La hoja de ruta de Cerro Prieto
En el límite entre La Libertad y Lambayeque, una empresa agrícola que comenzó sembrando algodón y maíz hoy es una de las potencias agroexportadoras del país. Visitamos las instalaciones de Agrícola Cerro Prieto para conocer de cerca la estrategia de crecimiento de la compañía a través de sus voces clave.
En los inicios de Cerro Prieto, allá por los años 2007 y 2008, la escena era muy distinta a la que se observa hoy. Lo que existía entonces era apenas un proyecto agrícola en medio del desierto, dedicado a cultivos de alta rotación como algodón y maíz. La zona era agreste, sin infraestructura, sin población cercana que pudiera proveer mano de obra. Todo estaba por hacerse, y los primeros pasos se dieron prácticamente en soledad, con el desierto como único compañero.
La evolución de los cultivos fue una historia de transformación. De esas siembras de alta rotación se pasó, poco a poco, a los cultivos permanentes. La apuesta fue clara: productos frescos, de largo plazo, que permitieran consolidar la operación. La palta fue la primera gran protagonista de esa transición. En pleno auge del mercado,
Cerro Prieto se convirtió rápidamente en uno de los principales exportadores del país, con una estrategia centrada en la calidad, la seriedad de sus operaciones y la generación de volúmenes comerciales que hicieran posibles programas sostenidos de exportación. Ese paso de lo transitorio a lo permanente marcó el inicio de la historia que hoy posiciona a Cerro Prieto como un actor de primer orden en la agroindustria peruana.

Llegar a Cerro Prieto es ingresar a uno de los centros neurálgicos de la agroindustria peruana. En el límite de La Libertad y Lambayeque, donde el desierto se transforma en campos de arándanos, paltos y espárragos, se encuentra esta empresa que se ha convertido en un referente del sector. En el packing, el aire vibra con el sonido de carritos que van y vienen, de cintas transportadoras que no se detienen, de trabajadores que empaquetan arándanos con precisión milimétrica. Es un hormiguero controlado, una coreografía de acero y manos humanas. Allí, de pie frente a las líneas de empaque, Carlos Alberto Luna Cabrera, director de operaciones, hablará con el tono firme de quien sabe exactamente qué quiere lograr. Más tarde, en una cámara fría donde el silencio corta la respiración,
Daniel Bustamante Canny, director comercial, desgranará cifras y mercados con la serenidad de un veterano que ha visto crecer el proyecto desde cero. Esta es la historia de Cerro Prieto, contada por sus protagonistas.
PRODUCTIVIDAD HISTÓRICA EN PALTO: 50,000 T
“Tenemos la responsabilidad de maximizar la producción de los tres cultivos que tenemos hoy día –arándano, palta y espárrago–”, dice Carlos Alberto Luna Cabrera, director de operaciones de Agrícola Cerro Prieto. “Producir el máximo de fruta con excelente calidad, máxima eficiencia y algo muy especial: con total seguridad de nuestros trabajadores”.
En el caso del arándano, el desafío es múltiple: lograr buena productividad, garantizar calidad de fruta –un fruto delicado que se maltrata con facilidad– y enfrentar la evolución de plagas con productos que sean cada vez más amigables con el medio
ambiente. “Tenemos mayores plagas y más limitación en el uso de productos. Eso nos obliga a inclinarnos por productos de aplicación orgánicos”, explica.
Como no podía ser de otra manera para una empresa que apunta a la excelencia y competitividad, Cerro Prieto apuesta por el recambio varietal. Este año en la empresa se ha reemplazado 300 hectáreas de arándanos y para el próximo año se planea cambiar entre 300 y 400 hectáreas más por nuevas variedades. Hoy el cultivo totaliza 1,350 hectáreas, pero la meta es ambiciosa: cambiar 800 hectáreas adicionales de aquí al 2030 por nuevas variedades de mayor productividad y calidad.
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