AgroConCiencia: Formando agricultores para el futuro
Claudio Salas, Ing. Agr. Dr. INIA Intihuasi. claudio.salas@inia.cl. Durante el último tiempo, se han registrado numerosos reportajes en alusión al excesivo uso de plaguicidas en la agricultura chilena y las consecuencias de estos en la salud humana: Los pesticidas están envenenando Chile (1), Intoxicaciones por plaguicidas sumaron 38 casos el año pasado (2), Exposición a plaguicidas estaría provocando daño cognitivo en Elqui y Limarí (3), La muerte silenciosa: uso en Chile de plaguicidas prohibidos en el mundo causa daño cognitivo en menores (4), son solo algunos. Muchos de ellos son reportajes extraídos de investigaciones científicas realizadas en universidades y publicados en prestigiosas revistas internacionales, por tanto, fueron obtenidos con el rigor científico requerido. A lo anterior se suma el Reporte de Notificaciones 2017 (RIAL, 2017) generado por la Red de Información y Alertas Alimentarias (RIAL) de ACHIPIA y que también sirvió como base para el reportaje: En observación las hortalizas que comen los chilenos (5). Los resultados del informe indican que tanto hortalizas como frutas presentan plaguicidas sobre los límites máximos de residuos (LMR) permitidos por la legislación vigente en Chile. El informe RIAL 2017 evidencia que la mayor cantidad de notificaciones por exceso de residuos de plaguicidas se presentó en hortalizas. En este rubro 71,3% de las muestras evaluadas presentaron niveles de plaguicidas que excedían los LMR, mientras que, en frutas, solo 24% de las muestras evaluadas trascendía la normativa. ¿Cómo es posible que aún persistan estos problemas en la agricultura chilena? Es una pregunta recurrente, pero parece que la más adecuada es ¿Qué pasó con el MIP? Esta pregunta no solo se ha realizado en Chile, sino que, a nivel mundial en muchas oportunidades, incluso en EE.UU. donde el MIP nació en el año 1959 con el objetivo claro de reducir el uso de plaguicidas y evitar de esta forma el daño a la salud humana y al ambiente. A lo largo de estos sesenta años de existencia han sido generadas numerosas definiciones para el MIP, pero todas tienen en común que integran o implican la utilización de todos los métodos disponibles para mantener las plagas de las plantas bajo el umbral de daño económico a un costo razonable, socialmente aceptable y ambientalmente segura. Actualmente el MIP cuenta con una base conceptual sólida, acuñado por numerosos estudios a nivel mundial, existiendo aproximadamente 50.000 resultados en la base de datos Web Of Science (Stenberg, 2017). Sin embargo, su tasa de adopción a nivel mundial es muy baja. Así, por ejemplo, se estima que en EE.UU. país donde nació, solo 4%-8% de la superficie agrícola aplica esta metodología de la gestión de plagas (Quiroz, 2017). ¿Y en Chile qué tasa de adopción posee el MIP? Estudios llevados a cabo por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), entre 2017 y 2019 y en los cuales se aplicó encuestas a agricultores del rubro hortícola presentes entre las regiones de Atacama y Metropolitana evidenciaron gran variación en la adopción del MIP entre los productores de hortalizas a nivel regional, destacando la región Metropolitana como aquella en la cual los agricultores aplican mayormente esta metodología (74%) y la región de Atacama con el menor nivel de adopción (4%) (Figura 1). Existen numerosas causas asociadas al bajo nivel de adopción del MIP entre los pequeños y medianos productores de hortalizas de Chile incluyendo: falta de investigación y de extensionistas capacitados en MIP, ausencia de incentivos y fallas del propio MIP, pero lo principal dice relación con debilidades de los agricultores como nivel educacional y edad. El nivel educacional de estos agricultores contrasta con la complejidad de conceptos y acciones para llevarlo a cabo. Hoy se propone un nuevo MIP donde aparecen además de los componentes propuestos en sus orígenes, el uso de tecnologías de la información y herramientas de precisión (Surendra, 2019). Sin embargo, esta nueva propuesta nuevamente no quedará al alcance de los agricultores debido a que el bajo nivel educacional les impide acceder a capacitaciones de mayor complejidad (Correa et al., 2017). El nivel de escolaridad y edad de agricultores del rubro hortícola fue medido también por INIA entre 2017 y 2019 entre las regiones de Atacama y Metropolitana. De los resultados obtenidos, destaca el elevado porcentaje de agricultores con escolaridad incompleta en todas las regiones donde se aplicó la encuesta. La región Metropolitana tiene la mejor situación educacional, destacando con el mayor porcentaje de educación técnica superior (22%). En contraste, las restantes regiones poseen mayor proporción de agricultores con educación básica incompleta y menor proporción de agricultores con estudios superiores (Figura 2). Respecto al rango etario 72% de los encuestados tenía más de 50 años (Figura 3, página 79) de los cuales 41% era mayor de 60 años, dificultando la adopción de nuevas técnicas de reducción de plagas. Se ha determinado a nivel mundial que la principal limitante en la adopción del MIP en los países en desarrollo es la insuficiente formación y apoyo a los agricultores (Parsa et al, 2014). ¿Pero cómo enfrentar esta situación en Chile considerando los aspectos anteriormente señalados? El Instituto de Investigaciones Agropecuarias, a través de su Centro Regional Intihuasi, ha llevado a cabo entre 2017 y 2019 el Programa de reducción de uso y riesgo de plaguicidas en la producción comercial de hortalizas para la pequeña y mediana agricultura, el cual cuenta con financiamiento de la Subsecretaría de Agricultura. A través del eslogan AgroConCiencia este proyecto ha buscado dar solución a la baja adopción del MIP por parte de pequeños agricultores de la región de Coquimbo implementado un programa de extensión y capacitación en terreno. Se expone a continuación detalles de esta iniciativa que servirá como guía para replicarla en otras regiones del país. Cabe señalar que los trabajos estuvieron orientados al área entomológica por ser esta la especialidad del autor. Etapa 1. Formación de Agricultores Referentes El componente principal de la iniciativa fue la formación de Agricultores Referentes (AR), agricultores capacitados en la implementación de estrategias MIP y capaces de influenciar a sus pares e incidir en sus operaciones, y de esta manera
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