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La raíz activa: el vínculo entre la productividad y la agricultura regenerativa

Ninguna práctica de agricultura regenerativa puede dar resultados sin una raíz activa

Melchor Roa, líder de soporte técnico de Innovak Global, plantea una forma de entender la agricultura regenerativa desde los procesos que ocurren debajo del suelo. Su propuesta es clara: la actividad radicular no es una práctica más de agricultura regenerativa, sino uno de los procesos biológicos que conectan la fotosíntesis de la planta con la regeneración funcional del suelo.

27 de Julio 2026 Equipo Redagrícola
Ninguna práctica de agricultura regenerativa puede dar resultados sin una raíz activa

Raíces de un cultivo de avellana en Parral, Chile.

Hay una pregunta que Melchor Roa suele hacer a los productores cuando llega a un campo: ¿cuánto de su presupuesto invierte usted en el suelo? La respuesta, en muchos casos, ronda entre el 40% y el 60%.

“Entonces les digo: la única manera de recuperar esa inversión es asegurarnos de que la planta tenga las vías para internalizar eficientemente esos recursos”, señala el especialista en fisiología y actividad radicular de Innovak Global.

Esa pregunta resume una filosofía que Innovak Global ha construido durante décadas y que hoy converge con uno de los grandes retos de la agricultura moderna: pasar de hablar solamente de prácticas regenerativas a recuperar y medir funciones dentro del sistema agrícola.

Fundada en Chihuahua, México, en 1957, Innovak Global se ha especializado en el desarrollo y fabricación de soluciones agrícolas con énfasis en bioestimulación, acondicionamiento del suelo, microbiología y tecnologías dirigidas al sistema radicular. Desde su Centro de la Rizosfera, lleva años estudiando lo que ocurre debajo de la superficie y su relación con la productividad de los cultivos.

Profesional de Innovak Global revisando la actividad radicular dentro de una calicata.

¿QUÉ ES LA ACTIVIDAD RADICULAR Y POR QUÉ IMPORTA?

Cuando Melchor Roa habla de actividad radicular, no se refiere simplemente a la presencia de raíces. La distinción es fundamental: una planta puede tener raíces y, sin embargo, presentar una baja actividad funcional.

“Cuando hablamos de raíz no deberíamos preguntarnos solamente cuánta raíz tiene una planta. Tenemos que preguntarnos cuánto de ese sistema está realmente activo, cuánto está creciendo, cuánto suelo está explorando y qué funciones está realizando”, explica Roa.

La absorción de agua y nutrientes es su función más conocida, pero no la única. La raíz es una zona importante de producción y regulación hormonal, funciona como órgano de reserva y como sensor de las condiciones del suelo, y constituye el principal espacio de comunicación de la planta con los microorganismos de la rizosfera.

“La raíz genera y modifica el ambiente donde ocurre gran parte de la interacción entre la planta, el suelo y los microorganismos”, dice.

En el campo y el laboratorio, Innovak Global complementa la observación de las raíces con lavados radiculares, calicatas, minirhizotrones, cámaras rizotrónicas y análisis tridimensionales, buscando cuantificar no solamente la cantidad de raíz, sino su distribución y el volumen de suelo explorado.

El equipo de profesionales de Innovak Global también ha desarrollado indicadores internos, basados en datos experimentales propios, que permiten comparar la actividad radicular bajo condiciones específicas. Para Roa, el principio es sencillo: “Una cantidad de raíz por sí sola no explica todo. Tenemos que saber dónde está esa raíz, cuánto suelo explora y, sobre todo, qué tan activa está”.

Melchor Roa, líder de soporte técnico de Innovak Global.

LA RAÍZ EN EL CORAZÓN DE LA REGENERACIÓN

Uno de los argumentos centrales de Roa es que la agricultura regenerativa no debería entenderse únicamente como una lista de prácticas —mínima alteración del suelo, cobertura, diversidad vegetal o reducción de insumos—, sino como un proceso de recuperación de funciones.

“Una práctica no es regenerativa solamente porque tenga ese nombre. Tiene que producir una mejora funcional que podamos observar o medir en el suelo, en la raíz, en la microbiología o en la respuesta de la planta”.

Desde esta perspectiva, la raíz funciona como un punto de integración. Cuando existe un sistema radicular activo y creciente, las propias raíces contribuyen a generar poros y a explorar más volúmenes de suelo. Al mismo tiempo, mantienen un flujo de carbono hacia la rizosfera y generan condiciones para la interacción con los microorganismos.

Un suelo con mejores condiciones físicas favorece la actividad de la raíz; una raíz más activa absorbe más, explora más suelo, se asocia con más microbiología y modifica su entorno. Todo está conectado.

Por eso, Roa propone hablar del sistema suelo–raíz activa–microbioma–planta.

“La regeneración no ocurre en compartimentos. Si mejoramos solamente una parte mientras las demás continúan limitadas, la respuesta será parcial”.

Hay un proceso fisiológico que permite entender esta conexión. Mediante la fotosíntesis, la planta captura carbono atmosférico y produce compuestos orgánicos. Una parte de ese carbono se dirige hacia las raíces y puede liberarse al suelo mediante los exudados.

Estos compuestos participan en la interacción con la microbiología de la rizosfera. Como diferentes especies vegetales producen sistemas radiculares y perfiles de exudación distintos, la diversidad de plantas puede favorecer también una mayor diversidad de ambientes para los microorganismos.

«Cuando hablamos de diversidad vegetal no deberíamos observar solamente lo que vemos arriba. Cada especie representa también una raíz y una química diferente debajo del suelo», señala Roa.

Trabajo en campo con un Minirhizotron en un cultivo de pepinos, en Puebla, México.

MÁS EFICIENCIA CON LOS RECURSOS DISPONIBLES

Uno de los hallazgos que más ha llamado la atención del equipo de Innovak Global es comprobar que la concentración de nutrientes en el suelo no siempre explica por sí misma la nutrición final de la planta. La capacidad de la raíz para acceder a esos nutrientes es igualmente importante.

«Podemos tener 30 partes por millón de fósforo en un suelo y, si tenemos poca raíz activa, presentar limitaciones en la planta. En cambio, podemos tener una concentración menor, pero una mayor actividad radicular, más volumen de suelo explorado y una rizosfera funcional, y tener una mayor capacidad para acceder al nutriente», explica Roa.

La implicación es importante. Ante una deficiencia, la respuesta no debería ser automáticamente aumentar la fertilización. También hay que preguntarse si la planta cuenta con el sistema radicular necesario para utilizar eficientemente los nutrientes disponibles.

«Antes de preguntarnos cuánto más fertilizante necesita la planta, tenemos que preguntarnos qué tan eficiente es su sistema radicular para utilizar lo que ya existe en el suelo».

Esto no significa que una mayor actividad radicular elimine la necesidad de fertilización, sino que puede aumentar la eficiencia en el uso de los nutrientes y abrir oportunidades para optimizar progresivamente los programas de fertilización.

«El objetivo no es simplemente aplicar menos fertilizante. El objetivo es producir más eficientemente por unidad de recurso utilizado».

Raíces en una cebolla cosechada en Morelos, México.

LA DINÁMICA RADICULAR Y LOS MOMENTOS CRÍTICOS

Las raíces no crecen con la misma intensidad durante todo el ciclo. Roa introduce el concepto de flujos radiculares: periodos en los que aumenta la generación de nuevas raíces y que están relacionados con la fenología, el ambiente y la distribución interna de los carbohidratos.

“La planta determina hacia dónde dirige sus fotosintatos. En determinados momentos, los frutos, las flores o el crecimiento vegetativo representan una demanda muy importante y cambia la cantidad de recursos disponibles para la raíz”.

En tomate, las primeras 5 semanas después del trasplante son determinantes para establecer el sistema radicular que posteriormente deberá sostener la etapa reproductiva. En otros cultivos, los patrones son diferentes.

En aguacate de temporal, bajo las condiciones productivas evaluadas por Innovak Global en Michoacán, el equipo ha identificado periodos definidos de mayor crecimiento radicular y periodos de menor actividad, así como relaciones temporales entre estos últimos y determinados eventos de estrés y pérdida de frutos.

Roa enfatiza que estas observaciones corresponden a condiciones específicas y no deben convertirse en calendarios universales.

“Lo importante no es memorizar una fecha. Lo importante es medir cada sistema, identificar cuándo están creciendo sus raíces y entender cómo esa dinámica se relaciona con lo que está ocurriendo en la parte aérea”.

Sistema radicular de un cultivo de papa. Sonora, México.

LAS HERRAMIENTAS DE INNOVAK: UNA SECUENCIA CON LÓGICA FISIOLÓGICA

El primer paso es revisar las condiciones físicas del suelo. Una alta compactación y una baja porosidad pueden restringir el crecimiento radicular y alterar la relación entre agua y oxígeno. Dentro de esta estrategia se utiliza Promesol, una tecnología orientada a favorecer la porosidad y mejorar las condiciones para el movimiento del agua, la difusión de oxígeno y el crecimiento de las raíces.

“Antes de inducir a una raíz a que crezca, tenemos que preguntarnos si el entorno es adecuado para crecer”, explica Roa.

Una vez mejorado el ambiente físico, la estrategia puede continuar inductores para promover la generación de nuevas raíces e incrementar el proceso de absorción activo.

Solo después de generar condiciones adecuadas de suelo y raíz cobra sentido incorporar el componente microbiológico.

Y aquí aparece un elemento diferencial del enfoque de Innovak Global: algunas de sus tecnologías biológicas incorporan un bioestimulante orientado a inducir una mayor exudación radicular.

“El bioestimulante incorporado es el que favorece la exudación. La lógica es generar mejores condiciones para la interacción de la raíz con la microbiología aplicada y la microbiología benéfica que ya existe en el suelo”, explica Roa.

El objetivo, por tanto, no es solamente introducir microorganismos, sino favorecer las condiciones para construir una rizosfera funcional.

LA RAÍZ COMO VÍA DE ENTRADA DEL CARBONO AL SUELO

La actividad radicular también ocupa un lugar central en la relación entre agricultura y carbono.

Mediante la fotosíntesis, la planta captura CO₂ atmosférico y lo transforma en compuestos orgánicos. Una parte de ese carbono se dirige hacia el sistema radicular y puede incorporarse al suelo mediante el crecimiento y recambio de raíces y la exudación.

Esto convierte a la raíz en una de las principales vías biológicas de transferencia directa de carbono fotosintético hacia el suelo.

“Una raíz creciendo puede llevar carbono directamente hacia diferentes profundidades del perfil. Por eso, cuando pensamos en captura de carbono desde la agricultura, necesariamente tenemos que pensar también en crecimiento y actividad radicular”, explica.

Roa matiza que introducir carbono al suelo y estabilizarlo son procesos diferentes. La permanencia de ese carbono dependerá posteriormente de las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo.

Nuevamente, todo regresa al funcionamiento del sistema.

Para Roa, el siguiente paso de la agricultura regenerativa será avanzar desde la adopción de prácticas hacia la medición de funciones.

“El futuro de la agricultura regenerativa no puede quedarse únicamente en decir qué prácticas estamos realizando. Tenemos que demostrar qué funciones estamos recuperando”.

La actividad radicular ocupa un lugar central en esa evaluación porque es uno de los puntos donde convergen la planta, el suelo, el agua, los nutrientes, el carbono y la microbiología.

La conclusión de Roa resume esta visión:

“La agricultura regenerativa no comienza con una práctica. Comienza cuando entendemos qué funciones hemos perdido en nuestro sistema productivo y empezamos a recuperarlas. Y si queremos conectar la productividad de la planta con la regeneración del suelo, necesariamente tenemos que mirar hacia la raíz”.

Después de décadas trabajando alrededor de la rizosfera, Innovak Global ha construido una filosofía enfocada en comprender y mejorar estos procesos. Porque debajo de cada cultivo existe un sistema que no vemos, pero que determina gran parte de lo que finalmente podemos cosechar.

 

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