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Enfermedad de las mandarinas provocado por el hongo Alternaria alternata.

Alternaria en mandarinas: Nuevas herramientas de manejo y una mejora genética, los nuevos límites para el control de esta enfermedad

Investigadores españoles dieron a conocer los resultados de un estudio que revela las actuales limitaciones del control fitosanitario para controlar esta enfermedad causada por el hongo Alternaria alternata.

29 de Enero 2026 Equipo Redagrícola
Alternaria en mandarinas: Nuevas herramientas de manejo y una mejora genética, los nuevos límites para el control de esta enfermedad

Científicos del Instituto Agroforestal Mediterráneo y de la Universitat Politècnica de València (UPV) revisaron de forma sistemática la evidencia científica disponible sobre el manejo de esta patología. Según plantean los autores, existe una brecha persistente entre los resultados observados en condiciones experimentales y lo que realmente ocurre en terreno, donde el control de la enfermedad sigue siendo limitado.

SUSCEPTIBILIDAD PROLONGADA DEL FRUTO

Uno de los factores centrales que explica esta dificultad es la prolongada susceptibilidad del fruto. La mandarina puede infectarse desde la caída de los pétalos y mantenerse vulnerable prácticamente hasta la cosecha, lo que extiende el periodo de riesgo durante varios meses. Esta larga ventana de exposición reduce la efectividad de los programas de control y obliga a mantener estrategias de manejo de forma sostenida a lo largo de toda la temporada.

A ello se suma la elevada capacidad de dispersión del patógeno. Las conidias de A. alternata presentan una alta flotabilidad y pueden alcanzar concentraciones significativas en el aire, especialmente durante las horas centrales del día. Bajo condiciones ambientales favorables, esta carga de inóculo permite que las infecciones se establezcan con rapidez y que los síntomas se manifiesten en plazos muy cortos.

Este escenario convierte a alternaria en uno de los desafíos fitosanitarios más complejos para la citricultura, con un impacto particularmente severo en ciertas variedades de mandarina que presentan una mayor sensibilidad a la enfermedad.

SOLUCIONES DESDE EL ÁMBITO QUÍMICO

Desde la arista del control químico,  el estudio identifica sustancias que sí logran ser eficaces en ensayos controlados. Sin embargo, los investigadores advierten que su desempeño en campo abierto es limitado, dado que muchos de los fungicidas actualmente disponibles actúan más como inhibidores del crecimiento que como soluciones definitivas. Si bien logran frenar el desarrollo del hongo, su capacidad para impedir la germinación de las conidias es parcial, lo que dificulta una erradicación efectiva del patógeno a nivel de los cultivos.

Además, para alcanzar niveles aceptables de control sería necesario recurrir a programas con una alta frecuencia de aplicaciones, lo que incrementa los costos productivos, genera impactos ambientales relevantes y favorece la aparición de resistencias.

La combinación entre la prolongada sensibilidad del fruto y la rápida dispersión del hongo termina por comprometer la eficacia de los esquemas fitosanitarios tradicionales, incluso cuando se aplican de forma intensiva.

ALTERNATIVAS DE CONTROL NATURALES 

El estudio también aborda el potencial de alternativas basadas en sustancias naturales y control biológico. Aunque se han evaluado numerosas opciones, su aplicación práctica sigue siendo acotada. Entre los resultados más relevantes, publicados en la revista Agronomy, figuran aceites esenciales de canela y tomillo, así como compuestos específicos que han mostrado niveles de inhibición comparables, e incluso superiores, a algunos fungicidas comerciales.

Asimismo, el uso de microorganismos antagonistas aparece como una vía prometedora para reducir la severidad de la enfermedad mediante mecanismos de competencia y degradación. En esta línea, se destaca el efecto del ácido hexanoico como inductor de defensas, con resultados de protección prolongada en determinadas variedades de mandarina.

Pese a estos avances, los autores coinciden en que la escasez de ensayos robustos en condiciones reales de campo sigue siendo el principal obstáculo para la adopción de estas estrategias. Mientras no se desarrollen formulaciones con mayor persistencia y resistencia al lavado por lluvia, el control fitosanitario de a la alternaria en mandarinas continuará representando un desafío económico y ambiental para el sector citrícola.

A largo plazo, el estudio sugiere que una estrategia más efectiva podría surgir de la combinación entre nuevas herramientas de manejo y programas de mejora genética orientados a obtener variedades con mayor resistencia a la enfermedad.

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