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Una década de desarrollo en Piura

Retos productivos de la uva subtropical en Perú

Las comparaciones siempre son odiosas, más aún cuando se trata de confrontar dos realidades diametralmente opuestas. El asesor internacional, Leonardo Vercellino García, se atrevió a contrastar cómo se produce uva de mesa en la norteña Piura, destacando cuáles son los retos productivos a los que deben hacer frente ambas zonas productivas.

08 de Diciembre 2021 Equipo Redagrícola
Retos productivos de la uva subtropical en Perú

Leonardo Vercellino.

“El cultivo más difícil del mundo”. Así califica a la uva de mesa el asesor internacional, Leonardo Vercellino, gerente general grupo Vercellino. Y esa dificultad tiene diferentes grados, dependiendo de dónde estén los huertos, porque cada zona productiva tiene sus propias particularidades. Eso lo sabe bien este asesor, que lleva doce años trabajando en el norte del Perú, donde la vid se ha ido desarrollando en condiciones subtropicales, tal como también lo ha hecho en Petrolina, en Brasil. Hay dificultades, sí, pero también hay oportunidades y ventajas, las que se han aprovechado a través del aprendizaje y del ensayo y error, hasta agarrarle la mano e ir consolidando una industria.

El Clima es lo que hace única a una zona productiva, según sostiene Vercellino. Ello, porque la producción de uva en Arequipa o Ica, también en Perú, no se parece nada a lo que ocurre en Piura. Ambas se podrían parecer a Copiapó, con frío invernal, que permite a la planta entrar en un receso normal. Piura tampoco se parece a Olmos y Trujillo, ni tampoco a Santa Elena, la zona uvera de Ecuador.

Pero, ¿podría haber alguna semejanza entre Piura y la zona central de Chile? Climáticamente ninguna, porque mientras en invierno las temperaturas de Piura oscilan entre los 17°C y 28°C, en Santiago estas van de los 3°C a los 17°C.  “Esas condiciones de Piura, permiten que la uva de mesa tenga un ciclo productivo distinto a Chile, lo que permite realizar ciclos más cortos”, precisa. “En Piura hablamos del verano eterno porque es muy caluroso, y esto sin considerar las temperaturas del suelo, pero si hiciéramos una curva de la temperatura del suelo, Piura tiene una curva de entre 26°C y 28°C , hasta un metro de profundidad, mientras que en Chile tenemos entre 12°C y 14°C y en verano puede subir hasta los 18°C. Sin embargo, nunca a los 28°C a los 40 o 50 centímetros de profundidad, lo que marca una gran diferencia en el desarrollo radicular”, explica Vercellino.

En cuanto a las lluvias, en Piura se registran en verano, pero en Chile solo hay en invierno (casi siempre), lo que deja al verano en el caso chileno casi libre para producir con tranquilidad. En el caso del norte peruano, las lluvias impiden tanto el trabajo como la cosecha, algo que tiene implicancias comerciales directas en su diferenciación con la competencia chilena: “En Piura no vamos a competir nunca con Chile, porque en la zona norte de Perú tratamos de sacar la fruta antes de enero, es decir, lo hacemos entre septiembre y diciembre, para evitar las lluvias de verano que han llegado a ser de 200 milímetros”, señala Vercellino, advirtiendo que las precipitaciones podrían acrecentarse con Fenómeno El Niño, llegando a más de 2000 mm.

Sistema Open Gable. Vercellino recomienda formarlos en J o T, para mantener la fruta cerca del brazo, que la fruta quede a la altura de la mano, y que esté ordenada para aplicaciones.

Las horas-luz son muy diferentes también. “En Piura son muy parejas, entre 12 y 12.5 en invierno y verano, mientras que en Chile, y en verano, estas llegan a 14 horas, pero en invierno llegan a 10 horas, mientras que en Chile en verano hay mayor disponibilidad de horas luz (14 horas) mientras que en invierno caen hasta 10 horas. “Eso impacta la cosecha. A veces en el norte de Perú salimos un poco más temprano o más tarde. En los doce años que llevo trabajando en Piura, me han tocado todos los años distintos. Hoy estamos tratando de predecir cómo se viene la temporada en base a los grados día”, señala el especialista, y añade que las diferencias en cuanto a las humedades relativas también son grandes. “Piura tiene una humedad relativa muy alta, que no baja del 40% o 50%, cuando hablamos de mínimas hasta 90% cuando son las máximas. Son condiciones favorables para la planta, aunque muy desfavorables en términos de plagas y enfermedades”, sostiene.

DOS PODAS, UNA COSECHA

La entrada en producción es otra diferencia marcada. En Piura, desde que se planta hasta la primera cosecha podrían pasar 12 a 13 meses, para sacar entre 20 y 25 t/ha, aunque hay variedades nuevas con las cuales están sacando entre 25 y 30 t/ha.

“La verdad, en lo único en que hay que enfocarse es en formar bien la planta desde su plantación. En general, la planta en el norte de Perú crece muy rápido. Si plantamos en septiembre, en octubre esa planta podría estar creciendo entre 7 y 8 centímetros al día, mientras que en Chile lo hace a la mitad de eso, por mucho que yo haga aplicaciones y la trate de ayudar a crecer. Perú en ese sentido es impresionante”, complementa el experto. Esta condición ha permitido facilitar el recambio varietal en la zona con mucha rapidez y al octavo mes estar podando para producir nuevamente.

“A diferencia de Chile, donde el recambio se ha demorado mucho, en Perú en dos o tres años se ha producido un recambio en el 70% de las variedades antiguas”, describe el asesor. Esta velocidad de crecimiento con la que cuentan en el norte de Perú, gracias a las condiciones subtropicales de la zona es lo que la hace tan especial. Mientras en Chile se realiza una sola poda, en Piura se hacen dos, una de formación (la primera) y otra de producción (la segunda).

“En estricto rigor, hay gente que está haciendo dos podas para hacer dos cosechas”, subraya Vercellino que, cuando llegó a la zona, sugirió un cambio radical: hacer dos podas, pero sólo una de producción,  algo que les dio mejores resultados casi de inmediato. “Eso nos permitió sacar una producción en el momento que nosotros quisiéramos, mientras que Chile tiene una poda al año y depende del clima”, precisa.

Cuadro 1. Comparación de temperaturas.

UVAS EN ARENA

“No es una imagen de la luna”, señala Leonardo Vercellino en su presentación, retratando cómo es el suelo en la zona norte de Perú. “La arena en Piura hace que parezcan verdaderas pistas de enduro, para correr motocross, pero una vez que se trabaja con bulldozers, las dunas pueden quedar como una mesa de billar”, complementa.

Esta característica de suelo también cuenta con claros y oscuros: Por un lado, entrega la ventaja de armar con facilidad los parrones y permitir un fácil tránsito de maquinaria. Sin embargo, por otro lado, entrega dificultades a la hora del riego. En Chile, los suelos de la zona comparada cuentan con al menos un 2% de materia orgánica, mientras que en los climas subtropicales, el suelo es inerte, muy pobre. En el caso específico de Piura, el especialista señala que está en pleno desierto, a 70 km de la costa y con suelos 90% de arena fina. “Uno pensaría que podrían ser suelos fáciles de regar, pero en realidad es muy difícil, ya que la arena fina hace que se retenga mucha humedad; es una verdadera esponja”, explica y añade que tras la poda se pasa entre 25 y 30 días sin regar, aunque en Trujillo pueden estar 60 días sin regar, es decir, prácticamente se puede llegar a floración sin riego.

No es la superficie lunar, sino el suelo del norte de Perú. Tanto en Piura como Chiclayo el suelo es 90% arena y 10% limo, sin materia orgánica. En Trujillo el suelo es franco limoso con 0,5% de materia orgánica.

COMPLEJIDADES FITOSANITARIAS

El costo del manejo fitosanitario es muy diferente entre Piura y la zona central de Chile. Así, por ejemplo, en Chile para el control de chanchito blanco se hacen entre tres y cuatro aplicaciones, en Perú podrían llegar siete. Frente al oídio, las diferencias también son grandes, ya que las aplicaciones en Piura son cada cuatro a seis días, pero en Chile son cada diez.

En Piura hay presencia de Planococcus vitis, que están tratando de controlar a través de la confusión sexual, en términos de bajar la presión de los machos. Actualmente, se encuentran haciendo los primeros ensayos, porque es “un problema serio y continuo”, sostiene el especialista.

“En Perú tenemos un programa fitosanitario mucho más intensivo y, por lo tanto, más caro, aunque hemos tratado de abaratarlo”. Comenta Vercellino. Otro de los problemas a los que apunta es que, pese a la gran variedad de plagas y enfermedades, muchas de ellas muy agresivas, incluso más que en Chile, y hay muy poca investigación al respecto.

“Hago esta acotación porque no existen estudios de plagas o enfermedades, de sus ciclos, de cómo prevenirla o predecirlas, y nos hemos encontrado con ataques severos que aparecen en pocos días y nos dificulta el manejo”, remarca, mientras detalla que, para realizar un buen control en Piura, son 10 a 12 meses al año de aplicaciones. “En el fondo, estamos todo el año aplicando, y se hace muy difícil para quienes respetamos el ciclo de rotación de moléculas y grupos químicos, bajar los problemas de resistencia y cosechar fruta con pocos ingredientes activos”, explica el asesor.

Otro gran problema en Piura son los nematodos, “cuya agresividad nunca he visto en Chile, como lo que me tocó ver en unos parrones en el norte de Perú”. El fuerte ataque ha obligado a cambiar patrones, luego de la experiencia que tuvieron con portainjertos como Harmony y MGT, que murieron en poco tiempo, destruidos por los nemátodos. “Hoy día Salt Creek o Ramsey son los patrones por excelencia. Yo creo que no hay ningún otro proyecto, al menos en el norte de Perú, que se esté plantando con otros patrones”, sostiene.

Otra preocupación relativamente reciente que reporta en los huertos de vides es la aparición de ácaros,  trips y otros, cuya presión era muy baja en los primeros años de cultivos, y que hoy necesita la planificación de un programa preventivo.

Sweet Globe plantada en Oct 2020, podada en Julio 2021, 8 meses después de plantada.

Respecto a las enfermedades, en Piura, la principal es el oídio, que ataca todo el año, aunque en verano es menor la presión por las altas temperaturas, pero al inicio de la primavera se llega a la época más fuerte de esta enfermedad, debido a la temperatura más templada, por lo que recomienda controlar de forma exhaustiva en hojas o inicio de brotación. El hongo de la madera también es considerado como una enfermedad importante en la zona, aunque de acuerdo al experto, “lo que hace que nos mate o no nos mate la planta es el vigor de la planta. Si yo debilito una planta o la estreso voy a tener más problemas de hongo”. El hongo que sí genera más problemas, de acuerdo al experto, es Lasiodiplodia, que en Chile no está descrito aún y que es muy agresivo, capaz de matar una plantación completa si se da la ‘tormenta perfecta’.

Otro de los aspectos claves en los que Vercellino es enfático, es que un buen riego y una buena nutrición son muy importantes para que las plantas naveguen las amenazas fitosanitarias existentes en la zona. En ese sentido, una de las tantas diferencias entre Chile y Perú es que en Chile se realiza solo un programa de fertilización al año, que incluye la precosecha y la poscosecha, mientras que en el caso de Perú, se realizan dos programas de fertilización al año, con un alto aporte de nitrógeno, destacando que se puede utilizar hasta el triple de lo utilizado en Chile, donde se aplican hasta 70 unidades de nitrógeno, más 20 o 30 unidades poscosecha, mientras que en Piura se llega fácilmente a las 250 al año. “Los agrónomos chilenos ven esto como una locura”, afirma Vercellino, pero es la cantidad que funciona en esta compleja zona. “Las aplicaciones de nitrógeno no paran nunca  durante el ciclo en Perú porque, como la planta no tiene de dónde sacar, al quitar ese nitrógeno  la planta se debilitaba rápidamente”, concluye.

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