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Entrevista con Luis Corvera, de FreshFruit:

"La agricultura peruana está en una zona de confort de la que hay que salir"

El fundador de la firma que monitorea las cifras de las exportaciones agrícolas de Perú señala que el país no debe dormirse en los laureles de ser el principal exportador global de arándano, de uva y el segundo de palta. Señala que la competencia los obligará a buscar nichos y que faltan esfuerzos en desarrollar volúmenes en nuevas especies.

23 de Enero 2023 Rodrigo Pizarro y Felipe Aldunate
"La agricultura peruana está en una zona de confort de la que hay que salir"

Las eventos políticos y sociales de Perú iniciados tras la salida Pedro Castillo al plantear un golpe de estado, han impactado de manera directa a una industria agrícola que estaba en el ‘peak’ de la temporada para dos de sus frutas principales: arándanos y uva de mesa. “Es curioso porque es el tercer año que tenemos algún tipo de problemas hacia los fines de año”, dice Luis Corvera, fundador y director de la firma de estudios de mercado FreshFruit Perú. “Casi siempre hay protestas hacia final de año, época en que cada día que se paralizan los envíos agrícolas son aproximadamente US$27 millones que se pierden”. Esto es una complicación especial para quienes hacen análisis y proyecciones de mercado. “Eso genera cambios en tus estimados de crecimiento, porque sin paralizaciones estimábamos, más o menos, que iba haber un crecimiento de 10,5 puntos para el sector agrícola este año”, dice Corvera. “Con los días que se paralizaron más o menos, hemos estimado que debe haber llegado a 9,8 o 9,7 puntos”.

-Pero eso que se dejó de enviar a fines de 2022 se retrasará y se sumará a las cifras de 2023…

-Hay quienes dicen eso, pero es verdad y es mentira, porque depende de cuántos días tengas de paralización. Cuando haces una paralización no solo paralizas a los camiones que están transportando el fruto al puerto o al aeropuerto, que se quedan en la carretera. Están refrigerados y pueden aguantar ahí un par de días. Pero se paraliza la cadena hacia atrás también, porque la gente no se podía desplazar a los campos. Entonces, por ejemplo, has tenido estos días de fin de año cerrado toda la zona de Virú. Los trabajadores no podían llegar a la chacra, y si el trabajador no llegaba a la chacra, no se podía cosechar.

-Y esos días, en diciembre, se necesita aún una gran cantidad de trabajadores para la cosecha de arándanos.

-Así es: tenías la fruta, pero no tenías quién la coseche. Puede aguantar un día o dos, pero cuando llegas a séptimo, octavo día, esa fruta ya se pasó. Si tú te paras uno o dos días, no importa, el tercer día vas, la recolectas y pateaste el envío dos o tres días, no hay problema. Pero si tú ya tienes una paralización de seis o siete días, ya empiezas a perder el producto. Eso es lo que nos ha pasado, porque ha sido una paralización larga, de aproximadamente diez días. Entonces ahí has perdido, por lo menos, tres o cuatro días completos. Eso es lo que nos ha pasado ahora, pero que también pasó en años previos, en donde también hubo paralizaciones de la gente de los controladores aéreos, lo que también redunda en la salida de productos. A fines de 2022 llegamos al extremo, porque por primera vez paralizó el Senasa y eso tiene un efecto enorme porque para exportar necesitas el visto bueno del Senasa. Yo discutía mucho con la gente que está a favor de los cambios normativos, que dicen que el agro gana mucho, que le pagan poco a los trabajadores, etc., siempre hay espacios de mejora, pero digo: tengan en cuenta que el sector agrícola es un sector de mucho riesgo, porque a diferencia de otros productos, acá no solo tienes el vaivén del ciclo económico que te involucra, que tengas mayor o menor demanda porque la gente tiene más o menos plata. También tienes el riesgo climático que te afecta mucho. Chile sufre muchísimo con el riesgo climático: En 2019 y 2020 tuvo problemas de sequía, mientras que en 2021 tuvo problemas de lluvia de más. Pasan de la sequía a la inundación.

-Si no es El Niño es La Niña, y si no es La Niña es El Niño…

-Es un negocio de mucho riesgo. Yo veo acá a muchos inversionistas, muchos banqueros que se metieron al agro casi como ‘hobby’ y si le va mal pueden perder su fortuna. El agro es un sector que puede generar muchos beneficios, pero también te puede llevar a la quiebra. Es demasiado volátil y dependen d muchos factores externos, como la competencia internacional. Nosotros estamos un poco sesgados, porque hemos visto la experiencia que tuvimos con los chilenos. Cuando nosotros aparecimos en el contexto de la agroexportación éramos nada y Chile estaba muy bien posicionado. Pero desde entonces le hemos ido quitando a Chile su participación en los productos que ellos estaban; Chile era el líder mundial en arándanos, uno de los líderes mundiales en uva, y nosotros nos hemos ido metiendo en los productos que han tenido allá, porque son productos que también se daban acá. Gracias a las condiciones climáticas y de la tierra que tenemos un poco más, abastecimiento de agua, etc., logramos superarlos en volumen y mejorar a nivel de costos y los hemos obligado de alguna manera a Chile a especializarse en productos de mayor calidad.

-¿Hay una especialización entre ambos países?

-Sí, en Perú vamos por el volumen y a Chile no les queda otra que, como no pueden competir por volumen, tienen que enfocarse en semillas mejoradas, en productos de mayor rendimiento, en productos de mejor sabor, en mercados más premium. Tienen que ir al nicho, ya no pueden competir con el volumen. Pero ahora siento que nosotros estamos en una zona de ‘confort’ de la que hay que salir: somos los líderes mundiales de uva, los líderes mundiales de arándanos, el segundo en paltas, y vamos para adelante, pero se nos olvida que la cosa no es estática, es dinámica. A tu costado, Colombia está sembrando palta y sigue creciendo en palta y ya es un competidor importante en la ventana que comienza en Europa. Ya está afectando este mercado europeo y eso que recién está empezando. Lo que a nosotros nos pasó con Chile, es lo que hoy día nos está haciendo Colombia a nosotros o lo que México está haciendo con arándanos, que tiene la ventaja competitiva sobre nosotros.

-La ventaja de estar al lado de EE UU…

-Porque está al costado y que creo que eso no lo estamos contemplando, entonces ya es momento de que empecemos a pensar, al igual que lo hizo Chile en su momento, y adelantarnos para pensar no solo en el volumen, sino que empecemos a analizar cada nicho de mercado para ver en cuáles podemos generar rentabilidad y qué necesitamos para entrar a esos nichos de mercado. De repente necesitamos cambiar la variedad o salir en otro momento del año, en eso deberíamos enfocarnos, porque los competidores siguen saliendo. Sudáfrica con sus limitaciones y todo sigue creciendo, España también, Ecuador se está metiendo y los tres al costado. Colombia puede producir palta todo el año, pero en Perú no se puede; estás yéndote a Ayacucho, a Cajamarca, tratando de ver cómo ampliar la ventana, tratando de ver cómo entras a eventos como el Superbowl, que es donde se consume el 1% de toda la palta y Perú no está.

-¿Es factible que Perú abandone la estrategia del volumen para concentrarse en nichos ‘premium’?

-Sí, o con mercados a los que el resto no tiene acceso. Lo que nos pasa hoy a nosotros es que competimos con Colombia en Europa: como aún no tenían acceso fitosanitario de la palta en Estados Unidos entonces no te afectaba. Ahora que ya entró tienes que empezar a preocuparte por él. Antes decías, como tengo a Sudáfrica en Europa, tengo a Kenia en Europa, como tengo a Chile un poco más metido en Europa, cuando el precio baja, voy a EE UU y consigo mejor precio porque la sobreoferta está en Europa y EE UU es más selectivo y solo deja entrar a México, Chile y a Perú. Los productores de palta no son conscientes que han tenido un problema: en 2018 tuvieron problemas con el precio de la palta, sobreproducción; en 2021 nuevamente sobreproducción, en 2023 vamos a volver a crecer estimamos un 15% en volumen… ¿A dónde la vas a mandar?

-Muchos observadores tienen la sensación que son los propios volúmenes peruanos los que al final terminan quitándole valor a su agricultura. El crecimiento del arándano saturó sus propias ventanas comerciales; algo parecido a lo que describes en paltas y en uva…

-Ese es el problema del éxito y nos pasa a todos. Cuando te empieza a ir bien, todos se suben a esa ola. Hace seis o siete años tenías una diversificación de siete, ocho productos, y ninguno pasaba los US$ 1.000 millones. La brecha entre los productos no era muy amplia, pero repentinamente le fue bien a la palta porque empezó a crecer la demanda, le fue bien al arándano y la uva también empezó a mejorar porque Chile se demoró en hacer el recambio varietal. En Perú fuimos más rápidos. Eso ha generado un problema, porque esos productos se volvieron mucho más rentables que la mandarina o el espárrago. Y como agricultor obviamente vas a tratar de irte hacia los productos más rentables y tiendes a hacer sustitución de productos. Ya casi no quedan grandes productores o exportadores de espárrago, la mayoría se salió. La Libertad cuando nace era 95% espárrago y hoy solo tiene entre el 8% y 9% y casi todo lo demás es arándano. Entonces te sumas al producto exitoso y lo que se ha conseguido es tener tres productos que pasan de los US$1.000 millones. En 2022, paltas, arándanos y uva cerraron, cada uno, con exportaciones de casi US$1.500 millones cada uno, es decir, que entre los tres suman unos US$4.500 millones y si le sumas el café que ha tenido un año atípico, entre esos cuatro productos tienes unos US$5.800 de un total de US$9.800 millones que se exportó en el año..

-¿Puede Perú seguir sosteniendo ese crecimiento?

-En una reunión que tuvimos hace poco, todos hablaban de que podemos seguir irrigando para la zona norte o hacia otras zonas. Es verdad que podemos casi hasta duplicar el área de cultivo con todos los proyectos de irrigación. Si completáramos los proyectos de irrigación en carpeta y tuviéramos el doble de superficie de cultivo, surge una pregunta importante: ¿Qué siembras ahí? ¿Arándano, palta y uva? Si es así, ahí terminamos de matar todo. Cuando entramos con arándano valía US$12 el kilo y cuando lo piensas, te preguntas cómo alguien pagaba eso: hoy está a US$3,80 y US$3,90, dependiendo de la época del año.

Si completáramos los proyectos de irrigación en carpeta y tuviéramos el doble de superficie de cultivo, surge una pregunta importante: ¿qué siembras ahí? ¿Vas a sembrar arándano, palta y uva? Si es así, ahí terminamos de matar todo

Luis Corvera, de FreshFruit Perú

¿CUÁL ES EL PRÓXIMO ‘ARÁNDANO’ DE LA FRUTICULTURA PERUANA?

-¿Puede surgir otro arándano en Perú? ¿Otra fruta de alto potencial y de alto crecimiento en que el país pueda apostar?

-Es difícil. Hay mucha gente que está soñando que logremos que la cereza pegue en Perú, que algún campo logre sacar una producción comercial. Hay varios que están en este proceso, con la cereza y la frambuesa. La producción comercial no sería tanto que el fruto pegue, sino que cumpla con determinadas características organolépticas que permitan que el mercado lo acepte. El fruto sale, el tema es que las características de cereza y frambuesa que logran sacar, no son las que son las que son aceptadas por el mercado todavía. La cereza sigue siendo un nicho, porque a diferencia del arándano, que es un producto de consumo masivo en el hemisferio norte, la cereza no lo es. Y tú estás pensando en un producto que te pague US$10 o US$12 el kilo, y en temporada alta de festividades de Año Nuevo Chino logran sacar mucho más.

-¿Hay productores en Perú pensando en llegar con cereza para China también?

-Sí, porque China es el mercado que paga más para la cereza. En otros mercados también se vende, pero no tienen tanta demanda. La cereza no tiene un potencial global tan alto como el arándano, que tiene propiedades que hace que sea de alguna manera de mayor interés porque es un producto antioxidante, que tiene beneficios para la salud. La cereza no tiene esas características; es más un producto para complacerte, es un producto de capricho, casi un dulce. Tiene un techo más bajo, se puede sembrar cereza y puedes intentar masificarla, pero no vas a llegar a los volúmenes del arándano.

AÚN NO HAY ENVÍOS DE CEREZAS ‘MADE IN PERÚ’

-En los números que manejan, ¿han visto envíos de cereza desde Perú, aunque sea una muestra?

-No, sólo de frambuesas. Se ha mandado desde 2020 pero solo muestras, nunca ha logrado ser algo comercial. Hay algo que nosotros siempre hemos discutido. No sé si has visto los números, pero nosotros venimos creciendo en algunos productos chicos y la gente se emociona. Limón Tahití se duplicó, pero está en el piso. Son volúmenes pequeños con los que es fácil crecer. La fresa también ha duplicado su exportación, pero la nuestra no es de buena calidad, por lo que se la llevan procesada ya sea congelada o como pulpa.

-La exportación de fruta fresca desde Perú requiere, en buena parte, el transporte aéreo, porque si no, no aguanta…

-Depende de la vida útil del producto. Pero veamos qué sucedió con el espárrago: hasta antes de la pandemia, casi toda su producción se llevaba por avión y la pandemia lo primero que paralizó fueron los vuelos de avión. Nosotros no tenemos muchas aerolíneas dedicadas al transporte de carga aérea, por lo que la carga va principalmente en aviones de pasajeros. Entonces cuando se frenó el tráfico de pasajeros por la pandemia, se frenó el tráfico de carga y eso obligó a los esparragueros a empezar a adecuarse al envío por mar. Hoy, una buena parte se envía por barco.

-Sí, porque es un producto que resiste más…

“Pero también depende del valor del producto, porque en una cereza que vale US$12 el kilo, yo me puedo dar el lujo de mandarla en avión. Pero una banana que vale US$90 centavos el kilo, no aguanta un flete aéreo. Hoy ni siquiera aguanta el flete de barco. Si hablamos por productos, hay productos que prácticamente están en rojo, no generan rentabilidad y el banano no genera rentabilidad. Los costos logísticos son tan altos y el precio es tan bajo que no genera rentabilidad: el producto que vale US$0,40; US$0,30 y US$0,20; no tiene mucho espacio para manejar costos logísticos tan altos cuando se multiplicaron los precios de los fletes de barco por cuatro o cinco.

-¿Y qué están haciendo esos agricultores bananeros?

-Han empezado a reducir la exportación y a salirse de ella o buscar otras alternativas. Las cooperativas son un caso que hay que revisar porque, suena bonito que se recupere todo, pero ellos no tienen las espaldas financieras para enfrentar situaciones complicadas entonces han empezado a desafiliarse muchos y han empezado a ver productos para sembrar en zonas de cultivo y con eso viven día a día, porque el banano no les da.

-De los nuevos cultivos que están creciendo en Perú, ¿hay alguno que tenga perspectivas para llegar a ser una exportación de US$1.000 millones?

-Hay varias que están creciendo, como la alcachofa, el limón Tahití, la fresa. Pero ninguna va a llegar a esos volúmenes. Por ejemplo, antes del arándano se hablaba de la granada. Llegó el arándano y se seguía hablando de la granada. Yo soy de los que creen que nunca va a terminar de salir de la situación de ‘potencial estrella’, porque tiene varios problemas. Primero, que sus principales mercados son básicamente Asia; de hecho, su principal mercado es Rusia, pero ahora con la guerra eso se cae. Y Estados Unidos obliga a pasar por un proceso fitosanitario complicado, que implica que te pongas una advertencia y la gente no te la compra así. Entonces es difícil y espero que no pase con el espárrago peruano, que se ha venido trabajando para quitar el tratamiento que se le está dando al producto allá. En 2023 creceremos entre 8% y 9%. Vamos a seguir con crecimientos altos de volumen; la palta va a crecer 15% en volumen, el arándano debe estar creciendo entre 21% y 22% en volumen, la uva también debe estar creciendo en un porcentaje significativo. Lo que va a limitar crecer va a ser el precio, porque el precio va a caer. Estamos esperando que los precios caigan entre 8 y 10% en cada caso.

«En 2023 creceremos entre 8% y 9%. Vamos a seguir con crecimientos altos de volumen; la palta va a crecer 15% en volumen, el arándano debe estar creciendo entre 21-22% en volumen, la uva también debe estar creciendo en un porcentaje significativo. Lo que va a limitar crecer va a ser el precio, porque el precio va a caer. Estamos esperando que los precios caigan entre 8 y 10% en cada caso»

-¿Puede la agroexportación de Perú crecer a una tasa cercana al 10% en 2023?

-En 2022, crecimos en torno a 9,70%. Para 2023 estamos asumiendo que también se debería crecer, sin tomar en cuenta el riesgo político, porque eso nunca vas a saber cómo cuantificarlo porque no sabes si va a haber marcha, si van a cerrar la carretera. Si no hubiera ninguna de esas situaciones, en 2023 creceremos entre 8% y 9%. Vamos a seguir con crecimientos altos de volumen; la palta va a crecer 15% en volumen, el arándano debe estar creciendo entre 21-22% en volumen, la uva también debe estar creciendo en un porcentaje significativo. Lo que va a limitar crecer va a ser el precio, porque el precio va a caer. Estamos esperando que los precios caigan entre 8 y 10% en cada caso. Con ello, el crecimiento en dólares va a estar por debajo con respecto al volumen. El café ya se desinfló: había multiplicado por tres su valor en el año y nos llevó a creer que, si no pasaba nada, este año pudo haber sido el producto con mayor valor importado de Perú. Si no se desinflaba entre octubre e inicios de noviembre, este año el café hubiera pasado a todos los demás productos porque los últimos dos meses son los mejores del café. El mejor año para el café peruano había sido 600 y pico millones de dólares, cuando era el primer producto exportador de Perú. Y este año, si hubiéramos mantenido el precio, iba a llegar entre US$1.700 y US$1.800 millones.

-¿En cuánto cerró?

– En US$1.300 millones.

-Es una cifra relevante…

-Sí, pero hay que tener claro que fue un año atípico. Sin contar al café, viene la mandarina, que oscila entre US$400 y US$500, entonces la brecha es enorme. No es que tú digas que está cerca, y de dos o tres productos que tienes ahí, luego pasas a los productos entre US$80 y US$120 millones. Entonces, no tenemos productos que estén más o menos al mismo nivel, tenemos productos con muchas escalas diferentes. El limón Tahití está en el lugar 20, por lo cerró el año en el ‘top 20’. Suena a que debe ser un producto espectacular, pero el ‘top 20’ posiblemente está con US$200 millones, bien abajo de los que están arriba. Incluso estar en el ‘top 10’ involucra estar en US$350 o US$400 millones, entonces tampoco es mucho”.

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