Por: Claudia Bonomelli, Ing.Agr., Dra. Departamento de Fruticultura y Enología, Pontificia Universidad Católica de Chile (cbonomel@uc.cl), Pamela Artacho, Ing.Agr., Dra., Departamento de Investigación y Desarrollo, Agriismart Ltda. (pamela.artacho@agriismart.com), Alex Maraboli, Ing.Agr., Mg.Cs.(c), Departamento Técnico, Agriismart Ltda. (alex.maraboli@agriismart.com) NITRÓGENO – MACRONUTRIENTE ESENCIAL El Nitrógeno (N) es un nutriente esencial que cumple funciones estructurales y metabólicas en todos los vegetales, siendo insustituible e imprescindible para que las plantas puedan completar su ciclo de vida. Es absorbido en altas cantidades por las plantas y, usualmente, su suministro es insuficiente en la mayoría de los suelos agrícolas, por lo que es considerado un macronutriente primario. En los tejidos vegetales el N forma parte integral de la molécula de clorofila y es constituyente de proteínas estructurales, funcionales (enzimas) y nucleoproteínas (ADN, ARN). Solo una pequeña proporción del N total de la planta se presenta en formas inorgánicas. La concentración de N en los tejidos vegetales varía entre <1% a >4% de la materia seca. En los casos en que la concentración de N es deficiente, el vigor y crecimiento de las plantas se ve restringido, el área foliar se reduce y se torna de un color verde pálido. Además, en los árboles frutales la floración se reduce, se acelera la maduración de los frutos, reduciéndose su tamaño, lo que en definitiva genera una pérdida de rendimiento y calidad de la fruta. En la actualidad, el exceso de N se ha vuelto una situación común en los sistemas frutícolas, siendo tanto o más perjudicial para la producción que el déficit de N. Aplicaciones de altas cantidades de fertilizantes N en los huertos frutales generan un excesivo crecimiento vegetativo, lo cual puede causar una disminución o retardo en la floración, y un retraso en la maduración de los frutos. También se afectan la inducción y diferenciación floral, causando desequilibrios entre el crecimiento vegetativo y reproductivo que se pueden prolongar por más de una temporada. Por otra parte, también se pueden generar desbalances entre nutrientes, los cuales causan desordenes fisiológicos a nivel de la fruta, afectando el valor comercial de ésta. DINÁMICA DEL NITRÓGENO EN EL CEREZO El principal sistema de absorción de N es a través de las raíces de las plantas y su uso posterior involucra varias etapas, incluyendo asimilación, translocación, reciclaje y removilización. Las plantas absorben el N principalmente como NH4+(amonio) y NO3- (nitrato), las cuales son formas inorgánicas o minerales de N. La incorporación de este nutriente en compuestos orgánicos nitrogenados más complejos (asimilación) requiere de un proceso inicial de reducción de nitrato a amonio, lo que ocurre en raíces y/o parte aérea de las plantas, y que es catalizado por dos enzimas claves: nitrato reductasa (NR) y nitrito reductasa (NiR). Las moléculas de amonio resultantes de este proceso de reducción o provenientes de la absorción directa desde el suelo, son asimiladas a través del ciclo GS/GOGAT, cuya denominación proviene de las enzimas que participan. En primer lugar, la enzima glutamina sintetasa (GS) cataliza la fijación de amonio en una molécula de glutamato para formar una molécula de glutamina. A través de la acción de enzima glutamato sintetasa (GOGAT), la molécula de glutamina reacciona con una molécula de 2-oxoglutarato, generándose dos moléculas de glutamato. Las moléculas de glutamato permiten mantener el funcionamiento del ciclo y aportan la base para la formación de nuevos aminoácidos y amidas, a través de reacciones de transaminación. Es importante señalar que el proceso requiere de poder reductor y ATP. De lo anterior se entiende que la asimilación del N absorbido por las plantas requiere de energía y de esqueletos carbonados, los que, a su vez, provienen de los procesos de fotosíntesis y fotorrespiración. Por lo tanto, la nutrición nitrogenada se encuentra íntimamente ligada a la nutrición carbonada de los vegetales, y su balance requiere de la aplicación de un manejo agronómico adecuado que maximice la fijación de carbono a través de la fotosíntesis, y que considere los momentos óptimos de aplicación del nutriente. Por otra parte, es importante considerar que en especies perennes caducas como el cerezo, los procesos de reciclaje y removilización de N dentro de la planta son esenciales para la economía interna de N, así como para la eficiencia de recuperación y uso del N aplicado como fertilizante. En cerezo, a salida de invierno se produce una removilización de compuestos N desde las reservas acumuladas principalmente en raíces gruesas y madera (Bonomelli y Artacho, 2013), que permiten sostener la producción de flores y hojas temprano en la primavera, cuando aún no se produce un crecimiento significativo de nuevas raíces funcionales (Artacho y Bonomelli, 2016). Estas reservas N se construyen a partir de N removilizado desde hojas senescentes y de N absorbido directamente desde el suelo en la última parte del ciclo vegetativo. Por lo tanto, la cantidad de N removilizado al inicio de cada temporada de crecimiento depende del suministro de N durante la temporada anterior, y no depende de la disponibilidad de N en la misma temporada. Estos aspectos fisiológicos deben ser considerados para definir la época de aplicación de N de manera de optimizar la eficiencia de la fertilización N, evitando deficiencias en las plantas y reduciendo las pérdidas de fertilizante hacia el medioambiente. Por ejemplo, la fertilización N en postcosecha (fines verano-otoño) debe aplicarse cuando aún existan raíces funcionales y follaje verde, pero lo suficientemente tarde para no promover un crecimiento vegetativo del árbol, lo que dependerá de la zona edafoclimática de producción y de la combinación variedad/portainjerto. COMPORTAMIENTO DEL NITRÓGENO EN EL SUELO La mayor parte del N del suelo se encuentra en formas orgánicas, y particularmente asociado a la materia orgánica. Como las plantas absorben principalmente formas inorgánicas de N, (NH4+ y NO3), el suministro de N del suelo depende de la transformación del N orgánico hacia formas inorgánicas asimilables, lo que se realiza a través de una serie de procesos bioquímicos, denominados en su conjunto, “mineralización del N orgánico”. La mineralización del N es realizada por microorganismos del suelo, por lo que su tasa o velocidad en los distintos suelos dependerá de factores ambientales