Fruticultura

Investigaciones que potencian la agricultura sureña

Según un estudio de la Universidad de Chile, la zona central del país será una de las más afectadas por el cambio climático, ya que es donde se espera un mayor aumento de temperaturas mínimas y máximas, así como también una disminución significativa en la concentración de precipitaciones. Para enfrentar los retos productivos de la fruticultura del sur del país, se formuló un proyecto de diez años, iniciado en 2017, que busca incrementar la I+D+i frutícola en Chile, y que hasta el momento presenta los avances que se destacan en esta nota.

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Productores frutícolas registran entre 50% y 70% menos de trabajadores para sus faenas en huertos o instalaciones

El déficit de trabajadores en el sector agrícola es un tema que preocupa y hay datos que indican que es mayor de lo esperado. La mayoría de los productores frutícolas registran un déficit entre 50% y 70% de trabajadores para realizar labores agrícolas en los predios o los packigns. Es una de las conclusiones de la “Encuesta por la escasez de trabajadores para la fruticultura en pandemia”, realizada por la Federación de Productores de Fruta de Chile (Fedefruta).

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Almendro, arándano y avellano despiertan mayor interés en los agricultores que busca diversificación hacia el sector frutícola

Interesantes resultados reveló el primer Catastro de Potencial Frutícola de la región de La Araucanía que dio a conocer el Programa Araucanía Frutícola del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Carillanca.

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Fruticultura entre 1999 y 2019: mayor superficie plantada, desplazamiento de los cultivos y aumento de explotaciones de menor tamaño

Un aumento de la superficie plantada, la extensión de la zonas productivas hacia el centro-sur del país; una cantidad de personas que laboran en el sector frutícola casi sin cambios y un aumento de los huertos de entre 9,5 y 49,9 hectáreas desdicados a este sector. Estos son algunos de los indicadores que identifica el estudio: Evolución de la Fruticultura Chilena en los últimos 20 Años” elaborado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa).

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Especialistas brindan recomendaciones para evitar mayores pérdidas en la fruticultura nacional

Las intensas lluvias del fin de semana generaron un fenómeno climático fuera de proporciones que dañó las zonas frutícolas de la zona central de Chile. En vista de ello, las lluvias predisponen el desarrollo de patógenos como hongos y bacterias, normalmente inactivos por acción de las altas temperaturas, baja humedad relativa, radiación y falta de agua libre, en el follaje. “Esto obliga a varias consideraciones técnicas, como el uso de ciertos agroquímicos, respecto de otros, las dosis, concentraciones y la consideración a las exigencias de residuos, en los distintos mercados”, explicó el investigador de INIA Rayentué, Gamalier Lemus.

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Preocupación ante la escasez de trabajadores frutícolas debido a la pandemia

En plena temporada de cosecha en la fruticultura chilena, y en medio de lo que ya se puede considerar como una segunda ola del Covid-19 en el país, el gremio frutícola marcó su posición sobre las dificultades que ha atravesado el sector con respecto a la contratación de trabajadores para las faenas, un fenómeno que se observó ya en noviembre con la partida de la uva de mesa en Atacama, y que se ve hoy con los arándanos en Ñuble.

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La preparación de suelo en frutales como un requisito fundamental para una producción sustentable en el tiempo

Antonio Lobato1, Eduardo Alonso1, Mauricio Sánchez1 y Felipe Mayol2 (1Consultores, 2Empresario y Agricultor) En los últimos 20 años nuestra fruticultura ha mostrado un crecimiento sostenido gracias al auge de especies como cerezos, nogales y más recientemente avellanos europeos, esta última con gran expansión desde la región del Maule al sur. Este crecimiento ha obligado a explorar nuevas zonas agroclimáticas y a su vez, la búsqueda de suelos que resulten aptos para ser plantados. Lamentablemente, los mejores suelos de Chile a estas alturas de nuestro desarrollo frutícola, es decir aquellos planos, bajo cota de canal, de texturas medias y sin limitantes; y en clima amigable, o tienen valores altísimos por su calidad intrínseca, o porque prontamente serán utilizados en nuevos proyectos inmobiliarios. Esto nos ha obligado, como se mencionó en el párrafo anterior, a explorar nuevas zonas donde los suelos tienen diferentes tipos de limitantes, ya sea físicas o químicas y que requieren de preparaciones con maquinaria pesada, donde pensar en subsolados con tractores como antaño es un total despropósito. Las limitantes físicas descritas comprenden la presencia estratas cementadas, de tipo Duripan o Fragipan,  altos contenidos de arcilla, presencia importante de piedras, afloramiento de roca madre en proceso avanzado de meteorización a escasa profundidad, presencia de napas freáticas, etc. Todos estos factores limitarán la expansión del sistema radical, afectando seriamente la relación Copa/Raíz en la edad adulta y limitarán el movimiento del agua y consecuentemente la aireación. Una de las causales más frecuentes del Decaimiento a lo largo de los últimos 20 años ha sido la asfixia radical, la cual deteriora principalmente a las raicillas que corresponden al ciclo anual de crecimiento de este órgano, y las responsables principales de la absorción de agua y nutrientes. Para mantener el crecimiento anual de ramas, ramillas y un adecuado Índice de Área Foliar (IAF), estructura fundamental para sustentar a la producción requerida en cantidad y calidad, se necesita una cantidad de crecimiento anual de raíces y raicillas proporcional, que sea capaz de sustentar el crecimiento de la parte aérea a lo largo de los años. Para lograr lo anterior, es fundamental desde el comienzo de la plantación, construir las mejores propiedades físicas y químicas en el suelo, como ser: macroporosidad, bajas densidades aparentes, adecuada conductividad hidráulica y alta capacidad de aire, estructura de alta relación superficie/volumen, equilibrio de bases, etc., todos factores esenciales para mantener la productividad y sustentabilidad en el largo plazo. Durante los últimos 10 años los productores y técnicos han tomado conciencia de la importancia de la preparación del suelo, así como del uso de maquinaria pesada para lograr adecuadamente este propósito. Sin embargo, lamentablemente pese al esfuerzo realizado, hemos constatado que las preparaciones en muchos casos han quedado defectuosas, lo cual ha limitado el vigor, la cantidad y calidad de la fruta; y lo que es peor aún, la vida útil de los huertos. El objetivo del presente artículo es presentar nuevos argumentos que explican los defectos detectados, y las técnicas que hoy nos permiten corregir este inconveniente a fin de asegurar la sustentabilidad de largo plazo. Factores que deben ser considerados para una exitosa preparación de suelos Es fundamental entender que este proceso consta de 2 partes que deben ser tratadas y llevadas a cabo de manera diferenciada. Estas son: “La preparación física y química del suelo”. Respecto a lo que se refiere a la Preparación física, ésta a su vez se divide en dos partes: “La preparación de la capa arable y el Subsolado”, las cuales se describen detalladamente a continuación. La preparación física El Subsolado: corresponde a la técnica utilizada para roturar los suelos por debajo de la capa arable, idealmente 1,0 a 1,2 m de profundidad, normalmente con maquinaria pesada de tipo buldócer y/o excavadoras, según sea el caso. Esto permite eliminar los impedimentos físicos que limitaran el drenaje, la profundidad efectiva del suelo y en último término, la exploración del suelo que realizaran las raíces. Es fundamental comprender que entre los factores más relevantes para el éxito de esta labor está el contenido de humedad del suelo. Por muchos años los subsolados se han realizado una vez que los suelos han perdido la humedad invernal, lo cual ocurre normalmente al final del verano. Esto es un gran error, ya que trae aparejado varios problemas. El primero, es que la profundidad efectiva de trabajo será menor, porque la resistencia del suelo será mayor que si el suelo hubiese estado con un contenido de humedad igual al Umbral de riego, o ligeramente atrasado respecto de este momento. Lo segundo, si se quisiera corregir el problema de la escasa profundidad efectiva, entonces se tendría que repetir la labor, sobre la que ya se realizó, y aun así no se logrará una significativa mayor profundidad de roturación, con el consiguiente incremento en el costo. En tercer lugar, al realizar una labor con suelo seco, el tamaño de los terrones será indeseablemente grandes, con una pequeña superficie específica, situación muy difícil de corregir posteriormente. Es por esto, que la preparación de suelo nunca debe realizarse con suelo seco. En cuanto a la maquinaria para realizar el subsolado, tenemos buldócer y excavadoras con tridentes que reemplazan al balde, y que se describirán a continuación. Bulldozer Respecto a los bulldozers, sus potencias y tonelajes varían sustancialmente, y se debe realizar con extremo cuidado su elección. Por razones de costo y eficiencia máquinas del orden de 38 a 40 ton y potencias de 300 a 350 HP como ser modelos D-8 o 155 AX en Caterpillar o Komatsu respectivamente, solo deberían ser utilizados en suelos amigables y sin estratas endurecidas de tipo Duripán. Si se trata de suelos difíciles, endurecidos y/o con estratas de Duripán, entonces máquinas de 48 a 50 ton y potencias de 400 a 450 HP, modelos D-9 y 275 AX en Caterpillar y Komatsu respectivamente son las más apropiadas. Ahora bien, si el terreno es muy marginal, con piedras (lechos de río u otros), estratas cementadas, etc., entonces se debe recurrir a máquinas de 70 a 78

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