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Aprendizaje en Agrícola Don Ricardo

La calidad de la fruta depende de la precisión de los riegos

El equipo de Don Ricardo aprendió este último año que el manejo del riego es esencial para alcanzar altos estándares de calidad, especialmente en el sabor de sus arándanos. Desde innovaciones tecnológicas hasta ajustes en el uso del agua, la empresa comparte su experiencia en temas de riego, así como sus perspectivas en este fruto en el Valle de Ica.

12 de Febrero 2025 Marienella Ortiz
La calidad de la fruta depende de la precisión de los riegos

Agrícola Don Ricardo (ADR) comenzó hace aproximadamente una década con la producción de arándanos en el Valle de Ica, un trayecto lleno de desafíos y aprendizajes. Inicialmente, el cultivo se estableció en suelo y se regaba con agua proveniente de pozos o del río la Achirana. Para finales del 2024, la empresa alcanzó las 320 hectáreas de arándanos, todas cultivadas en bolsas y abastecidas con agua tratada mediante ósmosis inversa. Otro gran aprendizaje llegó el año pasado, cuando identificaron que el equilibrio adecuado en la concentración de sales, logrado mediante un manejo preciso del riego, puede garantizar una fruta de sabor excepcional.

“El riego define el sabor de la fruta”, afirma Isaías Vera, gerente de arándanos de Agrícola Don Ricardo. Explica que cuando el medio (entorno de las raíces de la planta, sea el sustrato, el suelo o la solución nutritiva en sistemas hidropónicos) se satura en exceso con agua, la fruta pierde calidad, resultando aguachenta y casi sin dulce.

Isaías Vera, gerente de arándanos de Agrícola Don Ricardo.

Para obtener una fruta con buen sabor, Vera detalla que es necesario lograr un equilibrio en la concentración de sales en el medio, lo que significa ajustar los niveles de drenaje durante toda la temporada. Al controlar la nutrición y los porcentajes de drenaje en el cultivo que se encuentra en bolsa, es posible encontrar el sabor adecuado y alcanzar el potencial verdadero de cada variedad, apunta.

“La clave está en encontrar el punto ideal de humedad para el sustrato. Cuando el medio se satura con demasiada agua, el exceso de drenaje provoca una pérdida de sabor. Sin embargo, si se maneja adecuadamente, se logra una fruta con un sabor equilibrado”, dice.

La empresa enfatiza que los extremos nunca son correctos: ni permitir que el medio se seque ni saturarlo en exceso. El objetivo es alcanzar un equilibrio preciso según las necesidades de la planta y el tipo de sustrato utilizado. Para lograrlo, la empresa utiliza sensores de capacitancia que miden el porcentaje de humedad volumétrica en la maceta y el sustrato, así como lisímetros que registran los porcentajes de drenaje.

Toda esta información está integrada en una misma plataforma que permite monitorear los datos en tiempo real. Incluso, es posible revisar los porcentajes de humedad de cada bolsa desde un teléfono móvil, explica. Además, se emplean dendómetros en los tallos para medir el crecimiento de la planta y la cantidad de materia seca generada. De esta manera, pueden medir todos estos indicadores en la maceta, la planta y el sustrato.

Esto determina que el jefe de riego de la empresa supervise a diario las gráficas obtenidas por las sondas TDR, según señala Vera. Con la información que brinda es que pueden ajustar constantemente los riegos, ya que, al ser en la práctica un sistema hidropónico “sin techo”, la falta de revisión de los sensores durante dos o tres días podría reducir significativamente la pérdida económica para la agrícola. Resalta que el clima, además, es determinante a la hora de establecer las necesidades de riego de la planta.

Actualmente, la empresa está evaluando tecnologías que permiten predecir las condiciones climáticas con tres a siete días de anticipación. Si bien no son exactas, estas herramientas ofrecen tendencias con una precisión del 90 al 95 %, lo que facilita la toma de decisiones en el manejo del cultivo.

Esta tecnología, que ya se aplica en invernaderos en otras partes del mundo, se irá introduciendo de manera gradual en el manejo del arándano, sostiene Vera.

En los campos de alta producción (30 toneladas por hectárea), utilizan alrededor de 8.500 m³ por hectárea al año, cuando hay empresas en el norte que destinan más de 12.000 m³. Han logrado ahorros con distintas técnicas de riego.

AHORROS EN EL AGUA

La gestión del agua es prioritaria en la región, ya que el recurso hídrico se encuentra al límite, apunta Vera. Por esta razón, cada litro de agua utilizado en las plantas es tratado como un recurso valioso, agrega. El agua salmuera generada por el proceso de ósmosis inversa, con una conductividad entre 1 y 3, se reutiliza en otros cultivos como paltos, cítricos y uvas. ¿Cómo lo reutilizamos? Mezclamos el agua de esa salmuera con el agua de pozos para llegar a una conductividad de 1,8 o 1,5 que es tolerable por la uva o los cítricos.  Además, la empresa está evaluando un segundo tratamiento de la salmuera para aumentar aún más el aprovechamiento del agua.

En campos de alta producción, donde se alcanzan más de 30 toneladas por hectárea, la empresa utiliza aproximadamente 8.500 metros cúbicos de agua al año, una cifra significativamente menor si se compara con otras empresas del norte, que superan los 12.000 o 14.000 metros cúbicos por hectárea. Vera señala que este ahorro considerable refleja la eficiencia de su manejo hídrico.

El uso excesivo de agua en estados fenológicos puntuales, tanto en la uva como en el arándano, puede mermar la calidad de la fruta, generando problemas como el “palo negro”, advierte.

Agrícola Don Ricardo suma a la fecha 320 hectáreas en sus campos en Ica. Actualmente, toda su producción es en contenedores y el agua para riego es tratada con ósmosis inversa.

APRENDIZAJES QUE TOMARON AÑOS

En un inicio, los resultados no fueron favorables para Don Ricardo, ya que el cultivo se estableció en suelos franco arenosos con un contenido de materia orgánica de apenas 0,2 % a 0,3 %. Con el tiempo, la empresa comprendió que el arándano requiere niveles más altos de materia orgánica. Además, en esa etapa inicial, no se utilizó ósmosis inversa, y el agua de pozo tenía niveles de conductividad eléctrica entre 0,6 y 0,8 mS/cm.

Para el 2017, se identificó que la conductividad eléctrica del agua era un factor crucial para la distribución de macro y microelementos. En consecuencia, en 2018 se adquirió la primera máquina de ósmosis inversa, en colaboración con Relix Water. Después de seis años, esta máquina continúa operativa al 100 %, sin que se haya requerido el cambio de membranas, según comenta.

Ese mismo año, se realizó un ensayo con 80 bolsas para la variedad Ventura, que en aquel entonces no era muy popular. Siguiendo la misma estrategia utilizada con la uva de mesa, la empresa optó por variedades poco sembradas para diferenciarse en el mercado. Los resultados fueron notables: el rendimiento por planta paso de 120 gramos a 1 kilo en seis meses.

Actualmente, el 100 % de su producción se realiza en bolsas. En cuanto al sustrato, se decidió utilizar fibra de coco importada de Sri Lanka, después de realizar pruebas con diversos materiales, como fibra de coco suelta, mezclas con perlita y turba, y chips de coco. Se determinó que la fibra de coco sola, con una granulometría de 1 a 3 milímetros, ofrece los mejores resultados al proporcionar buena retención de humedad, adecuada oxigenación y estabilidad química.

Isaías Vera destaca que para ADR el manejo del cultivo se basa en tres pilares fundamentales: agua de buena calidad, sustrato adecuado y genética superior. En su primer año con el cultivo en bolsas, lograron producir 11 toneladas en un área de 28 hectáreas de Ventura. A pesar del impacto del fenómeno de El Niño, el año pasado la producción alcanzó las 30 toneladas en gran parte de la producción.

A lo largo de su experiencia en el cultivo de arándanos, Don Ricardo ha probado más de 54 variedades. Según la experiencia de Isaías las variedades tendrán distintos resultados según la zona y clima dónde se instalen. “No existe una variedad para todo el país, existen variedades que se adaptan según el clima”, apunta.

Pese a que es una variedad que muchos están sacando de sus campos, señala que con Ventura logran un rendimiento destacado de hasta 30 toneladas por hectárea.

La variedad más extendida en sus campos, con 220 hectáreas, es identificada por el código EB92, que se comercializa bajo su marca propia Cadime. Esta presenta un calibre medio, con un 70 % de la fruta entre 16 y 17 milímetros. Aunque su tamaño es estándar, sobresale por su sabor distintivo, una característica que la diferencia de otras variedades en el mercado.

CERRANDO LA CAMPAÑA

En los años 2022 y 2024, se registró el invierno más frío de la última década, con temperaturas mínimas que descendieron hasta seis grados durante varias semanas. Esta situación provocó este año un retraso de cuatro semanas en la cosecha. El inicio previsto para la semana 28 (primera semana de julio) tuvo que postergarse hasta la semana 32, a finales de julio e inicios de agosto. El pico de cosecha, que normalmente ocurre en la semana 41 (primera semana de noviembre), se vio afectado por este retraso.

La variedad EB92 permite concentrar la producción en las semanas 41 a 44, lo que le brinda a la empresa una ventaja competitiva al diferenciarse por la calidad de la fruta. Sin embargo, la posibilidad de maximizar el rendimiento depende de diversos factores, principalmente las condiciones climáticas del Valle de Ica.

Pensando en el futuro, la empresa busca variedades que ofrezcan una curva de producción más flexible en la ventana de cosecha, utilizando técnicas de poda para evitar coincidir con los picos de producción del resto del país. Independientemente
de la semana en que inicie la cosecha, la calidad seguirá siendo el principal diferenciador de su fruta en los mercados internacionales.

En el ámbito comercial, Don Ricardo ha recibido comentarios positivos de clientes en Asia, quienes han destacado el sabor superior de su fruta. En China, durante un período reciente, la fruta de Don Ricardo fue reconocida como la mejor y la más valorada en el mercado durante tres o cuatro semanas consecutivas. Este reconocimiento no se debió al tamaño del fruto, sino a su sabor constante y excepcional, que lo diferencia claramente de otras ofertas. En ese sentido, Vera destaca que estos resultados van en la línea de la empresa de siempre diferenciarse en los mercados por una fruta de gran calidad.

Crecimiento del cultivo y la mano de obra

Actualmente, en Ica hay alrededor de 2,000 hectáreas sembradas de arándanos, una cifra que hace cinco años no superaba las 200 hectáreas. Este crecimiento exponencial ha generado una necesidad igualmente importante de mano de obra. Durante el pico de producción, se requieren aproximadamente 65 trabajadores por hectárea al día. Esto significa que, con las 2,000 hectáreas existentes, se necesita una fuerza laboral simultánea de alrededor de 13,000 personas.

El año pasado, la disponibilidad de mano de obra fue suficiente para cubrir las necesidades de producción. Este año, sin embargo, la empresa estimó una producción de 5.2 millones de kilos, en comparación con los 2.7 millones del año anterior. En este proceso, se ha identificado que el factor humano representa un desafío significativo en el Valle de Ica para todos los productores de arándanos. A diferencia de Trujillo y Piura, donde existe una cultura laboral en el cultivo de arándanos con más de ocho, diez o incluso doce años de experiencia, en Ica esta situación es diferente.

El principal competidor en términos de mano de obra es el cultivo de uva de mesa, que tiene una larga tradición en Ica. A diferencia del trabajo en los campos de arándanos, donde las labores se realizan agachados y al aire libre bajo el sol directo, en  la uva de mesa los trabajadores cuentan con la sombra de los parrales y realizan sus tareas en una posición más cómoda.

Durante los picos de producción, la empresa llega a contratar entre 7,500 y 8,000 personas al día, lo que convierte la gestión de personal en un reto clave para el sector de arándanos en el sur del país.

A pesar de estas dificultades, el potencial de crecimiento en Ica es alentador, y se proyecta que para el año 2026 la superficie sembrada de arándanos podría alcanzar fácilmente las 4,000 hectáreas. Para optimizar las labores de campo y enfrentar estos desafíos, la empresa continúa desarrollando y probando herramientas como atriles de cosecha, envases y otros accesorios que faciliten el trabajo en la cosecha.

Además, se planea incorporar personal específico para suministrar materiales y agua a los trabajadores en intervalos de tiempo cortos, asegurando así una mayor eficiencia en el proceso.

 

Clima adverso

En cuanto al clima adverso para el arándano, Isaías Vera destaca que en Don Ricardo ha determinado que el fenómeno de La Niña, caracterizado por temperaturas frías, resulta más negativo para el cultivo en Ica que El Niño. En condiciones de calor, es posible manejar la situación ajustando ligeramente la aplicación de nitrógeno para frenar el crecimiento, reforzando el programa de aplicaciones debido a la mayor presencia de plagas y vigilando los riegos para asegurar un rendimiento óptimo de la planta.

Sin embargo, en años de La Niña, la falta de temperaturas adecuadas dificulta la actividad de la planta, ya que no recibe la indicación térmica necesaria para realizar fotosíntesis. Esta inactividad hace que sea mucho más complejo sacar adelante la campaña.

Durante este año, las temperaturas mínimas llegaron a seis grados y las máximas no superaron los 18 grados, lo que dejó a las plantas prácticamente inactivas. Los sensores de monitoreo confirmaron esta situación, evidenciando que las plantas no estaban realizando ninguna actividad productiva.

Otro aspecto clave identificado por Don Ricardo es la necesidad de mejorar el manejo cultural de las diferentes variedades. Se ha observado que las alturas de poda, la cantidad de cañas y la distribución de estas deben ajustarse según la genética de cada variedad. No todas las variedades requieren el mismo manejo: algunas necesitan dos tiras de savia, otras solo una, y hay variedades que no requieren ninguna.

El objetivo es comprender las particularidades de cada variedad y aplicar un manejo específico que responda a sus características genéticas. Esto garantiza un desarrollo adecuado y una producción óptima en cada campaña.

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