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La imposición de un arancel 'antidumping' en EE UU ha alterado la planificación productiva y el comercio del tomate mexicano

Aranceles y cautela productiva condicionan la temporada del tomate mexicano

A mediados de julio, el Gobierno estadounidense aplicó un arancel antidumping del 17,09 % tras retirarse del Acuerdo de Suspensión del Tomate (TSA), siendo este un mecanismo que durante décadas había regulado el intercambio bilateral mediante precios mínimos y compromisos de exportación. La expiración del acuerdo, luego del fracaso de las negociaciones en 2025, reabrió las investigaciones antidumping y dio paso a la nueva medida.

12 de Enero 2026 Equipo Redagrícola
Aranceles y cautela productiva condicionan la temporada del tomate mexicano

La temporada del tomate mexicano avanza este año en un escenario atípico, marcado por decisiones productivas más cautelosas y una respuesta de precios que no ha seguido los patrones habituales. En regiones como Sinaloa, los productores han reducido de manera significativa la superficie plantada, con caídas estimadas de entre 18 % y 25 %, en un intento por limitar riesgos en un mercado donde la rentabilidad resulta cada vez más difícil de anticipar.

INCERTIDUMBRE Y TOMA DE DECISIONES EN EL ENTORNO ACTUAL

A diferencia de lo observado en temporadas anteriores, el comportamiento de los precios no ha acompañado estos ajustes productivos. En un período en el que habitualmente el mercado suele mostrar señales de fortalecimiento, cuando la oferta estacional disminuye y los volúmenes de invierno aún no alcanzan su punto máximo, este año la expectativa no ha sido alcanzada. Además, la presión adicional derivada del nuevo escenario comercial ha alterado esa dinámica, generando un entorno menos predecible tanto para productores como para compradores.

Detrás de este escenario se encuentra el cambio en la política comercial entre México y Estados Unidos, el principal destino de los tomates frescos mexicanos. A mediados de julio, el Gobierno estadounidense aplicó un arancel antidumping del 17,09 % tras retirarse del Acuerdo de Suspensión del Tomate (TSA), siendo este un mecanismo que durante décadas había regulado el intercambio bilateral mediante precios mínimos y compromisos de exportación. La disolución del acuerdo, luego del fracaso de las negociaciones en 2025, reabrió las investigaciones antidumping y dio paso a la nueva medida.

IMPLICACIONES DEL NUEVO ARANCEL

Desde Washington, la decisión ha sido presentada como una herramienta para restablecer condiciones de competencia en el mercado interno. Productores estadounidenses, particularmente en Florida, han argumentado durante años que el crecimiento de las importaciones mexicanas, que hoy abastecen entre el 70 % y el 90 % del mercado estadounidense de tomate fresco, ha desplazado a la producción local. Bajo esa lógica, el arancel buscaría reducir la brecha de precios entre el tomate importado y el doméstico.

Sin embargo, esta incertidumbre no se limita a la etapa productiva. A lo largo de la cadena comercial, distintos actores han advertido que los mayores costos asociados al arancel podrían trasladarse progresivamente al mercado, lo que afectaría precios y disponibilidad. En particular, existe preocupación por el abastecimiento de variedades de alta rotación cuya oferta depende en gran medida de México, lo que podría incidir tanto en los hábitos de consumo como en la diversidad del producto disponible.

Frente a este escenario, las autoridades mexicanas y las organizaciones de productores han optado por ajustar sus estrategias, implementando mecanismos de precios mínimos de exportación con el objetivo de reducir distorsiones y sostener los flujos comerciales. Sin embargo, la combinación de mayores costos, márgenes más ajustados y reglas menos estables ya se refleja en una planificación más cautelosa.

Así, el mercado del tomate ingresa a la temporada de invierno con un equilibrio frágil, marcado por una menor superficie cultivada, precios que no reaccionan como en años anteriores y un marco arancelario que introduce volatilidad adicional. En este contexto, los actores del sector siguen de cerca la evolución de la demanda y los volúmenes disponibles, atentos a si los patrones estacionales logran recomponerse hacia el final del invierno o si la actual incertidumbre se extiende al próximo ciclo productivo.

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