Los frutales caducifolios eliminan sus hojas y cesan su crecimiento visible como estrategia para sobrevivir los fríos inviernos, entrando sus yemas en un estado de dormancia, a través de un proceso conocido como receso invernal. La entrada en esta fase es paulatina y comienza con el acortamiento de los días en verano. Luego, a medida que avanza el otoño, con días más cortos y fríos, el árbol va acumulando inhibidores de crecimiento que inducen la caída de las hojas, momento que señala el inicio del estado de dormancia profunda o endo-dormancia. Una vez transcurrido un tiempo de exposición a condiciones propias del invierno: bajas temperaturas, lluvias, baja luminosidad y fotoperíodo, la yema alcanza un estado denominado eco-dormancia, en el que se encuentra lista para brotar y continuar su ciclo, lo que se producirá de acuerdo al aumento de temperatura y mayor luminosidad de los días en primavera.