Influencia de la ventilación del invernadero en la esporulación y severidad del hongo Botrytis cinerea en un cultivo de lechuga
En ambientes protegidos, la humedad relativa elevada y la presencia de agua libre sobre la superficie foliar favorecen la germinación de conidias, la penetración en el tejido hospedero y la colonización del patógeno.
La producción de hortalizas bajo invernadero constituye una estrategia fundamental para la estabilización de la oferta hortícola en zonas templadas, permitiendo extender los períodos productivos y mejorar la calidad comercial de los cultivos.
Sin embargo, dichas estructuras generan modificaciones importantes en el microclima, particularmente en temperatura, humedad relativa y circulación del aire, variables que influyen directamente en el desarrollo de enfermedades fúngicas.
Dentro de estas patologías, la pudrición gris causada por el hongo Botrytis cinerea (Figura 1) representa uno de los principales problemas sanitarios en sistemas hortícolas protegidos, incluyendo el cultivo de lechuga.

El desarrollo epidemiológico de B. cinerea está fuertemente condicionado por factores microclimáticos, especialmente aquellos relacionados con el estado higrométrico del aire (cantidad de humedad del aire).
En ambientes protegidos, la humedad relativa elevada y la presencia de agua libre sobre la superficie foliar favorecen la germinación de conidias, la penetración en el tejido hospedero y la colonización del patógeno.
Estos procesos son particularmente relevantes en cultivos como la lechuga, donde la arquitectura del dosel facilita la retención de humedad y la formación de microambientes altamente predisponentes para la infección.
Uno de los aspectos centrales en la epidemiología de B. cinerea es su capacidad de producir grandes cantidades de esporas llamadas conidias.
Las conidias generadas constituyen el principal mecanismo de dispersión de este hongo y determinan la presión de inóculo presente en el sistema productivo, es decir, la cantidad de esporas circundantes en el ambiente.
La producción de conidias está estrechamente asociada a condiciones de humedad elevada, baja ventilación y temperaturas moderadas, factores que suelen presentarse en invernaderos hortícolas.
En este contexto, la cantidad de esporas disponibles no solo determina el riesgo inicial de infección, sino
también la intensidad de los ciclos secundarios de la enfermedad, los cuales pueden amplificar rápidamente el daño sanitario a cualquier cultivo bajo dichas condiciones ambientales.
No obstante, la relación entre producción de inóculo y severidad de la enfermedad no es estrictamente proporcional. Diversos estudios han demostrado que la eficiencia del inóculo depende en gran medida de las condiciones ambientales presentes durante el proceso infeccioso.
En particular, la persistencia de períodos prolongados con humedad relativa cercana a la saturación y un déficit de presión de vapor (DPV) bajo favorece la germinación de conidias y aumenta la probabilidad de infecciones exitosas.
El manejo de la ventilación constituye una de las principales herramientas para modificar el microclima en sistemas protegidos. La renovación del aire permite reducir la humedad relativa, disminuir la duración de los períodos de mojamiento foliar y limitar la incidencia del patógeno (Beluzán 2026).
La medición de variables microclimáticas como temperatura, humedad relativa, DPV, horas de alta humedad relativa, permite comprender de manera más precisa la dinámica ambiental que regula la interacción patógeno-hospedero.
El DPV, en particular, ha sido propuesto como un indicador robusto del estado higrométrico del aire y del potencial de secado de la canopia (parte del cultivo que se encuentra sobre el suelo), convirtiéndolo en una herramienta útil para el pronóstico de enfermedades y el manejo preventivo de patógenos en ambientes protegidos.
En el cultivo de lechuga, la severidad de la pudrición gris tiende a incrementarse a medida que avanza el desarrollo fenológico del cultivo, debido al aumento de la densidad foliar y la formación de microambientes húmedos en su interior debido a su arquitectura. En estas condiciones, la interacción entre producción de esporas y microclima adquiere una relevancia crítica, ya que pequeñas variaciones en la cantidad de inóculo pueden traducirse en diferencias significativas en el daño sanitario final.
Bajo este marco conceptual, el estudio de la producción de esporas de B. cinerea y su relación con factores microclimáticos permite comprender mejor los mecanismos que determinan la severidad de la enfermedad en cultivos hortícolas protegidos. Analizar la dinámica de producción de esporas en función de variables microclimáticas resulta esencial para el desarrollo de estrategias de manejo que permitan reducir el riesgo epidemiológico del cultivo de lechuga bajo invernadero.
DISEÑO EXPERIMENTAL Y CONDICIONES DE CULTIVO
El estudio se realizó en dos invernaderos tipo túnel semicircular de características idénticas, cubiertos con polietileno y ubicados en la Región de Los Ríos, utilizando plantas de lechuga cultivadas bajo manejo agronómico convencional. El objetivo fue evaluar la relación entre variables microclimáticas, la esporulación del hongo y la severidad de la enfermedad bajo distintos niveles de ventilación.
Se establecieron dos tratamientos de ventilación: alta ventilación (75 % de la superficie envolvente del invernadero) y baja ventilación (25 % de la superficie envolvente del invernadero).
Ambos tratamientos se mantuvieron durante todo el ciclo del cultivo. El manejo agronómico, densidad de plantación, fertilización y riego se mantuvieron iguales entre tratamientos.
REGISTRO DE VARIABLES MICROCLIMÁTICAS
Las condiciones ambientales dentro del invernadero fueron monitoreadas mediante el uso de datalogger, registrando temperatura del aire y humedad relativa a intervalos regulares durante 80 días.
A partir de estos registros se calcularon las siguientes variables: a) Temperatura media diaria, b) Humedad relativa media diaria, c) DPV y d) Número de horas diarias con humedad relativa sobre el 90 %. Estas variables fueron utilizadas como indicadores del nivel de predisposición ambiental para el desarrollo del hongo.
EVALUCACIÓN DE ESPORULACIÓN
La esporulación de B. cinerea se estimó mediante el conteo de unidades formadoras de colonia (UFC) obtenidas a partir de trampas de esporas instaladas durante los muestreos. Para ello se utilizó medio ASB, un medio selectivo que permite el crecimiento de B. cinerea e inhibe el desarrollo de otros microorganismos. Este medio contiene ácido tánico, compuesto que es degradado específicamente por B. cinerea, generando una decoloración característica que facilita la identificación y cuantificación del patógeno.
El medio se dispuso en placas Petri estériles de 9 cm de diámetro, vertiendo aproximadamente 10 mL por placa y permitiendo su solidificación. Posteriormente, las placas se montaron en trampas de esporas consistentes en una estructura tipo cruz, ubicándolas de forma perpendicular a los brazos (Figura 2). Las trampas se instalaron en el invernadero a aproximadamente 30 cm del suelo, en el centro de cada tratamiento.

Las placas permanecieron expuestas durante 8 horas, tras lo cual fueron retiradas e incubadas en estufa a 20 ± 2 °C, en condiciones de oscuridad, durante 72 horas. Finalizado el período de incubación, la esporulación se cuantificó mediante el recuento de manchas marrones oscuras desarrolladas sobre el medio, registrándose como UFC por placa, considerando que cada mancha corresponde al crecimiento de una espora viable del patógeno.
EVALUACIÓN DE LA SEVERIDAD DE LA ENFERMEDAD
La severidad de la pudrición gris se evaluó mediante estimación visual del porcentaje de tejido basal afectado en plantas seleccionadas al azar dentro de cada tratamiento, según escala de severidad de seis niveles, graficada en la Figura 3. Las evaluaciones se realizaron en tres estados fenológicos del cultivo: a) Pre-roseta, b) Roseta y c) Madurez de cosecha (Figura 4).


ANÁLISIS ESTADÍSTICO
Se realizaron análisis de regresión para evaluar la relación entre la esporulación del patógeno y las variables microclimáticas registradas y calculadas. Además, se compararon los niveles de severidad entre tratamientos de ventilación y estados fenológicos mediante ANOVA.
Los grupos homogéneos se separaron con la prueba de Tukey al 95 %.
Resultados sobre la relación entre esporulación, microclima y severidad de B. cinerea En el presente estudio, la esporulación de B. cinerea, expresada como UFC, mostró respuestas relativamente similares entre los tratamientos de 75 % y 25 % de ventilación, con pequeñas variaciones asociadas al microclima de cada tratamiento.
No obstante, las diferencias absolutas en UFC entre tratamientos fueron en general reducidas y los modelos de regresión presentaron coeficientes de determinación variables, lo que indica que la esporulación no estuvo explicada exclusivamente por las variables microclimáticas analizadas (Figura 5).
Este comportamiento es consistente con lo descrito para B. cinerea, cuya producción y liberación de conidias depende de múltiples factores ambientales y biológicos, incluyendo disponibilidad de tejido senescente, condensación superficial, estructura de la canopia y dinámica temporal de la humedad, más que de un único descriptor climático promedio.

Sin embargo, a pesar de estas diferencias relativamente pequeñas (p-valor ≥ 0,05) en la magnitud de la esporulación, el tratamiento con ventilación reducida (25 %) presentó mayores niveles de severidad en las tres etapas fenológicas evaluadas (Figura 6), especialmente en madurez de cosecha.
Este resultado sugiere que la relación entre inóculo y enfermedad no es estrictamente lineal y que pequeñas variaciones en la presión de inóculo pueden traducirse en diferencias importantes de severidad cuando el microclima favorece la infección.
Este fenómeno ha sido ampliamente documentado en patosistemas policíclicos (enfermedades que pueden completar varios ciclos de infección durante una misma temporada), donde el ambiente modula no solo la cantidad de inóculo producido, sino también la probabilidad de infección exitosa y la tasa de desarrollo de la enfermedad (Agrios, 2005).

Diversos estudios han demostrado que B. cinerea requiere condiciones de humedadrelativa elevada cercana a la saturación (90-95 %) para la germinación de conidias y la penetración en el tejido hospedero, y que la duración del período húmedo es un factor crítico para la infección (Elad y Evensen, 1995; Williamson et al., 2007).
En este contexto, la ventilación actúa como un regulador clave del microclima, al reducir la permanencia de aire saturado, favorecer el secado del follaje y limitar la continuidad temporal de las condiciones predisponentes.
Así, aun cuando la producción total de esporas (medida en este ensayo como UFC) no difiera marcadamente entre tratamientos, la probabilidad de que una conidia resulte en una infección activa, puede ser sustancialmente mayor en condiciones de baja ventilación.
En cuanto al DPV, se ha descrito que valores bajos favorecen la germinación de conidias y la colonización de tejidos por B. cinerea, incluso cuando la cantidad de inóculo disponible es baja.
En este estudio, la mayor severidad observada bajo 25 % de ventilación es coherente con un microclima caracterizado por DPV bajos sostenidos, lo que aumenta la probabilidad de infección exitosa y la expansión de lesiones.
Asimismo, la respuesta no lineal observada entre temperatura y esporulación medida en UFC (ajuste parabólico) es consistente con la literatura, que indica que B. cinerea presenta un amplio rango térmico para el desarrollo, pero que su actividad está fuertemente modulada por la interacción entre temperatura y humedad (Jarvis, 1977; Williamson et al., 2007).
En sistemas poco ventilados, la temperatura puede intensificar indirectamente el riesgo sanitario al reducir el DPV efectivo o aumentar la duración de períodos con HR elevada, lo que explica por qué la severidad puede incrementarse aun sin grandes cambios en UFC.
Un aspecto relevante es la mayor variabilidad observada en la severidad bajo ventilación reducida, particularmente en madurez de cosecha. Esta mayor dispersión sugiere la existencia de microambientes heterogéneos dentro del invernadero, con sectores o momentos especialmente favorables para la infección. Este tipo de heterogeneidad espacial y temporal ha sido reportado previamente en invernaderos con ventilación limitada y se asocia a focos de infección secundaria que amplifican el daño final del cultivo (Elad et al., 2007).
En conjunto, los resultados indican que la ventilación no debe evaluarse únicamente por su efecto sobre la cantidad de esporas producidas, sino por su rol en la modulación del proceso epidemiológico completo.
Bajo ventilación reducida, aun diferencias pequeñas o estadísticamente débiles en esporulación pueden modificar la tendencia de severidad a lo largo del ciclo del cultivo, resultando en mayores niveles de severidad.
Esto es particularmente crítico en etapas fenológicas avanzadas, donde el cubrimiento de la canopia incrementa la retención de humedad y favorece la progresión de la enfermedad.
Referencias bibliográficas
Agrios, G. N. (2005). Plant Pathology (5th ed.). Elsevier Academic Press.
Elad, Y., & Evensen, K. (1995). Physiological aspects of resistance to Botrytis cinerea.
Phytopathology, 85, 637-643.
Elad, Y., Williamson, B., Tudzynski, P., & Delen, N. (2007). Botrytis: Biology, Pathology and Control. Springer.
Jarvis, W. R. (1977). Botryotinia and Botrytis species: Taxonomy, physiology, and pathogenicity.
Research Branch, Canada Department of Agriculture.
Williamson, B., Tudzynski, B., Tudzynski, P., & van Kan, J. A. L. (2007). Botrytis cinerea: the cause of grey mould disease. Molecular Plant Pathology, 8(5), 561-580.