La uva asume retos cada vez más permanentes y decisivos
De ahora en adelante el manejo de un huerto de uva de mesa ya no será lo mismo. Los responsables deberán hacer ajustes y aplicar estrategias innovadoras si se quiere producir una fruta de calidad, sobre todo porque el escenario se ha tornado más complejo, debido a la escasez hídrica, la incidencia climática adversa y una creciente competencia por mano de obra calificada.
Piura e Ica, las dos principales zonas productoras de uva de mesa en el norte y en el sur del país, comparten el reto clave de entregar fruta de alta calidad a mercados internacionales. Temporada tras temporada, tres factores complican esta misión: la variabilidad climática, la gestión del agua y la mano de obra calificada.
Frente a un escenario cada vez más dinámico, la capacidad de adaptación de los productores será decisiva para conservar su posición de liderazgo global. En esta nota, agrónomos y expertos consultados revelan cómo enfrentar día a día estos desafíos que marcan el futuro de la uva de mesa peruana.
MÁS MANEJO DEL DÍA A DÍA Y MENOS PROGRAMACIÓN AUTOMÁTICA
A las siete de la mañana, en un día cualquiera de julio en Ica, la temperatura solía rondar los 7°C hace unas campañas. Hoy, en el mismo mes, en la misma región y a la misma hora, el termómetro marca entre 12°C y 13 °C. Este recuerdo de Luis Garavito, asesor en uva de mesa y gerente agrícola de Sociedad Agrícola Saturno, ilustra cómo el clima ha cambiado progresivamente, con variaciones cada vez más evidentes en los últimos años. Ante este escenario, advierte que la producción de uva de mesa en Ica, y aún más en otras zonas productivas, ya no puede depender del manejo automático de antaño, cuando las fechas de las labores de campo se programaban con precisión casi matemática.
“Definitivamente las condiciones están cambiando”, enfatiza y subraya que la uva de mesa ha dejado de ser un cultivo de planificación estricta para convertirse en uno de manejo agronómico activo. “Sales de vacaciones y dejas programadas las aplicaciones una vez por semana o cada diez días. Sin embargo, si la temperatura aumenta, cuando regresas te encuentras con un parrón completamente cerrado, brotes que han crecido descontroladamente y un mayor riesgo de hongos. Hoy en
día, el manejo exige una observación diaria, donde más allá de lo planificado, es clave ajustar cada decisión según el comportamiento real de la planta”, señala.

El ocurrió algo que ningún productor se lo esperaba: Lluvias inesperadas se registraron en Ica. Cristóbal Cillóniz, gerente general de Productores Comercializadores (Procom), dice que estas precipitaciones no representan un problema significativo siempre que no haya fruta en cosecha.
La mayoría de los productores finaliza su campaña en enero, aunque algunos optan por dejar fruta colgada de los parrones en febrero, aprovechando que Chile aún no ingresa con fuerza a EE UU. Esta es la segunda vez en los últimos años que se registran lluvias en esta época, luego de las precipitaciones provocadas por el fenómeno Yaku.
Sin embargo, Cillóniz considera que aún es prematuro afirmar si este evento atípico se volverá más frecuente. En cuanto al impacto del Fenómeno El Niño, Cillóniz destaca que la vid en Ica se adapta bien a temperaturas de 10°C o 11°C en julio,
ya que el adelanto de la cosecha para evitar la competencia con la ventana comercial chilena, requiere que la planta florezca en pleno frío. “El Niño genera un efecto similar a un invernadero, como si la vid estuviera bajo plástico”, explica.
En el norte, en cambio, la realidad es distinta. Enfrentando lluvias intensas y sequías recurrentes, los productores de Piura trabajan bajo condiciones climáticas mucho más inestables. “Todos los años son distintos en Piura. Llevo seis años trabajando aquí y ninguna campaña ha sido igual a otra. Siempre hay un desafío distinto.
El año anterior fue la sequía, antes fue el Niño costero y el Yaku. Este año puede parecerse al 2023 en términos de temperatura. La inestabilidad climática es inherente a nuestro clima semitropical”, comenta Felipe Morales, gerente de producción de Pura Fruit Company.
“En esta campaña 2025/26 estamos reactivando nuestra estrategia sanitaria del 2023 que fue el año de fuertes lluvias debido al Yaku. Hay que evitar el Mildiu, porque una vez que entra ya te generó daños en la uva de mesa”.

Para el asesor Alejandro Carvajal, la industria piurana ha entendido que debe adaptarse constantemente a estos escenarios. Según explica, ya existen conocimientos sobre cómo actuar ante un exceso o una falta de agua. “Piura es, por excelencia, una ventana comercial clave para el mundo, con un gran volumen de fruta. Sin embargo, su gran desafío es producir uva de alta calidad y con una buena condición. Producir más no es suficiente. La clave está en producir mejor, asegurando que la fruta cumpla con los estándares para competir en los mercados internacionales”, subraya.
UNA MIRADA A LAS SOLUCIONES
Si bien la producción de uva en Piura está sujeta a una mayor cantidad
de variables y agentes externos en comparación con otras regiones, Carvajal apunta que los productores aún tienen la tarea de ajustar el manejo agronómico a las circunstancias actuales. En la última campaña, el principal problema fue la sequía que se agudizó con la falta de capacidad de almacenamiento del reservorio de Poechos.
“Sin ninguna duda esto afectó a la mayoría de los campos, salvo algunos que tienen agua subterránea de pozos. Por este motivo, hubo muchos problemas de fruta con calibres chicos, o sea, hubo fruta liviana”, explica. No fue el único inconveniente. “A esto se sumó que muchos campos dejaron mucha carga y eso acentuó más los problemas de calidad y condición de las uvas. Se cosechó fruta con 11° Brix y eso es fatal para la poscosecha. También hubo muchos problemas de desgrane y la falta de agua permitió la aparición de plagas, como la arañita, así como de los hongos de madera”, precisa el especialista.
“Tenemos que ser responsables, no podemos dejar 6.000 cajas colgadas en el parrón para su exportación. De lo contrario, estamos mandando fruta que no cumple con los parámetros de calidad y condición. La mitad será buena fruta y la otra mitad de regular a mala”.

Frente a esta situación, afirma que los piuranos deben trabajar un programa preventivo y curativo a nivel sanitario. “Hoy, con las lluvias que se han presentado en estas semanas (mediados de marzo), sin ninguna duda que va a aparecer el mildiú. Por lo tanto, debemos evitar que la planta sufra un mayor impacto negativo”, advierte.
La nutrición, según Carvajal, será importante para reducir los efectos del estrés en los parrones. “Es necesario identificar las plantas que se quedaron muy dañadas por el estrés hídrico, sobre todo puede haber daño en el sistema radicular”, advierte.
En la actualidad, las temperaturas en marzo han estado entre 1°C y 2°C por encima de lo normal y hay posibilidades de un Niño Costero. Con mayor razón, Carvajal sugiere hoy regular el uso del nitrógeno, que puede incentivar que la inducción sea más vegetativa que frutal. “Lo recomendable es llevar una nutrición equilibrada en base a las condiciones climáticas”, agrega.
MUCHAS EVALUACIONES A LO LARGO DE LA CAMPAÑA
En tanto, si bien la presencia de El Niño puede beneficiar a la producción de la uva iqueña, Cillóniz refiere que siempre hay que estar alertas si el incremento de temperaturas acorta en demasía el periodo de crecimiento de las bayas. Lo que destaca es que la mayoría de productores “ya están acostumbrados a hacer muchísimas evaluaciones a lo largo de la campaña”.
“Como realizamos podas de forma escalonada para evitar que toda la cosecha se concentre en un solo momento, los primeros lotes sirven como referencia para ajustar el manejo en los siguientes. Si se detecta una desaceleración en el crecimiento, se pueden tomar medidas correctivas, como aplicaciones de ácido giberélico u otras hormonas que favorezcan la elongación y la división celular”, dice.
En esta línea, Garavito también apunta que este proceso de monitoreo debe incluir el análisis de yema, una herramienta clave para evaluar el estado de maduración de los racimos y anticipar ajustes en el manejo agronómico.
LA GESTIÓN DEL AGUA DEBE ESTAR EN LA AGENDA
Ya sea por abundancia o por déficit, el agua es otro de los puntos primordiales en la agenda de los agroexportadores del norte y sur del país. En el caso de Ica, el déficit impide el crecimiento de un mayor número de hectáreas. “El agua es una limitante en Ica tanto en cantidad como en calidad. Hoy es complejo crecer en extensión, tienes que comprar campos que ya están operativos y tienen agua. Pero, hoy día lo que menos tiene Ica es tierra con agua”, comenta Cristobal Cilloniz.
La mayoría de los campos iqueños han construido sus propios reservorios para garantizar el abastecimiento de agua en épocas de escasez. Además, están incorporando tecnología para monitorear de manera constante la humedad del suelo, lo que les permite ajustar las cuotas de riego según las necesidades de la planta.
Para Carvajal los grandes problemas de agua en el mundo son la captación, el almacenamiento y la conducción. En el caso de Ica, destaca que se pierde el 80% del agua de lluvia, que podría almacenarse en reservorios. “Si no somos eficientes con el cuidado del recurso agua, nos va a pasar la cuenta”, resalta.
“Es fundamental determinar la capacidad productiva de cada variedad en función de su rentabilidad proyectada en cada campaña. Este enfoque permite no perder de vista el objetivo principal: la rentabilidad no debe ser un factor secundario, sino el eje central de las decisiones técnicas en el manejo de la uva de mesa”.

César Espinosa, asesor internacional especialista en uva de mesa en Perú, Chile, México, España y Marruecos, apunta que la disponibilidad del agua debe ser parte de un análisis constante en la campaña agrícola.
“El agua siempre va a ser una limitante y nunca hay que pensar que el agua está asegurada. No solo hablo del tema de la disponibilidad, sino de la calidad del agua, considerando que en el desierto el recurso está expuesto a altas conductividad eléctricas y altos niveles de pH. Por lo tanto, nunca debemos estar confiados de que el agua está asegurada para cada campaña”, comenta.
En el caso en particular de Piura, Carvajal apunta que además de construir reservorios será necesario la perforación de pozos para garantizar el acceso al agua. “Es fundamental evitar escenarios como el del 2016, cuando una severa sequía dejó a los productores sin claridad sobre si debían podar o no. Finalmente, la poda se realizó y en 2017 llegó el Fenómeno El Niño, con lluvias tan intensas que desbordaron varias zonas del norte del país. Sin embargo, con el tiempo, se olvidó que la zona puede afrontar una crisis hídrica”, explica.
Al respecto, Felipe Morales señala que en Pura Fruit Company están perforando cuatro pozos profundos con el objetivo de ampliarlos hasta llegar a seis, lo que permitirá mejorar la captación de agua y garantizar un suministro más estable en los meses justamente de la campaña, entre octubre y diciembre. Paralelamente, están construyendo un reservorio de 1.350.000 m3, que se sumará a otro ya existente de 950.000 m3, reduciendo la incertidumbre hídrica. Esto adicional al uso de cobertores plásticos que, según explica, les permiten un ahorro de 20% de agua.
“La situación de almacenamiento de Poechos no va a mejorar, al menos en el corto plazo. Es muy probable que este año, a partir del mes de octubre en adelante, podamos vivir una situación similar a la del 2024”, advierte.
“Definitivamente, el crecimiento de la temperatura y radiación plantea a los productores a enfrentarse a situaciones no habituales. Los bloqueadores solares, por ejemplo, antes se utilizaban cada 20 días, pero ahora se están aplicando cada 14 días”.

COMPETENCIA CON EL ARÁNDANO
Si el clima ya no es el mismo. Si la situación del agua ya no es la misma. Tampoco será lo mismo la mano de obra que, solo en el caso de Piura es el 70% de los costos productivos de un campo. ¿Es un tema sensible? Sin duda. Cristobal Cilloniz agrega que la uva de mesa aún requiere de un trabajo bastante fino en diferentes labores que se realizan a lo largo del año y que culminan con la cosecha de la fruta.
En Ica, la puja por mano de obra entre las agrícolas se viene complicando con el arribo de un gran número de inversionistas en arándano, cultivo que demanda y suele pagar más por cada jornal. Hace solo cinco años eran 200 ha de arándanos y en la edición 106 de Redagrícola Perú se explicaba que ya hay 2.000 ha en tierras iqueñas.
Manuel Olaechea, jefe de operaciones agrícolas de Sun Fruits Exports, comentaba que ya en la última campaña de uva de mesa ha sido particularmente difícil conseguir mano de obra, debido a que muchos estaban migrando hacia el arándano. Carvajal dice que, sin duda, esto ha intensificado la competencia por trabajadores, llegando a generar retrasos en algunas labores culturales.
“Durante la última temporada, muchos productores enfrentaron demoras en tareas clave como el deshoje, desbrote y arreglo de racimos, lo que derivó en mayores problemas de oídio y afectó la sanidad de los cultivos”, afirma.
Mientras que para los iqueños resulta inquietante la cada vez mayor competencia por trabajadores, en Piura el problema sería de la falta de experiencia en el manejo de uva de mesa. Al respecto, Morales apunta que se necesita incentivar en el norte el trabajo a destajo y no bajo el concepto de tarea realizada, como ocurre en la actualidad. “Cuando tú logras transmitir al trabajador el concepto del destajo y que a través de su rendimiento puede ganar más plata, la verdad es que se logra una sinergia y un impacto muy grande respecto a la dimensión de los costos de producción”, explica.
Si bien ha habido avances en la especialización de los trabajadores en Piura, explica que todavía existe un porcentaje significativo que requiere mayor capacitación en técnicas de manejo y labores específicas. “En este proceso, el papel de los mandos medios y las primeras líneas es clave. Jefaturas de campo, supervisores y jefes de cuadrilla tienen la responsabilidad de capacitar y guiar a la mano de obra para optimizar el rendimiento en el campo”, dice.
De lo contrario, afirma que se genera un círculo vicioso: “En Piura, al haber disponibilidad de trabajadores, muchas veces la solución inmediata es aumentar la cantidad de personal en lugar de mejorar la eficiencia. Y todo esto nos lleva a un punto vital para la continuidad del negocio de la vid en ambas regiones, que es el manejo de los costos productivos”.
En general, los costos de producción son el principal factor de inestabilidad en un negocio que, además, debe lidiar con factores externos fuera de su control. César Espinosa señala que la mano de obra siempre será el componente más alto dentro de los costos operativos en la agricultura, por lo que su gestión y eficiencia deben ser una prioridad. “Cada labor dentro de la campaña debe estar justificada y optimizada para evitar sobrecostos innecesarios”, afirma.
La producción de uva de mesa en el norte y el sur del país enfrenta un escenario dinámico y desafiante. En este contexto, la clave para el éxito radicará en la capacidad de adaptación, la eficiencia en los costos y la mejora de los manejos agronómicos.