Evalúan especie de fríjol que resiste temperaturas extremas y usa mejor el agua que las variedades locales
Para comprobar su resistencia al calor y la sequía, se evaluaron dos variedades de fríjol tépari. Durante 83 días se midieron variables como cuánta agua perdían por las hojas (transpiración), qué tanto calor podían soportar sin marchitarse (temperatura foliar), y qué tan activas seguían internamente (fotosíntesis).

El fríjol tépari tiene un gran potencial nutricional y de resistencia a la sequía.
En medio de los constantes retos por la falta de agua y los altos índices de desnutrición en La Guajira, una esperanza real comienza a germinar desde la ciencia: el fríjol tépari, una variedad ancestral originaria de zonas desérticas de América, que resiste las duras condiciones climáticas y posee un alto valor nutricional.
El ingeniero agrónomo Javier Mauricio Gereda, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), ha demostrado que este fríjol no solo puede sobrevivir con poca agua y altas temperaturas, sino que además es una fuente rica en proteína, hierro y antioxidantes. De hecho, una sola cucharada de este grano contiene hasta cuatro veces más nutrientes que el fríjol convencional.
Este avance cobra especial importancia si se considera que, según el Instituto Nacional de Salud, en los primeros meses de 2024 se reportaron 649 casos de desnutrición aguda, moderada y severa en niños menores de cinco años en La Guajira, el 84% de ellos de comunidades indígenas. Una problemática que persiste desde hace años sin solución definitiva.
Por ello, el fríjol tépari podría ser la semilla de un cambio. Su cultivo no requiere sistemas de riego ni el uso de pesticidas, lo que lo convierte en una opción viable para campesinos locales y para proyectos de seguridad alimentaria en comunidades vulnerables.
El investigador, junto con la Fundación Team Colombia Innovación Educativa y la Fundación Wayuu Anashii, buscan implementar este cultivo en jornadas pedagógicas en colegios y comunidades de La Guajira, para enseñar a niños y jóvenes a sembrarlo, cosecharlo y aprovechar su potencial nutricional.
Evaluación científica rigurosa
Para comprobar su resistencia al calor y la sequía, el investigador evaluó dos variedades de fríjol tépari –una silvestre y una domesticada– bajo condiciones extremas. Las cultivó en materas con tierra preparada en laboratorio, simulando el ambiente árido de su lugar de origen.
Mientras algunas plantas recibieron riego normal otras se sometieron a distintos niveles de sequía: 25, 50 y 75% de humedad, y un grupo sin agua. Todas crecieron en temperaturas constantes superiores a 36 °C, similares a las de La Guajira.
Durante 83 días se midieron variables como cuánta agua perdían por las hojas (transpiración), qué tanto calor podían soportar sin marchitarse (temperatura foliar), y qué tan activas seguían internamente (fotosíntesis). Además se usaron sensores como el MultispeQ, que permite revisar en segundos el “estado de salud” de una hoja y una planta. También se registraron otros datos físicos, como el número de flores, vainas y granos, la altura, el área foliar, la capacitancia de las raíces y el peso de la planta seca (biomasa), para comprender su rendimiento completo en cada tipo de condición.
Para entender si dicha leguminosa seguía funcionando internamente, el magíster midió la fluorescencia de la clorofila, que, en palabras sencillas, es como tomarles una radiografía a las hojas para saber si la planta sigue utilizando la luz, incluso cuando parece estar bajo mucho estrés. También se estandarizó un protocolo para medir qué tanto resiste una planta la sequía y a qué temperatura, un aporte para cualquier persona interesada en el tema.
El resultado fue claro: el fríjol tépari silvestre fue el más resistente. No solo sobrevivió sin marchitarse, sino que además siguió creciendo, haciendo fotosíntesis y produciendo grano incluso con muy poca agua, algo que otras variedades no lograron.
Uno de los hallazgos más relevantes fue su eficiencia en el uso del agua: la planta produjo hasta 9,9 gramos de biomasa por cada litro utilizado, un 40 % más que otras variedades. También presentó una transpiración controlada –es decir que no desperdicia el agua– y hojas más frescas, lo que indica que puede resistir el calor sin apagarse por dentro.
Aunque en Colombia aún no se cultiva comercialmente, el fríjol tepari comienza a llamar la atención por su resistencia a la sequía, alto valor nutricional y capacidad de producción. Actualmente la Alianza de Bioversity International y el CIAT conserva 326 variedades de esta especie en su Banco de Germoplasma, con el objetivo de que en el futuro se puedan sembrar en campos reales y no solo en laboratorios.
“Esta es una solución real para los productores, quienes ya no tendrían que usar litros de agua por planta para todo un ciclo de cosecha, sino que con pocos mililitros aplicados por planta sería suficiente para tener buena productividad del fríjol”, expresa el magíster de la UNAL.

