Mango peruano enfrenta una campaña compleja por retraso fenológico y riesgo de lluvias
El asesor Milton Calle advierte que la floración del mango en Piura se encuentra muy por debajo de lo esperado para junio. Las altas temperaturas han impedido que las yemas acumulen las reservas necesarias para florecer, mientras los productores deben decidir entre inducir con una respuesta limitada o esperar una mejor maduración, con el riesgo de cosechar en un periodo de lluvias si El Niño continúa en desarrollo.
A fines de junio, el mango peruano debería mostrar un avance importante en su floración. Sin embargo, la realidad en campo es distinta. Según el asesor Milton Calle, para esta fecha el cultivo tendría que estar por lo menos en un 20% de floración, pero en Piura el promedio se ubica por debajo del 5%. “Ahora tampoco se ven muchas posibilidades de floración para julio, o serán muy pocas, porque las temperaturas siguen siendo muy altas”, señala.
El problema, explica, está en la falta de condiciones térmicas adecuadas para que la planta complete su periodo de reposo y acumule reservas. En un año normal, las temperaturas mínimas de junio deberían estar alrededor de 18 °C o 19 °C, pero actualmente se mantienen entre 22 °C y 23 °C. En algunos sectores, las máximas han llegado incluso a 34 °C, una condición que termina distorsionando el ciclo fenológico del mango.
“Lo que ha pasado es que el árbol, como hace mucho calor, tiene dificultad para acumular almidón. Entonces, lo que en condiciones normales hace en 100 días, ahora puede necesitar 160 días”, explica Calle. En términos prácticos, las yemas aún no alcanzan la madurez fisiológica ni la condición energética y hormonal necesaria para responder bien a una inducción floral.

El dilema de inducir o esperar
Frente a este escenario, los productores se encuentran ante una decisión difícil. Una opción es inducir ahora con lo que existe, asumiendo que la respuesta será baja porque el árbol no ha acumulado suficientes reservas. La otra es prolongar el periodo de reposo para dar más tiempo a la maduración de yemas, lo que podría mejorar la floración, pero retrasaría la cosecha hacia diciembre, enero o incluso febrero.
Ese retraso tiene un riesgo mayor: coincidir con un periodo lluvioso si el fenómeno El Niño continúa en desarrollo. “Si retrasas la cosecha, es posible que entres en la ventana de enero o febrero, y entonces es una decisión difícil porque los pronósticos hablan de lluvias fuertes”, sostiene.
En ese sentido, Calle resume los caminos posibles. El primero es quedarse con la floración actual, lo que implicaría una baja producción. El segundo es romper el reposo con inductores químicos y obtener la floración que sea posible, aunque sea limitada, para intentar escapar del periodo de lluvias. El tercero es esperar una mejor condición de la planta, con el riesgo de mover la cosecha hacia una ventana climáticamente más compleja.
La inducción temprana no afectaría la calidad de la fruta, precisa el asesor. El problema no está en el calibre o la condición final del mango, sino en la baja cantidad de flores que podría emitir la planta. “La calidad no se afecta. Lo que pasa es que, al inducir más temprano, el árbol, como no tiene suficientes reservas, va a florear muy poco”, explica.
Una campaña que podría moverse
En condiciones normales, la cosecha de mango peruano se desarrolla entre noviembre y marzo. Para esta campaña, Calle prevé que podría haber algo de fruta adelantada en octubre y noviembre, pero la mayor parte se concentraría en diciembre, dependiendo de cómo responda la inducción y de cuánto se retrase la floración.
El asesor advierte que no todas las zonas están siendo impactadas con la misma intensidad. Casma, por ejemplo, tendría un menor nivel de afectación, aunque también estaría moviendo su ciclo. “No necesariamente 60 días, pero sí tal vez 30 días más”, comenta. En Piura, en cambio, la situación es más crítica por la combinación de altas temperaturas, baja floración y riesgo de lluvias en la parte final de la campaña.
Por ahora, la decisión que más se observa en campo es inducir con lo que hay. Es una salida defensiva, orientada a asegurar algo de producción antes de entrar a una ventana más riesgosa. Sin embargo, Calle advierte que la respuesta viene siendo pobre, precisamente porque las yemas no han completado el proceso de maduración.
La preocupación del sector no solo está en el bajo potencial productivo, sino también en la posibilidad de que parte de la fruta que logre formarse no pueda cosecharse si las lluvias se intensifican. Por eso, al comparar la situación con campañas afectadas por eventos climáticos recientes, el asesor considera que esta podría ser aún más difícil. “