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Entrevista al gerente general de Frutas de Piura, César Morocho

“La agroindustria en Piura pasó de la expansión a una sobrevivencia técnica”

La agroindustria del norte enfrenta una creciente exigencia marcada por el clima, las plagas y los costos globales. En medio de amenazas fitosanitarias, mayor incertidumbre climática y tensiones logísticas, uno de los territorios clave de la agroexportación en el norte del país atraviesa una fase crítica que obliga a repensar su sostenibilidad. César Morocho, gerente general de Frutas de Piura, advierte que los problemas que antes eran estacionales hoy se presentan con mayor frecuencia e intensidad, desde el avance del fusarium hasta el impacto de la geopolítica en los fletes.

29 de Mayo 2026 Gabriel Gargurevich
“La agroindustria en Piura pasó de la expansión a una sobrevivencia técnica”

Las amenazas que tiene la agroindustria aquí en el norte son preocupantes. Estarían dejando de ser estacionales “para convertirse en coyunturales”. Esto es así para el gerente general de Frutas de Piura, César Morocho, que fundó la empresa hace quince años. Y en esa frase –coyuntura que se vuelve constante– se resume el problema. Hoy en Piura se espera que algo no falle. Que una plaga no avance más rápido que el control. Que una certificación no se convierta en barrera. Que el puerto no colapse. Que el clima no cambie otra vez las reglas.

En ese margen de incertidumbre –cada vez más estrecho– se mueve hoy la agroindustria del norte peruano. Lo que antes era un negocio de expansión, hoy es, en palabras de César Morocho, “de sobrevivencia técnica”. Con más de dos décadas en el sector, Morocho habla desde el campo, desde el recorrido reciente por el valle del Chira, desde las conversaciones con técnicos, productores y exportadores que, como él, perciben que algo cambió en la región.

La última campaña de mango dejó una imagen que resume bien la tensión actual: poca producción, pero también baja calidad. “Acabamos de terminar el mango y hemos tenido una especie de paradoja. Poca producción que debería tener precios más altos en el mercado internacional. Pero también baja calidad por los problemas fitosanitarios, sobre todo antracnosis”, explica Morocho. “Entonces, eso pone en tela de juicio la situación y, de alguna manera, constituye una alerta para ese cultivo. Pero, si me pides identificar algunas amenazas o los principales focos de preocupación para el agroexportador del norte peruano, yo mencionaría el cambio climático, ante todo”.


CLIMA Y PLAGAS: LA AMENAZA QUE AVANZA MÁS RÁPIDO QUE LA RESPUESTA

El trasfondo es el cambio climático. Más lluvias, más humedad, más condiciones para la proliferación de enfermedades. Y con ello, un desafío técnico que exige respuestas más rápidas y precisas. “El cambio climático está generando muchísimas alertas fitosanitarias. El tema fitosanitario está golpeando muy fuerte desde el lado fenológico”, dice. “El hecho de que haya mayores lluvias va a hacer que la propagación de la mosca de la fruta sea inminente”.

La mosca de la fruta ataca directamente a cultivos clave como el mango y los cítricos, y su presencia puede cerrar mercados enteros. “El hallazgo de una mosca de la fruta en mangos nos puede cerrar el mercado en Europa. Nos puede cerrar el mercado”, advierte. “No somos conscientes de eso. Si no estamos atentos a ello, podríamos perder el mercado europeo, que, para nosotros, en el caso del mango, representa el 65% del total”. En un contexto donde el 80% del mango proviene de pequeños productores, el problema se vuelve también cultural. No basta con trampas o controles puntuales. Se necesita una lógica compartida de prevención. “Es un tema de cultura, es un tema de filosofía”.

Si hay una palabra que hoy pesa en el norte, esa es fusarium. Más específicamente, el Fusarium Raza 4 Tropical (R4T), una enfermedad del suelo que afecta al banano y que, a diferencia de otras plagas, no tendría solución. “Es una amenaza muy, pero muy fuerte aquí”, dice Morocho. “Yo creo que a nivel de Piura ya hay más de 5.000 hectáreas en cuidado crítico, tranquilamente. Es una espora que dura, de acuerdo a los expertos, más de 15 años. O sea, la vamos a tener siempre ahí presente”.

En el valle del Chira, campos que antes producían banano orgánico hoy están siendo reemplazados por arroz. No por decisión estratégica, sino por necesidad. “Me ha dado mucha pena cómo las hectáreas de banano se vienen muriendo”. El problema se agrava porque la producción de banano está, en gran medida, en manos de pequeños productores, con menos capacidad de respuesta técnica y financiera. Y porque, además, no hay una solución validada. “No hay cura, no hay cura química ni física ni nada. Y hasta el momento no hay una respuesta de las autoridades fitosanitarias”.

Ya no se trata de reaccionar, sino de anticiparse. Pero anticiparse requiere información, tecnología y, sobre todo, capacidad de ejecución.

UVA, OÍDIO Y LA VELOCIDAD DEL DAÑO

El problema no se limita al mango o al banano. En la uva, otra de las apuestas del norte, la amenaza es el oídio. “Es esa especie de ceniza que prácticamente te pulveriza el cultivo. La fruta se pulveriza, ya no sirve”. Las condiciones que favorecen su aparición –altas temperaturas por la tarde y humedad en la mañana– son cada vez más frecuentes. Y su velocidad de propagación obliga a actuar casi en tiempo real. “El ciclo biológico de ese hongo es tan rápido que uno tiene que actuar de manera muy acelerada. De lo contrario, cuando quieras poner el protector, ya fue, puedes haber perdido mucho”.

Otra amenaza que, aunque hoy más contenida, sigue latente es el HLB, conocido como el “dragón amarillo”, que afecta sobre todo a los cítricos. “Es la muerte instantánea de las plantaciones”, dice Morocho. El problema, una vez más, no es solo técnico, sino también de control. Las fronteras abiertas facilitan la propagación de enfermedades desde países vecinos. “Por ejemplo, el fusarium está en Ecuador, básicamente, y de ahí se está viniendo para acá”.

¿PIURA ESTÁ PREPARADA PARA EL NIÑO?

En paralelo a las plagas, el clima sigue marcando el ritmo. El anuncio de un posible fenómeno de El Niño –seguido incluso por una eventual Niña– introduce una dinámica de extremos. “Imagínate un péndulo”, dice César. “Pasamos de lluvias y calor a sequías”. El recuerdo del Yaku está aún fresco. Y con él, la sensación de que los eventos climáticos ya no son excepcionales, sino parte de una nueva normalidad. “Siempre hay que estar más atentos, más alertas. No hay que dormirnos”.

LOGÍSTICA GLOBAL: CUANDO EL PROBLEMA VIENE DE FUERA

Si el frente fitosanitario es complejo, el logístico no se queda atrás. Y aquí el factor determinante no está en Piura, sino en el mundo. “Los temas geopolíticos nos vienen golpeando muy fuerte desde la pandemia”. Conflictos internacionales, tensiones en rutas marítimas y cambios en los mercados han incrementado los costos y la incertidumbre. “La guerra con Rusia, lo que ocurre en el Mar Rojo y los conflictos más recientes. Todo ello ha incrementado los costos logísticos y ha generado una mayor incertidumbre para los agroexportadores; los precios de los fletes se incrementaron tremendamente”.

Las líneas navieras priorizan los mercados y productos más rentables. Según Morocho, primero las cerezas chilenas, luego los arándanos peruanos, después la uva, el mango y finalmente el banano. En ese orden se definen las prioridades y las condiciones de acceso.

CERTIFICACIONES: LA OTRA BARRERA

A todo ello se suma una presión creciente desde los mercados de destino, especialmente en términos de certificaciones. “El Pacto Verde implica cuidado medioambiental y social, y hay cosas en Perú que no se pueden adaptar tan fácilmente”. El problema no es el objetivo, sino la rigidez. “Y eso implicará, para todos los productores y exportadores –de uva, mango, banano, arándanos, entre otros–, mayores costos de trazabilidad y más exigencias en certificaciones”.

Morocho pone como ejemplo la formalización laboral en campañas temporales como el mango, donde muchos trabajadores prefieren no ingresar a planilla porque consideran que disminuye sus ingresos. Esta realidad genera tensiones entre las exigencias de los mercados y la dinámica laboral local.

“SOBREVIVENCIA TÉCNICA”

Quizá la frase más reveladora de la entrevista es esta: “La agroindustria en el Perú ha dejado atrás la etapa de expansión territorial que se extendió por más de 20 años con la ley agraria, para convertirse en una especie de sobrevivencia técnica”. Hoy, según el gerente general de Frutas de Piura, se depende cada vez más de la capacidad de respuesta frente a plagas, enfermedades y factores externos. El foco ya no estaría en crecer, sino en sostenerse. En evitar pérdidas más que en maximizar ganancias.

AGUA, POLÍTICA Y SEGURIDAD: LOS FRENTES INTERNOS

A los factores externos se suman problemas internos que agravan el panorama. Morocho menciona la necesidad urgente de intervenir reservorios como Poechos, la falta de planes alternativos para garantizar el agua, la inestabilidad política y el avance de la inseguridad en el norte del país. “El sicariato, el chantaje, la extorsión han comenzado a infiltrarse en organizaciones, empresas e incluso en parcelas agrícolas”.

¿Es más difícil hacer agroindustria hoy? La respuesta de César Morocho es directa: “Yo creo que sí. Es mucho más complicado por las variables que existen en este momento”. Sin embargo, insiste en que muchos de estos problemas siguen siendo coyunturales y que el gran desafío es evitar que terminen convirtiéndose en problemas estructurales. “No podemos permitir que eso se normalice ni que pase a ser algo común”.

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