Lamentablemente debemos reconocer que la mayor parte de la superficie de maíz recibe una alta fertilización, pero muchas veces no se logra una buena nutrición. ¿Qué nos impulsa a gastar de más en elementos que pueden estar de sobra y/o a no aplicar los que la planta necesita o a aplicarlos en una menor dosis? Dos son los motivos principales: por un lado, en muchos casos programamos a ciegas, sin tener los datos de un análisis de suelo correctamente interpretado; por otro, no consideramos los aportes que recibe el suelo provenientes, por ejemplo, de la materia orgánica, de la incorporación de rastrojos, de la incorporación de rastrojos, del agua de riego, etc. y/o dejamos de considerar el mayor aprovechamiento de nutrientes en profundidad cuando el suelo se ha subsolado adecuadamente. En las siguientes líneas, una invitación a mejorar.