BASSICORE SC: Eficacia microbiológica prolongada contra los ácaros
Un ensayo realizado por profesionales de Talanú Biotec en cultivo de rosas en Bogotá, mostró que el biocontrolador, a base de Beauveria bassiana, BASSICORE SC redujo en más de 89% la población de Tetranychus urticae frente al testigo, mientras que su mezcla con abamectina aportó un efecto de choque más rápido.
Pocas plagas ponen tanto a prueba un programa fitosanitario en rosa como el ácaro rojo (Tetranychus urticae). En la Sabana de Bogotá, la producción bajo invernadero ha convertido a la rosa en uno de los principales cultivos de la floricultura colombiana. Sin embargo, las mismas condiciones que permiten obtener flores de calidad favorecen también el rápido establecimiento de esta plaga.
EL DAÑO COMIENZA EN EL FOLLAJE
Al alimentarse, el ácaro provoca clorosis reduciendo la capacidad fotosintética de la planta; en una flor de corte, donde el follaje es parte del producto que llega al mercado, eso se traduce en tallos de menor valor comercial. A ello se suma la acelerada capacidad de reproducción de la plaga: una población que parece controlada puede repuntar en pocos días.
Frente a esta problemática, el manejo no necesariamente responde a una única fórmula. Existen herramientas con diferentes mecanismos y comportamientos, que pueden utilizarse de acuerdo con el objetivo que se busque en cada momento del cultivo: desde mantener las poblaciones bajo control de manera sostenida hasta generar una reducción rápida cuando la presión de la plaga requiere una respuesta inmediata.

UNA HERRAMIENTA PARA DISTINTOS OBJETIVOS
Esta diferencia fue observada en una evaluación realizada con BASSICORE SC, una formulación en base a Beauveria bassiana, tanto de manera individual como en combinación con ACAROTAL EC. El estudio permitió observar no solo la capacidad de ambas estrategias para reducir las poblaciones de T. urticae, sino también diferencias importantes en la velocidad y estabilidad de la respuesta.
Los resultados mostraron una reducción marcada de la población en ambas estrategias. Al finalizar la evaluación, BASSICORE SC presentó un promedio de 2,85 ácaros, mientras que la combinación BASSICORE SC + ACAROTAL EC registró 3,75. En contraste, el testigo alcanzó 25,93 ácaros. En términos poblacionales, el tratamiento con BASSICORE SC logró una reducción superior al 89% respecto al testigo.
Sin embargo, mirar únicamente el resultado final dejaría fuera una parte importante de los resultados. La dinámica poblacional mostró que ambos tratamientos se comportaron de manera diferente a lo largo del tiempo.
Resultados de las aplicaciones de los 10 días:



ESTABILIDAD VERSUS VELOCIDAD
BASSICORE SC presentó una respuesta más progresiva y estable. La población se mantuvo en niveles bajos durante el periodo de evaluación, evidenciando una persistencia asociada al establecimiento del agente biológico. Esta característica resulta especialmente interesante cuando el objetivo es mantener la presión de la plaga controlada y construir una respuesta que se sostenga en el tiempo.
Por su parte, la combinación de BASSICORE SC con ACAROTAL EC mostró un comportamiento diferente: produjo una reducción rápida durante las primeras evaluaciones, con un mayor efecto inicial de choque. Posteriormente, se observó un incremento de la población, comportamiento asociado en el estudio con la disminución del efecto residual del acaricida y un menor establecimiento del hongo.
Esta diferencia permite entender que una herramienta no necesariamente reemplaza a la otra. En un programa de manejo integrado, el valor está también en reconocer qué respuesta se necesita en cada situación. Una estrategia basada en BASSICORE SC puede orientarse hacia un control más estable y sostenido, mientras que la combinación con ACAROTAL EC puede ser considerada cuando se requiere una acción más rápida para reducir una población que ha alcanzado niveles que demandan una intervención inmediata.
EL MONITOREO, PUNTO DE PARTIDA
En este sentido, el monitoreo vuelve a ocupar un papel central. La decisión sobre qué herramienta utilizar no debería partir únicamente de la presencia del ácaro, sino de la evolución de su población, las condiciones del cultivo y el objetivo de manejo establecido para ese momento.
Más que elegir una herramienta de manera aislada, el reto está en leer lo que ocurre en el campo y responder en función a ello. Un programa de manejo integrado parte del monitoreo, interpreta la presión de la plaga y permite decidir cuándo se necesita una respuesta sostenida y cuándo una acción de choque. Así, las distintas herramientas dejan de competir entre sí y pasan a formar parte de una estrategia construida de acuerdo con las necesidades reales del cultivo.
Información de contacto:
William Ospina
Jefe de Desarrollo y Posicionamiento
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