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Bajo las condiciones de Colombia

Consideraciones sobre la productividad del aguacate en un ambiente cambiante

En el aguacate se ha establecido en Colombia en zonas con diferentes características edafoclimáticas. Para lograr las producciones adecuadas, se necesita un genotipo, que contiene la carga genética tanto del patrón como en el dosel. Ello induce a los sistemas productivos de alta inversión a una alta incertidumbre, pretendiendo destacar los componentes del Ambiente y de la agronomía, para hacerlo productivo, rentable y sostenible. En las próximas líneas, el autor establece cuáles son las estrategias más correctas para lograrlo.

14 de Mayo 2024 Dr. Néstor Riaño, asesor
Consideraciones sobre la productividad del aguacate  en un ambiente cambiante

Tras múltiples visitas a varios sistemas productivos en numerosas localidades, realizando capacitaciones, conferencias y actividades de transferencia, he notado que existe una gran brecha entre el conocimiento generado, las tecnologías desarrolladas disponibles en la actualidad y su adopción y adaptación a las condiciones locales, independientemente de la especie cultivada, su tecnología de producción, el tamaño de la unidad productiva y los recursos financieros con que se cuente.

Estas reflexiones se enfocan principalmente en el asunto escogido por los editores de esta publicación. ‘El aguacatero – Persea americana, Miller – cv. Hass’. Sin embargo, una buena parte de ellas, son aplicables a las demás especies y sistemas habituales.

Es necesario recordar que la producción (Pn), ha sido descrita como el producto de la interacción del Genotipo (G) por el Ambiente (A) es decir: Pn = G x A

La Pn se mide en términos de unidad de masa en kg o sus múltiplos del producto que se cosecha por unidad de planta. Sin embargo, actualmente y en particular para el producto que se cosecha en plantas perennes, principalmente árboles, es indispensable incluir dentro de tal formula a la cantidad cosechada (K) y la calidad de lo que se cosecha (Q); de esta forma la función se ajusta a: Pn = G x A = K x Q

Como consecuencia de lo anterior, aparece el concepto de Productividad (Pd) que se mide como el cociente de la producción obtenida y el factor unitario que se pretende evaluar y con seguridad el más conocido y utilizado como referencia es el que incorpora el factor de área de suelo utilizado, en general la hectárea (ha); es decir:

Pd = Pn / ha = kg / ha

Con base en este preámbulo conceptual básico de la agricultura, es entonces pertinente analizar las bases de la Pn y Pd del aguacatero y el producto principal que se cosecha el aguacate.

Se conoce que el centro de origen de la especie se encuentra en las partes altas del centro y el este de México, y las partes altas de Guatemala; además, de acuerdo con Popeone1  y Smith2, existen tres taxones o subespecies distintas de aguacate: la mexicana, la guatemalteca y la antillana o de las tierras bajas. Las variedades relacionadas y sus características de adaptación se muestran en el cuadro 1.

Cuadro 1. Características de los genotipos del aguacatero por taxón.

A Colombia la especie parece llegó por intercambio entre las tribus originarias y para 15193, ya se había realizado una descripción del fruto en el pueblo de Yaharo hoy Dibulla – departamento de La Guajira. De allí se dispersó y se estableció principalmente en los montes de María.

Debido a las condiciones edafoclimáticas habituales en los montes de María, región establecida por algunos expertos como centro de dispersión de la especie para Colombia, la mayor parte de los genotipos que allí se encuentran son del tipo antillano con nombres nativos como cebo, leche y manteco a los cuales se les denomina ‘criollos’. Así, la propagación con fines de establecer plantaciones se realiza utilizando semillas sexuales como portainjertos, generalmente de los genotipos criollos y yemas que se injertan de la variedad de interés como la cv. Hass, esta última conformará la copa o fronda que produce los frutos que se cosechan. Sin embargo, dada la condición de la especie de ser alógama, ello conduce a una gran variabilidad de la progenie que se utiliza como semilla, lo cual se traduce en una gran variabilidad en la población productiva.

En concordancia con lo anterior, lo que se observa en muchas de las plantaciones actualmente en producción, es una heterogeneidad en el vigor, porte, capacidad adaptativa y productiva de los árboles, que se atribuye a múltiples variables y muy poco a la calidad de la semilla sexual y a la fuente de yemas de huertos destinados para tal fin, ya sea por viveros propios o por viveros comerciales.

Por tanto, el primer componente de la producción que lo constituye el genotipo (G), que contiene la carga genética tanto del patrón como en el dosel por la yema que crece y se desarrolla, induce a los sistemas productivos de alta inversión a una alta incertidumbre, pretendiendo destacar los componentes del Ambiente (A) y de la agronomía, para hacerlo productivo, rentable y sostenible.

Desde los primeros años en las instituciones agrícolas se trasmite el concepto de ley del mínimo o del factor que limita la producción, el cual fue establecido por J.V. Liebig, pero desarrollado por Sprengel en 18285 mediante el uso de la agroquímica, según la cual el crecimiento de las plantas está limitado por el nutrimento esencial en la concentración que esta al mínimo en el sistema. La generalización de dicho principio conduce a afirmar que el crecimiento vegetal no es controlado por la magnitud total de los recursos disponibles, sino por el recurso más escaso (figura 1). Además, se muestra en la figura, la generalización concordante con el criterio del autor donde realmente la oferta climática cambiante, es el factor actual que genera la mayor limitación e incertidumbre sobre el crecimiento, la producción, la adaptación, la rentabilidad y la sostenibilidad de los sistemas agrícolas productivos.

OFERTA CLIMÁTICA CAMBIANTE

El efecto de la oferta climática cambiante impacta en la mayoría de las variables que participan en la producción de los cultivos y se relacionan con los procesos de formación del suelo, con la dinámica poblacional de los microorganismos, los insectos y las plantas que compiten; pero a su vez como componente determinante de la ecuación G x A.

Llama la atención que, en las visitas de campo y actividades de capacitación y transferencia, el conocimiento acerca de los componentes del Ambiente (A), la oferta climática y el suelo son muy poco utilizados para la toma de decisiones desde el momento de seleccionar el área de cultivo donde se harán las inversiones en el sistema productivo aguacatero. Recientemente, en visita a una empresa de gran área cultivada, cuando se consultó acerca de los estudios semidetallados o detallados del suelo como soporte para determinar las unidades cartográficas que permitan la delimitación de los lotes por unidades homogéneas de manejo y exclusión de áreas que presenten limitaciones físicas, químicas o ambientales para su uso; la respuesta de los responsables de tomar las decisiones técnicas y administrativas se centraron en el costo de dicho estudio; se les manifestó que actualmente ese tipo de estudios pueden tener un costo de US$25 por hectárea, que equivale a un par de árboles de vivero que se han de trasplantar. Este tipo de estudios, se soporta en grandes inversiones del estado y los gremios de la producción, para conocer la geología, la pedogenética y el potencial de uso del suelo en un territorio determinado, información que si bien se encuentra para gran parte del país a escala 1:100.000, llevarla a un nivel de escala mayor para tomar las decisiones adecuadas es determinante para disminuir la incertidumbre relacionada con las condiciones fisiográficas, físicas, químicas y aún biológicas del suelo, que en su conjunto determinan su estado de salud y contribuirá a lograr un manejo eficaz, eficiente y racional de los recursos económicos invertidos; más aún, cuando lo que ha venido ocurriendo durante las últimas décadas es principalmente la reconversión del paisaje de las laderas en el rango altitudinal de 1.600 msnm a los 2.000 msnm, generalmente destinados por décadas a la ganadería extensiva, con mínima adopción tecnológica y suelos que han perdido su capacidad productiva debido a su compactación, pérdida de materia orgánica y lavado de bases intercambiables entre otros aspectos, derivados de las altas precipitaciones prevalentes a esas altitudes; por plantaciones de aguacateros.

Figura 1. Representación de la Ley del mínimo y generalización de acuerdo con el autor. Figura tomada de Acuariotecnia6.

En general, se aspira reemplazar las limitaciones fisiográficas, físicas y biológicas del suelo en condiciones de ladera, únicamente mediante el aporte de enmiendas, nutrimentos y reguladores del desarrollo, crecimiento y diferenciación, sin que sea restaurado el balance edáfico de las fases mineral, orgánica y porosa, lo cual es sinónimo de características inadecuadas para la producción vegetal. En múltiples estudios se ha establecido que, un paulatino mejoramiento de deficientes características del suelo, incrementa la producción primaria y la rentabilidad de los sistemas cultivados, contribuye a lograr una mayor resiliencia y adaptación de los cultivos a condiciones generadoras de estrés, conduce a la adaptación del vegetal de un suelo supresivo a uno adecuado y convectivo, que contribuye directamente al incremento de la producción y la productividad del sistema cultivado (figura 2).

Figura 2. Características asociadas con la presencia de un suelo sano y un suelo enfermo, una mirada integral.

 Por otro lado, ya que uno de los componentes determinantes del Ambiente (A), es el clima, los avances tecnológicos, computacionales y de las comunicaciones, hacen de la predicción del clima un componente importante, pues este representa otro piñón dentro de un gran engranaje denominado herramientas derivadas del conocimiento del clima para la toma de decisiones agrícolas, muy ligadas actualmente al concepto de agricultura climáticamente inteligente.

En relación con el problema del cambio climático, la información acerca de la amenaza que se asocia con este componente cada día es más copiosa sobre los cambios inminentes del sistema climático global, los cuales incorporan de manera dinámica sistemas naturales, cultivados y humanos y tratan de avizorar cómo estos responderán a la adaptación como lo han hecho históricamente. No obstante, la preocupación actual radica en la velocidad a la que están ocurriendo los cambios sobre las variables climáticas. Esto supone un reto real para los sistemas productivos agrícolas planetarios.

En la actualidad los técnicos y los agricultores le hacen frente a la variabilidad climática y sobre todo a la incertidumbre ligada a la variación de los elementos del clima entre un año y otro. Esto se plantea en un sentido literal, pues los reportes actuales muestran los daños y pérdidas agrícolas por efecto del exceso hídrico sostenido durante un periodo de más de 18 meses y luego un período de déficit hídrico bajo condiciones térmicas extremas en ciertas localidades, que han dinamizado la actividad reproductiva de las plantaciones de aguacateros y se espera que la condición normal climática y una probabilidad de ENSO – NIÑA para el segundo semestre de 2024, permita incrementar la productividad de las plantaciones (figura 3).

Figura 3. Arriba – anomalía térmica de la superficie del océano Pacífico ecuatorial, con sobresaliente descenso de la temperatura hacia la costa sur americana; abajo – simulación de las anomalías térmicas mostrando los pronósticos dinámicos atmosféricos (línea roja gruesa) y pronósticos estadísticos (línea verde gruesa); indicando que desde finales de marzo y hasta agosto de 2024 se tendrá normalidad meteorológica y un subsiguiente periodo de enfriamiento superficial del océano Pacífico ecuatorial.

Lo más preocupante, se ubica más allá del pronóstico estacional cercano, pues grandes eventos moduladores de la variabilidad climática como la Oscilación Decadal del Pacífico – ODP, parecen indicar que nos encontramos inmersos en una ola donde la oferta hídrica será superior a la media multianual durante un tiempo prolongado por definir (Figura 4).

Figura 4. Comportamiento de la Oscilación Decadal del Pacífico (DPO). La línea verde punteada y los interrogantes en rojo luego de la línea vertical (rojo), son supuestos por el autor. Dicho supuesto indica tal como se expone en el texto, que estamos en la cresta de la ola de mayor incidencia de fenómenos secuenciales de la Niña, que se traducen en la mayor oferta hídrica sobre gran parte del territorio colombiano, lo cual exacerba el efecto estacional de los periodos con mayores lluvias.

La incertidumbre es alta y por tanto el riesgo agroclimático también lo es, y la ocurrencia de eventos similares anteriores, ha hecho posible que el servicio meteorológico nacional (IDEAM), haya mejorado considerablemente los sistemas de predicción climática y se hayan implementado estrategias sectoriales como las Mesas Técnicas Agroclimáticas – MTA, lideradas por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, tanto en lo nacional como en lo departamental, sin embargo, el orden de escala no permite aún, dar herramientas a los productores para mejorar la toma de decisiones en el día a día. Pero lo más preocupante, es que en la actualidad son muy pocas las especies cultivadas que han sido caracterizadas desde el punto de vista agroclimático. Es decir, ¿Se conoce el efecto prolongado del déficit hídrico o del exceso hídrico del suelo y del aire sobre el crecimiento y la fenología de las especies perennes cultivadas? Aún más, ¿Se conoce la dinámica de especies antagonistas o benéficas para las especies cultivadas?

En varias organizaciones del sector productivo se colecta información local del clima, pero los técnicos y profesionales no cuentan con los elementos conceptuales y la suficiencia para analizar la información colectada, más allá de indicar las posibles causas del comportamiento de la producción de los cultivos, pero poco se utilizan para tomar decisiones adecuadas en relación con los sistemas productivos, en cortos y medianos periodos de tiempo al futuro.

HACIA UNA ADAPTACIÓN DE LOS SISTEMAS PRODUCTIVOS

Es indispensable mencionar que en la adaptación de los sistemas productivos – Genotipos (G), a la variabilidad y al cambio climático – Ambiente (A) se pueden utilizar herramientas no convencionales de análisis, tales como los métodos basados en minería de datos y gestión del conocimiento. No obstante, cualquiera sea la ruta que se tome, se debe tener claro que una medida de adaptación no es infalible y que, por tanto, se debe acompañar con otro tipo de estrategias, que, si bien no reducen la vulnerabilidad de los sistemas de producción, si mejoran el desempeño del cultivo y protegen el ingreso de los agricultores.

La primera se soporta en el conocimiento biológico, fisiológico y molecular de la especie y su respuesta funcional reproductiva, que en el caso particular del aguacatero se traduce en el fruto que es el producto económicamente aprovechable. Frente a ello, es indispensable comprender que la iniciación de la reproducción generalmente requiere que la planta, el árbol en este caso, perciba y responda de forma apropiada a una condición endógena o una ambiental exógena; lo cual conduce generalmente a la respuesta reproductiva que puede ser putativa o inductiva. La putativa se lleva a cabo de manera espontánea e independiente a la magnitud de la condición ambiental exógena, es decir, se inicia la reproducción y se traduce en lo que se conoce tradicionalmente como floraciones locas. La inductiva, responde directamente a la magnitud de la condición ambiental exógena y se relaciona con la oferta estacional energética e hídrica, lo que determina a posteriori los periodos de cosecha.

La segunda estrategia se soporta en el seguro agropecuario. En varios países ésta es la mejor alternativa como medida de adaptación, sin embargo, la alta incertidumbre derivada del conocimiento limitado del clima asociado con la deficiencia de información disponible y por la dificultad de acceso a la disponible, han conducido a altos costos de las primas de aseguramiento, que han desplazado este instrumento en nuestro país.

Como se ha expuesto anteriormente, se cuenta actualmente con herramientas del conocimiento que deberían hacer posible la disminución de la incertidumbre a la hora de tomar las mejores decisiones para la planificación de la inversión y la gestión productiva, sin embargo, lo que se percibe es una tendencia sistemática a copiar modelos, haciendo uso de recetas genéricas y acopiar información en ocasiones poco pertinentes frente a las necesidades, que muy poco se analizan y utilizan para tomar decisiones.

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