Impacto de las enfermedades de madera en avellano europeo
La necrosis que producen los hongos de madera y los compuestos que sintetiza la planta para detener el avance de los patógenos, obstruyen el sistema vascular, generando alteraciones hidráulicas, y reduciendo el transporte de agua y nutrientes minerales desde la raíz hacia las estructuras reproductivas, lo que afecta el rendimiento y la calidad de la fruta.
El avellano europeo es uno de los cultivos frutales que más ha crecido en Chile en los últimos años. En 2025 alcanzó cerca de 49.264 hectáreas, equivalentes al 12,9% de la superficie frutícola nacional. Entre 2020 y 2025, la superficie plantada prácticamente se duplicó, pasando de 24.430 a 49.264 hectáreas, con un crecimiento anual promedio de 15,1% (CIREN–ODEPA). Su producción se concentra principalmente en las regiones del Maule, Ñuble, Biobío y La Araucanía y las exportaciones aumentaron de USD 121 millones a USD 505 millones entre 2022 y 2025.
A nivel mundial, Turquía continúa siendo el principal productor de avellanas, mientras que en la temporada 2025 Chile se posicionó como el segundo productor mundial, desplazando a Italia, gracias a una cosecha que superó las 100 mil toneladas. Este avance ha sido impulsado por condiciones climáticas favorables, la expansión sostenida de las plantaciones y el interés de empresas internacionales como Ferrero, que en 2026 anunció una inversión de US$94 millones en el país.
FACTORES SANITARIOS
Dentro de los factores sanitarios que afectan a este cultivo están las enfermedades fungosas de madera, aspecto que ha sido poco estudiado a nivel internacional. En Chile, entre 2021 y 2025 se inició un proyecto apoyado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y ejecutado por el Laboratorio de Fitopatología de Frutales del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Quilamapu “Manejo de enfermedades de madera en avellano europeo para la macrozona centro-sur”.
En 2025 se comenzó un nuevo proyecto FIA “Plataforma de alerta y manejo oportuno de enfermedades fungosas de avellano europeo para productores(as) de Maule y Ñuble”, que continúa el estudio de estos importantes patógenos y su interacción con las condiciones meteorológicas.
En base a estos proyectos de investigación, se ha podido desarrollar un estudio sistemático acerca de cuáles son los patógenos de madera de mayor prevalencia, su virulencia, epidemiología, y esbozar estrategias de manejo para finalizar con una plataforma digital que indique los momentos de riesgo de infección de manera que los productores puedan evitar realizar labores que impliquen heridas en la madera, que son la vía de entrada para estos patógenos, y/o protegerlas con aplicaciones de productos.
Dentro de las interrogantes que se han trabajado en estos proyectos está la evaluación del impacto real de estas enfermedades en el cultivo. En general, se sabe que estos hongos reducen el rendimiento y calidad de fruta, pero en pocos cultivos se ha cuantificado exactamente. En vid, donde se cuenta con mayor número de estudios acerca de los hongos de madera, las pérdidas de rendimiento han sido calculadas para en un 80% en viñas adultas (Kaplan et al., 2016).
En frutales como manzano, arándano y ciruelo, el Laboratorio de Fitopatología de Frutales de INIA Quilamapu ha registrado pérdidas de rendimiento de hasta 66%, 40% y 51%, respectivamente, ocasionadas sólo por Chondrostereum purpureum, el hongo causante del plateado (Grinbergs et al., 2021). El Laboratorio también ha determinado pérdidas de rendimiento en cerezo causado por hongos de madera, llegando a una reducción de rendimiento del 46% y desorden de nutrientes, y 78% de rendimiento en vinífera, además de fruta y vino de menor calidad.
Respecto del avellano europeo, para determinar los patógenos de madera más prevalentes en la zona de producción, en 2022 se inició una colecta de material sintomático desde la Región de Maule a la Región de Los Lagos. Se colectaron muestras de madera presentando decoloración interna, cancros, muerte de ramas (Figura 1) y presencia de cuerpos reproductivos (signos) (Figura 2). Hasta la fecha se han colectado y analizado alrededor de 400 muestras de distintos cultivares de avellano como Tonda di Giffoni, Barcelona, Lewis, Yamhill y polinizantes.

El análisis de las muestras colectadas permitió realizar más de 2.000 identificaciones, y en base a esa información se determinó que los hongos de mayor prevalencia (33%) corresponden al grupo de los basidiomycetes, donde más de la mitad corresponden al hongo Chondrostereum purpureum, seguido por y otros como Stereum spp., Schyzophyllum commune y Ganoderma sp. Dentro del segundo grupo en importancia están los hongos de la familia Botrysphaeriaceae (22%), como Diplodia spp. y Neofusicoccum parvum, seguidos por Cytospora spp. (10%), Diaporthe spp. (7%), Truncatella spp. (7%), Fusarium spp. (1%) y otros.

Conociendo esta información y con el objetivo de evaluar el impacto de estos hongos sobre las plantas, se seleccionó un huerto de avellano del cultivar Lewis, ubicado en Bulnes, Región de Ñuble, donde previamente se observaron síntomas y desde estos fue posible aislar a los hongos de madera de mayor importancia. Dentro del huerto, se seleccionaron plantas mostrando síntomas con severidad media y plantas aparentemente sanas. Se midieron parámetros fisiológicos como intercambio gaseoso, potencial hídrico, fluorescencia y clorofila (Figura 3) en los dos tipos de plantas.

Las mediciones fisiológicas arrojaron parámetros alterados en las plantas enfermas, donde el más afectado fue el potencial hídrico, lo que concuerda con trabajos previos en vides, ciruelos y manzanos, donde se demostró que las plantas afectadas por hongos de la madera disminuyeron significativamente sus parámetros fotosintéticos, especialmente el potencial hídrico (Grinbergs et al, 2021).
Esto ocurre porque la necrosis que producen los hongos de madera y los compuestos que sintetiza la planta para detener el avance de los patógenos, obstruyen el sistema vascular, generando alteraciones hidráulicas, y reduciendo el transporte de agua y nutrientes minerales desde la raíz hacia las estructuras reproductivas. Los estudios anteriores también demostraron que las estas enfermedades vasculares redujeron la fotosíntesis debido a limitaciones hidráulicas y cierre estomático, disminuyendo la producción de carbohidratos.
Las alteraciones fisiológicas en las plantas afectadas suponen que el rendimiento también se va a ver disminuido, por lo que se realizaron mediciones tendientes a comprobarlo. En 2026 se cosechó una superficie de 1 m2 al azar bajo la canopia de los árboles sanos y enfermos donde previamente se habían realizado las mediciones fisiológicas (Figura 4). Se colectó la fruta en esa superficie en los momentos en que el productor cosechó la fruta del huerto.

La fruta cosechada fue pesada y los resultados extrapolados a rendimiento por hectárea. Al analizar estos resultados se pudo obtener que las plantas sanas tuvieron un rendimiento de 5,85 ton/ha, en comparación a las 2,05 ton/ha que produjeron las plantas enfermas. Esta pérdida de 3,8 ton/ha equivalen a un 65% menos de rendimiento, lo que significa una disminución de 21,400 USD/ha bruto, considerando un precio de 5,63 USD/kg (Fig. 5), (3,8ton/ha = 3.800kg/ha) entonces 3.800kg/ha x 5,63USD/kg = 21.394 USD/ha es decir USD 21.400 por ha.

Estas enfermedades también afectan la calidad del fruto. Al evaluar 100 frutos al azar provenientes de plantas sanas y 100 de plantas enfermas, se obtuvo que el peso de frutos provenientes de plantas enfermas fue menor que el de los provenientes de plantas sanas, pesando la cáscara un 16% menos en los frutos de plantas enfermas (142 g vs 170 g) y los kernels un 34% menos (99 g vs 149 g), con respecto a los kernels de plantas sanas (Fig. 6).

También se encontraron diferencias considerables en el número de kernels sanos, registrando una disminución de 31% de las enfermas con respecto a las sanas (58 vs 90 kernels/100 frutos). Es así como los frutos vanos en plantas enfermas fueron un 80% mayores que en sanas (5 vs 1 frutos vanos/100 frutos).
Por otra parte, los kernels deshidratados (arrugados o chupados), que corresponden a frutos que iniciaron su desarrollo, pero no completaron el llenado de cotiledones, quedando arrugados, livianos y de menor valor comercial, fueron 28 en los 100 frutos de plantas enfermas, comparados con 3 en los 100 frutos provenientes de plantas sanas, evidenciando un fuerte efecto fisiológico de la enfermedad.
Además, descontando los kernels chupados, con moho, dobles o con cualquier otro defecto, y comparando sólo los sanos, se registró una amplia diferencia en el calibre, con un promedio de 14 mm de diámetro en los kernels de plantas enfermas y 20 mm promedio en los kernles provenientes de plantas sanas (Fig. 7).

Los análisis nutricionales de frutos demostraron que en los provenientes de plantas enfermas se ve una tendencia a la menor concentración de nutrientes, especialmente en que los que se mueven por la corriente transpiratoria, como el calcio, magnesio, azufre y boro. En el caso del nitrógeno, la concentración fue levemente mayor en frutos de plantas enfermas, lo que se debería a que este elemento puede ser fácilmente removilizado desde las hojas y otros órganos de reserva, para la formación de compuestos nitrogenados relacionados con la defensa, como proteínas, enzimas o fenoles. Consecuentemente, la acumulación de reservas en raíces podría verse disminuida y afectar posteriormente en la brotación, por lo que también se pretende cuantificar argininas radicales en la presente época invernal.
En conjunto, los resultados indican que los hongos de madera afectan la fisiología del avellano europeo a nivel sistémico, alterando además el estado fisiológico de las plantas, lo que impacta no sólo en el rendimiento, sino también en la calidad nutricional y física de las avellanas, considerando la relevancia de minerales, proteínas y contenido lipídico en la composición final del fruto.

Los tejidos vasculares dañados por los hongos de la madera reducen el transporte de agua, minerales y carbohidratos hacia los frutos. Este efecto es especialmente relevante en avellano durante la etapa de llenado del grano y acumulación de reservas lipídicas, cuando la avellana actúa como un fuerte sumidero metabólico y requiere un suministro continuo de agua, azúcares, minerales y carbono para la formación de cotiledones, la síntesis de aceites, proteínas y otros compuestos estructurales, así como para la acumulación de materia seca.
En este contexto, una limitación vascular inducida por la enfermedad disminuye la capacidad de abastecimiento hacia el fruto, afectando tanto la acumulación mineral como la producción de materia seca. Como consecuencia, el fruto no logra desarrollarse normalmente, reduciendo su calibre y peso, y generando kernels mal llenados, de menor peso y con signos de deshidratación.
Además de impactar negativamente el rendimiento y calidad de fruto, estas enfermedades debilitan a las plantas haciéndolas más susceptibles a otros patógenos e inducen su muerte temprana, lo que obliga a los productores a reemplazarlas prematuramente.
Es importante considerar que, además de estudiar los agentes causales de las enfermedades de madera, su impacto y epidemiología, se han realizado avances en la búsqueda de métodos para su manejo y control. Sin embargo, la estrategia más efectiva sigue siendo la prevención de la infección. Esto implica establecer los huertos con plantas sanas desde el inicio. En el manejo del huerto, debe tenerse en cuenta que los períodos de mayor riesgo de infección corresponden a los ‘peaks’ de vuelo de esporas, los cuales ocurren principalmente después de lluvias y en condiciones de temperaturas moderadas. Durante estas etapas es fundamental evitar prácticas que generen heridas en las plantas, como las podas, ya que constituyen las vías de entrada para estos patógenos.
Asimismo, los restos de poda deben ser retirados del huerto, ya que pueden ser portadores de cuerpos frutales capaces de producir esporas, las que darán origen a nuevas infecciones. Al igual que los residuos de poda, los restos de malezas leñosas como tocones de álamos, aromos, sauces u otras especies, frecuentemente presentes en bordes de huertos y caminos, pueden constituir importantes fuentes de inóculo, por lo que cuando presenten cuerpos frutales, deben ser eliminados. Como conclusión, la implementación rigurosa de estas prácticas es fundamental para prevenir la diseminación, infección y desarrollo de enfermedades fungosas de la madera.