas deben tomarse para cuidar la campaña de 2027?

Si las lluvias continúan, hay que intensificar las aplicaciones preventivas contra botritis. Pero el trabajo no termina con la cosecha actual: las primeras áreas cosechadas en septiembre ya fueron podadas y de ellas provendrá parte de la producción de 2027. Por eso, tenemos que atender simultáneamente la campaña en curso y la sanidad de las plantas que entrarán al siguiente ciclo productivo. La humedad puede favorecer enfermedades fúngicas que afectan las yemas y provocan la caída de las hojas. Si la planta pierde follaje, disminuye su capacidad fotosintética y, por tanto, la producción de azúcares y la acumulación de carbohidratos. Esto puede hacer que la siguiente campaña comience con una menor reserva de carbono.

¿Cómo repercute esa menor acumulación de carbohidratos en el peso de la fruta de la siguiente campaña?

El peso de la fruta depende de los carbohidratos que la planta logra captar y transformar en materia seca. Entre la poda y la cosecha tenemos un periodo de aproximadamente cuatro meses y medio a cinco meses. Es un intervalo corto para acumular las reservas necesarias, especialmente cuando la planta enfrenta temperaturas elevadas durante el día y la noche, además de condiciones de nubosidad que limitan la fotosíntesis. Cuando aplicamos cianamida, activamos el ciclo productivo y comienza a correr el tiempo disponible para que la planta desarrolle la fruta. Si llega a ese periodo con pocas reservas, tendrá que captar y producir los carbohidratos necesarios durante una ventana limitada. Por eso es importante cuidar el follaje y la sanidad de la planta, además de buscar que llegue al inicio del ciclo con una adecuada acumulación de reservas.

¿Qué implica este escenario para los resultados del 2027?

Ya sabemos que 2027 va a ser un año más caro para la uva de mesa. Las plantas han estado sometidas a estrés y tendremos que hacer las cosas de manera diferente, con mayores inversiones para intentar alcanzar resultados cercanos a los de campañas anteriores. Hay un costo energético para la planta y también un costo financiero para la empresa, porque será necesario invertir más en el manejo del cultivo. El impacto dependerá de cómo evolucionen las condiciones climáticas y de la capacidad de cada productor para adaptar sus estrategias. Pero el desafío es claro: debemos trabajar para que la planta pueda enfrentar el estrés sin comprometer tanto su capacidad de producción.

¿El impacto de las altas temperaturas ha sido similar en las distintas zonas productoras del país?

No exactamente. En Chiclayo y Motupe ha llovido menos, pero las altas temperaturas también han generado pérdidas. Durante la fructificación y el crecimiento de las bayas, las plantas tuvieron que destinar una mayor cantidad de energía y carbohidratos a superar el estrés. En consecuencia, quedaron menos reservas disponibles para el desarrollo de la fruta, lo que se ha traducido en menor peso y menor producción desde Chiclayo hasta zonas cercanas a Trujillo. En Ica también hemos observado fruta más liviana, aunque las temperaturas no alcanzaron los niveles de Piura. Allí, el ciclo se aceleró por efecto de la temperatura y de la actividad enzimática. Cuando el ciclo se acorta, la fruta dispone de menos tiempo para acumular materia seca y puede terminar con un menor peso.

¿Se han observado efectos similares en otros países productores? ¿Podría el adelanto de la oferta beneficiar a Ica comercialmente?

En Hermosillo, México, y en California también se han observado ciclos más rápidos y fruta más liviana. Sin embargo, para Ica podría existir una oportunidad comercial: al adelantarse la producción y entrar antes al mercado, la región podría acceder a mejores precios en determinados momentos. Es una posibilidad de compensación económica, considerando que el menor peso de la fruta afecta la producción. Pero dependerá de cómo se comporte la oferta y de las condiciones del mercado cuando llegue esa fruta.

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