Cambio Climático

“La agroindustria debe recurrir a la ciencia para enfrentar el cambio climático”

En la costa peruana se encuentra la agricultura intensiva del país. Y tanto Ica como Piura, han venido sufriendo los embates de estos “climas locos”. Claudio Schneider señala al cambio climático, como el principal causante de estas temperaturas inusuales, que devienen, en ocasiones, en lluvias catastróficas, como se evidenció en el Niño Costero del 2017. Advierte una mayor dificultad para predecir los eventos climáticos intensos pero recomienda no bajar la guardia y echar mano a la ciencia.

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El silencioso impacto del cambio climático en los frutales de hoja caduca

  Eduardo Fernándeza*, Italo F. Cuneob. aHorticultural Sciences, University of Bonn, Bonn, Germany. bEscuela de Agronomía, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Casilla 4-D, Quillota, Chile. *Corresponding author: Eduardo Fernandez (efernand@uni-bonn.de) Los impactos del cambio climático en los sistemas agrícolas se han convertido en una de las mayores preocupaciones de la última década para agricultores, investigadores y autoridades. Actualmente el foco mediático ha sido volcado a la disponibilidad del recurso hídrico, vital para la subsistencia no solo de los cultivos y el ganado, sino que también para la estabilidad de las comunidades rurales. Sin embargo, un impacto ligeramente más silencioso ha afectado las principales regiones agrícolas del centro y centro-norte del país y amenaza con reducir el potencial productivo de diversas especies frutales de hoja caduca. De acuerdo con cifras de la FAO en el 2016, Chile se ubicó en el primer lugar a nivel mundial en las exportaciones (toneladas) de uva de mesa, tercero en exportaciones de nueces, quinto en exportaciones de manzanas y primero en exportaciones de cerezas. En efecto, de acuerdo con cifras de ODEPA en 2016, la producción frutícola representó alrededor del 38% del producto bruto interno agrícola del país, y en términos de superficie, los frutales de hoja caduca representaron cerca del 76% de la superficie cultivada con frutales. Las especies caducifolias se caracterizan por sufrir un período de dormancia o latencia durante el invierno. Dicha característica permite que las plantas sobrevivan a las bajas temperaturas habituales en los climas donde se originaron. En términos generales, la dormancia es definida como la ausencia de división y expansión celular en los meristemas de las yemas o de cualquier otra parte de la planta. A su vez, diversos estudios han propuesto dividir la dormancia en dos sub-estados conocidos como endo- y ecodormancia. Se ha demostrado que durante la endodormancia la planta estaría inhabilitada para retomar la actividad a pesar de encontrarse en condiciones favorables para el desarrollo. Por el contrario, durante la ecodormancia las yemas responden al aumento de las temperaturas pudiendo generar nuevas estructuras para la siguiente temporada. Generalmente, la transición entre los estados endo- y ecodormante coincide con el incremento en las temperaturas observado a fines de invierno y principios de primavera. No obstante, para superar el estado de endodormancia las yemas requieren la exposición a bajas temperaturas invernales. De esta manera se ha establecido el uso del concepto “Requerimiento de Frío” (RF) para identificar y cuantificar las necesidades térmicas de cada especie y variedad durante el receso. Con la finalidad de encontrar el rango de temperaturas más efectivo para superar la endodormancia, diversos modelos matemáticos han sido desarrollados para estimar el frío acumulado. Los tres modelos más conocidos y utilizados en la agricultura son el modelo de Horas Frío, el modelo Utah y el Modelo Dinámico, todos desarrollados hace más de 20 años. El modelo de Horas Frío, que ha mostrado diversas debilidades en estudios comparativos, sigue siendo ampliamente utilizado en la industria frutícola, principalmente debido a su simplicidad. Este modelo considera que todas las temperaturas entre 0 y 7,2°C son igualmente efectivas para superar la dormancia. En la actualidad, el Modelo Dinámico parece ser la mejor alternativa disponible debido principalmente al razonamiento biológico adoptado por sus autores. Este modelo se basa en la hipótesis de que el frío estimula la producción de un intermediario, aún no identificado, que puede ser destruido por temperaturas muy elevadas. Sin embargo, si una cierta cantidad (i.e. umbral) de este intermediario se acumula entonces se forma una Porción de Frío (PF) que es definitivamente acumulada por la planta. Aun cuando dicho enfoque no es totalmente válido en términos fisiológicos, ha demostrado ser el más apropiado para regiones con clima Mediterráneo, como Sudáfrica, la cuenca del mar Mediterráneo, California, el valle central de Chile, entre otras. Uno de los impactos más conocidos del cambio climático es el aumento global de la temperatura debido a las emisiones de gases de efecto invernadero. De acuerdo con el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) la década de 2006 – 2015 fue 0,87°C más calurosa que el promedio registrado entre 1850 – 1900. Lo anterior supone una considerable pérdida de frío invernal especialmente en áreas con inviernos cálidos como lo son las de clima Mediterráneo. En efecto, y de acuerdo con diversos estudios, para la mitad del siglo XXI áreas como el valle central de California podrían perder entre 30 y 60% del frío observado durante 1950. En Chile, nuestras estimaciones varían dependiendo del sitio evaluado (Fig. 1). Analizando el período histórico, en Quillota hemos estimado una reducción en la disponibilidad de frío invernal desde 82 – 97 PF para 1967 (intervalo de confianza del 90%) a 38 – 58 PF para 2017. Lo anterior representaría una reducción promedio de 54% sobre un período de 51 años. Este sitio, presentó la mayor variación negativa entre los evaluados (Vallenar, Ovalle, Rengo, Curicó, Talca, Chillán, Temuco y Osorno). En general, sitios como Curicó, Talca, Chillán, Temuco y Osorno han mantenido niveles estables de frío entre 1967 y 2017, superando las 100 PF en algunos casos. Para escenarios futuros el IPCC ha definido cuatro posibles situaciones respecto de la concentración de gases de efecto invernadero al finalizar el siglo XXI. Lo anterior es conocido como Representative Concentration Pathways (RCP) e incluyen un escenario de fuertes medidas de mitigación (RPC2.6), dos escenarios intermedios (RCP4.5 y RCP6.0) y un escenario con una alta concentración de gases de efecto invernadero (RCP8.5). En términos de incremento absoluto se espera que bajo el escenario RCP2.6 la temperatura global aumente entre 0,3° y 1,7°C, mientras que bajo el escenario RCP8.5 el cambio podría promediar los 3,7°C. Utilizando los escenarios RCP4.5 y RCP8.5 para el 2050 y 2085, nuestras estimaciones muestran reducciones considerables en la disponibilidad de frío invernal en Vallenar, Ovalle, Quillota, Rengo, Curicó, Talca y Chillán. Sectores como Temuco y Osorno podrían ser los menos afectados mostrando sobre 100 PF en el escenario RCP4.5 para 2050 y 2085. Por otra parte, considerando el escenario RCP4.5 para 2050, nuestras estimaciones proyectan entre 0 y

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Syngenta se compromete con US$2.000 millones y establece nuevos objetivos de innovación para abordar el cambio climático  

Syngenta reducirá en un 50% la intensidad de las emisiones de carbono en sus operaciones, respaldando la aspiración del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Syngenta ha anunciado que dedicará US$2.000 millones durante los próximos cinco años para ayudar a los productores a prepararse y abordar las crecientes amenazas que presenta el cambio climático.

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Las cubiertas plásticas en uva de mesa para enfrentar efectos del cambio climático

Buscar nuevas tecnologías que permitan a los productores enfrentar los diferentes escenarios que se plantean con el cambio climático, es el objetivo de varios trabajos que está desarrollando el INIA. Uno de estos proyectos lo ejecutó junto a la Exportadora Subsole, donde se evaluó  el comportamiento de las vides bajo cubiertas plásticas, para variar el microclima del cultivo.

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Defensa en el predio: estrategias de riego y uso de cubiertas

La infraestructura para enfrentar una creciente escasez de agua es muy necesaria; imprescindible. Lamentablemente no depende de la capacidad de resolución de un productor. Sin embargo, este dispone de una serie de posibilidades para aplicar dentro de los límites de su campo. No tiene por qué quedar indefenso, así se desprende de la conversación que sostuvimos con los especialistas del INIA Gabriel Sellés y Carolina Salazar.

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