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Claves de poscosecha en pleno verano

Recuperar las reservas, precisión en el riego y manejar el estrés por temperaturas

Pese a una campaña compleja y la posibilidad de que se pudieran repetir las condiciones de 2023, la Dra. Karen Sagredo, de la Universidad de Chile, dice que puede ser una oportunidad para poner en práctica todo lo que se aprendió.

12 de Febrero 2024 Equipo Redagrícola
Recuperar las reservas, precisión en el riego y manejar el estrés por temperaturas

Tras campaña compleja desde lo climático y demandante desde lo productivo, la carrera que viene para el próximo año es clave.

Pero no como el cliché de los técnicos de equipos deportivos que declaran todos los años que la pretemporada es clave; el 2023 fue quizás el periodo más complejo que han pasado los cerezos debido a lo que dejó un invierno más cálido de lo habitual, así como una primavera más fría y lluviosa, factores que llevaron a los árboles a echar mano a todas sus reservas para poder cumplir, aunque con producciones menores a lo esperado.

En ese escenario, la Dra. Karen Sagredo, profesora e investigadora de la Universidad de Chile, especialista en fruticultura, explica que si bien muchos hablan del estrés postcosecha, más aún debido a la temporada que pasó, “no es que se estrese la planta per sé, sino que hay todo un metabolismo que cambia. Es una planta distinta”. 

Más aún con una temporada como la que pasó que muchos califican como una ‘tormenta perfecta’ principalmente por las condiciones que generó el Fenómeno El Niño.

“En el caso de la cereza, hacia el final la demanda de asimilados es mucho menor porque ya la fruta está casi formada, pero aún así existe demanda que sigue aumentando, y cuando uno monitorea se da cuenta que los sólidos solubles siguen en línea recta, siguen aumentando porque siguen trabajando, hasta que se descarga abruptamente”, detalla la especialista. 

Actualmente en muchos campos, en lugar de realizar varias pasadas cosechando, prefieren que un batallón de recolectores -desde muy temprano-, comiencen a trabajar en árboles que amanecieron con fruta lista para ser cosechada. Así, a las 15:00 horas, esos árboles ya no tendrán fruta, justo en el momento en que además la radiación solar y la temperatura es alta.

Dra. Karen Sagredo

“Ese es el primer estrés que ocurre, por lo que baja la tasa fotosintética. Pero el árbol después lo supera, como si se tratase del síndrome del nido vacío con papás que ya no tienen a sus hijos, y luego encuentran alguien más por quien vivir, que son las yemas y las raíces. Entonces, aún hay demanda”, explica.

Tras ese ajuste que realiza el árbol, empieza a trabajar y a mandar para ‘abajo’, y como hay más azúcar disponible, las yemas también se desarrollan, por lo que empiezan a engordar y crecer. Y, por ello, se acelera mucho más todavía el desarrollo del órgano floral. 

“No podemos pensar en descuidar eso, porque si nosotros pensamos que dentro de la yema debe haber tres o cuatro primordios, son tres o cuatro cerezas; es un puntito que casi no se ve y que va a transformarse en cerezas. Es imposible descuidarlo”.

RESERVAS LIMITADAS

Luego de que la campaña anterior fuera de rendimientos muy altos, donde también se cosechó fruta lo más temprano posible, debido a que el año nuevo chino fue temprano (enero), para luego enfrentar un otoño 2023 que no permitió guardar muchas reservas.

“Ocurrió que muchas plantas no guardaron reservas, y lo que se guardó dejó yemas más débiles. A eso sumémosle que la primavera fue fría y esa fue la tormenta perfecta; la primavera fría significó que las raíces no partían, que la floración también fue desuniforme, las hojas muchas veces se quedaron atrás como síntoma de esta falta de frío, y las hojas las necesitamos para que trabajen”, describe la Dra. Sagredo.

Si bien los libros detallan que hasta plena flor el cerezo se las arregla con los azúcares de reserva, en este caso fue hasta caída de chaqueta, por lo que en 2023 las reservas fueron claves para aquellos productores que reaccionaron en otoño y no se descuidaron en febrero o en marzo.

La diferencia está en que si se volviese a repetir lo que ocurrió durante la campaña que pasó y se le exige nueva-
mente al árbol que extreme recursos, “yo no creo que aguante el sistema”, advierte la especialista de la Universidad de Chile.

Malla para control de estrés lumínico de verano.

“Hace años, cuando se obtenían entre 15 t/ha y 20 t/ha en una variedad como Lapins sobre el patrón Santa Lucía, en dos años se secaban, como si fuese una muerte súbita, porque se terminaban agotando. Eso a nosotros no nos puede pasar, tenemos que darnos cuenta que la fábrica sigue, con este primordio floral que se está formando”, subraya. 

¿Cómo se recuperan esas reservas? De acuerdo a la investigadora, que también asesora a productores, el enfoque tiene que estar puesto en reservas de todo tipo, no solo reservas de carbono, vale decir almidones o energía.

“Todo el nitrógeno que necesita la cereza -suponiendo que tuviéramos déficit-, no se entrega en una sola etapa de la temporada. Hay un nitrógeno que antiguamente, cuando no teníamos estos problemas de otoños cálido y falta de frío, se entregaba en la fertilización al final del verano, donde se metían las unidades necesarias y estabas listo, en lo que se llamaba la fertilización de otoño, pero hoy en día no podemos darle esa fertilización de otoño, porque si tú le metes nitrógeno en otoño a una planta, la reverdizas. Y si estamos con problema de que las plantas son muy verdes, significa que no van a entrar en latencia y se pueden helar”, explica la especialista.

Malla sombra para acumular frío en Ovalle, región de Coquimbo.

Para desarrollar un programa de poscosecha, de acuerdo a la académica, lo más recomendable es comenzar en febrero con las aplicaciones de nitrógeno, paulatinamente, para reponer y para proveer para la temporada que viene, así como también no tienen que faltar los micro y los macroelementos necesarios. 

La Dra. Sagredo precisa además que está la creencia de que hay que aplicar boro en flor, pero que solo se debe aplicar cuando falte, porque bajo condiciones cálidas como las que están ocurriendo ahora, si en las floraciones se nos pasa la mano con el boro o el árbol está débil, este puede ser fitotóxico, al igual que el zinc.

Esta es la etapa de proveer y de reponer tanto nutrientes como asimilados, comenta, entendiendo además que aún hay follaje que “tenemos que dejar que trabaje, sin que se nos pase el caballo para el otro lado, vale decir que se pongan a crecer de nuevo, y eso va a permitir que las raíces se desarrollen, las raíces crezcan un poco, que se renueven y que también almacenen, porque la principal fuente de almacenamiento son las raíces”, sostiene.

HOJAS SIN FRUTA POR MÁS TIEMPO

El crecimiento de la producción en zonas muy tempranas para la cereza como Ovalle o la constante búsqueda de zonas más tempranas apoyadas por tecnología en la zona central han mostrado también otro fenómeno, que es el largo tiempo que los cerezos permanecen sin fruta luego de ser cosechados en octubre, a diferencia de las de la zona central o sur, con cosechas principalmente en diciembre.

Son casi dos meses más de diferencia en que los árboles de la zona norte están con hojas pero sin fruta.

Este ingreso con fuerza de producciones tempranas viene acompañado también de procesos mucho más largos, diferentes y más complejos, de acuerdo a la Dra. Sagredo.

Cerezas de variedad Brooks, cosechadas en octubre en Ovalle, Región de Coquimbo.
Estos cerezos mantendrán sus hojas hasta marzo de este 2024, un periodo mucho más
largo que otras variedades de la zona central, y requerirán un manejo “de joyería”.

Para aquellas zonas tempranas, la investigadora señala que el trabajo es más complejo porque dichas yemas probablemente ya están totalmente listas, entonces “hay que hacer un trabajo más de relojería, y ahí lo que asusta es el déficit hídrico, porque una yema lista después de una condición de estrés puede florecer, y ha pasado”, señala.

“El año pasado muchas flores incluso en la zona central florecieron en marzo. Entonces flor que te parece es cereza que perdiste. Hay que ser súpercuidadoso que, en todos estos trabajos de manejar la planta, de proveerle las condiciones, pero no sobre estimular ni tampoco estresar, porque algunos creen que no hay que estimular con nitrógeno ni nada, pero si viene una sequía, que ha pasado, o de repente por problemas de riego o lo que sea tú empiezas a regar como para reponerle toda el agua que no le di a la pobre planta, se sobreestimulan y pueden florecer”. 

En el caso de Ovalle en específico, donde el árbol está casi seis meses con hojas y sin frutas, es “mucho más complejo”, advierte y dice que, aunque mucho de lo que se ha plantado y produce en la zona, son variedades tradicionales, tampoco están en una zona de condiciones favorables, porque si bien pueden ser cultivares con menores requerimientos de frío -que a su vez tienden a tener un mayor requisito de calor-, ello podría dar la sensación de que es la zona perfecta, pero no es un frutal ‘calado’ para esa zona de la región de Coquimbo.

“El sistema no está diseñado para eso”, explica, apuntando precisamente a hojas que no deberían estar ‘per sécula’ ahí. “Pareciera que le estamos pidiendo al cerezo que se comporte como un almendro, y no son para eso, las hojas del cerezo son súper sensibles a las abscisiones. De hecho, algunos agricultores habrán visto en esta temporada que con el calor, algunas hojas basales se empiezan a poner amarillas, empiezan a renunciar y a movilizar para un brote que aún está activo, por ejemplo”, describe Sagredo.

De todas formas, e incluso en aquellos casos extremos con las zonas ultra tempranas, la experta sugiere evitar en la medida de lo posible las situaciones de estrés, aún más entendiendo las condiciones extremas de verano que se esperan en las principales zonas productivas.

“Hay que resguardar estos cultivos porque el cerezo no es para estas temperaturas, su hoja no puede tolerar fácilmente una temperatura de 35°C, con radiaciones de más 2.000 micromoles PAR, entonces tanta energía para el cerezo es mucho estrés”, precisa la académica.

OPORTUNIDAD DE APLICAR LO APRENDIDO

Con las altas temperaturas y olas de calor que enfrentará la zona central de Chile durante febrero, existen posibilidades de que se repitan algunas de las características climáticas registradas en 2023, aunque en menor medida. 

Pero incluso si se repitieran, para la Dra. Karen Sagredo esto podría ser una tremenda oportunidad, porque “ya tuvimos la experiencia, sabemos lo que tenemos que hacer, entonces tenemos que cuidar las plantas ahora, evitar los problemas del año pasado como los rebrotes y las floraciones, sin abandonar el cultivo para retomarlo en marzo, sino que preocuparnos ahora de ver si ponemos mallas, preocuparnos de los bloqueadores solares, preocuparnos de que el riego se maneje de forma precisa, de reponer los nutrientes y que ojalá las hojas trabajen de la mejor manera posible”.

La investigadora agrega que independientemente de cómo sea el invierno, “sí podemos actuar para que las plantas lo enfrenten de una mejor forma”, de cara a enfrentar de forma mucho más uniforme la entrada en latencia, para así tener una mejor respuesta al poco o mal frío que podría haber, o una respuesta más pareja frente a una primavera potencialmente fría.

Diferentes estados fenológicos al mismo tiempo, un problema de
desuniformidad que se vio mucho en 2023.

Otra de las certezas que dejó la temporada fue la importancia de las mallas de sombra en campos que lograron acumular más frío y obtener mejores resultados.

En ese sentido, la experta comenta algunas de las experiencias que pudo ver en campos que asesora. En uno de ellos, que usa malla anti golpe de sol para manzanos, se comprobó que reducen mucho la temperatura y permiten que las plantas trabajen mejor.

“Los manzaneros vieron que tenían árboles muy vigorosos abajo de las mallas, porque le quitas estrés al árbol, lo mismo con las mallas sombra, que sin duda ayudaron mucho a que fueran más uniformes. Por mucho que la gente diga que en la noche las temperaturas son más bajas, lo importante es que evitas las alzas y lo negativo del
calor”, describe.

¿PODAR O NO PODAR?

De las preguntas más frecuentes que aparecen en esta época para los productores que asesora la Dra. Sagredo es si podar o no podar, o si abrir o no ventanas en el árbol. 

“Claro que se puede hacer poda en verde. Si está arrancado el vigor, este es el momento para podar, sobre todo si está en partes altas”, comenta, aunque advierte que eso no significa ‘pelar’ los árboles, porque eso significaría exponer hojas que crecieron a la sombra, a estar abruptamente frente a las fuertes radiaciones que, por ejemplo, han ocurrido esta campaña. 

Por ello, recomienda solamente abrir ventanas, para radiación difusa, ya que eso va a ayudar a que el follaje trabaje más armónicamente y que las yemas se desarrollen de forma más organizada.

¿Cómo hacerlo y cuándo? La Dra. Sagredo recomienda dejar el árbol tranquilo, con riego preciso, por al menos quince o veinte días después de la cosecha. Tras ello, es recomendable ver qué manejos realizar.

Manejos esenciales a partir de febrero

Riego: Manejar el riego a precisión, tanto para cuidar el agua como para no sobreregar, porque puede ser negativo con las altas temperaturas. Al utilizarse portainjertos que tienen arraigamiento superficial, o el uso camellones que se calientan más rápido, Sagredo apunta a que el riego debe trabajarse muy bien para no estresar las raíces y permitir que crezcan.

Protección: Usar bloqueadores solares ¡¿Por qué no?! “He escuchado que es blanco, que es feo… ahora hay de distintas tecnologías”.

Nitrógeno: Empezar a fines de enero, como ‘hormiguita’, a reponer el nitrógeno que se necesita. Además, este es el momento de los agricultores de hacer análisis foliares, análisis de suelo, y los que fueron más ‘mateos’, habrán sacado muestras para hacer análisis de fruto. “Con esos datos se pueden hacer planes de fertilización dirigidos y
mucho más precisos para cada situación”, recomienda.

Bioestimulantes: Muchos bioestimulantes están orientados a tolerar condiciones adversas, como radiación, estrés térmico e hídrico. Dentro de eso están los extractos de algas, que hoy cuentan con tecnología para aplicarlo vía foliar o vía riego, y hay varias moléculas que uno las identifica como SOS para el estrés. Hay otras moléculas
también, como la glicina betaína que los extractos de algas también la tienen pero que también está disponible en el mercado derivado de la industria de la remolacha, y que favorece la tolerancia al estrés hídrico.

Arañitas: Debido a las altas temperaturas, otro punto de preocupación a destacar por la Dra. Sagredo es que habrá más ciclos de arañitas, principalmente Panonycus ulmi, comúnmente conocida como arañita roja y Tetranycus urticae, también llamada arañita bimaculada. “Desde el punto de vista de la planta, las arañitas son un factor de estrés por donde se mire, porque deprimen el tejido, estresando aún más a las plantas”.

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