Perú necesita un millón de colmenas y solo dispone de 350.000
El crecimiento de cultivos como arándanos y palto está ampliando la brecha entre la demanda y la disponibilidad de colmenas en el país. Samuel Dresel, director regional de Iberoamérica de BeeHero, advierte que el reto no es solo de cantidad sino de calidad: muchas de las colmenas que llegan a los campos no están en condiciones de polinizar eficientemente. Frente a ese escenario, la empresa impulsa un modelo que combina sensores de monitoreo, inspecciones en campo y capacitación de apicultores para elevar el rendimiento de cada colonia.
El crecimiento sostenido de la agroexportación peruana está revelando un cuello de botella silencioso: la disponibilidad de colmenas. Según Samuel Dresel, director regional de Iberoamérica de BeeHero, el país necesita alrededor de un millón de colmenas para cubrir la polinización de cultivos como arándanos, palto y otros frutales de exportación. La realidad es que hoy existen unas 350.000 activas. Esa brecha obliga a muchas empresas agrícolas a trabajar con múltiples proveedores y, con frecuencia, a aceptar colmenas que no alcanzan el estándar mínimo de calidad.
“Hay mucha más demanda que oferta. Ese déficit seguirá creciendo conforme aumente la superficie agrícola”, advierte Dresel.
La escasez también ha golpeado el eslabón más débil de la cadena. Durante años, el mercado priorizó el precio del servicio por encima de la calidad de las colmenas, lo que redujo los ingresos de los apicultores y, con ellos, su capacidad de inversión. “Si el apicultor recibe menos, tiene menos para fortalecer sus colmenas. Esa situación termina afectando a todos”, explica.
Raúl Injoque, Director de EGAFARMS en Tacna, apunta en la misma dirección: la expansión de los cultivos de exportación está avanzando más rápido que la infraestructura apícola disponible. En ese contexto, sostiene que la polinización de precisión debe dejar de verse como un servicio de apoyo y convertirse en una infraestructura estratégica de la agricultura, sustentada en monitoreo, trazabilidad y una coordinación más estrecha entre agricultores y apicultores.

La calidad pesa más que la cantidad
El número de colmenas instaladas en un predio no lo es todo. Ese es uno de los mensajes centrales que BeeHero lleva a sus clientes. “Dos colmenas de cuatro marcos nunca van a trabajar igual que una colmena bien poblada de ocho marcos”, dice Dresel.
La diferencia está en las abejas adultas activas. Una colonia numerosa conserva mejor la temperatura interna, distribuye con mayor eficiencia las tareas dentro de la colmena y envía más pecoreadores a visitar las flores durante la floración. El resultado no es marginal: se traduce directamente en más frutos y mejor calibre.
BeeHero trabaja con un estándar propio: colmenas de entre seis y ocho marcos completos de población adulta, libres de enfermedades y con reinas jóvenes capaces de sostener el crecimiento de la colonia a lo largo de toda la campaña.

Monitoreo permanente
Para verificar el desempeño de cada colonia en tiempo real, la empresa instala sensores en las colmenas que registran actividad de vuelo, temperatura, fuerza de la colonia y otros indicadores vinculados a la polinización. Esa información se transmite a una plataforma digital donde algoritmos procesan millones de datos diarios y los convierten en indicadores simplificados, accesibles tanto para el agricultor como para el equipo técnico.
“No solo medimos cuántas abejas hay. Analizamos si realmente están saliendo a polinizar y cómo responde la colonia frente a las condiciones climáticas”, explica Dresel.
El sistema se complementa con inspectores que recorren los campos para validar la información generada por la plataforma y ajustar los algoritmos a las condiciones locales. Desde que BeeHero comenzó a operar en Perú, ha ido calibrando el comportamiento de las colonias en distintas zonas productivas para adaptar la tecnología a las particularidades del país.

Un problema detectado a tiempo vale más que una colmena repuesta
El monitoreo continuo permite identificar problemas antes de que se vuelvan irreversibles. En una evaluación reciente en un campo comercial, el sistema detectó una caída en la actividad de un grupo de colmenas. La inspección posterior confirmó la ausencia de reinas en varias de ellas, una condición que desorganiza la colonia y dispara la pérdida de población en pocos días.
Intervenir a tiempo, dice Dresel, puede marcar la diferencia entre una floración aprovechada y una oportunidad perdida. Una colmena bien poblada y activa puede incrementar entre 30% y 40% la productividad de un cultivo gracias a una mayor tasa de visitas florales, mejor formación de frutos y una producción más uniforme en calibre y firmeza.
“La polinización forma parte de los factores que determinan el rendimiento de un cultivo, junto con el riego y el manejo fitosanitario”, sostiene.
Profesionalizar la apicultura
El modelo de BeeHero no se limita a la tecnología. Durante el último año, la empresa recorrió distintas regiones del país para identificar apicultores con potencial de integrarse a una red de proveedores bajo estándares comunes de calidad y monitoreo. Actualmente trabaja con productores locales y proyecta gestionar alrededor de 7.800 colmenas en esta campaña, mientras continúa expandiendo su presencia en el mercado peruano.
El diagnóstico del sector es elocuente: Perú tiene cerca de 40.000 apicultores, pero apenas el 6% supera las 200 o 300 colmenas, la escala mínima para atender con eficiencia la demanda de la agricultura comercial. La reciente aprobación de la nueva Ley Apícola abre, según Dresel, una ventana para cambiar esa realidad a través de capacitación, transferencia de conocimiento y mayor articulación entre los actores del sector.
“La tecnología aporta información para tomar mejores decisiones. Pero el crecimiento de la apicultura también necesita infraestructura, formación y voluntad de coordinación entre productores, empresas y autoridades”, concluye.
Tanto Dresel como Injoque coinciden en el diagnóstico de fondo: la polinización dejará de ser un servicio complementario para convertirse en un factor estratégico de la productividad agrícola peruana. El camino para llegar ahí pasa por más tecnología, mejores apicultores y un marco regulatorio que esté a la altura del desafío.