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13.604 hectáreas desde O’Higgins hacia el sur tienen una alta presión de la enfermedad

Nogales del centro-sur afectados por peste negra: se reportan pérdidas de hasta un 60%

La enfermedad bacteriana provoca la caída prematura de la fruta y puede comprometer seriamente la producción. Chilenut creó un comité técnico para avanzar en una estrategia integral de prevención y manejo.

29 de Julio 2026 Equipo Redagrícola
Nogales del centro-sur afectados por peste negra: se reportan pérdidas de hasta un 60%

Primaveras lluviosas, temperaturas moderadas y varias horas de alta humedad dentro de los huertos pueden formar la combinación perfecta para una de las enfermedades que más preocupa actualmente a los productores de nueces del centro-sur del país: la peste negra del nogal.

Causada principalmente por la bacteria Xanthomonas arboricola pv. juglandis, la enfermedad ataca los tejidos nuevos de la planta, entre ellos brotes, hojas, flores y frutos en sus primeras etapas. Puede provocar manchas oscuras y necrosis (muerte del tejido), pero su consecuencia económica más grave es la caída prematura de la fruta.

“Una de las mayores dificultades es que, cuando aparecen las manchas o comienza la caída de los frutos, la infección ocurrió días o incluso semanas antes. La bacteria puede pasar el invierno protegida en las yemas y reactivarse con la brotación, por lo que el manejo debe comenzar antes de que los síntomas sean visibles”, explica Ernesto Moya, fitopatólogo y profesor asociado de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción.

Una vez que el daño se manifiesta, el fruto afectado no puede recuperarse, aunque eso no significa que el árbol completo se pierda. Durante el invierno, un análisis de yemas permite medir la presencia de la bacteria y estimar con qué nivel de riesgo comenzará el huerto la nueva temporada.

La situación es especialmente compleja en sectores del Maule y las regiones ubicadas más al sur, donde las lluvias, las neblinas densas y la alta humedad durante la brotación y la floración favorecen la multiplicación de la bacteria. Más que la edad por sí sola, el problema se agrava cuando los árboles crecen, sus copas se cierran y disminuyen la entrada de luz y la circulación de aire.

“En los huertos jóvenes, de hasta seis o siete años, la enfermedad casi no se manifiesta. Durante mucho tiempo se atribuyó al manejo fitosanitario, pero la clave era su estructura más abierta, que favorecía la ventilación y la entrada de luz. Hoy el desafío es adaptar los árboles adultos sin dejar de producir”, explica Max Grohnert, productor de nueces en la región del Maule y socio de Chilenut.

CONTROL EN HUERTOS

En los campos que maneja Grohnert, las pérdidas de las últimas temporadas han promediado entre dos y 2,5 toneladas por hectárea, con casos de hasta tres toneladas. Ese impacto los llevó a revisar no solo los programas y la frecuencia de las aplicaciones, sino también la estructura de los árboles y el tiempo que el huerto permanece húmedo después de una lluvia o una neblina.

La experiencia coincide con la mirada de Moya, quien advierte que el clima por sí solo no explica la magnitud de los daños. “Dos huertos expuestos a las mismas condiciones pueden terminar con resultados muy distintos según su ventilación, densidad y manejo. Cuando los árboles están demasiado cerrados, la humedad permanece por más tiempo y las aplicaciones tienen menor cobertura. Por eso, la poda y la arquitectura del huerto deben ser parte de una estrategia integral de control”, explica el investigador.

Para Grohnert, ese cambio de enfoque ha sido clave en terreno. “No basta con aplicar más. Primero hay que lograr que el huerto se ventile y se seque rápidamente después de una lluvia o una neblina; solo entonces las aplicaciones pueden cumplir mejor su función. La estructura de los árboles y el manejo sanitario tienen que trabajar juntos”, sostiene. 

RESPUESTA SECTORIAL

De acuerdo con antecedentes reunidos por Chilenut, 13.604 hectáreas ubicadas desde O’Higgins hacia el sur están sometidas a una alta presión de la enfermedad, es decir, se encuentran en zonas cuyas condiciones elevan considerablemente el riesgo. Esa superficie equivale a cerca de un tercio del área nacional plantada con nogales.

Para dimensionar el posible impacto, el gremio proyectó una merma promedio de 20% sobre 9.520 hectáreas sensibles, considerando un rendimiento de seis toneladas por hectárea. Bajo ese escenario, la industria podría dejar de cosechar cerca de 11,4 millones de kilos de nueces. La cifra no corresponde a un catastro de pérdidas ya ocurridas, sino a una estimación del riesgo productivo.

Ante este escenario, Chilenut creó un comité técnico que busca articular la experiencia de productores y asesores con las capacidades de universidades y centros de investigación. La instancia deberá identificar las principales brechas, definir prioridades y formular proyectos que permitan financiar ensayos en terreno, nuevas herramientas de diagnóstico y alternativas de manejo.

“Este problema no se resuelve con una recomendación general. Como gremio queremos ordenar lo aprendido en los huertos, identificar dónde faltan respuestas y convertir esas brechas en proyectos con respaldo científico y aplicación productiva”, señala Macarena Pons, gerenta de Chilenut.

Entre los resultados esperados está avanzar hacia un protocolo que combine análisis de yemas, poda, manejo sanitario, seguimiento de las condiciones climáticas y nuevas tecnologías, con criterios ajustados al riesgo y a las características de cada huerto.

Los desafíos sanitarios que enfrenta el cultivo también serán abordados en el III Día de Campo 2026 de ChileNut, que se realizará el miércoles 5 de agosto, entre las 9:30 y las 13:30 horas, en San Manuel, comuna de San Clemente, Región del Maule. La actividad es gratuita y las inscripciones están disponibles aquí

Con la bacteria resguardada en las yemas durante el invierno, los próximos meses serán decisivos para evaluar el riesgo y preparar las medidas antes de la brotación. El siguiente paso será probar en condiciones productivas las herramientas que el comité priorice y traducir ese conocimiento en decisiones concretas que permitan reducir las pérdidas en los nogales del centro-sur. 

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