“Lo esencial es invisible a los ojos”

Dr. Italo F. Cuneo y Miguel Tamayo, Facultad de Ciencias Agronómicas y de los Alimentos, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. La industria de uva de mesa en Chile pasa por un punto de inflexión. La consistente disminución de los retornos de las variedades tradicionales producto de la pérdida de competitividad de nuestra fruta en el mercado, así como el problema estructural de sobrestock en Estados Unidos, que ha afectado incluso a variedades nuevas, indican que se requiere un ‘apriete de tuercas’ a todo nivel de la cadena. En paralelo, como país, estamos inmersos en un cambio varietal inevitable, que no necesariamente va a ser la respuesta a todos los problemas, pero que es una oportunidad clara para hacer ajustes técnicos. En esto, la industria tiene a su disposición abundante información sobre las nuevas variedades y su comportamiento productivo en nuestro país. Todas las fichas están puestas en la parte aérea, perdiendo, en la mayoría de los casos, la extraordinaria oportunidad de escoger el portainjerto más adecuado para el medio (i.e. suelo y clima) donde se va a plantar; aspecto que puede hacer la diferencia en el largo plazo. El problema no termina ahí, tenemos un problema serio de calidad de planta, probablemente debido a la falta de protocolos unificados que permitan identificar de manera muy clara las plantas que van a llegar a los niveles de productividad y calidad de fruta que se necesita hoy en día. La alta demanda de plantas y la presión de los productores y el mercado por el recambio varietal, ha generado que se comercialicen un porcentaje considerable (i.e. ~30%) de plantas de mala calidad. En el esquema productivo-comercial actual, la industria no puede sostener las perdidas relacionadas a plantas que no logran el potencial productivo prometido por los programas de mejoramiento. En este escenario, es preponderante hacer investigación que nos permita entender las diferencias, a nivel fisiológico, de los sistemas radicales de distintos portainjertos. Lo anterior con el objetivo de mejorar aspectos técnicos como la nutrición y riego, y con el fin de lograr la exigente calidad de fruta que se demanda en las nuevas variedades. RAÍCES Y ELECCIÓN DE PORTAINJERTO El sistema de raíces es clave en la fisiología de la planta. Por una parte, es el encargado de absorber agua y nutrientes desde el suelo. Por otro lado, es el órgano en donde se sintetizan importantes reguladores de crecimiento (RC) como las citoquinas, considerada como un RC que interviene en muchos procesos fisiológicos, y en donde se almacenan las reservas necesarias para la siguiente temporada. En este sentido, las raíces de vid varían sustancialmente en su función fisiológica (i.e. captación de recursos y crecimiento), adaptación al suelo y de resistencia a bio-antagonistas dependiendo del portainjerto. Recientemente, hemos descubierto que ciertos portainjertos (Vitis berlandieri X Vitis rupestris) presentan un colapso biomecánico de las células del córtex de raíces finas, disminuyendo considerablemente la capacidad de absorción de agua y nutrientes, en un estado hídrico de la planta que no es considerado estrés a nivel de campo (i.e. -0.6 MPa Ψxilemático) y con las raíces sin daños externos en términos visuales (Fig. 1). Lo anterior significa que, en periodos críticos en que necesitamos la absorción de determinados nutrientes y agua a nivel de campo, la elongación radicular y nuevos puntos de crecimiento es absolutamente necesaria. Lo importante de toda esta información fisiológica, es que hoy sabemos que estas respuestas a nivel celular varían entre los portainjertos (Cuneo et al., datos no publicados), y podrían explicar, en parte, las notorias diferencias en el terminado de fruta de una variedad en uno u otro portainjerto. La ciencia nos dice que la elección del sistema radicular es, probablemente, una de las decisiones más importantes en un proyecto de plantación. Actualmente, una proporción mayor de las plantas comercializadas se encuentran injertadas sobre unos pocos portainjertos (i.e. Harmony, Freedom, 1103P, y Ramsey). La razón de esta hegemonía no es única. Por un lado, es claro que hay una presión de los viveros por ofertar estos portainjertos dado el porcentaje de éxito durante el proceso de propagación. Por otro lado, la agricultura chilena, en general, le cuesta romper ciertos paradigmas. A tal punto que los californianos miran con extrañeza que en Chile sigamos usando Harmony, Freedom y Ramsey (Salt Creek), cuando ellos hicieron todo el mejoramiento genético para cambiarlos hace décadas dado el alto vigor que poseen. Independiente de lo anterior, el poder de decisión -sobre qué portainjerto se utiliza- debería estar en lado de los productores, con el fin de sostener programas productivos competitivos. Al momento de elegir un portainjerto, hay que considerar los siguientes aspectos, en orden: 1) propiedad fisicoquímicas y biológicas del suelo en donde se quiere plantar y 2) efecto que se quiere lograr sobre la variedad (i.e. vigor, terminado de fruta, precocidad en madurez, etc). La elección del portainjerto es la principal herramienta técnica para enfrentar distintos problemas relacionados con el suelo: profundidad, porcentaje de cal activa, sales, texturas que lleven a problemas de asfixia, nematodos y aspectos relativos a la nutrición. Si bien es una característica difícil de estudiar, los sistemas radiculares de vid poseen una morfología, en términos de arquitectura y ángulos de enraizamiento, muy distinta dependiendo de los parentales (Fig. 2). En este sentido, los portainjertos que provienen de V. riparia (e.g. 101-14Mgt) tienen gran parte de sus raíces activas en los primeros 40-50 cm de suelo. Por el contrario, los portainjertos que provienen de V. berlandieri o V. champinii (e.g. Ramsey) son, en general profundizadores. En cuanto a características morfológicas, los portainjertos derivados de V. riparia tienen una proporción mayor de raíces finas con muchos laterales. Por el contrario, los portainjertos que provienen de V. champinii y V. berladieri tienen raíces finas más gruesas y con muy pocos laterales (Fig. 3). Esta información no es trivial, estas características están íntimamente ligadas y explican en gran medida el efecto que tienen sobre la parte aérea (e.g. vigor, terminado de fruta). En el caso de replante, la mayor limitante podrían ser los nematodos.

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