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Riego de cerezo en poscosecha:

Lo imprescindible de ahorrar agua para asegurar la rentabilidad de los huertos

La caída del precio de la cereza en China obliga a replantearse los costos del huerto, y un ítem importante pero poco considerado se vincula con el riego. Muy comúnmente se está sobrerregando, lo cual significa pagar más por energía, afectar negativamente a la planta, disminuir la calidad, requerir más control de malezas y fertilización, aumentar el gasto en recursos humanos e incrementar los costos de oportunidad. Paradójicamente también está extendida la práctica del riego deficitario DES-controlado, para ahorrar agua, especialmente en el periodo posterior a la cosecha. Los efectos son muy perjudiciales, como demostró un estudio originado en la preocupación por la “pasma”. ¿La solución? Pasa por usar instrumentos para seguir el estado hídrico de la planta.

11 de Marzo 2025 Dr. Arturo Calderón-Orellana
Lo imprescindible de ahorrar  agua para asegurar la rentabilidad de los huertos

Foto 1. El fenómeno conocido como “pasma” hizo sospechar que los cerezos estaban sufriendo un estrés hídrico moderado o severo.

Por Dr. Arturo Calderón-Orellana, Ing. Agr. Profesor Asociado. Laboratorio de Relaciones Hídricas de Cultivos Frutales. Departamento de Producción Vegetal, Facultad de Agronomía, Universidad de Concepción, Chile.

Recientemente, la industria de la cereza chilena se ha visto remecida por la drástica caída de los precios de la fruta en China, el principal comprador de dicho producto hortofrutícola. Dentro de los factores que se han esgrimido para explicar esta baja sin precedentes, de hasta un 50% de los valores proyectados para la presente temporada, está el exceso de producción y exportación. Los envíos alcanzaron el volumen récord de más de 600.000 toneladas, lo cual representa alrededor de un 50 a 60% de aumento con relación a la anterior campaña. Hasta antes de la crisis comercial, la industria cerecera era muy optimista en su proyección del negocio, estimando para la temporada 2026/27 un nivel de exportación superior a las 700.000 toneladas.

Lamentablemente, la compleja situación ha traído consigo recuerdos amargos de otros rubros frutícolas, en donde el rápido crecimiento de la superficie plantada y del volumen exportado terminó con abruptas caídas de precio, comprometiendo la rentabilidad de los huertos. Más allá de las estrategias comerciales que el país y el sector exportador frutícola puedan desarrollar para enfrentar la disminución de la suma pagada por nuestras cerezas en China, se hace imprescindible replantear el modelo productivo actual de los huertos. La importancia radica en que la rentabilidad no solo depende de los ingresos por venta, sino también de los costos, algo que es necesario revisar con detalle.

UNA MIRADA A ESOS COSTOS QUE SUELEN PASAR INADVERTIDOS

Un costo muchas veces olvidado, pero que cada día resultará más importante para la rentabilidad de los huertos frutales, se relaciona con el consumo energético por operación de sistemas de riego tecnificado. Por ejemplo, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional de Riego, el uso de un sistema de riego tecnificado de un sector con una electrobomba de 10 kW por 5 horas diarias, consumiría 1.500 kWh al mes (CNR, 2022). En octubre de 2024, el costo promedio del kWh en Chile fue de $192, lo cual significa que los gastos de operación del sistema de riego para solo un sector de riego son cercanos a los 300.000 pesos por mes. En 2024, las cuentas por electricidad en Chile aumentaron entre un 12% y un 22%; las regiones más afectadas por el alza fueron Atacama, Coquimbo, y Metropolitana.

Resulta muy importante entender que la crisis climática resultante del calentamiento global traerá consigo en el mediano plazo una menor disponibilidad de agua para riego, una mayor demanda evaporativa de los huertos frutales, y, por ende, un aumento de los costos del agua y la operación de los sistemas de riego. Parte importante de esos mayores costos de operación se vincula con la necesidad de acceso a aguas subterráneas que son parte de acuíferos sobreexplotados. Un estudio de la Universidad de Chile mostró que, entre 1970 y 2020, las extracciones de agua subterránea en Chile central aumentaron en un 1.684% (Taucare, 2023). La sobreexplotación de los acuíferos aumenta la profundidad a la que se encuentran las aguas, lo cual significa que se necesitarán bombas cada vez más potentes y demandantes energéticamente para acceder a ellas, pues no da lo mismo extraerlas a los 30 m que a los 100 o 200 m de profundidad. La situación indicada para nuestro país no es exclusiva, pues se han documentado sucesos similares en varios otros territorios de gran importancia agrícola, tales como España y California (EE.UU.).

Figura 1. Efecto de la estrategia de irrigación sobre la rentabilidad.

En Chile las prácticas de riego en fruticultura siguen estando determinadas en gran medida por métodos subjetivos, tales como la observación y manipulación del suelo con calicatas, la apariencia de las plantas o la programación histórica del riego. Aunque son cada vez más los huertos que han incorporado técnicas objetivas en la toma de decisiones –tales como el uso de sondas de capacitancia para medir humedad del suelo o la utilización de estaciones agrometeorológicas para estimar la evapotranspiración de cultivo–, el análisis de la información, la mantención de los equipos o el empleo de estas tecnologías siguen siendo deficientes. Como consecuencia, entre floración y cosecha, en la zona centro-sur de Chile es más frecuente ver huertos de cerezo en una situación de sobrerriego, que de estrés hídrico. A modo de ejemplo, para un huerto de cerezos adultos de la región de O’Higgins, el cálculo de la evapotranspiración de cultivo durante la temporada puede situarse entre los 6.500 y 8.000 m3 por hectárea, mientras que la aplicación de agua de riego en muchos huertos suele estar cercana a los 10.000 m3 por hectárea.

El impacto del exceso de riego antes de cosecha sobre la rentabilidad del huerto es variado, e involucra aspectos fisiológicos, logísticos y comerciales que vale la pena, al menos, repasar. Por ejemplo, un huerto sobrerregado suele sufrir de hipoxia (baja concentración de oxígeno en el suelo), afectando negativamente la conductancia estomática, el crecimiento de raíces y brotes, y la calidad de la fruta. En cerezos cv. Burlat sobre distintos portainjertos, la exposición de las plantas a condiciones de anegamiento por un total de 7 días redujo la tasa fotosintética de las hojas en más de un 70% (Pérez-Jiménez et al., 2018). Asimismo, el exceso de riego afecta negativamente la microbiota de los suelos, aumenta la disponibilidad de elementos que pueden ser tóxicos para las plantas, como hierro y aluminio, y provoca un alza de los costos en control de malezas, fertilizantes, fungicidas y recursos humanos, pues tiende a haber un acceso más restringido. No está de más mencionar que la aplicación excesiva de agua de riego también aumenta los costos de oportunidad, concepto que se define como los costos de la alternativa que se descarta cuando se toma una decisión, e incluye asimismo los beneficios que se podrían haber obtenido si se hubiera elegido esa opción. En otras palabras, el agua empleada de sobra en el riego me habría servido para regar adecuadamente otro cultivo y rentar más.

En un escenario de mayor incertidumbre comercial, menor disponibilidad hídrica, mayores costos energéticos y mayor demanda por agua, cada gota aplicada sin necesidad cuenta. Consecuentemente resulta imprescindible, como primera meta, evitar los costos que vienen asociados al exceso de riego hasta cosecha. En resumen, el costo del sobrerriego puede ser incluso mayor que el de regar deficitariamente (figura 1).

¿QUÉ PASA CON EL AGUA DE LOS CEREZOS DESPUÉS DE COSECHA?

Riego deficitario DES-controlado: en Chile, muchos huertos de cerezos se riegan considerablemente menos después de efectuada la cosecha. En lo práctico, significa que las aplicaciones de agua de riego disminuyen en frecuencia o en cantidad. El objetivo al cual se apunta es variado, pues algunos productores, especialmente en zonas con baja disponibilidad hídrica, buscan ahorrar agua para regar otros frutales que aún no han sido cosechados. En otras ocasiones, la disminución del riego responde al deseo de adelantar el período de senescencia de las hojas y la entrada en la endodormancia de la planta.

Independientemente del motivo, la práctica de “regar menos” debe asociarse de manera obligatoria al monitoreo constante del estado hídrico de los árboles o, a lo menos, del suelo. El no hacerlo implica correr el riesgo de exponer a las plantas a un largo período bajo una condición de estrés hídrico severo que merme procesos fisiológicos claves en la determinación de la cantidad y la calidad de la fruta de la siguiente temporada.

Nuestro trabajo en huertos de cerezo desde Rancagua a Los Ríos nos ha mostrado una tendencia a generar un estrés hídrico excesivo que va desde 1 a 3 meses de duración. Por ejemplo, en la región de Ñuble, la pasada temporada, nuestro laboratorio realizó un seguimiento ecofisiológico del riego en tres cuarteles de las variedades Lapins y Sweetheart sobre portainjertos Colt y Mazzard F12/1. La menor disponibilidad de agua a partir de enero obligó a los productores a disminuir los eventos de riego en la semana, lamentablemente sin el adecuado monitoreo del estado hídrico de las plantas. Ellos, preocupados por conocer el impacto sobre su huerto adulto con altos porcentajes de “pasma” (foto 1, p. 23), nos solicitaron realizar evaluaciones fisiológicas a partir de cosecha, pues sospechaban que las plantas podrían estar sufriendo los efectos de un estrés hídrico moderado o severo.

Foto 2. El fenómeno conocido como “pasma” hizo sospechar que los cerezos estaban
sufriendo un estrés hídrico moderado o severo.

El resultado fue sorprendente, pues las plantas entraron en una situación de estrés hídrico severo (potencial hídrico del tallo al mediodía < -1,5 MPa) tan solo unas pocas semanas después de recolectada la fruta, alcanzando una condición de estrés hídrico muy severo (potencial hídrico del tallo al mediodía < -2,0 MPa) a partir de febrero. Una severidad de estrés hídrico como la registrada es suficiente para inducir un cierre estomático superior a un 70%, limitando con ello la fotosíntesis y la acumulación de carbohidratos de reserva. En el estudio ecofisiológico mencionado, la conductancia estomática de las hojas fue cercana al valor cero desde la segunda semana de febrero hasta la última medición en la última semana de marzo. Esto significa que las plantas estuvieron al menos 30 días sin realizar fotosíntesis, con una transpiración mínima y, por ende, con hojas a altas temperaturas (sobre la temperatura del aire), favoreciendo procesos fisiológicos que limitan una adecuada acumulación de carbohidratos, tales como la fotorrespiración, la fotoinhibición, y la fotooxidación. El análisis descriptivo de varias calicatas durante la primavera siguiente mostró un menor número de raíces finas y muy finas (cerca de un 10% menos) en el cuartel con la mayor severidad de estrés hídrico después de cosecha.

Los cerezos son árboles frutales, y los árboles son plantas que almacenan una gran cantidad de carbohidratos en sus raíces, tronco y brotes, a diferencia de las vides, que son plantas con una pobre capacidad de reserva de carbohidratos. Después de cosechada la fruta de los cerezos, el principal sumidero de los carbohidratos producidos son los órganos de reserva, y una adecuada acumulación garantiza la normalidad de los procesos de crecimiento de raíces, floración, brotación y desarrollo inicial de la fruta. Adicionalmente, después de cosecha las yemas continúan con el proceso de diferenciación, en donde se comienzan ya a formar los primordios florales y las partes de las futuras flores (sépalos, pétalos, anteras y pistilos). La relación de los carbohidratos de reserva con el desarrollo vegetativo y reproductivo en cerezo es clara, pues se han reportado fuertes asociaciones entre la concentración de azúcares en la yema (fructosa y sacarosa) y el diámetro del tronco (Measham et al., 2014). Por consiguiente, no es verdad que la planta pueda prescindir del agua después de cosechada la fruta. Evitar la ocurrencia de un estrés hídrico excesivo va en directa relación con una alta floración y cuaja y con un adecuado crecimiento de los frutos durante la siguiente temporada. De hecho, la demanda evaporativa atmosférica en la zona central de Chile es usualmente la máxima de la temporada en los meses posteriores a la cosecha (enero, febrero y marzo).

Desde luego, no es lo mismo el riego deficitario DES-controlado que el riego deficitario controlado (RDC), donde se hace un manejo preciso del momento de aplicación, la severidad y la duración del déficit hídrico. El RDC ha resultado clave en países productores de fruta con baja disponibilidad de agua de riego. En cerezo esta práctica no se recomienda entre floración y cosecha, pues puede comprometer el calibre de la fruta, la inducción de yemas para la temporada siguiente, la acumulación de sólidos solubles (balance azúcar/ácidos) y hasta inducir partidura de origen vascular durante las semanas de envero (pinta). Experiencias en Chile y en España han mostrado que sí se puede regar deficitaria, pero controladamente, huertos de cerezo. Nuestro trabajo como Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción con Olivos Spa y Cerasus a través de un proyecto FIA regional, nos ha confirmado que la aplicación de un RDC alcanzando niveles moderados de estrés hídrico en cerezo pueden inducir ahorros cercanos a un 20% del agua de riego, sin afectar la calidad de la fruta, incluso en cultivares tempranos como Santina (Calderón-Orellana y Olivos, 2024). En resumen, se puede ahorrar agua en postcosecha a través del RDC, pero no tiene sentido disminuir el riego sin ningún control en los momentos de mayor demanda hídrica del año.

¿QUÉ SE PUEDE HACER?

En primer lugar, si el objetivo es regar mejor para ser más rentable, resulta fundamental evitar el sobrerriego durante toda la temporada. Esta meta solo se puede cumplir a partir de la tecnificación de la gestión hídrica intrapredial. La determinación de la evapotranspiración de cultivo (ETc) usando la evapotranspiración de referencia (ET0) calculada con la ecuación de Penman-Monteith y los coeficientes de cultivo (KC) establece la línea base que no hay que cruzar. Aplicar más agua de lo que el huerto evapotranspira hacia la atmósfera significa ahogar la rentabilidad del negocio. Un requisito fundamental en la aplicación de esta tecnología es tener correctamente establecidas, mantenidas y calibradas las estaciones meteorológicas para calcular la ET0. Al decir correctamente establecidas, se descartan inmediatamente todas aquellas que están dentro de huertos frutales, al lado de casetas de seguridad, oficinas, bodegas, bosques, caminos y canales de regadío, pues el modelo FAO Penman-Monteith estima la ET de una superficie cultivada con especies de pradera. Por ende, la estación de ET0 debe estar ubicada en una pradera sembrada con un cultivo de referencia de no más de 12 cm de altura, sin sombra durante los 365 días del año, y en óptimas condiciones de manejo agronómico, entre otras consideraciones (Zotarelli et al., 2010). Este approach resulta bastante simple de aplicar, siempre y cuando se cuente con suficiente agua de riego, pero ¿qué pasa si al agua no está disponible?

Si al agua resulta escasa, se debe regar solo si la planta lo necesita o aplicar RDC. En ambos casos, el seguimiento fisiológico del estado hídrico de los árboles entre eventos de riego se transforma en una necesidad técnica. La medición estándar y más robusta para lograr este propósito corresponde a la del potencial hídrico del tallo, una medida mediante la cual se establece qué tan deshidratada se encuentra la planta. Así, se pueden evitar situaciones de un estrés hídrico excesivo antes de que se aprecien síntomas visuales, tales como hojas “acucharadas” (foto 2, p. 23), clorosis del follaje (amarillamiento de hojas), menor crecimiento expansivo de hojas, brotes, frutos o raíces, y caída de hojas. Hoy en día existen al menos tres tipos de equipos de medición que se pueden usar en terreno para este propósito. Estos son a) la cámara de presión (“bomba de Schölander”, foto 3, p. 24), b) los microtensiómetros de planta (foto 4) y c) los psicrómetros de plantas. Aunque los tres equipos han demostrado ser suficientemente precisos en la determinación del potencial hídrico del tallo, los primeros dos han tenido un mayor porcentaje de adopción por parte de la industria hortofrutícola y los centros de investigación alrededor del mundo.

Foto 3. Cámara de presión o “bomba de Schölander” en un huerto de cerezos (Prunus avium L.) en la región de O’Higgins.

La cámara de presión es un instrumento que ha sido empleado para medir estrés hídrico por más de 60 años en diversos cultivos frutales, tales como uva, cerezo, ciruelo, arándano, duraznero, kiwi, nogal, almendro y manzano, entre otros. Es, sin lugar a dudas, el instrumento que cuenta con el mayor respaldo científico y técnico como indicador de estado hídrico en plantas frutales. Dentro de sus mayores ventajas están: 1) fácil empleo, 2) simpleza de operación y mantención, 3) independencia energética (no requiere electricidad) y 4) capacidad de realizar múltiples mediciones, lo cual permite tomar en consideración la variabilidad espacial del huerto (Calderón Orellana, 2021). En otras palabras, se puede medir estrés hídrico en muchas plantas para representar con fidelidad la condición hídrica del huerto, y no de una o unas pocas plantas. La medición del potencial hídrico del tallo es sustancialmente más uniforme y consistente con las prácticas de riego que aquellas realizadas con otros instrumentos, tales como dendrómetros, porómetros, medidores de flujo de savia, imágenes multiespectrales y termómetros IR. La gran ventaja de la medición del potencial hídrico del tallo es que esta variable integra la respuesta de la planta no solo al contenido de agua en el suelo, sino también a la magnitud de la demanda evaporativa atmosférica. Dentro de las desventajas del uso de la cámara de presión están 1) su dependencia de un operario que debe realizar las mediciones y 2) la necesidad de capacitarlo para garantizar una correcta evaluación en terreno (Calderón-Orellana y Olivos, 2024).

El microtensiómetro de planta es actualmente uno de los equipos más sofisticados, pudiendo proveer de mediciones de potencial hídrico de tallo tan precisas como las obtenidas con la cámara de presión (Lakso et al., 2021). Su mayor ventaja reside en la capacidad de medir en tiempo real y de manera continua, permitiendo monitorear la severidad del estrés hídrico todos los días y en todo momento (Calderón-Orellana y Olivos, 2024). En la actualidad, una de sus mayores desventajas es la falta de representatividad, pues debido a su costo se hace difícil contar con varias estaciones de monitoreo dentro de un cuartel o de un huerto. Este problema se parece al de las estaciones de medición de la humedad de suelo, en donde se asume que el suelo asociado a una o pocas plantas muestreadas representan la condición hídrica del cuartel o del huerto completo.

Foto 4. Microtensiómetro de planta instalado en un árbol de cerezo (Prunus avium L.) cv. Lapins en la región de O’Higgins. Fuente: Olivos Spa.

Es muy importante destacar que no existe el instrumento perfecto para manejar el riego, pues todos los equipo disponibles tienen limitaciones de uso, ya sea de operación o interpretación de la información. Es imperativo entender que todos los equipos de evaluación fisiológica del estado hídrico de las plantas requieren de un proceso de capacitación realizado por profesionales especialistas, pues la improvisación se paga caro. Una técnica mal empleada entrega datos erróneos que se traducen en malas decisiones, haciendo perder recursos de la empresa, especialmente el tiempo. Hoy, cuando la escasez de agua se está transformando en “el gran tema” en la agricultura chilena, los agricultores y productores requieren desarrollar una cultura de “austeridad hídrica”, incluso quienes cuenten con agua suficiente. Únicamente así la fruticultura chilena podrá ser sustentable, no solo en cuanto al medio ambiente sino también a nivel comercial.

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