Reportajes . ...
El asesor Rodrigo Sapiain y el reto de producir uva de mesa en Piura

Suelo equilibrado, raíces sanas: La base de un sistema productivo eficiente

El asesor Rodrigo Sapiain ha probado en campo que el aumento de materia orgánica de calidad y el desarrollo de raíces activas permiten retener mejor el agua, reducir la frecuencia de riego, mejorar la eficiencia nutricional y sostener los rendimientos en los suelos altamente arenosos de Piura. Además de mejorar la respuesta a eventos climáticos adversos como El Niño.

28 de Mayo 2026 Equipo Redagrícola
Suelo equilibrado, raíces sanas: La base de un sistema productivo eficiente

En Piura, algunos campos de uva de mesa han pasado de riegos diarios a regar cada tres o cuatro días, sin afectar la productividad. El cambio no estuvo en la tecnología ni en la genética, sino en el suelo: más materia orgánica, mejor estructura y un sistema radicular activo. En fundos asesorados por Rodrigo Sapiain, este enfoque ha permitido modificar indicadores clave en pocos años. En un suelo con 95% de arena, la materia orgánica pasó -en un periodo de tres años- de menos de 0,17% a 0,72%, junto con constatarse mejoras en los niveles de nitrógeno y en el balance de cationes.

El asesor internacional de uva de mesa y director de Ain Consultores Spa, ha desarrollado su trabajo con un enfoque centrado en el suelo como base del sistema productivo. Sapiain define su enfoque como una metodología orientada a identificar y eliminar las limitantes del sistema productivo, más que enmarcar su trabajo bajo un concepto más general, como sería el de agricultura regenerativa. “Para mí el suelo es la base de todo el sistema. Es clave equilibrarlo y remover los factores limitantes, tanto físicos, químicos, como biológicos”, explica.

Rodrigo Sapiain, quien es asesor internacional de uvade mesa y director de Ain ConsultoresSpa.

Según su experiencia en los suelos piuranos, una de las principales limitantes en la zona es la baja proporción de materia orgánica, que en muchos casos no supera el 0,5%. Esto reduce la capacidad de retención de agua y limita la actividad biológica. “Sin materia orgánica en el suelo, no es que sea imposible producir, pero terminas dependiendo exclusivamente de lo artificial (‘inputs’)”, explica.

Al uso intensivo de insumos químicos se suma la presencia de sales en el agua de riego, lo que incrementa la conductividad eléctrica de la solución nutritiva en los programas de fertilización. Bajo estas condiciones, el manejo se orienta a reducir las limitantes que afectan el desarrollo radicular y la absorción de nutrientes. “Son suelos que retienen menos agua y los fertilizantes se lavan muy fácil, por lo que es un sistema en que se lixivia y se pierde la humedad muy rápido”, indica.

INDICADORES DE UN SUELO FUNCIONAL

Bajo la guía técnica de Sapiain, en los fundos a los que asesora la evolución del suelo no solo se mide por parámetros de laboratorio, sino también por su impacto en el comportamiento del cultivo. El incremento de materia orgánica, por ejemplo, no solo mejora indicadores como el nitrógeno total o la capacidad de intercambio catiónico, sino que modifica la dinámica del agua y de los nutrientes en suelos altamente arenosos.

Uno de los primeros aspectos a evaluar es la condición física del suelo. La infiltración y la ausencia de compactación son determinantes para el desarrollo radicular, especialmente en perfiles que tienden a perder rápidamente la humedad. “La idea es no tener problemas de infiltración, ni problemas de compactación”, menciona Sapiain al referirse a los criterios básicos de un suelo funcional.

Por ello, uno de los elementos que introduce entre asesorados es el uso de cobertura orgánica sobre la línea de riego. Este componente cumple múltiples funciones en la dinámica del suelo, desde la conservación de humedad hasta la activación biológica. “Hay una mejoría absoluta cuando tú utilizas materia orgánica entre la manguera y el suelo. En mi sistema, el mulch es una herramienta clave del manejo”, afirma.

A estos criterios se suma el equilibrio químico del suelo, entendido no como la presencia aislada de nutrientes, sino como la relación entre ellos. En los campos atendidos por el asesor, la corrección del balance de cationes hacia niveles más cercanos a lo ideal ha sido parte del proceso de mejora del sistema suelo, indica.

 

Método Soil 4 Fruit®
Después de años de trabajo en distintos países y zonas geográficas, una conclusión se repite: el suelo es el principal factor limitante. No el único, pero sí el que condiciona todo el resto. Los factores que lo afectan son múltiples y complejos — físicos, químicos, biológicos — muchas veces actuando al mismo tiempo. Esa experiencia acumulada llevó a la consultora de Rodrigo Sapiain (AIN Consultores) a desarrollar un método de trabajo propio. “Lo llamamos Soil 4 Fruit® — Read· Restore · Activate · Thrive. Una metodología que nos permite hacer diagnósticos más precisos, tomar mejores decisiones y lograr mejoras más rápidas — en la mayoría de los casos, con menos recursos”, explica el asesor. S4F evalúa el suelo en cuatro dimensiones integradas: física, química, biológica y productiva. No hay recetas: cada sistema recibe un plan basado en su condición real y sus factores limitantes específicos. Hoy lo aplican como estrategia de trabajo en Chile, Perú y México.
AIN Consultores · ainconsultores.com

MATERIA ORGÁNICA: EL CUELLO DE BOTELLA DEL SISTEMA

En condiciones donde el suelo presenta más de 90% de arena, como es el caso de Piura, la ausencia de materia orgánica convierte al perfil en un medio altamente ineficiente. En algunos casos, el incremento de la materia orgánica, de menos de 0,17% a 0,72% en tres años, permitió cambiar el comportamiento del suelo, aumentando la retención de agua y la capacidad de intercambio catiónico. Esto redujo la pérdida de nutrientes y mejoró su disponibilidad en la zona radicular, explica Sapiain.

Sin embargo, uno de los principales problemas que enfrenta el manejo en campo es la calidad de las fuentes disponibles de materia orgánica (MO). El aumento de la demanda por MO en la zona ha generado una oferta heterogénea, donde muchos materiales no alcanzan los estándares necesarios para cumplir su función en el suelo.

El uso de materiales de baja calidad no solo reduce la mejoría esperada, sino que puede generar desbalances en el sistema, ya que aplicaciones excesivas o en base a insumos no compostados pueden alterar negativamente la química y la biología del suelo. Por ejemplo, “con un guano fresco puedes generar un grave desbalance tanto químico como biológico”, explica.

Por lo tanto, la activación biológica del suelo es parte del proceso, pero no es el punto de partida. Según explica el asesor, la incorporación de microorganismos o inoculación solo es efectiva si previamente se han corregido las limitaciones del sistema. “Primero hay que hacer la casa y después traer a los ocupantes”, indica. En campo, esto se traduce en el uso de microorganismos, como Trichoderma y Bacillus, muchas veces multiplicados en el propio predio para reducir costos y aumentar su eficiencia, siempre en un entorno donde la materia orgánica y las condiciones químicas permitan su establecimiento.

NUTRICIÓN: DEL EXCESO A LA EFICIENCIA

En su lógica de incrementar los niveles de materia orgánica en el suelo, Sapiain destaca que esta práctica también incide en reducir la aplicación de un exceso de fertilizantes en el campo. Este ajuste no implica eliminar nutrientes, sino optimizar absorción y eficiencia de uso dentro del sistema, apunta. En lugar de programas complejos y con múltiples productos, el enfoque apunta a simplificar la nutrición y evitar interacciones negativas entre elementos. “Yo he visto programas que tienen 10 productos a la semana y es difícil que eso se ejecute de manera adecuada”, comenta.

El seguimiento del estado nutricional del cultivo se realiza combinando análisis de suelo con análisis foliares. Mientras el primero permite definir el diagnóstico inicial, los segundos se utilizan como herramienta de monitoreo durante la campaña. “El de suelo es para el diagnóstico inicial y los foliares son para el seguimiento del plan nutricional”, explica.

En este contexto, el análisis foliar adquiere un rol clave para ajustar las decisiones en tiempo real y validar si los cambios en el manejo están generando el efecto esperado.

Este cambio de enfoque también aporta un impacto directo en los costos del sistema productivo. En campos donde se ha logrado estabilizar el suelo, Sapiain destaca reducciones de entre 30% y 40% en los programas de fertilización, sin afectar el rendimiento. La mejora en la eficiencia de absorción permite disminuir dosis, simplificar programas y reducir pérdidas, en un contexto donde los costos por hectárea en Piura han aumentado en los últimos años y la competitividad del negocio exige sistemas más ajustados.

RAÍCES Y RESILIENCIA: LA BASE DE LA RESPUESTA DEL CULTIVO

En los sistemas evaluados por Sapiain, la capacidad de la planta para enfrentar escenarios de estrés está estrechamente ligada a la profundidad, sanidad y actividad de las raíces. “Si desarrollaste un sistema de raíces sano y profundo, tu cultivo estará mucho más defendido en periodos de estrés, de falta o exceso de agua, etc.”, explica.

Uno de los problemas más frecuentes en campo es la formación de sistemas radiculares superficiales, asociados a estrategias de riego de alta frecuencia. Este tipo de manejo concentra las raíces en la capa superior del suelo, donde están más expuestas a variaciones bruscas de temperatura y humedad.

En estas condiciones, la planta responde con mayor sensibilidad frente a déficits hídricos o cambios bruscos en el ambiente, lo que incrementa el riesgo de desbalance fisiológico. El objetivo del manejo es promover un sistema radicular distribuido en profundidad, que cumpla cabalmente las distintas funciones en la fisiología de la planta. Sapiain describe este sistema como una estructura dividida en tres zonas: una superficial, activa biológicamente; una intermedia, asociada a la absorción de nutrientes; y una más profunda, vinculada al anclaje y a las reservas.

Más que reaccionar a los problemas del cultivo, el enfoque apunta a intervenir en su origen: el suelo.

SANIDAD Y BALANCE DE LA PLANTA

El nivel de equilibrio del cultivo determina su susceptibilidad frente a distintos factores bióticos. “Si tienes una planta fuerte y vigorosa, resistirá mejor plagas y enfermedades. Pero si entras en un periodo de estrés será mucho más susceptible”, explica Sapiain.

En este contexto, el enfoque se aleja de estrategias centradas exclusivamente en la eliminación de agentes como nematodos y se orienta hacia la convivencia bajo condiciones controladas. La mejora del suelo y del sistema radicular permite reducir el impacto de estos organismos sin depender exclusivamente de intervenciones químicas. “La guerra química con los nematodos está perdida, enfoquémonos en mejorar el componente biológico del suelo y en tener raíces vivas”, señala.

El comportamiento del cultivo frente a enfermedades también está condicionado por el manejo del vigor y el equilibrio nutricional. Desbalances en el crecimiento o en la disponibilidad de nutrientes pueden aumentar la incidencia de problemas sanitarios. “Las plantas con exceso de vigor son mucho más susceptibles a oídio o cuando las plantas están estresadas reciben más ataques de ácaros. Si tienes los niveles de nitrógeno desbalanceados, entonces, tendrás más problemas con el chanchito blanco”, indica.

EL NIÑO Y LOS EXTREMOS CLIMÁTICOS: IMPACTO EN EL CULTIVO

Los eventos asociados al Fenómeno de El Niño, condición pronosticada para los próximos meses, impactan directamente en el comportamiento fisiológico del cultivo. “Las temperaturas muy altas, con mucha lluvia, favorece la entrada de mildiu y de trips, por ejemplo, en tanto que se ve a las plantas desequilibradas”, describe Sapiain sobre lo ocurrido con El Niño de la campaña 23/24.

Además, esta situación climática afecta procesos internos en la planta, como la acumulación y metabolización de nutrientes. Uno de los problemas observados en el último fenómeno de El Niño fue la aparición de daños asociados a intoxicación por amonio en la fruta. “Se nos quemó mucha fruta por intoxicación por amonio… y además el ciclo fue más corto y las bayas quedaron más chicas”, señala.

Según explica, los productores asociaron esta intoxicación por amonio a exceso de nitrógeno, cuando no necesariamente era la causa. Factores como baja luminosidad, incidencia de enfermedades o estrés fisiológico pueden reducir la actividad fotosintética, afectando la conversión del nitrógeno dentro de la planta y generando acumulaciones no deseadas. “Cualquier variable que frene la fotosíntesis hace que suban los niveles de amonio en la planta y esta no tenga capacidad de metabolizarlo”, agrega.

ALERTA FRENTE A MENORES NIVELES DE NITRÓGENO

A partir de los efectos observados en campañas anteriores, el manejo del nitrógeno se ha convertido en uno de los puntos más sensibles en el cultivo, especialmente ante el anuncio de un nuevo evento de El Niño. En algunos campos, la respuesta ha sido reducir o detener la aplicación del macroelemento por temor a los desbalances fisiológicos. “Quedamos traumatizados con el nitrógeno y ese año bajamos mucho la fertilización nitrogenada”.

En ese sentido, el asesor advierte que la restricción del nitrógeno en etapas clave, como la de formación, puede comprometer el desempeño posterior. El objetivo es que la planta llegue a la etapa productiva con un estado nutricional adecuado, reduciendo la necesidad de intervenciones posteriores y mejorando la estabilidad del cultivo frente a condiciones adversas.

“Si cortas el nitrógeno hoy día (marzo), ¿cómo vas a hacer en la etapa de producción? ¿Con qué reservas vas a partir?”, plantea. En este contexto, el manejo del nitrógeno deja de abordarse como un factor aislado y pasa a integrarse dentro del equilibrio general del sistema.

ARQUITECTURA DE PLANTA: ORDEN Y LUZ COMO HERRAMIENTA DE MANEJO

En un escenario climático adverso, el asesor internacional recomienda, al mismo nivel de importancia del nitrógeno, trabajar en un mejor manejo de la estructura de la planta. La forma en que se organiza el follaje y se distribuyen los brotes determina condiciones clave como luminosidad, ventilación y eficiencia fotosintética. “Uno de los aspectos a los que asigno gran importancia es a tener los huertos ordenados con una capa de hoja bien iluminada”, señala Sapiain.

En sistemas con exceso de follaje, se generan zonas sombreadas que afectan la actividad fotosintética y favorecen la aparición de enfermedades. “Si tú tienes un huerto con brotes en todas direcciones y tres capas de hojas, pero necesitas que la luz llegue a las hojas que alimentan la yema”, explica.

En este contexto, el manejo del follaje se orienta a mantener una estructura simple, que permita mejorar la eficiencia del cultivo y facilitar el control fitosanitario. “Una capa de hoja, brotes ordenados… eso al final es más eficiente para el control de plagas, la luminosidad, la diferenciación floral, etc.”, indica.

Bajo este enfoque, la arquitectura de la planta se convierte en una herramienta de manejo que permite mejorar la respuesta del cultivo frente a condiciones adversas. “Tienes que tener los huertos ordenados… y peinados”, agrega.

En un escenario de mayor incertidumbre climática, la combinación de raíces activas, plantas equilibradas y huertos ordenados aparece como la principal estrategia para sostener la productividad de la uva de mesa en el norte del Perú, acota el especialista.

 

A tomar en cuenta frente al niño
La presencia de un evento El Niño durante el ciclo de formación de la uva de mesa obliga a ajustar el manejo agronómico y operativo del cultivo. El objetivo es sostener la capacidad fotosintética, asegurar la acumulación de reservas y evitar condiciones que favorezcan desbalances fisiológicos y problemas sanitarios. Estos son los principales criterios de manejo planteados por Rodrigo Sapiain para enfrentar este escenario climático.
1. Construcción de la planta para el siguiente ciclo
El foco del manejo está en formar un sistema radicular profundo, con acumulación de reservas en madera y raíces, y una adecuada diferenciación de yemas.
2. Manejo de follaje: priorizar luz y orden
• Mantener una superficie foliar activa, evitando el emboscamiento.
• Eliminar feminelas de forma temprana.
• Realizar despuntes frecuentes en variedades vigorosas.
• Favorecer la iluminación de hojas cercanas a las yemas.
• Un dosel denso reduce la fotosíntesis y favorece enfermedades.
3. Control de vigor sin restringir nutrición
• El vigor debe manejarse con poda, carga de brotes y riego, no mediante la reducción de nitrógeno.
• Restringir nutrientes puede comprometer la acumulación de reservas.
4. Nitrógeno en niveles adecuados durante formación
• Considerar todas las fuentes de nitrógeno: fertilización, agua, materia orgánica.
• Mantener niveles foliares sobre el umbral crítico.
• Déficits de nitrógeno reducen la fotosíntesis en un escenario de baja luminosidad.
5. Sistema radicular sano y drenaje operativo
• Evitar zonas con encharcamiento.
• Implementar drenajes antes del inicio de lluvias.
• Monitorear raíces mediante calicatas.
• El exceso de agua limita el crecimiento radicular y favorece enfermedades.
6. Nutrición completa y sin deficiencias
• Ningún nutriente debe estar por debajo de su nivel crítico.
• Elementos como boro, zinc y magnesio son determinantes en diferenciación floral y fotosíntesis.
7. Fitosanidad preventiva
• Iniciar programas antes de la aparición de síntomas.
• Priorizar manejo cultural del follaje para mejorar eficacia de aplicaciones.
• En condiciones de alta humedad y temperatura, la prevención es más eficiente que el control reactivo.
8. Preparación operativa del campo
• Implementar drenajes y sistemas de bombeo en zonas críticas.
• Asegurar accesos y capacidad de maquinaria.
• Revisar sistemas de riego y logística de aplicaciones.
*Extractado del Boletín técnico que AIN Consultores entrega a sus asesorados

Select your currency

NEWSLETTER

Gracias por registrar tu correo

Registrate

* indicates required
Newsletters