José Antonio Yuri, Daniela Simeone, Loreto Arenas y Mauricio Fuentes. Centro de Pomáceas, Universidad de Talca. El análisis mineralógico de manzanas tiene sus orígenes en Inglaterra en la década de los 60. En Chile, esta práctica, fuertemente impulsada por el Centro de Pomáceas desde hace más de 20 años, está siendo utilizada por numerosos productores y exportadores para la formulación de programas nutricionales y la toma de decisiones en el manejo y comercialización de las manzanas. En la actualidad contamos con indicadores muy afinados de cada uno de los elementos minerales y las relaciones entre ellos, lo que nos permite estimar la calidad y condición de la fruta y su potencial de guarda. Frente al explosivo crecimiento del cultivo del cerezo en Chile (cerca de 50.000 hectáreas) y su enorme volumen exportado (350.000 toneladas), cuyo destino principal es la distante China, no se cuenta con suficientes conocimientos sobre la nutrición mineral de esta especie, que le permita a la fruta soportar adecuadamente el prolongado viaje y comercialización, evidenciándose un deterioro y aparición de desórdenes, varios de ellos relacionados con la nutrición mineral. Por ello, la Unidad del Cerezo del Centro de Pomáceas comenzó a recabar información sobre el estatus nutricional de las distintas variedades provenientes de numerosos huertos, a fin de tener un panorama de la variabilidad de los elementos en la fruta. Con dichos datos, relacionados con la producción y calidad de cada huerto, se comenzó a establecer los estándares nutricionales para el cerezo en Chile. El presente artículo expone la variabilidad encontrada en la concentración de los principales elementos minerales (Figura 1) en cerezas de diez cultivares plantados en Chile, así como el porcentaje de materia seca. El tamaño considerado fue de 315 muestras recepcionadas en tres temporadas por el Centro Tecnológico de Suelos y Cultivos, perteneciente a la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Talca, debidamente acreditado. TOMA DE MUESTRA La fecha del muestreo de fruto para análisis mineralógico se realiza al inicio de la cosecha. Si esta labor es breve (2-3 días), se recomienda un único muestreo, si se extiende por más de 7 días se sugiere realizar un muestreo adicional a mitad-fines de cosecha, con la finalidad de contar con un mayor número de elementos al momento de tomar decisiones en cuanto al embalaje, método de envío y destino final de la fruta. Un muestreo correcto de la fruta es fundamental para la confiabilidad de los resultados obtenidos. Para ello, se seleccionan frutos de un sector homogéneo y representativo del huerto, según variedad/portainjerto, año de plantación, carga y vigor. Se deben extraer 600-800 gramos de fruta desde al menos 20 árboles sanos (Foto 1), abarcando los cuatro puntos cardinales. La muestra se debe recolectar en bolsas de papel, claramente rotuladas (huerto, sector, variedad, entre otras) y enviar al laboratorio antes de 24 horas para su análisis (Foto 2). El laboratorio de análisis mineralógico al cual se envíen las muestras debe estar acreditado. Como Centro de Pomáceas solicitamos que las muestras provengan, en lo posible, del mismo laboratorio a través de los años, evitando así cualquier diferencia que pueda ser causada por metodologías entre ellos. RESULTADOS El nitrógeno, mostró una gran proporción de las muestras (sobre el 80%) dentro del rango estimado como adecuado, que oscila entre los 80 y 225 mg/100 g de Peso Fresco (PF). Estudios realizados en Chile, han ajustado el requerimiento de nitrógeno en fruto entre 150 y 200 mg/100 g PF. Al analizar el contenido de N en la fruta en relación a este rango, se observa que alrededor de un 50% de las muestras se encuentran en el óptimo, mientras que cerca de un 20% de ellas alcanzan valores por sobre el requerido. Niveles excesivos de este elemento repercuten en la condición y calidad de la fruta, pudiendo aparecer en ésta una serie de desórdenes fisiológicos (piel de lagarto), un menor contenido de materia seca y reducción en la firmeza. En cuanto a las variedades, se observa que el cv. Bing concentraba los niveles más elevados de N, con un valor promedio de 214 mg/100 g PF, mientras que Lapins presentaba los más bajos: 150 mg/100 g PF, correspondiente al promedio de las 3 temporadas (Figura 2). El fósforo es un importante constituyente de la membrana celular y por ende un elemento asociado a la condición interna del fruto. El rango adecuado para este elemento se ha definido entre 15 y 25 mg/100 g PF. Sobre el 70% de las muestras analizadas se encuentran en dicho rango, mientras que cerca del 15% presentan valores por sobre el máximo requerido. Esto último no debiera necesariamente considerarse perjudicial para la calidad y condición de la fruta. Al comparar las distintas variedades, Somerset y Regina concentraron los niveles más elevados: 24 y 23 mg/100 g PF, respectivamente, mientras que Rainier tuvo la concentración media más baja: 17 mg/100 g PF (Figura 3). En cuanto al potasio, sobre el 90% de las muestras se encontraban dentro del valor de referencia: 120 y 250 mg/100 g PF. Según el especialista en Cerezos, Carlos Tapia, un nivel adecuado de K en frutos en Chile debería superar los 200 mg/100 g PF, a fin de obtener fruta con mayor dulzor, calibre y turgencia, dado que este elemento participa en la apertura estomática, captación de CO2 atmosférico y flujo del agua hacia los tejidos. Al analizar las muestras bajo esta perspectiva, se aprecia que la temporada 20/21 fue la que alcanzó la más alta proporción de muestras sobre los 200 mg/100 g PF, con un 38%. Tras analizar las tres temporadas, se evidenció que el cv. Bing fue el único que superó los 200 mg/100 g PF (Figura 2). El calcio, elemento clave para la calidad de la fruta, pues forma parte estructural de la pared celular, uniendo las cadenas de pectina, aumentando así la firmeza y materia seca de los frutos y reduciendo alteraciones de postcosecha. Se esperaría niveles que superen los 10 mg/100 g PF. En la temporada 20/21 se alcanzó el porcentaje