Dos años de trabajo exhaustivo reconstruyendo la productividad del palto
Baika está armando un megaproyecto agrícola en Rapel con 3.000 ha en producción de diferentes especies. En paralelo, han estado dos años abocados a un trabajo minucioso, donde el manejo de suelo y la calidad de planta asoman como ejes fundamentales. El gerente de producción de la empresa, Juan Antonio Delpero, lo denomina ‘volver a las bases’.
Hoy en día, todos los nuevos proyectos de plantación de Baika se están diseñando y ejecutando de una manera muy distinta a como habían empezado a hacerlo en 1989, con los primeros huertos de arándanos que plantaron en el sur del país, incluyendo más variables técnicas en la implementación y manejo de nuevos campos.
“Cuando me integré al equipo de Baika propuse que debíamos ‘volver a las bases’. ¿Qué significa eso? Que debemos hacer un trabajo de producción basado en tres pilares clave: Contar con plantas de una calidad excepcional, hacer una correcta preparación de los suelos antes de plantar y también en aquellos huertos que ya están plantados y, como tercer pilar, hacer un uso eficiente del agua”, explica Juan Antonio Delpero, gerente de producción de Baika, empresa que hoy maneja más de 4.000 hectáreas (ha) de diferentes cultivos frutales en distintas zonas de producción a lo largo del país.
El palto es uno de ellos y cuentan con producciones en Illapel, Cabildo, Petorca, Santo Domingo y Rapel, con unas 2.000 ha plantadas. Solo en Rapel, antes de 2030 esperan llegar a 3.000 ha repartidas en tres campos, de las cuales 1.500 ha corresponderán a paltos. Para conseguirlo, “la calidad de las plantas es crucial”, sostiene Delpero.
“Por eso es que hemos seleccionado muy bien el vivero con el que estamos trabajando. Hubo un tiempo en que nosotros tuvimos un vivero, pero nos dimos cuenta que era más óptimo trabajar con un grupo externo de viveros”, añade.
Es decir, ‘pastelero a tus pasteles’.
Una vez que llegan las plantas al campo se hace una selección y aquellas que no cumplen con los requerimientos para ser instaladas, nunca llegarán a plantarse en el huerto. “Una planta mala desde vivero, es sinónimo de un proyecto fallido y un dolor de cabeza para los próximos años”, afirma Agustín Ovalle, gerente del proyecto Alicura de Baika, uno de los tres campos que Baika posee en Rapel.

Antes de arribar a Baika, Juan Antonio Delpero había trabajado durante más de doce años en Fruchincha, una empresa dedicada a la producción de paltas y otras especies en Chincha (a poco más de 200 km al sur de Lima).
Allí había desarrollado todo un trabajo para la preparación y manejo de los suelos, apoyándose en asesores como Raúl Ferreyra. “Más que preocuparnos de aplicar una citoquinina, que sí lo hacemos, nos preocupamos de la planta, el suelo y el riego. Allí es donde metimos todas las cartas, y los resultados fueron positivos”, añade, sobre un proceso que, bajo las condiciones peruanas, tardó unos cinco años.
Precisamente ese cambio de paradigma es lo que propuso Delpero a su llegada a Baika. “El manejo del suelo es algo que no teníamos tan ‘al callo’ en la empresa”, cuenta Ovalle. En esa preparación del suelo, el ‘garreado’ se ha transformado en una labor fundamental que, incluso puede hacerse dos veces en aquellos terrenos que son muy gredosos.
Y es que las limitantes físicas del suelo afectan de sobremanera al cultivo del palto, debido a que este frutal evolucionó en suelos Andisoles (derivados de cenizas volcánicas), los cuales presentan propiedades óptimas para el desarrollo del palto, como, por ejemplo, alta macroporosidad (alrededor del 46%), alto contenido de materia orgánica, pH ácido (entre 5,0 y 6,0), entre otros.
“Por ello, las raíces del palto se desarrollaron en presencia de oxígeno y de allí su susceptibilidad a la falta de este elemento, empezando a presentar síntomas de asfixia radicular cuando se tiene contenidos de aire en el suelo del orden del 20% a menos. Por el contrario, el palto presenta un buen desarrollo cuando se tiene niveles de aire en el suelo sobre el 25%”, explica Delpero, sobre por qué el palto es muy susceptible a la falta de oxígeno
en el suelo.
Entre las distintas estrategias trabajadas por los agrónomos de Baika se incluye el subsolado de posplantación, con el objetivo de romper las capas duras encontradas en el suelo en huertos ya establecidos, además de mejorar la distribución del tamaño de poros (incrementando su macroporosidad), su capacidad de difusión de gases y mejorar su capacidad de infiltración.
Se han incluido además programas de riego que mantengan la relación agua/oxígeno del suelo, contemplando estrategias de monitoreo y control de la humedad del suelo, sin descuidar la correcta calibración de los equipos y la adecuada operatividad y mantención del sistema de riego por goteo. Asimismo, han incorporado enmiendas orgánicas al suelo, compost y ácidos húmicos, además del ‘mulching’ con chips de madera, que impactan en la
calidad física del suelo.
Todas estas estrategias están al alcance de todo agricultor y parten por conocer las condiciones edafoclimáticas requeridas por el palto, propias de su centro de origen y a una posterior evolución adaptativa.

NO HAY UN SOLO DESAFÍO PRODUCTIVO
El equipo de agrónomos que lidera Delpero tiene claro que no existe un único desafío productivo. “Hemos ido aprendiendo con el tiempo que cada campo tiene retos productivos distintos y eso es muy importante de entender. En Santo Domingo puede que queramos sacar 15 t/ha o 20 t/ha. Climáticamente, puede que un año lo logremos, pero no siempre ocurre”, explica Ovalle.
Es precisamente ahí donde se pueden cometer ciertos errores que, por tratar de sacar esa productividad, se incurre en sobrecostos, pero sin un resultado relevante en la producción.
“Cuando somos capaces de entender, por ejemplo, la zona de producción donde está establecido el huerto y las condiciones de los árboles, porque es muy diferente trabajar con un árbol de cinco años que, con otro de quince años, hacemos manejos diferenciados que mejoran mucho las producciones. Solo de esta forma podemos llegar a los niveles productivos que queremos”, explica Delpero.
Bioestimulantes: aún por explorar
Delpero es un convencido de que la tendencia en el uso de bioestimulantes la dominan los bioestimulantes de primera generación; es decir, las algas, aminoácidos, ácido húmicos y fúlvicos, entre otros; con acciones ‘multipropósito’. “Sin embargo, cada vez más la industria demanda producto con acciones más específicas donde uno obtenga una respuesta más específica del producto en el cual invierte. Además, cada vez viene más en aumento el uso de bioestimulantes de ‘segunda generación’, como la prolina y su efecto osmoprotector, la glicina-betaina y su efecto osmoprotector e influencia en la conductancia estomática, el ácido glutámico y su efecto en el metabolismo de la planta, los polifenoles y su amplio uso. Pero es un terreno donde aún falta mucha investigación más acotada”, explica.
Además, para el gerente de producción de Baika, se deben hacer estudios en diferentes cultivos y distintas zonas de producción. “Aquí, con el equipo, decimos que no nos podemos fijar en tendencias comerciales, sino que debemos fijarnos en una base científica y decir estoy usando un producto X en esta zona de producción, bajo esta situación, en esta especie y con estas características; para tener tales resultados. En paltos, todos usamos la primera generación de bioestimulantes y los más creativos estamos empezando a trabajar con esta segunda generación, pero con bastante desconocimiento”, explica y añade que están haciendo pruebas con ácido glutámico, por ejemplo.
Y es que se debe entender que no todos los huertos tienen las mismas condiciones. Los suelos son diferentes, los climas son distintos, las administraciones son diversas también…Todo aquello influye en el potencial productivo de un sector, huerto y la totalidad del campo. “Entonces, pedirle a un campo de Quillota, de Petorca o de Santo Domingo las mismas toneladas por hectáreas, es un error que se comete a menudo. En Baika, hoy no le demandamos las mismas producciones a todos los campos. A cada uno le pedimos su potencial productivo y hemos podido recuperar los costos de producción”, aclara Delpero.
Es decir, no se le puede exigir lo mismo a un campo que está en deterioro que a otro que ha sido plantado recientemente. “Si en ese campo deteriorado hacemos manejos invasivos solo para sacar más kilos, se puede, pero no es el plan de esta empresa, que busca hacer una agricultura sostenible y obtener producciones sostenibles también”, sostiene el gerente de producción de Baika.

Para lograrlo, y como sostiene Delpero, y también el equipo de agrónomo que lidera, se necesitan árboles sanos: “Un árbol sano y bien vestido, es decir, con buen follaje, es el que producirá mejor”.
-¿Es complicado tener un árbol así?
-Sí, pero en los sectores más nuevos, nos ha resultado fácil porque empezamos desde ya con una buena calidad de planta. Eso nos ha permitido tener una planta mejor formada y con una mejor estructura. También nos ha ayudado mucho el hecho de que hoy trabajamos con plantas clonales. Cuando tenemos un sector con una calidad de planta que no es la óptima, es muy difícil levantarlo. Aun cuando el palto aguanta ‘errores’ y también las condiciones adversas, por ejemplo, que esté plantado en suelos arcillosos, que dificultan su crecimiento natural.
También aguanta errores en el riego, “pero errores de planta, no lo perdona. Y eso lo hemos ido aprendiendo con el tiempo”, precisa Andrés Silva, gerente del proyecto Huertos de Ucuquer, otro de los campos que Baika posee en Rapel.
Y todo lo nuevo que están plantando hoy en día en palto es con plantas clonales. El cambio ha sido drástico en los últimos años, sobre todo porque ya no se está plantando nada con portainjertos como Mexícola ni Zutano.
“Hoy, toda nueva plantación la hacemos con Dusa”, apunta Delpero. Así, en Alicura, el porcentaje aún es pequeño, pero en Huertos de Ucuquer, un campo de 600 ha, ya tiene 100 ha de clonales y en San Vicente, donde se llegará a las 500 ha de paltos, el 100% se plantará con Dusa.
“Los clonales son plantas más eficientes, mucho más productivas, son más fáciles de manejar, porque resiste muy bien las condiciones de humedad y excesos de frío, y también ciertos errores que se pudiesen cometer en la preparación del suelo y en el manejo agrnómico”, explica Delpero.
-¿En esta zona lo que más preocupa es el suelo?
-Juan Antonio Delpero (JAD): Sí, aunque no todo el suelo que tenemos en Rapel es pesado y arcilloso, sino que, como en todo Chile, tiene muchas vetas. Pero en general, el denominador común es que es una zona de suelo pesado que, combinado con un año lluvioso, donde pueden caer 700 mm, tenemos la necesidad de tener un buen sistema de drenaje. Por eso, es que un patrón clonal Dusa es muy favorable para esta zona. Sin embargo, por la magnitud del proyecto, es difícil tener el 100% de plantas clonales Dusa, porque los viveros tienen una oferta limitada y los productores del país están apostando por las plantas clonales. Esa es una limitante clara. De lo contrario, el crecimiento de superficie sería mucho más rápido.

“Por eso tenemos sectores de los campos con palto clonal y otro con semilla y eso nos obliga a tener que manejar el suelo y debemos tener un sistema de drenes muy eficiente para poder enfrentar años lluviosos”, sostiene Delpero.
No solo eso, ya que al establecer un huerto de paltos en un suelo arcilloso han debido implementar manejos químicos, físicos y biológicos.
“Para las medidas físicas, metemos máquinas para hacer un subsolado posplantación, desde la orilla del camellón (subsolado de calle) y también podemos hacerlo entre árbol y árbol (garreo).
Además, hacemos ‘pulmones’ que son agujeros en el suelo donde incorporamos, por ejemplo, chips de madera que podemos mezclar con materia orgánica, para darle este ‘pulmón’, sobre todo en aquellas plantas que vienen de semilla. También pueden mezclarlo con maicillo, para aumentar la macroporosidad del suelo, lo que permite mejorara el movimiento de oxígeno en el suelo”, explica Agustín Ovalle.
Si se trata de clonales, las más viejas fueron plantadas en 2021 y en todos los sectores donde hay Dusa, las plantas se defienden bien solas. De hecho, hoy tienen sectores donde han hecho camellones y no han tenido que hacer ningún subsolado posplantación ni tampoco pulmones. “Sin embargo, hay campos que están plantados con semilla, donde hemos tenido que hacer pulmones al segundo año”, precisa Delpero.
-Antes de iniciar todo este tipo de manejos PALTOS HILERA-ESCAVADORA con el suelo, ¿cómo trabajan?
-Agustín Ovalle (AO): Antes no garreábamos el suelo. Después partimos haciendo eso y luego garreábamos y encalábamos y eso duró por muchos años. Hoy se garrea y, si vemos que hay pequeño decaimiento en las plantas, ya sea por el tipo de suelo o por lluvias, vamos haciendo los pulmones al lado de las plantas. El objetivo es dar oxígeno y drenar el exceso de agua que pueda haber quedado después de una lluvia, por ejemplo.
-¿Lo que más necesita un palto es un suelo oxigenado?
-AO: Sí, y después el agua.
-¿Con cuántos metros cúbicos/hectárea/año riegan aquí?
-AO: El palto en Rapel lo regamos con 7.000 m3/ha/año. En Santo Domingo usamos entre 4.500 m3/ha/año y 5.000 m3/ha/año. En Perú, Delpero y el equipo que él dirigía regaba con 12.000 m3/ha/año los paltos que estaban establecidos en suelos pesados y donde había altos niveles de salinidad, calcio y bicarbonato. Bajo esas condiciones trabajó y aprendió que el palto es un árbol muy susceptible a la asfixia radicular. Además, en suelos pesados es fácil encontrar compactaciones, lo que limita la oxigenación del terreno.
-Una realidad muy distinta a la que encontraste en Chile.
-JAD: Sí, cuando llegué a Chile pensé en encontrarme con suelos más pesados en la región centro-sur. De hecho, en los suelos de las regiones IV y V hay presencia de maicillo, que tiende a compactarse menos. Pero en Rapel, tenemos una arcilla de color gris y densa, que es muy enemiga del oxígeno, y el palto limita su crecimiento en una arcilla densa. Pero no es que todo el suelo sea así, sino que tenemos muchas vetas, por ejemplo, suelos franco arenosos y otros franco arcillo limosos, que son los más pesados.
-No hay impacto de sales ni bicarbonato como en Perú, pero sí lluvias y heladas.
-JAD: En Perú me tocó trabajar mucho ambas limitantes (sales y bicarbonatos), que causan fitotoxicidad en las plantas y clorosis férrica, en el caso de los bicarbonatos. Si bien es cierto que en el norte de Chile nos podemos encontrar con ambos problemas, sobre todo en zonas costeras, no lo encontré en nuestros campos, pero sí encontré la combinación compleja de lluvias en suelos pesados. No me esperé encontrar el impacto de la lluvia, y en un suelo pesado es preciso contar con un buen sistema de drenes. Los tenemos, pero hasta ahora no habían enfrentado un año tan lluvioso como 2024. Por otro lado, tenemos el tema de las heladas. Aquí, en época de heladas hacemos monitoreos y nos saltan las alarmas cuando la temperatura es de 2°C. El control lo hacemos con sistemas por aspersión, ya que las hélices no funcionan en campos con pendientes.
-¿Qué tipo de problemas causan las bajas temperaturas en el palto?
-JAD: Si es una helada, el principal problema es el quemado del tejido, que es un daño irreversible, con mortandad de yemas. Cuando tenemos temperaturas bajas las plantas cesan su crecimiento, bajen la tasa fotosintética, el consumo de agua y de fertilizantes y entran en un cierto periodo de letargo. En Chincha no ocurre eso, porque allí la planta trabaja los doce meses. En Chile tenemos un periodo desde otoño hasta fines de invierno, un periodo con cierto letargo, que en Perú no existe. En ese letargo vemos una disminución del crecimiento semanal de la fruta. Son cuatro meses donde la planta está viva y está trabajando, pero lo está haciendo a tasas metabólicas más bajas. A medida que aumenta la temperatura, aumenta la tasa metabólica de la planta. En Santo Domingo esos cuatro meses de letargo que tenemos en Rapel se convierten en prácticamente seis.
-Es decir, cada zona tiene sus pros y contras y sus propias particularidades.
-JAD: Sí, y lo importante es entender cada zona y cómo aprovechar sus ventajas y mitigar sus amenazas. Debemos ser conscientes de saber en qué cancha estamos jugando para poder armar la estrategia más correcta. Por eso es que las recetas, al menos para nosotros, no nos funcionan. Por ejemplo, el metabolismo va limitando los potenciales productivos, y el árbol no es capaz de soportar una mochila con tanta fruta, como sí ocurre con los campos que están más al norte. Además, el metabolismo de los árboles es diferente. Es decir, un árbol de dos años en Illapel tiene un metabolismo mayor que un árbol de dos años en Santo Domingo.
-Y cuándo un árbol es adulto y llega a su potencial, ya no le pueden pedir más…
-AO: Claro, y ese es un error típico que se comete que, de por querer, sacarle más producción, caemos en ese error. Por ejemplo, algo básico, para sacar un par de kilos más es decir “podemos menos” y, a lo mejor es un error porque le estamos dejando menos luz al árbol y, al cabo de tres años producirá menos kilos. Otro ejemplo podría ser: “anillemos todas las ramas”, pero después de dos o tres años el árbol lo resentirá.

EVALUANDO EL POTENCIAL PRODUCTIVO
En Baika llevan poco más de un año evaluando el potencial productivo de los árboles y su relación con la tasa metabólica, en un trabajo que está ejecutando el Dr. Arturo Calderón, investigador de la Universidad de Concepción, encontrando datos que dan ciertas pistas al equipo que lidera Delpero.
“Así, por ejemplo, en un día nublado en Santo Domingo, la conductancia estomática puede estar en 100 milimoles de vapor de agua/m2/s. Si se tiene un estrés porque se regó mal, ese valor cambia a 30 milimoles de vapor de agua/m2/s. Entonces, la tasa metabólica para esta zona en una primavera nublada es muy baja, al lado de una zona que tenga mayor luminosidad. Por ejemplo, en Cabildo se tiene 300 milimoles de vapor de agua/m2/s. Eso es lo que se puede pedir al árbol y cuál es la velocidad de reacción de este. No significa que 100 milimoles de vapor de agua/m2/s sea malo, pero significa que el manejo que se le está haciendo al huerto no puede ser tan agresivo”, explica el gerente de producción de Baika.
-Esa exigencia que le hacen a los árboles, ¿también influye en el añerismo?
-JAD: Sí, porque si le exiges mucho al ‘flaco’, al año siguiente lo tumbaste. La exigencia tiene que ir en función al potencial productivo. Si le exiges más de la cuenta a la planta, con- sumiste las reservas de esta, y también le tomará más tiempo en recuperarlas, debido a la menor tasa fotosintética. Eso, al año siguiente nos pasará la cuenta. Hay que saber ‘leer’ el huerto, para conocer cuál es el potencial de este. Si un huerto con un potencial bajo, le sobre exigimos, sabremos que al año siguiente nos pasará la cuenta.
-¿El añerismo hoy lo tienen controlado en Baika?
-AO: Sí. Yo creo que es un tema a nivel de empresa. Todo parte de que trabajamos con un ser vivo y en Baika apostamos por la sostenibilidad del huerto y después por la producción. Sabemos que, si no tenemos un buen árbol, nunca tendremos los kilos. Si no tenemos un buen huerto, no tendremos los kilos. Cuando trabajas con seres vivos, no puedes estar pendiente de los ‘atajos’, cortando caminos, haciendo prácticas invasivas para ganar tiempo productivo y recuperar flujos de caja, porque ese ser vivo (el árbol) te la cobrará. En este juego de balances, con reservas que entran con la fotosíntesis, y reservas que salen con la cosecha, cuando se te va de la mano y quieres forzar al árbol y quieres hacer el camino más rápido, la vas a terminar pagando, porque será un desgaste a futuro de ese árbol.
-¿Por qué se incurre en esos ‘atajo’ que llamas tú?
-AO: Porque no podaste, porque dejaste el árbol sin luz, porque anillaste y forzaste a la planta a que produzca más fruta y rompiste o bloqueaste el circuito de la movilización de azúcar de la hoja a la raíz y dejaste la raíz sin fotoasimilados. O también porque usaste reguladores de crecimiento o inhibidores de la giberelina para promover más la parte reproductiva que la vegetativa en un árbol que está creciendo o jugaste con el estrés hídrico en un árbol durante sus primeros años de desarrollo. Todo eso tiene un costo y muchas veces no lo medimos, porque va en desmedro de la sostenibilidad. Lo que promovemos como Baika es tener un huerto productivo, pero al mismo tiempo sostenible. Y en eso llevan dos temporadas, trabajando a ‘full’ en las distintas zonas de producción, rompiendo paradigmas, como dice Juan Antonio Delpero.
“No es fácil, pero se puede”, apunta. Para lograrlo, solo hay un camino: demostrar con hechos todo aquello que se han propuesto. “Aún estamos en proceso. Lo importante es que tenemos un norte claro. En Perú nos demoramos cinco años en conseguirlo, pero con condiciones menos adversas. En Chile llevamos dos temporadas y nos queda camino por recorrer. El objetivo es que antes del 2030 podamos ser un referente en el país”, finaliza Delpero.
Polinización asistida con dron
La polinización en los huertos de Baika ha sufrido más de un cambio. Y pocos se imaginaban cómo sería hoy, aplicando polen por drones, a través de Biopolen, una empresa propiedad de Baika. Se trata de una polinización asistida que ha tenido buenos resultados.
Se podría decir que es una aplicación a la carta, porque, por ejemplo, no la realizan en aquellos sectores que están más decaídos, “porque no podemos exigir una sobre cuaja, al contrario de lo que hacemos en sectores que están mejor parados. Tenemos un huerto donde solo aplicamos polen con dron, pero la eficiencia dependerá de las condiciones en que tengamos ese huerto”, explica Andrés Silva.