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Hacia una horticultura resiliente

Rasgos de resiliencia en hortalizas: hacia una intensificación sostenible frente al cambio climático

La intensificación sostenible ya no es solo una idea, es una opción viable para la producción de hortalizas frente a un clima cada vez más extremo. En hortalizas, la capacidad de adaptación no depende únicamente de las prácticas de manejo, sino también de rasgos de resiliencia de las plantas. Nuevas líneas de investigación de la Unidad Experimental de Hortalizas de INIA Los Tilos apuntan a identificar, seleccionar y potenciar estas características, sentando las bases para una horticultura capaz de sostener productividad y calidad incluso bajo estrés.

10 de Noviembre 2025 Adolfo Donoso, investigador INIA
Rasgos de resiliencia en hortalizas: hacia una intensificación sostenible frente al cambio climático

Los cultivos de hortalizas concentran buena parte de la producción agrícola del valle central de Chile, alrededor de un 25% de la producción, donde la sequía de la última década, el aumento de las temperaturas y la disminución de la tierra agrícola amenazan la sustentabilidad del sistema.

El enfoque de intensificación sostenible busca equilibrar tres dimensiones: rendimiento, estabilidad y cuidado del entorno. Pero más allá de las prácticas, el nuevo horizonte está en entender y aprovechar variedades con rasgos adaptativos que permiten sostener la productividad en condiciones adversas.

En este contexto, las estrategias de manejo y la selección varietal convergen hacia un mismo propósito: cultivos con resiliencia integrada, capaces de mantener la fotosíntesis, regular su demanda hídrica y sostener relaciones con el microbioma del suelo.

Manejos agronómicos para la resiliencia

La intensificación sostenible de hortalizas ya se utiliza ampliamente en el manejo agronómico de algunas especies. Al haberse incorporado estrategias como el uso de portainjertos tolerantes, que mejoran la absorción radicular de agua y nutrientes, la aplicación de bioinsumos microbianos, que restauran el microbioma del suelo y promueven una rizosfera activa, rotaciones diversificadas y policultivos, que favorecen mantener la humedad en el suelo y reducen la presión de plagas y enfermedades, un uso adecuado de agroquímicos de cuarta generación, para minimizar los impactos ambientales y ocupacionales, en el marco de una estrategia de Manejo Integrado de Plagas.

Estas prácticas no solo mejoran la eficiencia de los recursos, sino que además favorecen la expresión de rasgos de resiliencia intrínsecos en las plantas, potenciando su capacidad de su interacción con el ambiente.

Rasgos funcionales de resiliencia en hortalizas

La adaptación al cambio climático no depende únicamente del manejo que se pueda dar a la plantas, sino del conjunto de rasgos que determinan cómo la planta capta recursos, los transforma en biomasa y mantiene el equilibrio con el ambiente. Entre los principales rasgos están la capacidad de resiliencia de la fotosíntesis y vigor, la estabilidad de la fructificación y el reclutamiento microbiano.

Figura 1. Predios bajo intensificación sostenible según tipo de manejo agronómico (Pretty 2018).

Capacidad de sostener la fotosíntesis bajo estrés

Las plantas resilientes son aquellas capaces de mantener la actividad fotosintética y un bajo nivel de fluorescencia estacionaria (Fs) incluso en condiciones de déficit hídrico o estrés térmico. Esto debido a que ante estreses disminuye el flujo de electrones, no pudiendo el centro P680 del fotosistema II (PSII) descargarse con la misma rápidez.

Este rasgo refleja la integridad funcional del fotosistema II y la eficiencia del transporte de electrones, indicadores directos del funcionamiento de la primera parte de la fotosíntesis.

En hortalizas adaptadas, se observa una mejor regulación estomática, una mayor estabilidad del contenido relativo de agua en hoja, y una capacidad de disipar energía no fotoquímica (NPQ) más eficiente, lo que evita daños fotooxidativos disipando la temperatura en la hoja. Estos mecanismos permiten mantener la asimilación de carbono y sostener el vigor en la planta, sosteniendo el llenado de frutos en etapas críticas.

Figura 2. Mecanismo de aumento de la fluorescencia estacionaria en el fotosistema II (PSII) bajo estrés hídrico y/o térmico (Shanker et al. 2022).

Este vigor también es un rasgo visible de las variedades, y también uno de los más influyentes en la eficiencia del cultivo. Se expresa en tallos y raquis más gruesos en solanáceas y cucurbitáceas, o hojas de mayor tamaño en hortalizas de hoja, que permiten captar más luz y sostener un crecimiento bajo estrés.

La arquitectura de la planta también influye en la capacidad de sostener la fotosíntesis bajo estrés. Basta comparar el porte compacto y arbustivo del zapallito italiano, con una estructura que favorece el uso eficiente del agua, frente al crecimiento de lianas largas del zapallo de guarda, que demanda más recursos para sostenerse.

Entender y aprovechar estas diferencias es clave para adapta cada variedad al sistema productivo y al ambiente donde se cultiva.

Estabilidad de la fructificación

El segundo grupo de rasgos se relaciona con cómo las plantas distribuyen sus frutos en el tiempo y mantienen el calibre, incluso cuando los recursos escasean.

Las hortalizas de fruto con resiliencia reproductiva logran ajustar el número de frutos sin sacrificar calibre, algo clave para mantener la uniformidad comercial que exige el mercado.

En especies como zapallo o tomate, la capacidad de distribuir la fructificación en el tiempo evita picos de demanda fisiológica y permite sostener el balance fuente-sumidero.

Figura 3. Tomate comercial semiterminado con buena estabilidad de fructificación bajo estrés.

En el caso de tomate para consumo fresco, por ejemplo, la planta suele formar racimos, o estos son raleados, a solo tres a cuatro frutos comerciales, pero se busca alcanzar un mayor número de racimos por planta durante la temporada. En cambio, en tomate para industria, la estrategia es distinta: concentrar cerca del 50% de la producción al primer racimo, asegurando de manera temprana el rendimiento comercial y optimizar la cosecha mecanizada.

Reclutamiento microbiano y simbiosis funcional

Un último rasgo clave es la capacidad de las plantas para reclutar y mantener una microbiota benéfica, ante un estrés ambiental.

Las hortalizas con esta capacidad muestran una rizosfera más activa, con mayor presencia de bacterias promotoras del crecimiento (PGPR) y hongos micorrícicos arbusculares, los cuales mejoran la absorción de fósforo y agua.

Así como la capacidad de atenuar los mecanismos que utiliza la planta para cerrar los estomas ante estrés hídrico, induciendo una tolerancia sistémica en la planta.

Figura 4. Compensación en tomate entre peso del fruto y el número de frutos por racimo (Donoso y Salazar 2023).

Además, el uso de bioestimulantes y los portainjertos adecuados favorecen esta red simbiótica, que actúa como una “extensión metabólica” de la planta. Para favocer esta relación es importante cuidarse de evitar la sobrefertilización, que genera suelos altamente salinos, que disminuyen estas redes.

Resiliencia como núcleo de la intensificación

La intensificación sostenible no se alcanza solo con la incorporación de tecnología, sino con conocimiento de las variedades que se utilizan.

La combinación de manejos agronómicos inteligentes y rasgos de resiliencia acordes a los ambientes en que se cultivan las plantas representa el camino hacia sistemas hortícolas más estables, eficientes y ambientalmente responsables.

En las hortalizas, el futuro dependerá de reconocer que la sostenibilidad, tanto económica como ambiental de los predios, no está en producir más, sino en producir mejor y por más tiempo, con plantas capaces de adaptarse y persistir.

Figura 5. Efecto bioestimulante Nanoser sobre peso fresco y eficiencia del uso del Nitrógeno en lechuga.

Mayores antecedentes sobre la intensificación sostenible puede encontrarse en el capítulo “Sustainable intensification of gourd vegetables in Chile: Challenges and Opportunities” (Donoso et al. 2025), publicado por Springer (DOI: 10.1007/978-3-031-70745-2_16), en el marco del proyecto de la Unión Europea H2020 RISE-2015 Enhancing and implementing Knowledge based ICT solutions within high Risk and Uncertain Conditions for Agriculture Production Systems (RUC-APS).

Agradecimientos

Ministerio de Agricultura de Chile, Subsecretaria de Agricultura proyecto Nº503832-70

 

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