Tranques impermeabilizados: Una clave para sortear la escasez hídrica
En momentos de carencia se debe aprovechar cada gota de agua. Para ello, un embalse es una gran herramienta pero será mucho más eficiente si este reservorio está impermeabilizado. Los informes de precipitaciones para este 2012, realizados por la Dirección Meteorológica de Chile, son lapidarios: en La Serena ha llovido un 69 % menos que en un año normal; en Valparaíso, un 17 %; en Santiago, -46 %; en las regiones del Maule y del Bío Bío, entre el 28 % y 38 % menos. En la zona centro norte la situación es crítica. “Acá lo normal es la sequía”, dice Gregorio Correa, presidente de la asociación de agricultores Agropetorca en la Provincia de Petorca, Quinta Región, una de las principales productoras de palta y cítricos de Chile. “Hace cinco años que no corre ninguno de nuestros dos ríos, el Ligua y el Petorca”, sentencia. Los canales prácticamente permanecen secos o traen muy poca agua. El Alicahue, por ejemplo, acarrea el menor volumen de los últimos treinta años, a decir de los lugareños. Si en julio de 2011 llevaba 400 litros por segundo (l/s), este invierno apenas alcanzó los 200. Y las aguas subterráneas han bajado de manera importante. Quienes disponían de 70 l/s, ahora acceden a 15 ó 20 lt/s, con pozos cuyas profundidades se han triplicado en la última década. Si bien la pluviometría esta temporada ha sido un 10 % superior a la del año pasado (129 mm en agosto 2012 frente a 114 la temporada anterior, según la red Agroclima), esto es apenas un detalle, pues el déficit de lluvias que se arrastra llega a un 50 %. Es ante esta escasez que la construcción y revestimiento de tranques se hace fundamental. De lo contrario, cuenta Valentín Saldías, gerente comercial de la comercializadora Discentro, las pérdidas pueden ser grandes. Un agricultor de la zona, relata, perdió un millón de kilos de palta la temporada pasada, sólo por no tener capacidad de almacenamiento suficiente para regar. Si se proyecta una ganancia de US$ 1 por kilo, entonces dejó de ganar US$ 1 millón. Y, de igual forma, tuvo que construir los tranques posteriormente, por un costo aproximado de US$ 300 mil. UN RESERVORIO 100 % HERMÉTICO Con los tranques, el objetivo es que los agricultores se acerquen al 80 % de seguridad hídrica, que le da viabilidad comercial a la producción. “El hecho de construir un tranque puede llevar a aumentar la productividad, porque se puede administrar mejor el recurso”, dice Gabriel Sellés, ingeniero agrónomo de Inia La Platina. Si bien un tranque no genera más agua, permite aprovecharla mejor, almacenándola para usarla en otro momento. Se pueden utilizar como acumuladores nocturnos –para así tener mayor caudal de día-, de fin de semana o de temporada. Los tranques pueden recolectar las aguas de invierno, superficiales o de pozos, para utilizar el excedente en verano, el periodo en que se necesita más frecuencia de riego. Y es que, como explica Gregorio Correa, “ésta es la etapa del crecimiento de la fruta, la que va a determinar si se puede o no exportar. Entre menos riego, menos calibre”. A su vez, para aquellos regantes con canales donde se tienen turnos de riego, estos reservorios ayudan a estabilizar el riego ante cambios de frecuencia en la recepción de agua (momentos de abundancia y escasez). Sirven también para acumular en altura el agua proveniente de varios pozos para así regar con menores requerimientos de energía. Y es que, en el caso del riego localizado, la cantidad disponible es vital para regular su uso y obtener una presión adecuada en el sistema. Pero solo construir un tranque no es garantía de éxito pues las filtraciones pueden hacer que el agua desaparezca muy rápido. Se comenta sobre un agricultor de la zona de Petorca que vio desaparecer cerca de 150 mil metros cúbicos de agua en tres o cuatro semanas, por no impermeabilizar su estanque. La idea es contar con un reservorio 100% hermético, que pierde agua sólo por evaporación (lo que disminuye en hasta un 30 % con el uso de mallas sombreadoras). MATERIALES PARA REVESTIMIENTO Los materiales que se utilizan son principalmente termoplásticos tales como polietilenos de alta y baja densidad, geomembranas de PVC y polipropileno. Todas tienen características (resistencia a los rayos UV, por ejemplo), costos y formatos diferentes. Y es que tanto la construcción como impermeabilización de tranques son “trajes a la medida”. “En el caso de las membranas de alta densidad –explica Valentín Saldías-, hay rollos de 7 m por 310 m de largo, que dan aproximadamente 2.200 metros cuadrados. El PVC, en cambio, tiene rollos de 3 m de ancho por 30 de largo. Por lo tanto, en grandes superficies, genera muchos cordones de soldadura. Y con más soldaduras hay más riesgo de infiltración”. Lo que se utiliza más, especialmente en tranques con volúmenes cercanos a los 50.000 m3, son las geomembranas de alta y baja densidad. Ofrecen, respectivamente, mayor capacidad de resistencia y adaptación a las irregularidades del terreno. Hay en espesores de 0,5 mm; 0,75 mm; 1mm; 1,25 y hasta 2,5 mm. “No se degradan con los ácidos ni con los rayos UV. Pueden permanecer durante 25 ó 30 años sin problemas, aunque las garantías de fábrica es de 15 años”, dice Saldías. A su vez, las alternativas de PVC y polipropileno son membranas más dúctiles y con mejor capacidad de amoldamiento a estructuras rígidas y de formas irregulares. Por ello, son mejores para pequeños estanques en hormigón o australianos. Hay de 0,5; 0,8; 1; 1,2 mm. Los expertos recomiendan acompañar la instalación de los diversos tipos de membranas impermeables con aquellas geotextiles. Estos, que también tienen diversos gramajes, se utilizan entre el suelo y la geomembrana. Cumplen con diversas funciones: estabilizar la superficie redistribuyendo las cargas; al dilatarse y contraerse, producen una protección mecánica contra el roce con el suelo; protegen contra piedras o cantos que puedan producir fisuras o grietas. CONSEJOS DE LLENADO Y MANTENIMIENTO El periodo ideal para llevar a cabo
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