Desarrollo de partiduras y estrategias de manejo preventivo
Dr. Richard M. Bastías. Laboratorio de Fruticultura – Facultad de Agronomía, Universidad de Concepción. Investigador – Programa Tecnológico CORFO Centro Fruticultura Sur. Ante el desarrollo de partiduras, ¿cuáles son los modelos que explican las causas de este problema en cerezas? Si bien es cierto la incidencia de partidura en cerezas se asocia a la presencia de lluvias en periodos cercanos a la cosecha, el origen de este daño no necesariamente puede explicarse por ese único factor. De hecho, los avances obtenidos a la fecha, realizando trabajos de investigación, demuestran que existen cuatro modelos que explicarían el por qué la cereza se agrieta frente a eventos de lluvia y que involucra otros factores ambientales, tales como el contenido de agua en el suelo y la variación de la temperatura del aire antes o durante el desarrollo del daño (Figura 1). El modelo de origen de partidura más difundido es aquel determinado por la absorción directa del agua por parte del fruto. Este modelo establece que el daño se origina por el ingreso del agua de lluvia a través de la epidermis del fruto, incrementando el volumen de éste en un grado (punto crítico) en que la epidermis es incapaz de soportar la presión interna del fruto, destruyendo las vacuolas, con el consecuente colapso de las células epidérmicas y de los componentes de la pared celular, provocando así la partidura (Figura 1). Estudios sobre cinética de la partidura realizados en Chile han permitido corroborar en parte este modelo. Así, cuando los frutos de distintos cultivares fueron sometidos al método de inmersión en agua destilada y durante diferentes estados de desarrollo del fruto, permitieron evidenciar daño de partidura a partir de aproximadamente los 50 días después de plena flor (DDPF) para cultivares de cosecha temprana a media estación como Bing, Van y Stella; y partir de los 70 DDPF para cultivares de cosecha más tardía como Kordia (Figura 2). Esta diferencia en el momento de inducción de partidura entre los cultivares debiera estar relacionado con el estado de maduración de la fruta, y principalmente con el contenido de sólidos solubles (azúcares) que determina el diferencial de potencial osmótico entre el contenido de zumo celular y el agua exterior, y que finalmente determina la fuerza motriz que mueve el agua hacia el interior de los frutos. No obstante, a la fecha no se ha podido demostrar a ciencia cierta que el contenido de azúcares es el factor determinante en las diferencias de incidencia de partidura entre cultivares. De hecho, se ha demostrado que las diferencias de susceptibilidad entre cultivares no tiene relación únicamente con la concentración de azúcares en frutos y su potencial osmótico, sino que también con el patrón de crecimiento y expansión del fruto durante su desarrollo en el árbol y que inciden en cambios estructurales y funcionales de la cutícula del fruto. La cutícula del fruto está compuesta por la cutina y distintos tipos de ácidos grasos. Durante las distintas fases de crecimiento de la cereza en el árbol, la deposición de la masa de cutícula en el fruto disminuye considerablemente, mientras que la expansión de la masa del fruto se incrementa a una mayor tasa. Esta condición conlleva a que debido a la tensión que se genera se desarrollan micro fracturas en la cutícula o ‘micro-cracking’ que solo se pueden apreciar a nivel microscópico. Aun cuando la presencia de ‘micro-cracking’ no compromete a las capas celulares subyacentes de la epidermis o de la hipodermis de la cereza, sí se ha demostrado que la incidencia de ‘micro-cracking’ predispone al desarrollo de partiduras durante la fase III del desarrollo del fruto (Figura 2). El desarrollo de ‘micro-cracking’ es el segundo modelo que explica las causas de inducción de partiduras en cerezas (Figura 1). Este propone que la presencia de estas minúsculas fracturas de la cutícula aumenta la tasa de absorción localizada de agua, generando el daño individual de células y su esparcimiento a nivel de la epidermis del fruto. Además, investigaciones recientes indicarían que durante este proceso se produce la liberación de ácido málico, compuesto que participa en la extracción de calcio a nivel de la lamela media de la pared celular generando un engrosamiento y el posterior debilitamiento de las células de la epidermis e hipodermis, hasta alcanzar el daño visual de agrietamiento observado en cerezas con partiduras. Si bien es cierto el modelo de ‘micro-cracking’ es uno de los más aceptados en cuanto al origen fisiológico del daño de partiduras por lluvias en cerezas, este no permite explicar el por qué, por ejemplo, existe igualmente daño por partiduras en ausencia de agua lluvia en la superficie de los frutos. Así, se ha encontrado que en huertos con coberturas protectoras de lluvias (techos), un porcentaje no menor de la fruta bajo estas coberturas sigue manifestando este daño, especialmente en la zona lateral del fruto (Figura 3). En este contexto es que en el último periodo se ha propuesto un tercer modelo que explicaría la inducción de daño por partiduras y el que se basa en el flujo de agua desde las raíces y a través del sistema vascular del fruto, contribuyendo directamente al desarrollo de partiduras (principalmente de tipo lateral) o indirectamente al incremento del volumen de los frutos y debilitamiento de las células de la epidermis (Figura 1), lo que demuestra la importancia que podría tener el cambio en el contenido de humedad del suelo sobre el desarrollo de este desorden. Los tres modelos anteriormente descritos intentan explicar el origen del daño de partiduras en cerezas sobre la base de la relación suelo-agua-planta-fruto, pero no consideran el rol que pueden estar jugando otras variables ambientales como la temperatura del aire. La experiencia local ha mostrado que la severidad de este daño puede variar dependiendo de las condiciones ambientales bajo las cuales ocurre un evento de lluvia. Así, frente a la presencia de lluvias en condiciones de baja temperatura ambiental estarían generando un daño menos severo en comparación a aquel originado cuando las lluvias ocurren en condiciones de alta temperatura.
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