Semillas certificadas y mejoramiento genético impulsan alza de 70% en productividad agrícola
El trabajo del Instituto Nacional de Innovación Agraria permitió mejorar la productividad de más de 7.400 familias agrícolas en 10 regiones del país durante 2025, mediante semillas certificadas, transferencia genética y fortalecimiento de la conservación de cultivos estratégicos.

La innovación aplicada al campo volvió a mostrar resultados concretos. Durante 2025, más de 7.400 familias de pequeños y medianos productores lograron incrementar su productividad en alrededor de 70%, a partir del uso de tecnologías agronómicas y material genético desarrollados por el INIA, organismo adscrito al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego.
Uno de los ejes fue la producción de 723 toneladas de semillas certificadas de cultivos como papa, maíz, arroz, quinua, trigo, frijol, arveja, kiwicha, tarwi, caupi y avena. Este volumen permitió fortalecer cerca de 18.600 hectáreas en regiones como Cusco, Arequipa, Cajamarca, Ayacucho, Lima, San Martín, Apurímac, Puno, Junín y Lambayeque. Se trata de semillas con alto valor genético, mayor tolerancia a plagas, menor dependencia de agroquímicos y mejores atributos nutricionales.
En paralelo, el INIA consolidó la conservación de la agrobiodiversidad mediante el fortalecimiento de 56 bancos de germoplasma, incorporando más de 17 mil accesiones que hoy constituyen la base para el desarrollo de nuevas variedades adaptadas a distintos territorios y condiciones climáticas.
El mejoramiento genético animal también fue parte del balance. Durante el año se transfirieron más de 21 mil reproductores de alto valor genético —principalmente cuyes, pero también bovinos, ovinos, caprinos y alpacas— orientados a mejorar la producción de carne, leche y fibra en la agricultura familiar. Destaca la entrega de reproductores de cuy de las razas Perú, Andina, Inti y Kuri, con potencial para abastecer mercados locales e industriales.
En materia de conservación global, 2025 marcó un hito para el país. En alianza con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y el Centro Internacional de la Papa, el INIA logró depositar 25 accesiones de ajíes peruanos del género Capsicum en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, uno de los principales resguardos de biodiversidad agrícola del mundo. El envío incluyó muestras de C. chinense, C. frutescens, C. baccatum y C. annuum, especies clave por su diversidad genética y valor cultural.
El fortalecimiento institucional también tuvo un componente internacional. Perú fue sede de la undécima reunión del Órgano Rector del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, y el INIA organizó el Primer Congreso de Extensión Agropecuaria, orientado a mejorar la capacitación y transferencia de conocimiento hacia el productor. A ello se sumó la asunción de la presidencia de FONTAGRO, fondo regional de inversión en ciencia e innovación agrícola.
En conjunto, los avances reflejan una agenda donde la innovación, la genética y la conservación se articulan para sostener la productividad y la resiliencia de la agricultura familiar peruana.