Frutales

En vías de crear una gestión de sanidad vegetal propia

Durante el periodo de sequía que ha durado prácticamente una década, se produjo la explosiva ampliación de la furticultura en lo que es hoy la Región de Ñuble. En el presente año la situación ha cambiado notoriamente y el fitopatólogo Ernesto Moya Elizondo, ingeniero agrónomo, Ph.D., profesor de la Universidad de Concepción, se plantea la posibilidad de que se inicie un nuevo ciclo, donde el aumento de las precipitaciones primaverales podría llevar a mayores problemas de enfermedades.

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Proyecciones climáticas y desafíos del riego

El cambio climático se manifiesta en modificaciones de las temperaturas, de las precipitaciones, en eventos adversos como vientos o granizo, mayor frecuencia de las sequías y variabilidad de los fenómenos. Para la agricultura chilena ello incide en el avance de zonas áridas, aumento de los requerimientos de riego, incremento de plagas agrícolas y en muchos casos, ambientes más favorables para el ataque de patógenos.

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Nuevas variedades y su impacto en el mercado global

Desde que los productores californianos decidiesen hacer un recambio varietal en sus campos, la penetración de las nuevas variedades está siendo imparable y está impactando en el comercio global. Además de los buenos precios que obtienen algunas de ellas y de la apuesta por extender las campañas, se pronostica una ardua competencia entre países productores.

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El despegue del cultivo sin suelo en Chile

Rafael Elizondo, Ingeniero Agrónomo M.S. Asesor de hortalizas protegidas. Ha tomado fuerza el cultivo en sustrato en Chile, sobre todo en fibra de coco. En producción de hortalizas, principalmente tomates; pero también en producción de semillas, por ejemplo, de pimentón; y en berries. Son varios los proyectos que ya llevan algunos años desde su implementación, en tanto que nuevos proyectos se van incorporando esta tecnología. Por lo general, cambiándose del cultivo en suelo al cultivo en sustrato, más que la emergencia nuevas explotaciones, por lo menos en el área de las hortalizas. En el caso de las hortalizas de fruto, el cultivo en sustrato ha seguido creciendo en tanto en la zona de Arica como en la de Quillota. Partió primero en la producción de semillas de hortalizas, en la que es importante aislar el cultivo de enfermedades virales transmitidas por vectores que están en el suelo. En el caso de melón, hongos del género Olpidium transmiten el virus del cribado del melón (MNSV). En el caso de pimentón, es una medida preventiva ante la presencia de algunas virosis de importancia en el suelo, entre otras, el TMV (virus del mosaico del tabaco) o el ToMV (virus del mosaico del tomate). Pero, además, permite dirigir mucho mejor el equilibrio reproductivo/vegetativo. La variabilidad química, biológica y física de los suelos se traduce en cambios en la fertilidad, retención de humedad y actividad biológica e influencian de manera importante el resultado productivo, sobre todo cuando se quiere llevar a las plantas a su desarrollo reproductivo, con baja carga de fruta, como en el caso de la producción de semillas. Cultivar en sustrato permite uniformar las características de retención de humedad, aporte de nutrientes y riego. Por otro lado, restringe el crecimiento radicular alcanzando un volumen más reducido, lo que en teoría puede conducir al cultivo, por medio del manejo de riego y nutrición, hacia donde el técnico prefiera y la planta necesite. Solo en teoría, porque si se eligen sustratos con alto volumen por planta, con alta capacidad de intercambio catiónico y alta retención de humedad puede resultar en crecimientos vigorosos que compliquen el manejo de estos cultivos. SELECCIÓN DEL SUSTRATO Y CONSIDERACIONES DE MANEJO Para determinar el volumen de sustrato por planta se deben considerar factores tales como las características del sistema radicular de la especie, demanda de agua de la zona, eficiencia del sistema de riego que se adquiera o se tenga, características del sustrato que se elija. A menor volumen de sustrato por planta se requiere equipos de riego y sistemas de control del riego más precisos. El aumento de la frecuencia de riego diario, adaptado a la demanda de agua y al tamaño de la planta, es una de las mayores diferencias en el manejo de cultivo en sustrato respecto de lo que se hace en suelo. Estos tiempos de riego están condicionados por el volumen de sustrato y la precipitación del sistema de riego. La frecuencia durante el día dependerá del tamaño de la planta y la demanda de agua, que es variable durante el día, en días sucesivos y entre los meses del año. En la producción para fresco permite en cultivos como la frutilla aumentar ostensiblemente la densidad de plantas por metro cuadrado, pudiendo ser 50 o 60% de mayor cantidad de plantas por metro cuadrado en comparación con lo que se hace en suelo; lo mismo para cultivos como el arándano. En el caso de producción de tomates en invernadero, el objetivo no será aumentar densidad de plantación, sino más bien un incremento de producción y menor variabilidad en el tiempo. El uso de sustrato permite cultivar en suelos con limitantes físicas y químicas, enfermedades de difícil control, principalmente nematodos, evitar el cansancio de suelo, mayor control de nutrición y riego, mejor aprovechamiento de la superficie cubierta durante el año y mayor velocidad de reemplazo de cultivo. El mejor aprovechamiento de la superficie está relacionado con que se elimina la variabilidad natural del suelo entre diferentes sectores de un predio agrícola. La rapidez de cambio entre un cultivo y otro es mayor en sistemas en sustrato porque se dispone del tiempo que se usaba para laboreo de suelo y fumigación química o biológica, aspecto muy relevante en el cultivo de hortalizas en ciclos cortos. UNA DE LAS CLAVES ESTÁ EN EL CONTROL Sin duda para implementar este sistema de producción, un aspecto básico tiene que ver con comprar sustrato de buena calidad, un sistema de riego e inyección de fertilizantes adaptado a pulsos de riego cortos y automatización de los sectores de riego. Sin embargo, uno de los aspectos más relevantes para el manejo del sistema en producción, es el control del mismo. La metodología más básica de control tiene que ver con el monitoreo diario del drenaje de los contenedores, así como del volumen aportado por los goteros. El porcentaje de drenaje se transforma en un dato básico para el control del riego y la medición de parámetros como la conductividad eléctrica y el pH de la solución de riego y drenaje, en el control básico de la fertilización. Para dar el paso siguiente en el manejo del riego y poder mejorar la eficiencia del uso del agua en estos sistemas, es que existen desde hace mucho varios equipos que permiten determinar con más precisión la frecuencia de riego y como modificarla en función de la demanda a que está sometido el cultivo. En este sentido, hay varios sistemas de control del riego basado en alguno de los métodos ya conocidos: bandejas de demanda, tensiometría de precisión, humedad volumétrica, diferencia de peso, con los que se busca que la decisión de riego esté en función de l demanda atmosférica. El costo de estos equipos va desde 1.500 a 4.500 US$/ha. Algunos solo interpretan la humedad del sustrato, otros integran medidores de radiación solar, pluviómetros -para medir el caudal de los emisores- y el drenaje. Ya se están usando en aquellos campos, normalmente los que llevan más tiempo produciendo en sustrato, porque se

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Cómo sacarle el mayor provecho a las sondas de monitoreo

Determinar los requerimientos de agua de los cultivos, particularmente de los frutales, es un asunto tan complejo como importante. Si solo se consideran los parámetros climáticos y no los del suelo, se puede incurrir en niveles de error que afecten la productividad y dañen a las plantas. Para ajustar los programas de riego una herramienta muy útil, según el asesor en riego Raúl Ferreyra, son los sensores de humedad de suelo o sondas de capacitancia. En este artículo el experto nos explica en base a casos para qué y cómo utilizarlas.

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La preparación de suelo en frutales como un requisito fundamental para una producción sustentable en el tiempo

Antonio Lobato1, Eduardo Alonso1, Mauricio Sánchez1 y Felipe Mayol2 (1Consultores, 2Empresario y Agricultor) En los últimos 20 años nuestra fruticultura ha mostrado un crecimiento sostenido gracias al auge de especies como cerezos, nogales y más recientemente avellanos europeos, esta última con gran expansión desde la región del Maule al sur. Este crecimiento ha obligado a explorar nuevas zonas agroclimáticas y a su vez, la búsqueda de suelos que resulten aptos para ser plantados. Lamentablemente, los mejores suelos de Chile a estas alturas de nuestro desarrollo frutícola, es decir aquellos planos, bajo cota de canal, de texturas medias y sin limitantes; y en clima amigable, o tienen valores altísimos por su calidad intrínseca, o porque prontamente serán utilizados en nuevos proyectos inmobiliarios. Esto nos ha obligado, como se mencionó en el párrafo anterior, a explorar nuevas zonas donde los suelos tienen diferentes tipos de limitantes, ya sea físicas o químicas y que requieren de preparaciones con maquinaria pesada, donde pensar en subsolados con tractores como antaño es un total despropósito. Las limitantes físicas descritas comprenden la presencia estratas cementadas, de tipo Duripan o Fragipan,  altos contenidos de arcilla, presencia importante de piedras, afloramiento de roca madre en proceso avanzado de meteorización a escasa profundidad, presencia de napas freáticas, etc. Todos estos factores limitarán la expansión del sistema radical, afectando seriamente la relación Copa/Raíz en la edad adulta y limitarán el movimiento del agua y consecuentemente la aireación. Una de las causales más frecuentes del Decaimiento a lo largo de los últimos 20 años ha sido la asfixia radical, la cual deteriora principalmente a las raicillas que corresponden al ciclo anual de crecimiento de este órgano, y las responsables principales de la absorción de agua y nutrientes. Para mantener el crecimiento anual de ramas, ramillas y un adecuado Índice de Área Foliar (IAF), estructura fundamental para sustentar a la producción requerida en cantidad y calidad, se necesita una cantidad de crecimiento anual de raíces y raicillas proporcional, que sea capaz de sustentar el crecimiento de la parte aérea a lo largo de los años. Para lograr lo anterior, es fundamental desde el comienzo de la plantación, construir las mejores propiedades físicas y químicas en el suelo, como ser: macroporosidad, bajas densidades aparentes, adecuada conductividad hidráulica y alta capacidad de aire, estructura de alta relación superficie/volumen, equilibrio de bases, etc., todos factores esenciales para mantener la productividad y sustentabilidad en el largo plazo. Durante los últimos 10 años los productores y técnicos han tomado conciencia de la importancia de la preparación del suelo, así como del uso de maquinaria pesada para lograr adecuadamente este propósito. Sin embargo, lamentablemente pese al esfuerzo realizado, hemos constatado que las preparaciones en muchos casos han quedado defectuosas, lo cual ha limitado el vigor, la cantidad y calidad de la fruta; y lo que es peor aún, la vida útil de los huertos. El objetivo del presente artículo es presentar nuevos argumentos que explican los defectos detectados, y las técnicas que hoy nos permiten corregir este inconveniente a fin de asegurar la sustentabilidad de largo plazo. Factores que deben ser considerados para una exitosa preparación de suelos Es fundamental entender que este proceso consta de 2 partes que deben ser tratadas y llevadas a cabo de manera diferenciada. Estas son: “La preparación física y química del suelo”. Respecto a lo que se refiere a la Preparación física, ésta a su vez se divide en dos partes: “La preparación de la capa arable y el Subsolado”, las cuales se describen detalladamente a continuación. La preparación física El Subsolado: corresponde a la técnica utilizada para roturar los suelos por debajo de la capa arable, idealmente 1,0 a 1,2 m de profundidad, normalmente con maquinaria pesada de tipo buldócer y/o excavadoras, según sea el caso. Esto permite eliminar los impedimentos físicos que limitaran el drenaje, la profundidad efectiva del suelo y en último término, la exploración del suelo que realizaran las raíces. Es fundamental comprender que entre los factores más relevantes para el éxito de esta labor está el contenido de humedad del suelo. Por muchos años los subsolados se han realizado una vez que los suelos han perdido la humedad invernal, lo cual ocurre normalmente al final del verano. Esto es un gran error, ya que trae aparejado varios problemas. El primero, es que la profundidad efectiva de trabajo será menor, porque la resistencia del suelo será mayor que si el suelo hubiese estado con un contenido de humedad igual al Umbral de riego, o ligeramente atrasado respecto de este momento. Lo segundo, si se quisiera corregir el problema de la escasa profundidad efectiva, entonces se tendría que repetir la labor, sobre la que ya se realizó, y aun así no se logrará una significativa mayor profundidad de roturación, con el consiguiente incremento en el costo. En tercer lugar, al realizar una labor con suelo seco, el tamaño de los terrones será indeseablemente grandes, con una pequeña superficie específica, situación muy difícil de corregir posteriormente. Es por esto, que la preparación de suelo nunca debe realizarse con suelo seco. En cuanto a la maquinaria para realizar el subsolado, tenemos buldócer y excavadoras con tridentes que reemplazan al balde, y que se describirán a continuación. Bulldozer Respecto a los bulldozers, sus potencias y tonelajes varían sustancialmente, y se debe realizar con extremo cuidado su elección. Por razones de costo y eficiencia máquinas del orden de 38 a 40 ton y potencias de 300 a 350 HP como ser modelos D-8 o 155 AX en Caterpillar o Komatsu respectivamente, solo deberían ser utilizados en suelos amigables y sin estratas endurecidas de tipo Duripán. Si se trata de suelos difíciles, endurecidos y/o con estratas de Duripán, entonces máquinas de 48 a 50 ton y potencias de 400 a 450 HP, modelos D-9 y 275 AX en Caterpillar y Komatsu respectivamente son las más apropiadas. Ahora bien, si el terreno es muy marginal, con piedras (lechos de río u otros), estratas cementadas, etc., entonces se debe recurrir a máquinas de 70 a 78

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