Nombre del autor:Redagrícola

Fitopatólogo Blancaluz Pinilla: MANEJOS FITOPATOLÓGICOS DE INVIERNO EN FRUTALES

Según la fitopatólogo Blancaluz Pinilla, los tratamientos de invierno cumplen la función principal de limpiar el huerto. “En carozos realizamos aplicaciones de cobre, desde caída de hojas, para controlar cáncer bacterial, una de las principales enfermedades de los carozos en Chile. Hacemos aplicaciones seriadas para limpiar el huerto de bacterias, las que son el agente causal de la enfermedad. Esta bacteria vive en el huerto, es decir los cerezos y duraznos son su casa. La bacteria entra por heridas y los principales puntos de entrada en otoño son las heridas que dejan las hojas al caer”. EL PLATEADO: UN HONGO DE LA MADERA QUE AFECTA A TODOS LOS FRUTALES Pero además de las heridas por caída de hojas, dado que en invierno se lleva a cabo la poda de producción, también es importante proteger las heridas que provoca esta práctica. “Cada corte de poda es una herida que generalmente coincide con condiciones ambientales de alta humedad, por lo que se debe proteger los cortes cubriéndolos completamente para evitar una enfermedad que afecta a casi todas las especies frutales. Esta enfermedad es el plateado”. Explica la fitopatólogo que el hongo que provoca el plateado es un Bacidiomycetes, Chondosterium purpureum, un hongo que se alimenta de la madera. Los síntomas se aprecian en primavera y corresponden a hojas de color gris metálico. El color de las hojas se relaciona con las toxinas que produce el hongo al alimentarse de la madera. Razón por la que se debe proteger la madera expuesta en las podas. “En Chile tenemos, dice Pinilla, lo que se llama ‘el paisaje costumbrista chileno’. Lo que significa que todos nuestros huertos frutales, especialmente los de las regiones de O‘Higgins, Metropolitana y de Valparaíso, están rodeados por sauces, álamos y eucaliptus. El hongo del Plateado forma cuerpos frutales, una ‘callampitas’ muy poco llamativas en la madera muerta de estos huéspedes intermediarios. También se pueden formar en cercos y tablones, cualquier forma de madera muerta”. Señala la especialista que en condiciones de alta humedad ambiental esos cuerpos frutales se hinchan y todos los días lanzan miles de esporas, las que vuelan largas distancias. “Lo que coincide con la poda de los huertos por lo que algunas caen en los cortes desprotegidos. Es por esto que los cortes de poda de invierno tienen que recibir una buena protección. Lo que significa utilizar la pintura adecuada y cubrir el corte completamente. La pintura actúa como barrera física y química a la entrada del hongo. Física porque es como ponerle un parche curita al corte y química por la acción el ingrediente activo que impide que la espora germine y penetre. Ese es un tratamiento de invierno que los productores no se pueden saltar”. MANEJOS CULTURALES DE INVIERNO “El control de las enfermedades en general, en cualquier huerto frutal, comienza por la limpieza mecánica”, enfatiza Pinilla. Esto es, se debe eliminar toda la fruta que no se cosechó y la fruta que quedó en el suelo, ya que es la principal fuente de inoculo de varios hongos importantes. Por ejemplo, el de la botritis (Botrytis cinerea) y los del complejo de la pudrición ácida en uva de mesa y de vino. “Así mismo en manzanas y peras, cuando quedan colgadas o en el suelo del huerto. En estas especies botritis se conoce como pudrición calicinal, la que no se expresa en el huerto si no que afecta en poscosecha”, explica. Según la experta, en Chile -por el tipo  de clima- la descomposición de la materia orgánica es muy lenta, por lo que la fruta en el suelo permanece sin descomponerse completamente hasta que brota nuevamente el huerto. Frutos que va a estar llenos de hongos. Entonces, “para que funcione un programa fitosanitario es importante limpiar mecánicamente el huerto. En el caso de la vid es muy importante incorporar al suelo los sarmientos porque allí permanece botritis. Una vez que se ha limpiado y se ha retirado el máximo posible. Se comienza con los tratamientos de invierno”, explica Pinilla. CÓMO LLEGAR LIMPIOS A YEMA HINCHADA Los tratamientos de invierno, aquellos que se hacen en pleno receso vegetativo, se llevan a cabo para complementar la limpieza. Con este propósito, “son principalmente dos los productos que recomendamos en la actualidad, polisulfuro de calcio y caldo bordelés. El polisulfuro de calcio generalmente se aplica en pleno receso pero, dependiendo de la concentración y de la calidad del producto, la aplicación se puede acercar a la yema o incluso se puede aplicar con follaje y hasta con fruta”, de acuerdo a la especialista. El caldo bordelés es una mezcla de sulfato de cobre y cal. La cal actúa como mordiente en la madera de tal forma que el producto se lava menos y escurre menos con alta humedad o lluvia. Dependiendo de la situación del huerto Pinilla recomienda uno de estos productos o los dos alternados. Si bien estos dos fungicidas son los más antiguos que existen, reconoce la especialista, asegura que se ha reflotado su uso por la importancia que se está otorgando a limpiar el inóculo de los huertos. “Casi todos los hongos comienzan de un inóculo primario que generalmente ya está en los huertos. Un huerto es un monocultivo que puede durar 25 años y el hongo no se va a ir”. Según la fitopatólogo, ‘yema hinchada’ es el resultado de todo lo anterior. “Si la yema hinchada brota limpia, todo lo que se haga posteriormente en términos del programa de aplicación de fungicidas, desde flor hasta cosecha, va a funcionar. Esto es así porque los fungicidas tienen un techo. Cuando un huerto está muy sucio o cuando un parrón está con exceso de inóculo, no existe el programa que funcione a cabalidad”, enfatiza Blancaluz Pinilla. manejos_fitopatologicos_de_invierno.pdf

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Productores hacen 15 aplicaciones por temporada contra la bacteria

Las alrededor de 1.000 ha de nogales de la provincia del Biobío enfrentan su más difícil escollo en la enfermedad conocida como peste negra, cuyo agente causal es la bacteria Xanthomonas arboricola pv. juglandis. Así lo estimó Pedro Arias, socio de Bionuts Ltda. e integrante, a través de dicha empresa, de Nabío Ltda. sociedad comercial. Esta última participa en convenios de investigación con la Universidad de Concepción para evaluar productos fitosanitarios y con el laboratorio NC Biotec para el desarrollo de control biológico y químico.

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Hoy en el mercado chileno: “LOS BIOPESTICIDAS ESTÁN DISPONIBLES, ESTÁN PROBADOS Y NO SON MÁS CAROS”

La empresa Bio Insumos Nativa ha logrado que varios de sus bioplaguicidas sean incorporados en los programas fitosanitarios convencionales, tanto de fruta para exportación como de productos para mercado interno. Los socios y gerentes de esta empresa especializada en biocontrol Eduardo Donoso y Paulo Escobar, hacen un balance del desarrollo y del futuro de los biopesticidas en Chile y el mundo. Los biopesticidas son herramientas de control fitosanitario de baja toxicidad y de gran utilidad en el Manejo Integrado de Plagas. Los insumos biológicos en general, y particularmente los biopesticidas, se han ganado un espacio cada vez más importante en la agricultura convencional debido a tres circunstancias fundamentales. En situaciones en que el manejo químico no muestra eficacia en el control de una enfermedad (como es el caso del cancro bacterial en tomates), cuando se quiere evitar incrementar el número de residuos para cumplir con la cada vez mayores exigencias de mercado o cuando se busca no generar resistencia a los químicos en poblaciones de patógenos o insectos plaga. Ejemplos de biopesticidas son productos en base a Bacillus subtilis, Bacillus licheniformis y Brevibacillus brevis, cepas de bacterias que actúan contra las bacterias fitopatógenas por competencia, antibiosis o depredación. Son utilizadas, por ejemplo, contra cáncer bacterial en carozos y cancro bacterial en tomate, entre otras varias enfermedades. Del lado de los insecticidas un ejemplo son los productos en base a Bacillus thurigiensis, con los que se controla polillas en estado larval. “Ya pasó el tiempo en que se aplicaban productos biológicos solo por el hecho de que son verdes. Hoy se aplican porque hacen ‘la pega’, ya que si no funcionan da lo mismo que tengan todas las certificaciones”, explica Eduardo Donoso. “La tasa esperada de crecimiento mundial de los biopesticidas para los próximos 20 años el del 16% anual. Casi el doble del crecimiento de los productos químicos. Eso indica que el negocio del biocontrol en los próximos años va a crecer mucho. A nivel local, en tanto, las tasas de crecimiento esperadas son del orden del 18%”, afirma Paulo Escobar. “En el mercado de los biopesticidas a nivel global, continua Escobar, hoy se venden dos billones de dólares. Entonces, a tasas de crecimiento del 16% para los próximos 20 años, este mercado va a representar mucho dinero”.  GRANDES EMPRESAS DONDE ANTES HABÍA SOLO PEQUEÑAS -¿Cómo ha cambiado en la práctica el mercado de los biopesticidas en Chile? Eduardo Donoso: -Cuando partimos hace algunos años teníamos 12 a 15 competidores que eran puras empresas chicas. Ahora tenemos 12-15 competidores pero todas son empresas grandes. Este mercado ya cambió y los estándares de calidad al mismo tiempo subieron, el biocontrol ya dejó de ser una tecnología alternativa. Por ejemplo, Bayer CropScience hoy se gasta un 30% de su presupuesto de desarrollo solo en los productos biológicos. -Al principio se decía que un problema grave para la consolidación del biocontrol era que cuando un producto cualquiera no mostraba efectividad, los agricultores concluían que el biocontrol -en general- no funciona. ED -Eso cambió. En la actualidad los agricultores ya diferencian entre productos, incluso diferencian -por ejemplo- entre tricodermas de distintas marcas. Hoy este es un ámbito mucho más maduro, en que los productores preguntan sobre qué actividad biológica presenta cada producto. PB: -Las exportadoras incluso encargan estudios de eficacia a laboratorios en los que se compara un producto basado en tricoderma con otros equivalentes del mercado. Después, en base a esa información, eligen o sugieren cuál aplicar.  CÓMO FUNCIONAN LOS SISTEMAS DE REGISTRO -Algunos actores de la industria del biocontrol se quejan de que las barreras para entrar con un producto al mercado chileno son tan altas como cuando se trata de un agroquímico tóxico que es registrado por una transnacional. ¿En países desarrollados el registro es más rápido o menos costoso? ED: -Depende de dónde. En Europa es súper complejo en tanto que EEUU es muy fácil. Pero al final corresponde a una barrera de entrada que es muy necesaria ya que son elementos que se liberan al ambiente y se debe tener algún nivel de control. Sin embargo, algo importante a considerar es que en el mismo período en que Europa registró 10 nuevos productos en EEUU se registraron más de 100. En Chile recién se está trabajando en una legislación especial para bioproductos. Hay varios países, en tanto, que han avanzado en esta diferenciación, ya que lo que se le pide a un producto químico y a un producto biológico es diferente. Por ejemplo, Costa Rica, cuenta con una ley especial para el registro de bioproductos y Ecuador también está avanzando en esa dirección. Acá en Chile el Estado debiera avanzar en esa dirección. -¿Cuántos productos biológicos hay registrados hoy en Chile?     PE: -En la actualidad debe haber registro para cerca de 15-16 productos biopesticidas. Esto es, sin contar extractos vegetales, enemigos naturales, etc. -En Europa el Manejo Integrado de Plagas es obligatorio desde el 1º de enero de 2014, ¿Con esto se eliminaron más productos químicos del mercado europeo? ED: -Salieron casi todos los de etiqueta roja. Sin embargo, en Europa las principales exigencias vienen de los supermercados, o sea, son mayores las exigencias del retail que la de los estados o de la UE. Las medidas de cada estado o de la Unión, en el caso de Europa, deben tener un respaldo científico. Es decir, se requiere de un estudio que demuestre que se puede prohibir y las consecuencias que tendrá prescindir de algún ingrediente activo. En tanto que un supermercado simplemente decide que acepta máximo 3 residuos en la fruta de sus proveedores y no requiere de ningún respaldo. PE: -Lo más complejo está en las exigencias de los supermercados y es donde se está complicando el uso de ingredientes sistémicos, ya que estos suman residuos. En ocasiones el número de residuos es más importante que la cantidad de residuos. Es así que un nematicida sistémico, más un producto sistémico contra chanchito blanco y uno contra oídio y ya se tienen 3 residuos. Uno

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Lo complejo del desarrollo de un bioplaguicida

Desde hace años que la Unión Europea está preocupada por el control de las plagas agrícolas. Y el pasado 1 de enero entró en vigor el nuevo reglamento de uso sostenible, que obliga a todos los agricultores de la UE a aplicar medidas de manejo integrado en sus campos. Bajo este nuevo escenario, se organizó en Barcelona el Smart Fruit Congress, un evento sobre los avances en esta materia en España y en otros países del planeta. Una de los aspectos que se discutió fue el desarrollo de bioplaguicidas, productos que se han ganado un espacio en los campos de diferentes zonas productoras del mundo.  Por Rodrigo Pizarro Yáñez, desde Barcelona  A un ritmo lento. Así se mueven en Europa los bioplaguicidas desde que hace unos 15 años apareciese en el mercado el primer producto de este tipo. Hoy la lista incluye unos 40, es decir, todos los años se registran al menos tres nuevos productos, que representan cerca del 10% de todos aquellos productos aprobados por la Unión Europea para el control de plagas agrícolas. “Falta investigación y corremos el riesgo de quedarnos cortos”, afirma Emilio Montesinos, catedrático de la Universidad de Girona e inventor  de 5 patentes sobre bioplaguicidas microbianos y péptidos antimicrobianos.  Los bioplaguicidas se dividen en dos grupos: el primero de ellos lo forman aquellos elaborados en base a un micro organismo, que tienen actividad fungicida, bactericida, insecticida o nematicida, por ejemplo, Bacillus amyloliquefaciens. El segundo grupo lo componen aquellos bioplaguicidas de origen no microbiano, donde encajan los extractos naturales. Este segundo grupo se puede dividir en botánicos (minarina, aceites esenciales o quitosanos), productos derivados de fermentaciones microbianas, productos hechos por microorganismos que generan determinadas materias activas, productos de tipo biotecnológico (larpinas, elicitores que se producen a través de fermentaciones de tipo biotecnológico o péptidos microbianos). La ventaja que tienen los bioplaguicidas del tipo microbiano es que generalmente sus medios de acción son bastante novedosos, sobre todo si se les compara con los productos de síntesis. “El principal problema que se presenta a la hora de desarrollar un bioplaguicida es que debemos ir de la planta al producto”, subraya Montesinos. “Es decir, vamos tras esos microorganismos, que posteriormente debemos convertir en una colección de aislados, y hay que probar producirlos industrialmente y fermentarlos para desarrollar un producto apto para ser comercializado”, agrega.  La primera fase está muy avanzada debido a los métodos de biología molecular y a las herramientas de genómica, gracias a la cual hay mucha información de cómo se pueden obtener de la naturaleza esos microorganismos útiles. “Hoy en día lo que hacemos es desarrollar técnicas de pesca selectiva, y mediante la genómica y la meta genómica podemos conocer los genes de esos microorganismos beneficiosos. A través de los mecanismos de acción, podemos desarrollar técnicas de PCR, que nos permitan hacer un screening en el laboratorio, y seleccionar aquellas que dan señal, para poder aislar microorganismos sólo cuando están presentes en esa muestra”, explica el experto.  Posteriormente se realiza una nueva criba de esos microorganismos empleando las mismas técnicas. “Así, tenemos una colección de cepas enriquecidas, de diferentes metabolitos que sabemos que tienen actividad. El ejemplo clásico más paradigmático es el de Bacilus turigiensis, que podemos prospectar muestras de colonia y hacernos de hasta miles de cepas, que después se pueden probar y evaluar”, explica el especialista.  Acortando los tiempos De esta forma, este sistema, basado en los conocimientos genómicos, ha permitido acortar los tiempos en un trabajo que antes podía tener una duración de tres años. Hoy seis meses o en un año es posible tener una colección completa de cepas, algo en lo que la industria fitosanitaria de productos biológicos está interesada. Aunque llegar al campo no es una cuestión sencilla, y se debe pasar por  una serie de fases muy parecidas a aquellas que ocurren en los hospitales con los fármacos. Una es la fase in vitro, donde se ven las potencialidades de ese microorganismo en el control del patógeno. “Podemos ver señales de defensas del que podría ser un elicitor. Normalmente, desde la primera fase se podría pasar a la fase tres, pero es muy arriesgado porque tenemos bastantes candidatos que probar, por lo cual la fase de campo la intermediamos con una fase llamada ex vivo, donde también podemos trabajar en laboratorio con órganos separados de la planta”, explica Montesinos. El tipo de ensayos que se realizan es bastante interesante para la industria, en el sentido de que se pueden cribar muchos productos en esta etapa, reduciéndose el número de candidatos para la fase final, acortándose además los tiempos y costes de ejecución en el desarrollo.  Lo más complicado, del laboratorio al campo Un desafío es el que se presenta cuando se debe pasar del laboratorio al campo. “Hay que fabricar el producto y eso se realiza a través de una fermentación líquida y sólida, pensando en que hay que almacenar el producto por un periodo de tiempo deseable de un año”, precisa el experto de la Universidad de Girona. Sin embargo, cuando se aplique en el campo sufrirá un estrés considerable, porque se trata de organismos vivos que están acostumbrados a unas condiciones muy ricas, pero cuando se almacenan están en un estado de dormancia y, de golpe se les envía al campo y se les pone encima de las plantas. Muchos de ellos fracasan porque en su fabricación no se ha previsto esta problemática. “Las metodologías que disponemos no se han desarrollado específicamente para los bioplaguicidas microbianos, sino que provienen de la industria alimentaria y consisten en periodos de fermentación, es decir, vamos de la placa de Petri a un fermentador de hasta 10.000 litros”, explica Montesinos.  Hay que separar las células de los metabolitos producidos, porque a veces  interesan unos u otros o incluso una mezcla de ambos. Sea lo que sea, este producto hay que procesarlo después y para lograrlo se prefieren sistemas de secado porque la liofilización es muy costosa. Es un proceso más barato, pero tiene el problema de que mata parte

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Proyecto europeo TOPPS Prowadis: CÓMO EVITAR DERIVA Y ESCORRENTÍA

El principal foco de atención del proyecto TOPPS Prowadis (Protection Water from Diffuse Sources) es el riesgo de contaminación de las aguas a través de dos fuentes de contaminación difusa: deriva y escorrentía. Los especialistas que intervienen en esta iniciativa trabajan en el desarrollo de herramientas que ayuden a la toma de decisiones, además de dar consejos prácticos para reducir estos importantes problemas. Por Rodrigo Pizarro Yáñez, desde Barcelona A través del proyecto europeo TOPPS Prowadis, investigadores de siete países  (Bélgica, Alemania, Dinamarca, España, Portugal, Francia e Italia) estudian las dos principales fuentes difusas de contaminación cuando se está aplicando un agroquímico: la deriva y la escorrentía. El objetivo de este proyecto no es otro que demostrar que con unas buenas prácticas fitosanitarias, sumado a una correcta formación, se puede conseguir mejoras considerables en la disminución de las fuentes de contaminación difusa. En España, las dos universidades responsables del proyecto TOPPS Prowadis son la Politécnica de Cataluña, que se encarga de la deriva y los investigadores de la Universidad de Córdoba son quienes estudian la escorrentía. Este proyecto tiene su antecesor, donde se estudiaron las fuentes puntuales de contaminación, es decir, cómo organizar y gestionar el almacenamiento de productos, cómo realizar las mezclas, cómo lavar las máquinas, qué hacer con el agua de lavado… “El mismo riesgo de contaminación tiene un agricultor cuando está realizando una mezcla en diferentes zonas productoras, pero cuando se realiza la aplicación del producto, intervienen una serie de factores medioambientales, que provocan que esa aplicación no sea la misma en campos del Valle del Ebro, en España, donde sopla un fuerte viento ni en campos planos de Holanda”, explica Emilio Gil, profesor del Departamento de Ingeniería Agroalimentaria y Biotecnología de la Universidad Politécnica de Cataluña. Gil es el responsable del proyecto TOPPS Prowadis en España, y el primer trabajo que realizaron fue una encuesta a más de 2.000 agricultores para conocer su opinión sobre las principales necesidades para mitigar de buena forma la contaminación. Ahí se dieron cuenta de que los agricultores prefirieron la formación a la reglamentación, y que los incentivos estaban por encima de las penalizaciones. Fue  así como se inició un proyecto que está 100% financiado por la European Crop Protection Association (ECPA), y que hoy tiene elaborada una guía de buenas prácticas fitosanitarias, traducida a todos los idiomas oficiales de la UE, la que recoge más de 100 recomendaciones sobre qué hacer y cómo hacer para mejorar esas buenas prácticas. Con el fin de facilitar la incorporación de estas recomendaciones en las labores de los agricultores la guía se ha dividido en tres categorías: general, barras y atomizadores; y los investigadores han privilegiado el manejo, entregando datos útiles al agricultor, que le permitan reducir el riesgo de contaminación. “La guía contempla desde recomendaciones simples y básicas hasta aquellas más específicas”, precisa Gil. Algunas de las más simples son el calibrado, el cambio de boquillas o el uso de boquillas de inyección de aire; y entre las más específicas está la utilización de sistemas de ultrasonido para detectar vegetación o el uso de GPS. “Con esta guía le decimos al agricultor qué debe hacer, pero también cómo debe hacerlo, y cómo afectan las condiciones ambientales a la hora de hacer buenas prácticas fitosanitarias”, añade el especialista. A los agricultores les falta formación. Cuando a un agricultor se le enseña a usar un disco de calibración, hay que ponerlo delante de la máquina para que pueda medir el caudal de la boquilla y ajustar la presión correctamente. Es algo que el agricultor entiende y lo hace bien, pero para que eso ocurra hay que contárselo previamente. Pero como en este tipo de cuestiones no basta leer una guía para realizar un buen trabajo, el equipo que lidera Gil implementó jornadas teórico-prácticas en todo el país, demostrando en campo todas las recomendaciones que aparecen en la guía, mientras que otros equipos de investigación realizaron lo mismo en sus respectivos países. Así, por ejemplo, se mostraba cómo el ajuste de parámetros fundamentales como la altura de las barras y la velocidad de avance permiten mejorar la calidad de las aplicaciones y reducir el riesgo de contaminación. Además, en el caso de los atomizadores, los expertos han mostrado a los agricultores la utilidad de las boquillas de inyección de aire, demostrando su capacidad para un efectivo control de las plagas. LO FUNDAMENTAL ES LA CANTIDAD Y CALIDAD DEL AIRE Los especialistas han enfocado su trabajo en frutales y viñedos. “Lo fundamental es controlar la cantidad y calidad del aire. Por lo tanto, en el caso de los atomizadores, la gestión del aire del ventilador, utilizando correctamente las prestaciones de cada uno de los equipos, nos permite controlar la cantidad de aire del ventilador, adecuando la cantidad de productos fitosanitarios que somos capaces de depositar en la vegetación y no en el exterior”, explica Gil. Otro trabajo demostró que con pequeños ajustes de orientación de las boquillas, tanto del lado izquierdo como del derecho se consiguió reducir esa cantidad de producto, “porque nuestro objetivo es reducir todo aquel producto que estamos perdiendo”, subraya el experto. Además, el equipo de especialistas explica a los agricultores que, de igual manera que es posible ajustar el caudal de líquido en las boquillas, se puede ajustar el caudal de aire del ventilador, “porque los equipos tienen la capacidad de modificar ese caudal de aire y hay una serie de parámetros que nos permiten gestionarlo de la forma más correcta”, explica Gil. La idea es usar todas aquellas técnicas que están disponibles, para lograr que el trabajo sea más fácil para los usuarios, evitando en todo momento los excesos de producto en la vegetación, “porque en ciertos casos hemos visto a equipos que están tratando y que perfectamente podrían estar actuando sobre un incendio en vez de un árbol frutal o un viñedo”, advierte el experto. Para conseguirlo, los investigadores realizan una primera intervención sin el operario, preguntándole a éste qué es lo que hace y cuáles son las condiciones de trabajo.

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¿Es posible hacer recarga artificial de acuíferos en Chile?

Si bien la recarga artificial de acuíferos se menciona en la modificación del Código de Aguas de 2005, la falta de una normativa específica para regular la actividad se señala como el principal escollo para su desarrollo en Chile. Otra dificultad es la existencia de extracciones ilegales. En el caso de la RM el alto costo de la tierra también es un aspecto importante y hacia el norte lo es la baja disponibilidad de agua para infiltrar. Finalmente, las necesarias exigencias sobre la calidad del agua infiltrada, la que debe ser de igual o mejor calidad que la del acuífero, por lo general obligan a realizar tratamientos que así mismo encarecen la recarga. Se ha mencionado a la recarga de acuíferos como una alternativa viable en nuestro país para reducir la diferencia que se produce, particularmente durante la temporada de riego, entre la oferta natural de agua y la demanda del recurso por parte de los diferentes sectores y actividades económicas. Esto ante la dificultad de recuperar el déficit histórico que presenta Chile en la construcción de embalses de regulación, en particular de los necesarios para asegurar el riego agrícola. En nuestro país algunas empresas y organizaciones, sin apoyo estatal, están levantando estudios e incluso desarrollan proyectos piloto para analizar la factibilidad de recargar acuíferos, de modo de infiltrar agua a un ‘embalse subterráneo’ en épocas de abundancia, para extraerla del acuífero en época de necesidad. En el ámbito del riego y de las organizaciones de regantes, conocimos el caso de la Sociedad del Canal de Maipo (SCM), la que apoyada por especialistas de la Universidad de Chile, analiza la posibilidad de infiltrar en algunas zonas de su área geográfica de influencia. Con el fin de conocer la experiencia acumulada hasta ahora por los profesionales involucrados en este proyecto, acudimos a las oficinas de la SCM a conversar con José Luis Fuentes (JLF), jefe de proyectos de la Sociedad;  junto a los académicos del departamento de Ingeniería Civil de la U. de Chile James McPhee (JMPh), especializado en hidrología; y Paulo Herrera (PH), , experto en hidráulica de aguas subterráneas. “Lo que buscamos hoy, con este experimento, es ser lo más eficientes posible en el uso del agua. Una vez que el recurso se extraiga o cuando un agricultor solicite extraer o comprar esta agua que se infiltró, no sería aceptable que regara por gravedad. La idea es que tecnifique su riego y que tenga un programa de riego con el cual logre ser tan eficiente como cuando se hizo el esfuerzo de infiltrar. El objetivo es que el agua de que disponemos en algunos momentos del año de baja demanda, no pase de largo, sino que se quede en el valle y sea utilizada para beneficio de los agricultores”, explica José Luis Fuentes. -¿Cómo nace la idea en la Sociedad del Canal de Maipo de infiltrar agua al acuífero si la organización administra agua superficial y no agua subterránea? JLF: -La asociación ha sido pionera en muchas cosas. Es la primera organización de usuarios del agua en Chile (1827), la gestora del Canal San Carlos, los primeros en hidrogeneración de pasada en canales de riego, etc. En este caso, la demanda de agua ha aumentado en nuestra zona y hay estudios que muestran que en Chile el 84% del agua se va al mar. Queremos que nuestros asociados sean mas eficientes en el uso de sus aguas y la infiltración permitiría que en períodos de baja demanda el agua permanezca en el valle. -¿Qué pasa con los servicios del estado que tienen injerencia en los recursos hídricos? JLF: -Tanto en la Comisión Nacional de Riego como en la Dirección General de Agua han manifestado la necesidad imperiosa de avanzar en esto y también existe la necesidad de los privados de partir con algo. Si bien no hay normativa, tenemos que partir, pero tratando de hacerlo lo más transparentemente posible, para evitar suspicacias. De partida no se puede inyectar agua de cualquier calidad a un acuífero. Sobre eso estamos generando experiencia y sobre la marcha esperamos que se vaya desarrollando alguna normativa de infiltración. Hoy en Chile no existen normas de infiltración. Nos tratamos de acercar a lo que existe, pero que fue pensado para otras cosas. -¿Cuáles son las principales dificultades que han encontrado? JLF: -Creo que la principal dificultad está en los aspectos normativos, porque en Chile si bien el Código de Aguas actual faculta a usuarios para hacer recarga de acuíferos, la normativa específica sobre como llevar a cabo este tipo de obras es más bien limitada. Esto es algo nuevo en Chile pero es algo antiguo en el mundo, por ejemplo en Israel, Australia, Arizona (EEUU), España, etc. Visitamos Arizona el año pasado y fuimos a España a ver cómo infiltran en Barcelona. JMPh: -Además, en pocos lugares de Chile el terreno tiene un costo tan alto como en Santiago o la RM en general. Eso ha determinado que orientemos la solución técnica a la recarga mediante pozos, lo que a su vez implica un mayor nivel de tratamiento para mejorar la calidad del agua, porque se infiltra el agua directamente al acuífero y no se utiliza el suelo como filtro (como ocurre en el caso de las lagunas de infiltración por carga hidráulica). Si estuviéramos en un escenario con grandes extensiones de terreno disponibles, el costo disminuye. Por ejemplo, al norte de la RM se pueden encontrar terrenos baratos, pero allí la limitante es la disponibilidad de agua. Tal vez Aconcagua sea una alternativa y entiendo que la DOH está explorando hacer recargas artificiales en esa cuenca. -¿En qué etapa del estudio se encuentran, por ejemplo, en qué lugares consideran posible realizar la obra? JFL: Estamos en la etapa de prefactibilidad para hacer una infraestructura de recarga. Una posibilidad es Colina Sur con agua del canal Batuco, pero también pueden ser otros canales, por ejemplo cerca de Noviciado en Pudahuel… Así mismo podría ser en la zona sur (de la RM). La posibilidad de

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“NO HAY FUTURO EN EL CONTROL DE PLAGAS SIN EL USO DE FEROMONAS”

Usadas para monitoreo y como trampeo masivo, pero las reales protagonistas son aquellas que se emplean para la confusión sexual. El uso de feromonas crece debido a tres situaciones puntuales: no afectan al medio ambiente; al contrario que los productos químicos, las plagas no crean resistencias y también debido a las dificultades de desarrollo de fitosanitarios convencionales para el control de ciertas plagas. Su único gran pero, en algunos casos, sigue siendo el precio, ya que si una feromona es muy cara los primeros en rechazarlas son los agricultores. Por Rodrigo Pizarro Yáñez, desde Barcelona Para Jaime Primo Millo, catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, la definición más sencilla de un semioquímico es “un producto químico que envía un mensaje”. Y en este grupo se pueden distinguir varios tipos: alomonas, sinomonas, kairomoas y feromonas, éstas últimas, las más usadas en campos de todo el planeta. Implicados en la comunicación entre seres vivos, en el caso de los insectos, pueden ser de gran utilidad en la lucha contra plagas, como alternativas a los insecticidas convencionales. Esta herramienta fue descubierta en 1959, cuando el científico alemán Adolf Butermandt aisló la feromona sexual del gusano de seda (Bombiyx mori) y determinó su estructura. A partir de allí, todo fue diferente. Butermandt nunca pensó que necesitaría  500.000 abdómenes de hembras para obtener 12 mg de feromona, ni tampoco que la sensibilidad de los insectos fuese tal, que bastaba una pequeña cantidad de feromona para que los insectos fueran capaces de reconocerla. El interés científico paulatinamente fue cambiando cuando se conoció su eficiencia como método de control de plagas. “Las feromonas no son moléculas grandes y deben ser relativamente volátiles y apolares para que se transmitan a través del aire. En ellas predominan los compuestos linfáticos, de cadena lineal, entre 10 y 21 carbonos, pero el 90% está en ámbitos muy restringidos, es decir, de cadenas lineales, entre 14 y 18 carbonos, que son las llamadas feromonas de lepidópteros de cadena lineal, que forman una familia, incluso de cara a los registros de aplicación”, explica Primo. Las feromonas más típicas son aquellas de cadena lineal como las de Chilo supresalis, Cydia pomonella o de Lobesia botrana; pero hay otras que no tienen nada que ver con éstas como son las de la mosca del olivo (Bactrocera oleae) o el piojo rojo de California (Aonidiella aurantii). Indispensables para el monitoreo “El uso de feromonas para el monitoreo de plagas es imprescindible hoy en día”, afirma el experto, “y se está usando en diferentes países”, agrega. Se trata de tener pequeñas trampas que simulan a una hembra, y detectar la presencia de una determinada plaga. “Esas trampas tienen carga de emisor muy pequeñas, de 1 mg, y la distribución es muy extensa, es decir, se pueden colocar entre 1 y 10 trampas/ha, y su función no es otra que detectar la población de la plaga o el nivel de ésta”, explica.  El coste de las feromonas de monitoreo no es un aspecto determinante, porque se requieren muy pocos gramos de feromona al año. Pero hay veces donde se necesita de una feromona del alta pureza, que hace elevar considerablemente los costes. “Hoy existen más de 500 ejemplos de feromonas que se aplican en monitoreo, y su impacto ambiental es nulo. Creo que es una técnica que se debería usar sin ninguna restricción administrativa”, recomienda Primo.  Mejorar los sistemas de ëatraer y matarí Sin embargo, con los métodos de ‘atraer y matar’ la situación es diferente. “El problema es que las feromonas normalmente atraen a los machos y los que atraen a las hembras no son demasiado eficaces”, afirma el especialista. “Se simula realmente la atracción de una hembra con una ligera emisión y, por ello, para conseguir la ligera atracción de una hembra, se deben usar atrayentes alimentarios, y su distribución es más amplia. Y hay olores alimentarios que necesitan de grandes cantidades por cada emisor para que puedan tener un efecto real”, continúa. Su ventaja respecto de los productos químicos es que nunca entran en contacto con el cultivo, dando seguridad al aplicador y minimizando el problema de residuos. “En general estos métodos tienen éxito, y pueden emplearse de manera integrada con otros métodos”, sostiene Primo. Pero las reales protagonistas hoy en día son las feromonas de confusión sexual. “Cuando se inunda un cultivo con una feromona de confusión sexual, el macho no es capaz de seguir la trayectoria de la verdadera feromona expedida por la hembra”, explica el especialista. Es el método más representativo de lucha con feromonas, el que tiene el mayor número de investigaciones, el que tiene el mayor número de venta y en las zonas productoras donde ha tenido éxito está muy consolidado. La principal ventaja de las feromonas de confusión sexual es su baja toxicidad, son específicas, se usan en pocas dosis, no tienen efectos sobre la fauna auxiliar, no dejan residuos sobre las frutas, son biodegradables, hay un gran volumen de conocimiento en torno a ellas y son exitosas en el control de plagas. El uso de las feromonas, según Primo, crece debido a tres situaciones puntuales: no afectan al medio ambiente, al contrario que los productos químicos, las plagas no crean resistencias y debido a las dificultades de desarrollo de fitosanitarios convencionales para el control de ciertas plagas. Sin embargo, en estos momentos la agricultura exige productos de bajo precio, y eso dificulta que haya más gasto en I+D. Hoy las patentes duran 20 años, mientras que el periodo de desarrollo de un insecticida convencional es de 8 a 10 años, por lo tanto a una empresa de agroquímicos le restan 10 años para vender el producto. “Es casi lo mismo que ocurre con la industria farmacéutica y el desarrollo de medicamentos para enfermedades raras, que es un desarrollo minoritario y no justifica los gastos necesarios para desarrollar un producto. Y es por eso que están apareciendo muchos más nuevos productos que hace años”, grafica Primo. Pero, ¿qué puede determinar el desarrollo de una feromona para confusión

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Advierte sobre parrones caseros y vides silvestres

La pasada temporada el nivel poblacional en territorio chileno de Lobesia botrana o polilla del racimo de la vid, aumentó de forma alarmante. Según las cifras levantadas, hoy afecta a cerca de 81.100 ha, las que corresponden a 2.845 predios positivos. El área bajo regulación, en tanto, es de más de 129.000 ha en las que se han instalado más de 23.000 trampas de monitoreo. Esto en vides de mesa y vinifera, a lo que ahora se añade la situación del arándano.

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La confusión sexual ha demostrado su efectividad en el control: “LA LUCHA CONTRA LOBESIA BOTRANA ES UNA LUCHA DE PRECISIÓN”

Lobesia botrana es, sin duda, la plaga más importante y extensa que ataca a la vid en diferentes zonas productoras del mundo. El experto del Servicio de Sanidad Vegetal de Cataluña, Gonçal Barrios, señala que para controlarla se debe ser muy preciso en la aplicación de productos fitosanitarios, porque de lo contrario su eficacia disminuye mucho. Redagrícola lo entrevistó debido a la detección de la plaga en el arándano, manifestando además que se podría controlar, aplicando los mismos criterios de control que se han hecho en vid. Por Rodrigo Pizarro Yáñez, desde Tarragona, España Cuando en 2008 se detectó la presencia de Lobesia botrana en Chile, uno de los primeros expertos contactados por el SAG fue Gonçal Barrios que, como funcionario del Servicio de Sanidad Vegetal de Cataluña, llevaba casi dos décadas trabajando con esta plaga que en Europa está presente hace tres siglos. Barrios se convirtió en asesor entre los años 2008 y 2009 del programa de control que se desarrolló en Chile y que, según cuenta, “funcionó bien los primeros años, y eso fue fundamental para que expertos de California llegaran a Chile a conocer lo que se había hecho para luego implantarlo allí, teniendo en cuentas las características propias de los cultivos y de la agricultura californiana”. Mientras tanto, Barrios continuaba avanzando en el programa de control que desarrollado en Cataluña, una de las zonas de España que más sufre los embates de esta plaga. Hasta hoy, la confusión sexual ha demostrado su efectividad en el control. Y sigue siendo la mejor alternativa desde el punto de vista toxicológico, para evitar los residuos en cosecha y riesgos de seguridad. “En los últimos 10 años hemos logrado consolidar la lucha con confusión sexual. Hoy existen unas 9.000 ha en Cataluña bajo esta técnica”, explica Barrios. La técnica, al menos el Cataluña, se emplea durante el primer y segundo año combinándola con un tratamiento químico, aunque hay ocasiones en que sólo basta tratar con confusión sexual. Pero no es el único avance que ha habido en los últimos años. El otro se refiere al uso de productos fitosanitarios, sustituyendo los fosforados neurotóxicos, por otros que tienen un perfil toxicológico mucho más bajo. Hoy cuentan con una lista confirmada de productos que se aplican durante el ciclo biológico de la plaga: unos son ovicidas, que se aplican justo en la eclosión de los huevos y los otros son larvicidas, que se aplican cuando la larva pueda tener un cierto tamaño. “El problema que tienen estos productos es que el momento de acción es muy concreto y la ventana de aplicación muy corta, con lo cual se requiere que en las comarcas, zonas y sub zonas, a medida que nos elevamos sobre el nivel del mar, debemos modificar esos puntos concretos de aplicación en cada una de las sub zonas. Por ejemplo, en el Camp de Tarragona tenemos cinco sub zonas, y en cada una de ellas, tenemos que dar los cuatro momentos de aplicación en cada generación. Eso significa que en poco tiempo estamos dando 20 avisos en una misma comarca”, explica Barrios. -¿Este tipo de productos se complementan con la confusión sexual? -Primero hay que definir bien la estrategia que se desea implementar. Si la estrategia es de erradicación, debemos usar todas las armas que tengamos a mano. Si la estrategia es convivir con la plaga, se puede convivir solamente con la confusión sexual, siempre y cuando se cumplan con unos requisitos mínimos para que tenga la máxima eficacia: una superficie mínima de aplicación, que todas las parcelas de esa superficie empleen la técnica, una adecuada orografía, una correcta distribución de los difusores y un buen conocimiento de la zona en cuestión para detectar aquellos lugares más problemáticos. Si se cumple cada uno de ellos, la eficacia de la confusión sexual es muy alta. -¿El momento de aplicación de los productos fitosanitarios no es el mismo en cada sub zona? -No, aquí en Cataluña no, porque el inicio de eclosión, por ejemplo, en el litoral, podría ser lunes y martes; pero en la zona mediana es miércoles y jueves y en la zona más alta podría ser viernes y sábado. Tenemos la suerte de que se ha ido consolidando la presencia de técnicos intermedios entre el agricultor y nosotros, que son los técnicos de las Agrupaciones de Defensa Vegetal (ADV), que se conforman en base a que los mismos agricultores, o bien en el seno de una cooperativa o denominación de origen. Es una estructura que en Cataluña ha funcionado muy bien y que en todo el territorio hay 94 ADV para diferentes cultivos, que cubren unas 180.000 ha.  -¿En Cataluña tienen consolidada una estrategia de control contra L. botrana? -Nosotros conocemos su comportamiento en todas las comarcas y tenemos distribuida una serie de baterías de trampas (en las zonas tempranas, medias y tardías). Esas trampas nos dicen cuándo tenemos que hacer el control de la puesta de los huevos de L. botrana, que nos indica el nivel real de la plaga, y cuándo debemos hacer los tratamientos, dependiendo del producto, ya sea ovicida o larvicida. En base a eso, hacemos unos controles de campo en cada una de estas zonas y damos los avisos para cada tratamiento en cada una de ellas. Es un trabajo largo y sólo en 2013 hicimos 144 avisos en 84 días, en todas las comarcas. Es un trabajo muy preciso porque el técnico pone, por ejemplo, el ovicida en una cooperativa determinados días y luego lo cambia por otro producto. LUCHA DE PRECISIÓN -¿Se trata entonces de una lucha de precisión? -Exacto. La lucha contra L. botrana es una lucha de precisión, porque si el productor se retrasa una semana en el tratamiento con un producto, la eficacia baja muchísimo. Si se tiene un ovicida y éste no tiene un efecto larvicida, si el agricultor se pasa en su momento de aplicación y ya han nacido las larvas, no tendrá ningún efecto sobre ellas. -¿Es el comportamiento de la plaga el que obliga a ser precisos? -Estos

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Nuevas vías para el control de enfermedades de la vid

Las enfermedades de la madera y el oídio son dos graves problemas que causan importantes daños económicos en campos de vides de prácticamente todo el mundo. En las siguientes páginas son analizados por expertos internacionales que debatieron sobre el futuro del manejo integrado de plagas en Europa, sobre todo tras la entrada en vigor de una normativa que obliga a todos los productores del viejo Continente a aplicar técnicas de MIP en sus campos.

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